El presente estudio puede entenderse principalmente como una crítica a una posición en
metodología de la economía y en metodología general que deseo llamar
literalismo. Ahora bien, por literalismo entenderé la propiedad de un sistema metodológico
(más conspicua en concepciones epistemológicas aprioristas, pero no confinada a ellas) que trata
al lenguaje como algo dado e inerte, no sujeto a revisión esencial ni a ningún cambio dialéctico
propio. El literalismo ve el lenguaje o bien como un "sistema de archivo" no afectado por el
contenido que abriga, o bien como "conocimiento de la propia mente" que no es resultado de
comercio e interrelación creativa con la vida de la experiencia.
La posición literalista es común tanto a los aprioristas como a los objetivistas en metodología
de la economía. De ahí que sea adecuado formular tal posición a la manera de un dilema, el
dilema literalista: "O bien la teoría económica es abstracta (el resultado de la operación
abstractiva de la mente sobre información empírica) o bien es a priori
(la elaboración de algo que uno encuentra en su propio intelecto); las dos posibilidades son
excluyentes entre sí: si se tiene una de ellas no puede tenerse la otra y, además, no hay ningún
término medio entre ellas". Este autor no acepta la validez del dilema; la contestación a su reto,
sin embargo, no puede ser directa ni simple. La fuerza que
prima facie tiene es producto de una simplificación ilegítima del problema del conocimiento;
de modo que es solo por medio de un examen completo del contexto epistemológico de la
cuestión que uno puede ser capaz de captar que el argumento excluyente no se sostiene. Este
examen aparecerá en las primeras dos partes de este estudio.
Comenzaré por discutir una concepción del conocimiento científico que lo hace radicalmente
dependiente de las pasiones y valores intelectuales con los que los científicos están
comprometidos.
También destacaré el hecho de que no es posible hacer una distinción exacta entre la teoría pura
y
el acontecimiento empírico puro. Aún más, discutiré el hecho de que a los valores y las teorías
los
encontramos
siempre en interrelación, formando sistemas, y que estos sistemas, asumidos por
personas diferentes, son propensos a entrar en conflicto entre sí. El resultado de todo esto
es un argumento en defensa de una epistemología basada en la tolerancia y una esperanza de que
los puntos de vista conflictivos
de buena fe pueden eventualmente llegar a reconciliarse por medio del respeto mutuo y la
discusión heurística.
Después examinaré la pretensión de que existe una distinción esencial entre
sentido común y
ciencia, que es básica para la distinción posterior entre las ciencias naturales y las
ciencias
sociales.
Llegaré a la conclusión de que la distinción pertinente no es entre sentido común y
conocimiento científico, sino más bien entre conocimiento formal y no formal, aún
informalizable.
Al concluir sostendré que es imposible apoyar la objetividad y el formalismo en una forma
objetiva y formal. La única certeza que podemos esperar obtener en este campo es la que está
basada
en la confianza sobre la responsabilidad del científico. Esa responsabilidad, junto a un uso
eficiente del formalismo, es lo que me gustaría llamar
sentido profesional.
La idea central de este ensayo se desarrollará entonces alrededor de la distinción entre dos
niveles de subjetividad presentes en las ciencias sociales: la
subjetividad en la explicación y la
subjetividad en la materia de estudio. Este último aspecto se relaciona con el hecho de que
los objetos de estudio en las ciencias sociales siempre tienen propósitos, conocimiento, deseos y
así por el estilo. El primer aspecto se relaciona con el hecho de que el científico mismo también
tiene propósitos, creencias, pasiones, etc., determinantes en la forma en que realiza efectivamente
la ciencia. En relación con esta distinción interpretaré
la tentación del científico social como la tendencia a identificar dos niveles de análisis que
debieran permanecer separados. Llegaré a la conclusión de que todas las ciencias son
metodológicamente homogéneas en el doble sentido en que tanto las ciencias sociales como las
ciencias físicas son radicalmente dependientes de la subjetividad (la del científico) y ambas
utilizan
la
subjetividad-en-la-materia-de-estudio o una alternativa suya, a saber: términos teóricos.
