Uno de los conflictos más hondos
en la metodología económica se puede clarificar con la distinción
de niveles mencionados en el capítulo anterior. Es la cuestión
siguiente: ¿A qué nos referimos cuando hablamos de preferencias,
precios, ganancia, utilidad, etc.? Todos esos términos designan
una cualidad atribuida a las cosas en relación con las actitudes
de las personas hacia ellas. Esto es, desde luego, la cuestión del
valor económico, y su discusión ha recibido considerable
atención de parte de los pensadores económicos. El planteo
mismo del problema –sin implicar una distinción de niveles– en términos
de cosas y nuestras actitudes (subjetivas) hacia ellas, sugiere enseguida
dos soluciones opuestas. Una apuntará a las características
objetivas en las cosas como la fuente de valor. La otra más
bien presentará consideraciones subjetivas como la requerida
fuente. Así, encontramos algunos autores que postulan directamente
una teoría objetiva del valor, en términos de las horas de
trabajo que se necesitan para producir cada cosa. Y encontramos algunos
otros que mantienen por el contrario una teoría subjetiva del valor,
en términos de la utilidad o satisfacción que es posible
derivar de la cosa.
NOTA
1 Es interesante notar que, hasta donde este autor sabe, no ha habido
ningún intento claro por lograr una solución intermedia del
problema. Tal vez sea imposible obtenerla dentro de los límites
en que el problema suele presentarse.
Conectada de cerca al tema de la teoría
del valor, encontramos en la literatura la pregunta siempre abierta acerca
de la definición de la ciencia económica y en cuanto al carácter
y naturaleza de sus contenidos. En esta discusión particular se
encuentran posiciones paralelas a las que ocurren con respecto a la teoría
del valor. Así, el objetivista tenderá a definir economía
en términos "departamentales", como la ciencia que estudia un sector
físicamente discernible de la realidad –generalmente, la producción
de los medios de subsistencia–. El subjetivista, por el contrario, tenderá
a definir economía en términos "analíticos", como
la ciencia que estudia la realidad –su totalidad– desde un punto de vista
definido.
NOTA 2 Inversamente
a lo que se da en el campo de la teoría del valor, sin embargo,
aquí en el campo de la definición de economía sí
encontramos posiciones intermedias. Hay autores que han intentado encontrar
un tercer camino que combine los dos enfoques en una única definición,
en parte departamental y en parte analítica. A. Lowe, sin rechazar
explícitamente la definición analítica, y reteniendo
así la base para análisis de teoría de la utilidad,
añade en la definición de economía la diferencia específica
de una cierta relación con "medios materiales" (LOWE
65, p.10). Ahora bien, el problema con Lowe es que, tal vez debido
a la estrecha conexión del problema de definición con el
de la teoría del valor, su posición se desintegra muy rápidamente
en sus componentes desiguales. Esto se puede ver claramente en el hecho
de que, a pesar de su retención de la teoría de la utilidad,
postula una epistemología de la economía que reduce por completo
los problemas económicos a problemas tecnológicos (LOWE
65, Capítulo 1).
En lo que sigue no voy a intentar construir
una teoría intermedia del valor ni inventar una nueva definición
de economía. Lo que trataré de hacer es más bien demostrar
que la naturaleza de la teoría económica está en un
mismo pie con la naturaleza de toda teoría científica. Cualquier
definición razonablemente sana de economía o teoría
razonablemente firme del valor puede reinterpretarse dentro de una concepción
metodológica general. La naturaleza de la teoría económica
es tal que los términos "objetivo" o "subjetivo" no la describen
con exactitud. "Objetivo" no lo hace porque cualquier teoría científica,
a fin de ser siquiera teoría, debe tener algunos términos
formales irreducibles a la observación empírica; por supuesto,
también la teoría económica. "Subjetivo" tampoco porque,
como hemos visto, en toda teoría
deben distinguirse dos niveles; y se puede prescindir de la subjetividad
en el sentido ordinario –subjectividad1– en el nivel operacional o
formal. Es evidente para mí que "satisfacción", siendo como
es un término abstracto, tiene tanto placer en él como "trabajo"
tiene sudor (en las teorías de valor de la utilidad y objetiva respectivamente).
