| –¿Te llamó Juvenal?
–Hombre, sí, ¡qué increíble! –Después de cuarenta años, parece mentira. –Lo más curioso es que nunca supimos de él desde que se fue de la finca. –Por cierto; y ahora no dijo nada, sólo que llamaba de Guanacaste. Preguntó por mamá; le dije que había muerto hace años. –A mí también me preguntó. –¿Qué quería? –Nada, sólo saludar. –¿No te pidió plata? –No me pidió nada. –¡Mirá vos! A mí me contó que su hija se venía para San José, para entrar a la Universidad. Ni siquiera me pidió que la recomendara; dijo que había ganado el examen de admisión. |
–Solo quería que supieras eso.
–Yo lo felicité y le di tu teléfono; me lo pidió. –Quería saludarme.
–y... ¡a la Ricarda! –Sí, a la Ricarda, que los peones le pusieron así porque el nica Ricardo se la cogía todos los sábados, después de la parranda del pago. –Sí, y al Llevapalo, que no se movía de la línea ni cuando había que quitar el carro porque venía el tren. –¡Qué tiempos! –Pero decime: ¿Qué quería el viejo? –Yo creo que llamaba para decir adiós. Se va a morir y quiso despedirse.
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Copyright © 1999 Claudio Gutiérrez