En la segunda parte de este estudio presentaré un análisis de la naturaleza y los usos de la
abstracción. Trataré de demostrar que el "realismo analítico" del abstraccionista es una
explicación insuficiente para la pluridimensionalidad del mundo real. Para lograr esto,
presentaré
un examen filosófico de los requisitos lógicos de
plenitud y
congruencia. El concepto de que todo pensamiento teórico es totalizante y sistemático, y al
mismo tiempo limitado o incompleto hasta cierto punto, será el reencuentro en el reino
estrictamente metodológico de la verdad fundamental de la interrelación de los valores y el
carácter conflictivo de las relaciones entre los diferentes sistemas de valor. La ambigüedad, en
conclusión, es inherente a todo pensamiento concerniente a la realidad. No podemos esperar
ver a través de nuestro marco teórico para captar el
mundo real. Nuestra ruta a la verdad se debe relacionar con el análisis de puntos de vista
comprensivos y opuestos, que llamaré
paradigmas, de acuerdo a ciertos criterios
internos de congruencia y plenitud de explicación capaces de darnos los diferentes aspectos
de la realidad.
Habiéndome afiliado con el criterio de verdad por congruencia, pasaré entonces a hacerle frente
al
riesgo de relativismo en un enfoque de esta naturaleza. La capacidad de un paradigma para ser
congruente no es ilimitada. Su habilidad de dar sentido último puede agotarse, y de hecho
ello sucede. Esta posibilidad de agotamiento o extenuación de un paradigma o conjunto de
paradigmas
se puede ver como una propiedad psicológica limitante de la persona que sostiene o afirma ese
paradigma. Desde el punto de vista empírico, la capacidad de la persona para hacer cambios en
un paradigma con el fin de salvarlo de evidencia adversa se puede agotar; entonces el paradigma
se debe desechar como falso. Desde el punto de vista teórico, la habilidad de la persona para
imaginar explicaciones alternativas también puede acabarse, y el paradigma deberá tomarse
como
necesariamente verdadero.
Los dos extremos de agotamiento de paradigmas son solamente puntos ideales, nunca
completamente alcanzables, solamente polos complementarios a los que uno se acerca
asintóticamente. Entre
esos dos focos se encuentran las instancias reales de conocimiento, indefinidas en su
gradación, en estado de tensión desde la teoría necesaria (ideal) hasta el hecho empírico puro
(también ideal). De cualquier fragmento concreto de información se puede decir que es tanto
teórico
como empírico, de acuerdo al papel que juega en relación con otros unidades de
conocimiento, superiores o inferiores. Entonces introduciré los conceptos de
modelo y
supuesto. Una unidad de información es un modelo, una representación de la realidad
suficientemente fiel, si uno trabaja sobre ella desde un nivel superior de conocimiento; una
unidad de información es un supuesto, una configuración teórica o paradigmática, si uno se
instala en ella con el fin de trabajar desde ella sobre otra cosa (los modelos). Con tal de que
estemos a suficiente distancia tanto de los supuestos necesarios como de la
evidencia abrumadora, siempre hay bastante holgura para la organización alternativa de modelos
y
supuestos. Muchos enfoques pueden resultar igualmente productivos; muchas leyes
alternativas igualmente verdaderas. Llamaremos a este punto de vista la
interpretación gradualista del conocimiento científico.
Con estas armas epistemológicas a mano, en el tercer capítulo examinaré la pretensión del
científico social que defiende
Verstehen como una forma de conocimiento independiente, intuitiva. Concluiré con la idea
de que el "conocimiento-de-nuestra-propia-mente" del literalista es, de hecho, un
conocimiento-de-nuestro-propio-lenguaje, de tipo paradigmático. También examinaré, en el
capítulo sétimo, la pretensión del economista que defiende la "praxeología" como una forma
deductiva, puramente a
priori, de construir la teoría económica. Afirmaré que la "deducción trascendental" del literalista
es de hecho un proceso dialéctico de inferencia, de tipo empírico. Finalmente, en la cuarta parte,
trataré de construir una crítica directa del literalismo por medio de la construcción de modelos
alternativos para los elementos básicos de la teoría del valor económico. Estos modelos también
servirán como una refutación de la posibilidad de una definición de economía a priori,
literalísticamente formal. Como resultado de todo esto, llegaremos a la concepción
formal-profesional de la economía, una concepción totalmente congruente con la interpretación
gradualista de la teoría científica.