El valor económico y la definición de economía

Claudio Gutiérrez book

traducción del inglés por Inés Gutiérrez Castro

Uno de los conflictos más hondos en la metodología económica se puede clarificar con la distinción de niveles mencionados en el capítulo anterior. Es la cuestión siguiente: ¿A qué nos referimos cuando hablamos de preferencias, precios, ganancia, utilidad, etc.? Todos esos términos designan una cualidad atribuida a las cosas en relación con las actitudes de las personas hacia ellas. Esto es, desde luego, la cuestión del valor económico, y su discusión ha recibido considerable atención de parte de los pensadores económicos. El planteo mismo del problema –sin implicar una distinción de niveles– en términos de cosas y nuestras actitudes (subjetivas) hacia ellas, sugiere enseguida dos soluciones opuestas. Una apuntará a las características objetivas en las cosas como la fuente de valor. La otra más bien presentará consideraciones subjetivas como la requerida fuente. Así, encontramos algunos autores que postulan directamente una teoría objetiva del valor, en términos de las horas de trabajo que se necesitan para producir cada cosa. Y encontramos algunos otros que mantienen por el contrario una teoría subjetiva del valor, en términos de la utilidad o satisfacción que es posible derivar de la cosa. NOTA 1 Es interesante notar que, hasta donde este autor sabe, no ha habido ningún intento claro por lograr una solución intermedia del problema. Tal vez sea imposible obtenerla dentro de los límites en que el problema suele presentarse.

Conectada de cerca al tema de la teoría del valor, encontramos en la literatura la pregunta siempre abierta acerca de la definición de la ciencia económica y en cuanto al carácter y naturaleza de sus contenidos. En esta discusión particular se encuentran posiciones paralelas a las que ocurren con respecto a la teoría del valor. Así, el objetivista tenderá a definir economía en términos "departamentales", como la ciencia que estudia un sector físicamente discernible de la realidad –generalmente, la producción de los medios de subsistencia–. El subjetivista, por el contrario, tenderá a definir economía en términos "analíticos", como la ciencia que estudia la realidad –su totalidad– desde un punto de vista definido. NOTA 2 Inversamente a lo que se da en el campo de la teoría del valor, sin embargo, aquí en el campo de la definición de economía sí encontramos posiciones intermedias. Hay autores que han intentado encontrar un tercer camino que combine los dos enfoques en una única definición, en parte departamental y en parte analítica. A. Lowe, sin rechazar explícitamente la definición analítica, y reteniendo así la base para análisis de teoría de la utilidad, añade en la definición de economía la diferencia específica de una cierta relación con "medios materiales" (LOWE 65, p.10). Ahora bien, el problema con Lowe es que, tal vez debido a la estrecha conexión del problema de definición con el de la teoría del valor, su posición se desintegra muy rápidamente en sus componentes desiguales. Esto se puede ver claramente en el hecho de que, a pesar de su retención de la teoría de la utilidad, postula una epistemología de la economía que reduce por completo los problemas económicos a problemas tecnológicos (LOWE 65, Capítulo 1).

