traducción del inglés por Inés Gutiérrez Castro
La literatura de la metodología de la ciencia social es rica
en discusiones sobre la naturaleza de lo que comúnmente llamamos
tipos ideales. Al repasar parte de esta literatura no me involucraré
con la idea central de esas discusiones, i.e., si los tipos ideales son
"naturales" o "artificiales", si son "conceptos" o "teorías".
Más bien me limitaré a un problema más específico,
con la consideración de que los tipos ideales son tan artificiales
y tan naturales como cualquier instrumento del pensamiento humano, tan
"proposicionales" como podría ser cualquier concepto, y tan "conceptuales"
como debiera ser cualquier teoría. El problema al que haré
referencia es más bien al de las relaciones, y posible identidad
u oposición, entre tipos ideales de dos clases diferentes, i.e.,
"modelos abstractos" por un lado, y "supuestos", "proposiciones fundamentales"
o "postulados básicos" por el otro. Lo importante para mis
objetivos de análisis actuales es otra vez la distinción
crucial entre lo "cerrado" y lo "abierto", lo formal y lo no formal, en
fin entre lo objetivo y lo subjetivo con posibilidad de distinguirse en
esta materia. Hemos discutido esta distinción a lo largo de
todo este estudio. Lo nuevo en este capítulo será la
consideración de los dos aspectos dentro del "lado formal" de la
teoría, antes que uno en el lado no formal y otro en el formal.
La razón de esta "repercusión" de la polaridad formal-no formal
dentro del lado formal se puede encontrar en la naturaleza de las "categorías
residuales" o "nociones teóricas",
como
se demostró anteriormente. Para poder trabajar con la
teoría es necesaria la clausura lógica, lo que implica
que el todo del lado no formal sea representado por ciertas características
dentro del lado formal –características que en la mayor parte de lo que sigue
llamaremos supuestos–.
Milton Friedman enuncia el problema principal de la metodología
económica, según su punto de vista, en los siguientes términos.
La "teoría pura" es solamente un sistema de archivo analítico.
La economía necesita ser algo más que teoría para
ser tan predictiva como debiera. En consecuencia, tenemos los
supuestos, que son recursos útiles, abstractos y por fuerza irrealistas.
Al ser irrealistas, las hipótesis deben ser comprobadas por sus implicaciones,
no por el realismo de sus supuestos.
(FRIEDMAN
53, pp. 7-15)
NOTA 1
Una hipótesis consiste de dos elementos: el "modelo abstracto"
y algunas "reglas" que, además de definir las interpretaciones pertinentes
que hacen válido al modelo, también determinan la correspondencia
entre ciertos conceptos en el modelo y ciertas propiedades o relaciones
empíricamente dadas.
Estas dos partes son de muy diferente carácter. El
modelo es abstracto y completo; es "álgebra" o "lógica"....
Las reglas para usar el modelo, por otro lado, no pueden de ninguna
manera ser abstractas y completas....
Al tratar de hacer a una ciencia lo más "objetiva" posible,
nuestro propósito debe ser el formular las reglas en cuanto sea posible....
Pero inevitablemente
quedará campo para la duda en la
aplicación de las reglas, sin importar cuánto éxito
tengamos en este intento. Cada caso tiene algunas características
muy particulares, no cubiertas por las reglas explícitas.
La capacidad de juzgar sobre si estas deben o no deben ser rechazadas..., [la capacidad de juzgar]
qué fenómenos observables
se deben identificar con qué entidades en el modelo, es algo que
no se puede enseñar, se puede aprender solamente por experiencia
y con la exposición a la atmósfera científica "correcta",
pero no de memoria o mecánicamente. Es en este punto donde
el "amateur" se separa del "profesional" en todas las ciencias....
