Un punto fundamental resaltado frecuentemente en los escritos sobre
metodología económica es la aseveración de que esta
ciencia, y la ciencia social en general, no son más que elaboración
del contenido y las categorías que podemos encontrar en el conocimiento
del sentido común. Este argumento generalmente se usa con
el fin de apoyar la afirmación concomitante de que las ciencias
sociales y las ciencias naturales tienen métodos completamente diferentes
entre sí, aún en el nivel lógico. Por otro
lado, también nos encontramos autores radicalmente opuestos a estos
puntos de vista que mantienen, por el contrario, que las categorías
del sentido común deben ser sustituidas por categorías
más abstractas con el fin de hacer posible que una ciencia en particular
exista y, como corolario, que hay uno, y solamente un método homogéneo
de la ciencia. Mi posición en esta controversia es más cercana a la
de los primeros autores, a pesar de que no creo que la continuidad entre
la ciencia social y el sentido común nos dé las bases suficientes
para sustentar una diversidad fundamental en los métodos de las
ciencias sociales y naturales. En este artículo dejaré
claro mi punto de vista en cuanto a cómo se deben distinguir, y
también relacionar, los dos tipos de ciencias. Considero completamente
gratuita y casi mística la noción de que el surgimiento de
una concepción científica se debe entender como una ruptura
con el pasado histórico y una creación de una interpretación
de la realidad totalmente nueva y autosuficiente. Por el contrario,
creo que aquí, así como en el ejemplo de los valores, las
opiniones previas son siempre fundamentales.
El problema del avance de la ciencia ha sido siempre un problema de
reforma de opinión, de clarificación del conocimiento aceptado
que todos, aún los científicos, mantenemos en una forma sistemática.
Por el otro lado, no está claro dónde debemos poner la línea
divisoria entre el sentido o conocimiento común y el "no común",
ya que el conocimiento en posesión de las élites intelectuales
ha sido siempre fuente de la mayor importancia para la formación
del conocimiento común –el conocimiento de la gente común–.
Aún más importante, si vamos a tratar este problema rigurosamente,
deberíamos evitar el uso de términos tan de sentido común
como lo son "ciencia" y "sentido común".
Más bien debemos hablar, en este contexto, sobre formalismo
y conocimiento no formal o informal, aún cuando estos términos
no correspondan completamente en su extensión de significado con
los primeros. Si hacemos esto, entonces podemos ver fácilmente
que no solo el origen histórico de las ciencias, sino también
la regulación de su aparato formal y la aplicación de sus
sistemas formales en casos concretos, deben ser controlados por el pensamiento
informal, aun esencialmente informalizable. El intento de
formalizar reglas de aplicación, por ejemplo, está sujeto
a incurrir en regresión infinita.
NOTA 1 Que esta regresión no se presenta de hecho en el
funcionamiento
real de la ciencia es a lo que nos referimos cuando hablamos de un marco
profesional o una atmósfera profesional en la práctica de
la ciencia.
(FRIEDMAN 53, p.
25).
El exceso de preocupación acerca del formalismo y el hacer distinciones
rigurosas entre el sentido común y la ciencia se basan, sin duda
alguna, en preocupaciones serias y en la identificación de un problema
importante. Tenemos que tener algún criterio para distinguir
entre la ciencia auténtica y la "metafísica"; debemos ser
capaces de defender la ciencia frente al pseudo científico
(HUTCHISON
38, p. 13). Aún así, la confianza que tengamos en
la ciencia organizada y en el sentido de responsabilidad del científico
profesional resulta ser la única protección real frente al
pseudocientífico. Otras medidas de seguridad son cuando más
insuficientes
(POLANYI 64, pp.
53, 203-207). En las peores circunstancias, la sobrepreocupación
por las garantías formales tiende a degenerar en una nueva clase
de oscurantismo que podría eventualmente interrumpir el desarrollo
de la ciencia. Las pruebas objetivas no son suficientes para defender
a la ciencia de los intrusos. ¿Cómo se pueden certificar
las pruebas mismas? La cuestión importante es si los profesionales
aplican las reglas siempre de la misma manera. El consenso es
de la esencia de la ciencia –tanto
como lo es de la esencia de la verdad y del valor–
(KNIGHT 51, p. 118;
KNIGHT 56, pp. 153-155).
En resumen: Uno podría reinterpretar provechosamente el
significado de "sentido común" entendiéndolo como pensamiento
responsable no formal, y el significado de "ciencia" como pensamiento
responsable formal. Por supuesto, la realidad profesional de
la ciencia es más que puro formalismo, y el sentido común
real es más que pensamiento puramente no formal. Pero la polarización es
esclarecedora porque muestra con más claridad cuáles son los asuntos que están en juego.
