Cuando volvás, te prometo, todo será diferente.
Te cuento
que el espejo del salón,
el que hace tan poco
lloró la amargura de tu faz y la mía,
se cayó de repente,
cuando no lo oía ni veía nadie
–es decir yo–
y estallamos juntos en gritos de dolor
y en lágrimas filosas de todos los tamaños,
en esta casa sin vos oscura y silenciosa,
y quedó en pedazos como mi corazón.
Hoy lo he reconstruido, sin embargo;
usé para ello arenas y cenizas
de siete años de desgracias futuras
que no sucederán,
y es todo nuevo, y se ve reluciente,
y prometo que cuando volvás a mirarte en él
no podrás discernir colgajo amargo
ni nube de tristeza extemporánea
ni hiel pretérita de heridas.
Cuando volvás, amor, mi corazón
reconstruido
arderá para vos con los cien grados
que derritieron las cintas de pegue doble
con que adornamos de fantasía
–desaprensivos todavía en aquella tarde–
nuestro frágil apartamento.
Cuando volvás, te prometo, algo encontrarás diferente.
Copyright © 1997 Claudio Gutiérrez