En lo que sigue no voy a intentar construir una teoría intermedia del valor ni inventar una nueva definición de economía. Lo que trataré de hacer es más bien demostrar que la naturaleza de la teoría económica está en un mismo pie con la naturaleza de toda teoría científica. Cualquier definición razonablemente sana de economía o teoría razonablemente firme del valor puede reinterpretarse dentro de una concepción metodológica general. La naturaleza de la teoría económica es tal que los términos "objetivo" o "subjetivo" no la describen con exactitud. "Objetivo" no lo hace porque cualquier teoría científica, a fin de ser siquiera teoría, debe tener algunos términos formales irreducibles a la observación empírica; por supuesto, también la teoría económica. "Subjetivo" tampoco porque, como hemos visto, en toda teoría deben distinguirse dos niveles; y se puede prescindir de la subjetividad en el sentido ordinario –subjectividad1– en el nivel operacional o formal. Es evidente para mí que "satisfacción", siendo como es un término abstracto, tiene tanto placer en él como "trabajo" tiene sudor (en las teorías de valor de la utilidad y objetiva respectivamente). Ambos son términos teóricos. Son formales en el sentido de ser fichas de supuestos no-formales, cuya función es producir la clausura lógica del sistema científico. No están sujetos a validación directamente empírica o intuitiva. En particular, el uso del término "satisfacción" en la teoría de la utilidad es una base insuficiente para considerar la teoría como subjetiva. Naturalmente, toda teoría es subjetiva en último análisis, en el sentido en que Parsons dice que un marco de referencia es subjetivo (PARSONS 37, p. 733). El problema es que en la ciencia social el marco de referencia no es solamente usado sino también estudiado, y esta situación da origen a la tentación específica del metodólogo de la ciencia social (pensar que subjetividad1 puede tomar el lugar de subjetividad2 en el nivel formal de elaboración de las teorías).

Quiero sugerir la idea de que la teoría económica no se considere ni como objetiva ni como subjetiva sino simplemente como formal, en nuestro sentido. NOTA 3 Según esto, debemos considerar "satisfacción" como expresión de una dimensión de la teoría económica que pertenece al reino de los supuestos informalizables. Estos supuestos, sin duda alguna, deben quedar representados simbólicamente dentro del contexto formal, como hemos visto, por una noción teórica, en este caso el concepto de equilibrio. Este concepto significa que el sistema de cantidades y operaciones económicas debe determinarse de una manera u otra. Pero el contenido operacional de "valor" es mejor interpretado como el conjunto de las relaciones de sustitución que existen entre los elementos del sistema económico, del cual el punto de equilibrio es su determinación o solución. Así, la teoría económica se puede ver como el intento de organizar y analizar los hechos de la necesidad y la producción, en tanto en cuanto forman sistemas de equilibrio de acuerdo a relaciones de sustitutibilidad.

Los aspectos formales de la teoría funcionan como instrumentos para tales análisis y organización por medio de la construcción de modelos. Son estos sistemas ideales que reproducen por abstracción los fenómenos económicos del mundo. En tales modelos los conceptos de "dinero", "poder adquisitivo", o simplemente "precios relativos" son cruciales, en cuanto que representan el principio unificador que mantiene al sistema en pie –el principio de sustitución–. Hay campo para diversos grados de sustitutibidad. Podemos distinguir entre subsistemas hasta cierto punto aislados uno de otro, debido a bajos índices de sustitutibidad "a través de la frontera". Podemos separar para efectos de análisis sistemas con más, más bien que menos, alcance que el sistema canónico. Un sistema de "menor alcance" sería, por ejemplo, un sistema con énfasis en lo productivo, donde algunos pasos conectados con la distribución se hayan eliminados. Un sistema de "más alcance" sería un modelo a la Robinson Crusoe, donde los cálculos económicos sería aplicables a decisiones de individuos aislados. Todo esto contribuye a exigir flexibilidad en la creación y operación con modelos, que sólo es posible gracias al carácter formal del enfoque.

Lo que estoy tratando de decir es fundamentalmente esto. Podemos entender mejor lo que los economistas han propuesto como teorías objetivas o subjetivas del valor y cálculo económicos si no les ponemos mucha atención a sus propias explicaciones acerca de la naturaleza última del valor. Debemos tomar los diseños formales, que tienden a coincidir en ambas teorías, como creaciones heurísticas de la mente humana. No debemos buscar más explicaciones NOTA 4, distintas a la justificación de los métodos heurísticos que proporciona en general –para todas las ciencias– la epistemología básica. Esto no es posible si no distinguimos cuidadosamente dos niveles de subjetividad: la subjetividad de la explicación –reino de supuestos y de evaluación– y la subjetividad en el contenido –reino de construcción de modelos y de operaciones lógicas–. Bajo esta luz, la teoría objetiva aparece como una teoría metodológica formal (según mi definición) imperfecta, junto con una teoría social y una filosofía de la historia cuestionables que no obstante contienen vislumbres no presentes en otras teorías. NOTA 5 Por el otro lado, la teoría subjetiva se presenta como una teoría formal (según mi definición) básicamente correcta, ignorante sin embargo de su propia naturaleza formal debido a distinción deficiente de los dos niveles de subjetividad. El teórico o el economista profesional que suscribe la teoría subjetiva tiende a pasar por alto ciertos límites fundamentales, y posibilidades eventuales, del análisis económico, y a identificarse innecesariamente con una filosofía política conservadora.