Ambos son términos teóricos. Son formales en el sentido de
ser fichas de supuestos no-formales, cuya función es producir
la clausura lógica del sistema científico. No están
sujetos a validación directamente empírica o intuitiva. En
particular, el uso del término "satisfacción" en la teoría
de la utilidad es una base insuficiente para considerar la teoría
como subjetiva. Naturalmente, toda teoría es subjetiva en último
análisis, en el sentido en que Parsons dice que un marco de referencia
es subjetivo (PARSONS 37, p.
733). El problema es que en la ciencia social el marco de referencia no
es solamente usado sino también estudiado, y
esta situación da origen a la tentación específica
del metodólogo de la ciencia social (pensar que subjetividad1
puede tomar el lugar de subjetividad2 en el nivel formal de elaboración
de las teorías).
Quiero sugerir la idea de que la teoría
económica no se considere ni como objetiva ni como subjetiva sino
simplemente como formal, en nuestro sentido.
NOTA
3 Según esto, debemos considerar "satisfacción" como
expresión de una dimensión de la teoría económica
que pertenece al reino de los supuestos informalizables. Estos supuestos,
sin duda alguna, deben quedar representados simbólicamente dentro
del contexto formal, como hemos visto, por una noción teórica,
en este caso el concepto de equilibrio. Este concepto significa que el
sistema de cantidades y operaciones económicas debe determinarse
de una manera u otra. Pero el contenido operacional de "valor" es mejor
interpretado como el conjunto de las relaciones de sustitución que
existen entre los elementos del sistema económico, del cual el punto
de equilibrio es su determinación o solución. Así,
la teoría económica se puede ver como el intento de organizar
y analizar los hechos de la necesidad y la producción, en tanto
en cuanto forman sistemas de equilibrio de acuerdo a relaciones de
sustitutibilidad.
Los aspectos formales de la teoría funcionan
como instrumentos para tales análisis y organización por
medio de la construcción de modelos. Son estos sistemas ideales
que reproducen por abstracción los fenómenos económicos
del mundo. En tales modelos los conceptos de "dinero", "poder adquisitivo",
o simplemente "precios relativos" son cruciales, en cuanto que representan
el principio unificador que mantiene al sistema en pie –el principio de
sustitución–. Hay campo para diversos grados de sustitutibidad.
Podemos distinguir entre subsistemas hasta cierto punto aislados uno de
otro, debido a bajos índices de sustitutibidad "a través
de la frontera". Podemos separar para efectos de análisis sistemas
con más, más bien que menos, alcance que el
sistema canónico. Un sistema de "menor alcance" sería, por
ejemplo, un sistema con énfasis en lo productivo, donde algunos
pasos conectados con la distribución se hayan eliminados. Un sistema
de "más alcance" sería un modelo a la Robinson Crusoe, donde
los cálculos económicos sería aplicables a decisiones
de individuos aislados. Todo esto contribuye a exigir flexibilidad en la
creación y operación con modelos, que sólo es posible
gracias al carácter formal del enfoque.
Lo que estoy tratando de decir es fundamentalmente
esto. Podemos entender mejor lo que los economistas han propuesto como
teorías objetivas o subjetivas del valor y cálculo
económicos si no les ponemos mucha atención a sus propias
explicaciones acerca de la naturaleza última del valor. Debemos
tomar los diseños formales, que tienden a coincidir en ambas teorías,
como creaciones heurísticas de la mente humana. No debemos buscar
más explicaciones
NOTA
4, distintas a la justificación de los métodos heurísticos
que proporciona en general –para todas las ciencias– la epistemología
básica. Esto no es posible si no distinguimos cuidadosamente dos
niveles de subjetividad: la subjetividad de la explicación –reino
de supuestos y de evaluación– y la subjetividad en el contenido
–reino de construcción de modelos y de operaciones lógicas–.