Es interesante notar que esta distinción polar hace del sentido
común (identificado como pensamiento no formal) el nivel gobernante, pues
proporciona las condiciones para el buen funcionamiento de
la ciencia (formal). Compare este esquema con la pretensión que a veces
se hace acerca de la correspondencia del sentido común con el lenguaje
objeto y de la ciencia con el respectivo meta-lenguaje.
NOTA
2 Esta distinción de niveles también se puede
hacer, sin ninguna duda, pero realmente corta transversalmente los límites
entre la ciencia y el sentido común. De hecho, el sentido
común mismo se mueve en diferentes niveles de discurso, como podría
muy bien demostrar el amplio tesoro de sabiduría popular sobre el
objeto de las ciencias sociales (la gente). Existe el "lenguaje objeto
del sentido común" y el "meta-lenguaje del sentido común",
así como diferentes niveles de lenguaje dentro de la ciencia formal
misma. De nuevo pareciera que llegamos a la misma conclusión:
No es fundamental la distinción entre ciencia y sentido común;
más bien lo fundamental es la distinción entre pensamiento
o conocimiento formal y no formal, o incluso informalizable. Y se trata aquí solamente
de una distinción ideal o abstracta. En la
práctica el formalismo es absolutamente incapaz de existir
sin la cooperación completa y simultánea de facultades intelectuales
no formales. Ante esto, no podemos presentar la "objetividad"
como la solución fácil para nuestra inquietud y necesidad
de seguridad. Solamente podemos recibir la certeza que proviene de
la responsabilidad en el uso de los recursos formales y analíticos
por parte de gente profesional. Esta responsabilidad, aunada a un desarrollo
y aplicación cuidadosos del formalismo, es lo que me gustaría
llamar el sentido profesional, una característica definitoria
esencial de un científico.
El problema del papel que juega la teleología en la explicación
de los fenómenos de las ciencias sociales está estrechamente
relacionado con el problema de las relaciones entre ciencia y sentido común.
También sobre este asunto es posible encontrar puntos de vista divergentes.
Me concentraré aquí en un par de ellos, muy significativos,
representados por las siguientes y reveladoras citas:
Bajo una gran cantidad de circunstancias las empresas
(de negocios) se comportan individualmente como si estuvieran buscando racionalmente
maximizar las utilidades que esperan [...]
............
[La confianza en la hipótesis de la maximización de las utilidades
se justifica, sin embargo, por el hecho de que] a menos que el comportamiento
de los hombres de negocios sea de una u otra manera comportamiento aproximado
congruente con la maximización de las utilidades, parece poco probable
que puedan permanecer en el negocio por mucho tiempo....
El rasgo característico del hombre es... que actúa conscientemente.
El hombre es Homo agens, el animal que actúa.
Todo lo que hasta hoy se ha enunciado científicamente para distinguir
al hombre de los mamíferos no humanos – aparte de la zoología–
está implícito en la proposición: el hombre
actúa. Actuar significa: luchar por un fin, esto es,
elegir una meta y valerse de medios con el fin de obtener la meta
propuesta. (Lo subrayado es mío.)
La primera cita pareciera ser un fragmento muy desconcertante de filosofía
de la ciencia, al expresar un argumento circunstancial más que
lógico; las hipótesis tienen, según este argumento,
la naturaleza de jueces supremos de los negocios porque las instancias
falsificadoras se autodestruirán en el proceso de falsificación
de la teoría. Un tipo paralelo de interpretación metodológica
hará del conducir un automóvil, o de cualquier otra labor
práctica basada en "leyes naturales" definidas, una experiencia verdaderamente inusitada. La
confianza en las reglas del buen
manejo se justificaría porque a menos que el comportamiento de los
conductores se aproxime a comportamiento congruente con esas reglas pareciera
ser poco probable que pudieran seguir vivos por mucho tiempo. De
esta manera, cabrá esperar, aquellos que siguen las reglas serán
reivindicados (!). La solución de Mises tampoco saldría
bien parada. Bajo estricta interpretación de la teleología
consciente uno tendría que asumir que el conductor hace complicados
cálculos de fines y medios en fracciones de segundo, necesarios
para la buena respuesta ante los estímulos de la carretera.
Nunca logramos eliminar por completo la conciencia de nuestras ideas
sobre las cosas materiales.... La mécanica no ha podido
funcionar sin la noción de fuerza, aunque, cualquier cosa que sea la fuerza
además de simple movimiento, es un hecho de la conciencia.... Interpretamos
el comportamiento de la cosa más material poniéndonos hasta
cierto punto en su lugar....