Como no me voy a preocupar en el resto de este estudio de la teoría objetiva como tal, escribiré algunas palabras para explicar mi decisión de escoger la teoría subjetiva como la mejor adaptada a mi dialéctica. Hay dos maneras de explicar este juicio. Primero, creo que si fuéramos a cuestionar la teoría subjetiva del valor nos privaríamos de un instrumento muy poderoso de análisis, a saber, la herramienta principal de los economistas actuales, al menos en la llamada parte libre del mundo. Robbins parece tener razón cuando dice que una consideración material del valor es incapaz de responder a, entre otras cosas, muchos problemas de la teoría de los salarios y, por supuesto, de la economía de la guerra. (ROBBINS 32, p. 15). La otra forma de explicar mi decisión es ésta. Encuentro que el contenido válido de la teoría objetiva es una versión aproximada de leyes correspondientes, pero más claras, de la teoría subjetiva. En general, la traducción a la teoría subjetiva se hace fácilmente mediante el análisis de algunos conceptos dados por sobreentendidos en la teoría objetiva. Por ejemplo, el concepto de trabajo socialmente necesario NOTA 6 , o mercancía útil NOTA 7 , se pueden tratar así para entender los equivalentes en la teoría del valor-trabajo de la ley de la oferta y la demanda.

Antes de cerrar mi tratamiento de la teoría objetiva, consideremos brevemente la posición, objetivista de alguna manera, de A. Lowe, a la cual me referí anteriormente en relación con la definición de economía. Quiero criticar la parte de su trabajo que resulta ser objetivismo genuino, es decir, su reducción del problema económico a mera interacción de consideraciones tecnológicas y psicológicas. NOTA 8 Particularmente, quiero contradecir esta afirmación:

Sostengo que la graduación de los fines en escalas, la formulación de las "metas modales", no es externa a la economía. Antes bien, creo que define el problema económico en sí. Esto es así porque la "escala" no es nada absoluto, independiente del nivel de provisión de recursos. La escala debe decir:

Ahora bien, el concepto del "nivel de provisión" debe aclararse. Puedo usar, y la mayoría del tiempo tengo que usar, artículos que, aunque numéricamente diferentes, son todos del mismo tipo –pertenecen a la misma clase de entidades: vasos de agua, por ejemplo–. Esto es obvio desde la misma definición de "oferta", provisión que es "accesible en unidades homogéneas específicas igualmente capaces de prestar el mismo servicio al agente" ( Rothbard, p. 19). Es solamente en relación con este caso que la expresión "nivel de provisión" tiene sentido, subrayando la importancia del concepto de "sustitución" para la descripción de la materia de la economía.