Bajo esta luz, la teoría objetiva aparece como una teoría
metodológica formal (según mi definición) imperfecta,
junto con una teoría social y una filosofía de la historia
cuestionables que no obstante contienen vislumbres no presentes en otras
teorías.
NOTA 5
Por el otro lado, la teoría subjetiva se presenta como una teoría
formal (según mi definición) básicamente correcta,
ignorante sin embargo de su propia naturaleza formal debido a distinción
deficiente de los dos niveles de subjetividad. El teórico o el economista
profesional que suscribe la teoría subjetiva tiende a pasar por
alto ciertos límites fundamentales, y posibilidades eventuales,
del análisis económico, y a identificarse innecesariamente
con una filosofía política conservadora.
Como no me voy a preocupar en el resto de este
estudio de la teoría objetiva como tal, escribiré algunas
palabras para explicar mi decisión de escoger la teoría subjetiva
como la mejor adaptada a mi dialéctica. Hay dos maneras de explicar
este juicio. Primero, creo que si fuéramos a cuestionar la teoría
subjetiva del valor nos privaríamos de un instrumento muy poderoso
de análisis, a saber, la herramienta principal de los economistas
actuales, al menos en la llamada parte libre del mundo. Robbins parece
tener razón cuando dice que una consideración material del
valor es incapaz de responder a, entre otras cosas, muchos problemas de
la teoría de los salarios y, por supuesto, de la economía
de la guerra. (ROBBINS 32, p.
15). La otra forma de explicar mi decisión es ésta. Encuentro
que el contenido válido de la teoría objetiva es una versión
aproximada de leyes correspondientes, pero más claras, de la teoría
subjetiva. En general, la traducción a la teoría subjetiva
se hace fácilmente mediante el análisis de algunos conceptos
dados por sobreentendidos en la teoría objetiva. Por ejemplo, el
concepto de trabajo socialmente necesario
NOTA
6 , o mercancía útil
NOTA
7 , se pueden tratar así para entender los equivalentes en la
teoría del valor-trabajo de la ley de la oferta y la demanda.
Antes de cerrar mi tratamiento de la teoría
objetiva, consideremos brevemente la posición, objetivista de alguna
manera, de A. Lowe, a la cual me referí anteriormente en relación
con la definición de economía. Quiero criticar la parte de
su trabajo que resulta ser objetivismo genuino, es decir, su reducción
del problema económico a mera interacción de consideraciones
tecnológicas y psicológicas.
NOTA
8 Particularmente, quiero contradecir esta afirmación:
Ahora bien, el concepto del "nivel de provisión"
debe aclararse. Puedo usar, y la mayoría del tiempo tengo que usar,
artículos que, aunque numéricamente diferentes, son todos
del mismo tipo –pertenecen a la misma clase de entidades: vasos de agua,
por ejemplo–. Esto es obvio desde la misma definición de "oferta",
provisión que es "accesible en unidades homogéneas específicas
igualmente capaces de prestar el mismo servicio al agente" (
Rothbard,
p. 19). Es solamente en relación con este caso que la expresión
"nivel de provisión" tiene sentido, subrayando la importancia del
concepto de "sustitución" para la descripción de la materia
de la economía.
La formulación de una meta modal requiere
una separación de unidades dentro de cada provisión para
hacer posible la clasificación de acuerdo a preferencias. Pero la
separación requerida no tiene que ser necesariamente física;
puede ser más bien mental o subjetiva (en el sentido de la subjetividad2).
Realmente no necesito verter agua en diferentes vasos con el fin de formular
mi escala de preferencias. En la medida en que el cálculo no utilice
el medio de verter agua realmente, al menos en esa medida, la operación
puede no ser considerada totalmente como tecnológica sino también
considerada como económica (por hacer uso esencial de la subjetividad2,
a guisa de "propósito", "fin en mira", o algún término
teórico similar).