Decir que a menudo es conveniente el uso del término "propósito"
en las ciencias sociales significa ni más ni menos lo mismo que
decir que a menudo es conveniente usar el término "fuerza" en la
física. Una fuerza física no es más directamente
observable que un propósito social.... Prohibir el uso
en las ciencias naturales o sociales de todos los términos que no
se refieren a eventos directamente observables es confundir la deducción
con la inducción. Todo lo que necesitamos del lenguaje de
la ciencia es que sus proposiciones, ya sean directamente observables o
no, nos permitan deducir otras propuestas directamente observables y por
lo tanto comprobables. Las proposiciones sobre "propósitos"
y "deseos" efectivamente permiten tales predicciones y pruebas, y por lo
tanto no difieren de las proposiciones en las ciencias naturales ...
.
Podríamos decir que Simon explica "propósito" como
una especie de "fuerza", mientras que Knight explica "fuerza" como una
especie de "propósito". Así pues, estos dos autores sirven de ejemplo sobre las
dos maneras de enfocar el tema de la teleología. Knight pareciera
decir: "Nos colocamos en el lugar del objeto para poder entender",
aún cuando el objeto es una cosa inanimada. Simon pareciera
decir al contrario: "Creamos para nosotros términos teóricos,
con el fin de poder permanecer en el exterior del objeto que tratamos de
explicar". La primera actitud es un ejemplo del dominio del enfoque basado en
teleología1; la segunda actitud, del dominio del enfoque basado en
teleología2. La primera es dialéctica o
sintética, en el sentido de que busca la unidad y la generalidad;
la segunda es positiva o analítica, en el sentido de que enfatiza los
elementos de diferenciación y la objetividad. Como absolutización
de dos principios complementarios, podrían
parecer inadecuados, y hasta intelectualmente estériles, el primero por dar la apariencia de vacío
tautológico, el segundo por auto-eliminación de la persona del
conocedor. Sin embargo, hay una diferencia importante
entre las dos. La primera actitud es, en análisis final, válida por
sí misma, siendo reconocidamente circular; la segunda pareciera
ser, en análisis final, contradictoria en sí misma, pues
la objetividad total es completamente inalcanzable.
El enfoque
teleológico1 –dialéctico, sintético– no
es muy productivo a corto alcance, pero es auto-validante y necesario en
análisis final. El enfoque teleológico2
– positivo, analítico– se contradice finalmente a sí mismo,
pero es muy útil a corto alcance y para propósitos particulares. El primero no es productivo a corto alcance porque nadie quiere decir sólo
cosas directamente implícitas por la manera en que construimos nuestro
vocabulario. Uno no quiere dictar siempre tautologías.
Es inevitable en el análisis final porque todos los lenguajes son
radicalmente circulares –siempre se desarrollan a través de su propia
aplicación (como veremos con más detalle en el próximo
capítulo)–. El segundo es en el final auto-contradictorio porque
nadie puede esperar saber algo sin ser él mismo quien está allí presente
para saberlo (el conocimiento no subjetivo sería una imposibilidad
total). Es muy útil, a pesar de todo, en un rango
limitado (dentro de hipótesis dependientes) porque todas las inferencias
lógicas proceden haciendo uso de incongruencias esenciales, aunque
transitorias.
NOTA 3
Se siente en todo esto la fragancia inconfundible de los dos requisitos
fundamentales de todo sistematismo: el principio de plenitud
y el principio de congruencia. En la autonomía de los dos
enfoques en particular, podemos percibir una versión epistemológica
de la idea metamatemática que enseña que los sistemas formales
(suficientemente sofisticados) no pueden ser probados como congruentes
y completos a la vez (GÖDEL 31).
Volveremos sobre esto más adelante. Por el momento, resaltemos que hemos llegado a una
conclusión muy similar a la que
obtuvimos en la última sección: el formalismo es útil
e indispensable, pero para funcionar necesita del ejercicio completo y
complementario de las facultades del pensamiento no formales, e incluso radicalmente
informalizables.
NOTA 1
Para formalizar la aplicación de una regla hay que tener otra regla,
de un nivel suberior, que diga cómo se debe aplicar la primera regla.
Para formalizar la nueva regla se debe tener otra regla más, de
un nivel aún más alto, y así sucesivamente – hasta
el infinito–.
se debe derivar (una contradicción)
para forzar la separación de "q". Entonces, una contradicción
dentro de un alcance limitado (por ejemplo, una hipótesis
dependiente) puede ser muy útil, a pesar del hecho de que una contradicción
como premisa incondicional –de largo alcance– sería ciertamente
desastrosa: invalida la prueba completa (permite la inferencia
de cualquier cosa).