La formulación de una meta modal requiere una separación de unidades dentro de cada provisión para hacer posible la clasificación de acuerdo a preferencias. Pero la separación requerida no tiene que ser necesariamente física; puede ser más bien mental o subjetiva (en el sentido de la subjetividad2). Realmente no necesito verter agua en diferentes vasos con el fin de formular mi escala de preferencias. En la medida en que el cálculo no utilice el medio de verter agua realmente, al menos en esa medida, la operación puede no ser considerada totalmente como tecnológica sino también considerada como económica (por hacer uso esencial de la subjetividad2, a guisa de "propósito", "fin en mira", o algún término teórico similar). NOTA 9 Esto es así no solo porque la operación no es física sino solamente imaginaria, sino porque cumple los requisitos de la materia de la ciencia social, específicamente de una materia económica (según la describe el principio de sustitución). Así, la materia económica es siempre una colección de artículos que pueden considerarse como homogéneos; los artículos son capaces de separarse unos de otros (principio de divisibilidad) y también, y lo más importante, capaces unos de tomar el lugar de los otros en el caso de destrucción o provisión deficiente. Como puede verse, los artículos no son físicamente diferentes (excepto numéricamente) sino que son diferentes porque son (mentalmente) concebidos como diferentes, en relación con algún propósito; pero son también intercambiables, es decir, pueden abandonar sus metas anteriores (programadas) y venir al rescate, por así decirlo, de metas más importantes. Obsérvese que en este contexto los planes económicos no son simplemente planos o diseños. Son más bien expresables en términos de curvas. Y las curvas son centrales al análisis económico precisamente porque son una de las formas de representación de las relaciones de sustitución.

Que la sustitución es central para la descripción de las herramientas económicas de análisis ha sido demostrado, por ejemplo, por F. Knight. NOTA 10 La idea está también latente en cualquier consideración del problema económico como lo que implica pluralidad de fines y recursos. Demorémonos en este asunto un rato, con el fin de dejar claro lo que quiero decir con que la sustitución es central, y cómo esta centralidad de la sustitución está relacionada con el requisito de determinación para el sistema.

Tomemos primero el caso de un recurso particular capaz de satisfacer directamente diferentes necesidades últimas, por ejemplo, una cantidad dada de agua útil tanto para beber como para higiene personal. Si hay consejo médico claro acerca de cuánto es el mínimo de supervivencia para ambas necesidades, y, además el agua apenas alcanza para cubrir esos mínimos, entonces sostengo que todavía no hay involucrado ningún problema económico. Cuando la provisión es algo mayor que el nivel de supervivencia, pienso que aún no tenemos un problema económico: siendo así que falta la posibilidad de comparación entre estos dos propósitos absolutamente disímiles, limpiar y beber, no hay criterio de distribución ni para el agente único. El "equilibrio" en esta situación será sólo cuestión de decidirse arbitrariamente por alguna combinación que, por definición, será la que el agente encuentre "más satisfactoria". NOTA 11

Tomemos además el caso de más de un recurso que contribuye a la producción de un tercero, que por su parte satisface directamente a más de un fin último. La posibilidad de diferentes combinaciones de los recursos surge ahora con el fin de maximizar la cantidad del tercer bien. Con el advenimiento de la cuantificación, el principio de sustitución –y la teoría económica misma– comienzan a operar. Satisfacción, un contexto no formal, representa aquí la noción formal de puro máximo, un requisito estrictamente sintáctico; lo que sugiere este máximo es, desde luego, la sustitución de unidades de un recurso por unidades del otro. El requisito de minimización del gasto está implícito, ya que es solamente una imagen en el espejo del requisito de maximización del producto, y está también sujeto a tratamiento sintáctico estricto. Cuando más de un producto se puede originar mediante combinación alternativa de varios recursos, aparecen todas las complicaciones del análisis de equilibrio. En esta situación la noción de equilibrio es la que toma el lugar de la mera maximización, como representante de la necesidad de una solución para el sistema. El equilibrio corresponde aquí al punto maximizador en problemas más simples, y puede representarse como el "requisito de determinación" para problemas de sustitución compuesta –sustitución de grados más altos–. Esta noción es, por supuesto, la que "cierra" el sistema y actúa como la ficha teórica de los supuestos no formales del entramado económico –aquéllos representados por los términos contextuales "valor" o "satisfacción"–.