NOTA
9 Esto es así no solo porque la operación no es física
sino solamente imaginaria, sino porque cumple los requisitos de la materia
de la ciencia social, específicamente de una materia económica
(según la describe el principio de sustitución). Así,
la materia económica es siempre una colección de artículos
que pueden considerarse como homogéneos; los artículos
son capaces de separarse unos de otros (principio de divisibilidad) y también,
y lo más importante, capaces unos de tomar el lugar de los otros
en el caso de destrucción o provisión deficiente. Como puede
verse, los artículos no son físicamente diferentes (excepto
numéricamente) sino que son diferentes porque son (mentalmente)
concebidos como diferentes, en relación con algún propósito;
pero son también intercambiables, es decir, pueden abandonar sus
metas anteriores (programadas) y venir al rescate, por así decirlo,
de metas más importantes. Obsérvese que en este contexto
los planes económicos no son simplemente planos o diseños.
Son más bien expresables en términos de curvas. Y
las curvas son centrales al análisis económico precisamente
porque son una de las formas de representación de las relaciones
de sustitución.
Que la sustitución
es central para la descripción de las herramientas económicas
de análisis ha sido demostrado, por ejemplo, por F. Knight.
NOTA
10 La idea está también latente en cualquier consideración
del problema económico como lo que implica pluralidad de fines y
recursos. Demorémonos en este asunto un rato, con el fin de dejar
claro lo que quiero decir con que la sustitución es central, y cómo
esta centralidad de la sustitución está relacionada con el
requisito de determinación para el sistema.
Tomemos primero el caso de un recurso particular
capaz de satisfacer directamente diferentes necesidades últimas,
por ejemplo, una cantidad dada de agua útil tanto para beber como
para higiene personal. Si hay consejo médico claro acerca de cuánto
es el mínimo de supervivencia para ambas necesidades, y, además
el agua apenas alcanza para cubrir esos mínimos, entonces sostengo
que todavía no hay involucrado ningún problema económico.
Cuando la provisión es algo mayor que el nivel de supervivencia,
pienso que aún no tenemos un problema económico: siendo así
que falta la posibilidad de comparación entre estos dos propósitos
absolutamente disímiles, limpiar y beber, no hay criterio de distribución
ni para el agente único. El "equilibrio" en esta situación
será sólo cuestión de decidirse arbitrariamente por
alguna combinación que, por definición, será la que
el agente encuentre "más satisfactoria".
NOTA
11
Tomemos además el caso de más
de un recurso que contribuye a la producción de un tercero, que
por su parte satisface directamente a más de un fin último.
La posibilidad de diferentes combinaciones de los recursos surge ahora
con el fin de maximizar la cantidad del tercer bien. Con el advenimiento
de la cuantificación, el principio de sustitución –y la teoría
económica misma– comienzan a operar. Satisfacción, un contexto
no formal, representa aquí la noción formal de puro máximo,
un requisito estrictamente sintáctico; lo que sugiere este máximo
es, desde luego, la sustitución de unidades de un recurso por unidades
del otro. El requisito de minimización del gasto está implícito,
ya que es solamente una imagen en el espejo del requisito de maximización
del producto, y está también sujeto a tratamiento sintáctico
estricto. Cuando más de un producto se puede originar mediante combinación
alternativa de varios recursos, aparecen todas las complicaciones del análisis
de equilibrio. En esta situación la noción de equilibrio
es la que toma el lugar de la mera maximización, como representante
de la necesidad de una solución para el sistema. El equilibrio corresponde
aquí al punto maximizador en problemas más simples, y puede
representarse como el "requisito de determinación" para problemas
de sustitución compuesta –sustitución de grados más
altos–. Esta noción es, por supuesto, la que "cierra" el sistema
y actúa como la ficha teórica de los supuestos no formales
del entramado económico –aquéllos representados por los términos
contextuales "valor" o "satisfacción"–.
