El muro es burdo y rosado,
manchado por siglos de sangre.
Los vestidos de los hombres son negros
y las barbas son negras
y los libros de rezo negros también.
El muro es negro y pulido,
reluciente directorio de la muerte.
Los vestidos de la gente son claros
y alegres, con voluntad de olvidar
la sangre derramada en años recientes.
Los movimientos
espasmódicos
de las cabezas no se detienen
cuando irrumpen los estudiantes
en la plaza cantando y bailando
brazos entrelazados a la caída del sol .
La multitud silenciosa y multicolor
desciende los años de la escalada
conforme crece lenta la pared,
y vuelve a remontar la retirada
de la guerra que no se pudo ganar.
Del otro lado del Valle del Infierno
se ven torres de casas de colores.
Una puerta verde se acaba de cerrar
detrás de unos soldados que persiguen
a niños enfurecidos tiradores de piedras.
¡Tantos muertos innecesarios
solemnemente inscritos en piedra!
Y los nombres de los vietnamitas,
innumerablemente muertos necesarios,
¿adónde iremos a buscar?
Copyright © 1997 Claudio Gutiérrez