Todavía se podría salvar la posición de Friedman
entendiendo su argumento como una afirmación de que las hipótesis
"como-si" expresan solamente reglas sobre el comportamiento correcto
(KAUFMANN
58, p. 217). Pero esto no eliminaría la teleología
implícita en la prescripción normativa. También
podríamos salvar la posición de Mises si decimos que el razonamiento
teleológico estrictamente consciente es sólo un prototipo
de decisiones efectivas. Por mi parte, encuentro más
fácil y más convincente pensar que la verdad no está
en ninguno de los dos lados. En mi opinión, tanto los hombres de negocios
como los conductores están siempre haciendo conjeturas heurísticas
en cuanto a la técnica de conducir negocios y autos, más
que cálculos rígidos o mera adivinación aleatoria.
Desarrollan, a través de su contacto personal diario con su trabajo,
un conocimiento habitual que precisamente llamamos "arte" o "destreza".
El marco heurístico sobre el que se basan al hacer sus apreciaciones
presupone la teleología, por supuesto, porque pretenden adivinar
correctamente, pero no existe una conciencia clara de los pasos involucrados,
ni tampoco minuciosos cálculos aritméticos sobre fines
y medios. Solamente tratan de adivinar correctamente.
Al contrario de Friedman, debemos aceptar que la teleología
es omnipresente, por ser propósito connatural al pensamiento
humano. Pero, contrario a Mises, debemos aceptar que el esayo-y-error
y la instauración de los buenos hábitos son igualmente importantes.
Pero un análisis completo del papel de la teleología en
las ciencias sociales tendría que profundizar más.
Es indispensable distinguir entre dos aspectos teleológicos diferentes,
aunque complementarios. Por un lado tenemos la teleología
como una dimensión de la explicación; por el otro,
tenemos la teleología como un elemento de la materia de estudio.
La teleología de la explicación corresponde al propósito
del investigador y tiene que ver con el rol de la subjetividad en los fundamentos
de la ciencia, con el uso de facultades de pensamiento no formales.
La teleología de la materia de estudio corresponde al "propósito"
como una categoría esencial para la comprensión del comportamiento.
Es subjetividad en el objeto del pensamiento más que en la mente
del científico. Para mayor claridad, refirámonos al
primer aspecto como "teleología1" o "subjetividad1" y
al segundo aspecto como "teleología2" o "subjetividad2".
La teleología1 se relaciona con el hecho de que el científico,
como persona individual que es, tiene él mismo propósitos, conocimiento,
deseos, pasiones; todo ello determinante, por subuesto, en la manera
cómo conduce su actividad científica, al punto que contribuye a
definirlo como científico profesional.
La teleología2
se relaciona más bien con el hecho de que la materia de estudio de los
científicos sociales, i.e., las personas, tienen a su vez
propósitos, creencias, pasiones, etc., por lo que los términos
correspondientes –"propósito", "creencia", "pasión"–
son parte del lenguaje que el científico debe utilizar. Esos
términos son mejor interpretados como términos teóricos,
como por ejemplo el término "fuerza" es interpretado dentro de las
ciencias físicas: es imposible interpretarlos directamente
como descripciones puramente informativas de los datos sensoriales.
Si hacemos esto, es decir, si tomamos la teleología2 como un
ejemplo de terminología teórica, entonces la diferencia entre
las ciencias sociales y las ciencias físicas parece menos dramática.
Ambas tienen que lidiar con algún contenido –términos teóricos–
que no comprenden completamente, al menos desde el punto de vista de
la observación estrictamente empírica, y ambas tienen una
manera muy similar de lidiar con ese contenido "que no comprenden".
Lo tratan de una manera formal, aplicándoles el mismo tipo de manipulación
lógica y reglas de inferencia que se aplica a todo término
no directamente derivado de la experiencia sensorial.
Es interesante observar los diferentes acercamientos de los autores
de metodología según cuál sea su inclinación intelectual
personal hacia la teleología1. Comparemos las siguientes
dos citas de Knight y de Simon:
(KNIGHT 51, p. 120)
(
SIMON 50, p. 409)
Tenemos aquí una asimetría fundamental que podríamos
expresar esquemáticamente de la siguiente forma:
NOTA 2
"El
metalenguaje es un lenguaje que habla sobre otro lenguaje"
(SIMON 50).
NOTA 3
Este
es claramente el caso en el ejemplo de la prueba indirecta o reductio
ad absurdum; pero no lo es menos en el de la prueba directa, por ejemplo,
modus ponendo ponens, donde