El mulero

Claudio Gutiérrez


–¿Te llamó Juvenal?

–Hombre, sí, ¡qué increíble!

–Después de cuarenta años, parece mentira.

–Lo más curioso es que nunca supimos de él desde que se fue de la finca.

–Por cierto; y ahora no dijo nada, sólo que llamaba de Guanacaste. Preguntó por mamá; le dije que había muerto hace años.

–A mí también me preguntó.

–¿Qué quería?

–Nada, sólo saludar.

–¿No te pidió plata?

–No me pidió nada.

–¡Mirá vos! A mí me contó que su hija se venía para San José, para entrar a la Universidad. Ni siquiera me pidió que la recomendara; dijo que había ganado el examen de admisión.

–Solo quería que supieras eso.

–Yo lo felicité y le di tu teléfono; me lo pidió.

–Quería saludarme.
¿Te acordás de él? Era el mulero. Cuidaba a las mulas. Al Macho Pardo, y a la Chepita, y a...

–y... ¡a la Ricarda!

–Sí, a la Ricarda, que los peones le pusieron así porque el nica Ricardo se la cogía todos los sábados, después de la parranda del pago.

–Sí, y al Llevapalo, que no se movía de la línea ni cuando había que quitar el carro porque venía el tren.

–¡Qué tiempos!

–Pero decime: ¿Qué quería el viejo?

–Yo creo que llamaba para decir adiós. Se va a morir y quiso despedirse.

      San José, junio de 1999


Copyright © 1999 Claudio Gutiérrez