Volvamos ahora a la línea principal
de nuestro argumento. Repito que existe una conexión fundamental
entre los problemas del valor económico y los de definición
de economía. Una teoría objetiva del valor tenderá
a asociarse con una definición departamental o clasificadora, mientras
que una teoría subjetiva del valor se relacionará más
bien con una definición analítica. Las posiciones intermedias
no parecen ser ni posibles ni estables, por lo menos en cuanto se presenten
dentro del contexto intelectual que hace posible la alternativa objetivo-subjetivo.
Una posición intermedia estable se puede alcanzar solamente si los
sistemas de sustitución, que constituyen el asunto apropiado de
la economía, se reconocen como capaces de interpretación
formal. El próximo capítulo contiene una elaboración
de esta idea.
NOTA 1
Tomo
las obras de
Sweezy y
Rothbard
como representaciones sistemáticas adecuadas de los dos tipos de
teoría.
NOTA 2
Un
buen resumen del asunto se puede encontrar en I.M. Kirzner,
Kirzner,
pp. 17 ss.
NOTA 3
En
contraste con el sentido literalista de "formal". En el presente sentido,
la teoría ni se identifica con sistemas de archivo tautológicos
y vacíos, ni se considera como la elaboración de intuiciones
a priori; más bien, el aspecto formal de la teoría
se reconoce como un conjunto de invenciones heurísticas capaces
de sacar tanto sentido como sea posible de las apariencias de la realidad,
incluido el comportamiento de sujetos.
NOTA 4
Posiblemente
podría surgir la objeción de que una teoría del valor
debe ser una teoría de la causa del valor: si esto fuera
así, entonces sería imposible tener una teoría divorciada
de principios básicos como la "intencionalidad" o el "economizar",
ya que estos sería los principios que establecerían las relaciones
causales. Ahora bien, este tipo de razonamiento muestra una especie de
inmadurez epistemológica típica de muchas presentaciones
en metodología de la economía. Creo que se puede caracterizar
como una tendencia pre-humeana por buscar causas últimas en las
explicaciones científicas. Pero si reconocemos, como deberíamos,
que las ciencias son inteligibles en sí mismas, es decir, independientes
al menos hasta cierto punto de la metafísica, entonces tenemos que
aceptar que el enfoque formal-heurístico es el más razonable.
NOTA 5
A
saber, su tratamiento de instituciones como variables económicas
potenciales o actuales, con las consecuencias importantes que tiene esto
para la dinámica económica y para la política social.
NOTA 6
"No
se debe tomar en cuenta en la determinación del valor más
trabajo que aquel que es 'socialmente necesario' bajo las condiciones sociales
existentes"
(SWEEZY 42, p.
42).
NOTA 7
"Si
ambos, el castor y el ciervo, son útiles ... deben cambiarse en proporción
a sus respectivas horas de trabajo sin tener en cuenta la intensidad relativa
del deseo por cada uno"
(SWEEZY 42,
p. 47).
NOTA 8
Lowe
distingue un nivel hombre-cosas de un nivel hombre-hombre. Considera a
la economía específicamente como el segundo, pasando por
alto que en su enfoque también trata este nivel como tecnológico:
se deben crear patrones de comportamiento que tenderán a hacer a
la gente portarse como una única persona, y el enfoque de Robinson
Crusoe será de nuevo aplicable
(LOWE
65, p. 20 ff.).
NOTA 9
El
carácter subjetivo del contenido económico consiste en el
hecho de que no se pueden distinguir dos partes de un material homogéneo
–una oferta– a no ser que sea subjetivamente; es el fin en mira lo que
hace dos de sus partes diferentes. Entonces, la pluralidad de fines está
implícita en el hecho de la distinción postulada entre dos
partes de material de otra manera idénticas.
NOTA 10
El
papel de la teoría económica general es "mostrar lo que se
puede inferir de los principios o axiomas generales de utilidad decreciente
y beneficios (técnicos) decrecientes, los cuales ambos pueden
ser mirados como casos particulares del principio más inclusivo
de sustitución".
(KNIGHT
56, p. 175). El subrayado es mío.
NOTA 11
"Las
escalas de valor no existen en un vacío aparte de las selecciones
concretas de la acción..."
(Rothbard,
p. 27).