Volvamos ahora a la línea principal de nuestro argumento. Repito que existe una conexión fundamental entre los problemas del valor económico y los de definición de economía. Una teoría objetiva del valor tenderá a asociarse con una definición departamental o clasificadora, mientras que una teoría subjetiva del valor se relacionará más bien con una definición analítica. Las posiciones intermedias no parecen ser ni posibles ni estables, por lo menos en cuanto se presenten dentro del contexto intelectual que hace posible la alternativa objetivo-subjetivo. Una posición intermedia estable se puede alcanzar solamente si los sistemas de sustitución, que constituyen el asunto apropiado de la economía, se reconocen como capaces de interpretación formal. El próximo capítulo contiene una elaboración de esta idea.


Copyright © 1967-1998 Claudio Gutiérrez

NOTA 1 Tomo las obras de Sweezy y Rothbard como representaciones sistemáticas adecuadas de los dos tipos de teoría.

NOTA 2 Un buen resumen del asunto se puede encontrar en I.M. Kirzner, Kirzner, pp. 17 ss.

NOTA 3 En contraste con el sentido literalista de "formal". En el presente sentido, la teoría ni se identifica con sistemas de archivo tautológicos y vacíos, ni se considera como la elaboración de intuiciones a priori; más bien, el aspecto formal de la teoría se reconoce como un conjunto de invenciones heurísticas capaces de sacar tanto sentido como sea posible de las apariencias de la realidad, incluido el comportamiento de sujetos.

NOTA 4 Posiblemente podría surgir la objeción de que una teoría del valor debe ser una teoría de la causa del valor: si esto fuera así, entonces sería imposible tener una teoría divorciada de principios básicos como la "intencionalidad" o el "economizar", ya que estos sería los principios que establecerían las relaciones causales. Ahora bien, este tipo de razonamiento muestra una especie de inmadurez epistemológica típica de muchas presentaciones en metodología de la economía. Creo que se puede caracterizar como una tendencia pre-humeana por buscar causas últimas en las explicaciones científicas. Pero si reconocemos, como deberíamos, que las ciencias son inteligibles en sí mismas, es decir, independientes al menos hasta cierto punto de la metafísica, entonces tenemos que aceptar que el enfoque formal-heurístico es el más razonable.

NOTA 5 A saber, su tratamiento de instituciones como variables económicas potenciales o actuales, con las consecuencias importantes que tiene esto para la dinámica económica y para la política social.

NOTA 6 "No se debe tomar en cuenta en la determinación del valor más trabajo que aquel que es 'socialmente necesario' bajo las condiciones sociales existentes" (SWEEZY 42, p. 42).

NOTA 7 "Si ambos, el castor y el ciervo, son útiles ... deben cambiarse en proporción a sus respectivas horas de trabajo sin tener en cuenta la intensidad relativa del deseo por cada uno" (SWEEZY 42, p. 47).

NOTA 8 Lowe distingue un nivel hombre-cosas de un nivel hombre-hombre. Considera a la economía específicamente como el segundo, pasando por alto que en su enfoque también trata este nivel como tecnológico: se deben crear patrones de comportamiento que tenderán a hacer a la gente portarse como una única persona, y el enfoque de Robinson Crusoe será de nuevo aplicable (LOWE 65, p. 20 ff.).

NOTA 9 El carácter subjetivo del contenido económico consiste en el hecho de que no se pueden distinguir dos partes de un material homogéneo –una oferta– a no ser que sea subjetivamente; es el fin en mira lo que hace dos de sus partes diferentes. Entonces, la pluralidad de fines está implícita en el hecho de la distinción postulada entre dos partes de material de otra manera idénticas.

NOTA 10 El papel de la teoría económica general es "mostrar lo que se puede inferir de los principios o axiomas generales de utilidad decreciente y beneficios (técnicos) decrecientes, los cuales ambos pueden ser mirados como casos particulares del principio más inclusivo de sustitución". (KNIGHT 56, p. 175). El subrayado es mío.

NOTA 11 "Las escalas de valor no existen en un vacío aparte de las selecciones concretas de la acción..." (Rothbard, p. 27).