(FRIEDMAN
53, pp. 24-25)
Pongámosle mucha atención a esta última e importante
afirmación. Ciertamente podemos correlacionar esta característica
de las "reglas", el que sean en último tiempo dependientes del juicio profesional,
con lo que se ha dicho sobre los poderes no formales del pensamiento, necesarios
para la operación de los procesos formales. Podemos enriquecer
aun más este concepto con nuestra noción de supuestos
como categorías residuales que representan, por así decirlo, como marca formal, el riesgo y
el compromiso heurístico
inherentes a todas las aseveraciones de la teoría
(POLANYI
64, pp. 308-16). Entendido esto, podemos preguntarnos qué
hacer con la tesis de Friedman sobre los supuestos. ¿Debieran
ser considerados irrealistas o más bien como "modelos abstractos"? Si identificamos
el "supuesto" con el poder del pensamiento no formal, o tal vez con su
representación por medio de una ficha formal, entonces lo más
seguro es que los supuestos sean nuestro ancho camino a la
realidad, y deban ser considerados realistas al menos en este sentido. Pero al
ser heurístico el pensamiento no formal, con seguridad los supuestos son también irrealistas,
en el
sentido de que las
anticipaciones heurísticas pueden eventualmente resultar incorrectas.
No creo, sin
embargo, que
éste sea el significado que el autor desee transmitir. Creo más fácil encontrarle
sentido a lo que dice tomando la interpretación alternativa.
Los que deben ser irrealistas no son los supuestos sino más bien los
modelos dependientes de los supuestos con los que el investigador trabaja. Estos
modelos están a un nivel inferior, por decirlo así,
con respecto a los supuestos, y éstos –los modelos– debiéramos considerarlos
formales
más que no formales o informalizables. Sin pretender darle demasiada
trascendencia
a esta definición, digamos que un proceso o elemento
es formal si sus dimensiones semántica y pragmática, como
un todo significativo, son separadas o puestas entre paréntesis,
de modo que la única posibilidad restante sea la
de operar de acuerdo a reglas sintácticas.
En otras palabras, no debemos preocuparnos por qué objetos del mundo
real representa el elemento formal o a qué propósitos sirve
el proceso, sino tan solo por lo que el elemento o proceso pueda producir
a partir de sí mismo con la sola aplicación de las reglas
(no necesariamente formales) que lo gobiernan. Ahora bien, es posible
ver que el hecho de que los modelos sean irrealistas –esto es, formales–
resulta beneficioso para la investigación que el científico conduce,
así como para la exactitud de sus resultados, pues de esta manera puede operar
con más facilidad con ellos y por medio de ellos.
Surge otro interrogante con respecto a la correspondencia de la terminología
de Friedman con la nuestra. Cuando él dice que la teoría
pura es un sistema de archivos analíticos, ¿se refiere a
nuestros "modelos abstractos"? ¿Podríamos decir que
un modelo abstracto es parte de un sistema de archivos? Pienso que
la respuesta es no. La mejor descripción de la forma en que
opera un conjunto de modelos abstractos es, en mi opinión, la presentada
por Koopmans. Para él, la teoría económica no
es ni enteramente auto-evidente ni comprobada fácilmente por la
experiencia. Es más bien "una secuencia de modelos conceptuales
que busca expresar en forma simplificada diferentes aspectos de una realidad
cada vez más complicada"
(KOOPMANS
57, p. 142). La percepción de aspectos adicionales de
la realidad precede a su reconocimiento en la formación de modelos.
El rigor le sigue para consolidar los logros, "rigor" presumiblemente
entendido como un cambio o refinamiento de los modelos
(KOOPMANS
57, p. 143). Según esta descripción, entonces,
los modelos no son por sí mismos nada empírico, asemejándose más
bien a un mecanismo, un medio simbólico o un juego.
Su pertinencia empírica sólo se puede explicar apelando al
concepto de "armonía preestablecida" entre la naturaleza íntima
de los modelos y la realidad externa, o por algún otro medio que clarifique
el contenido filosófico de ese importante mito. El hecho es
que los modelos abstractos o formales son tan cerrados como se pensaba
que eran las mónadas. "No tienen ventanas" al mundo.
Los usamos. Pero el uso que hacemos de ellos les es externo,
hasta el punto de tener que cambiar el modelo por completo para poder alterar
su significado empírico. No pueden ser "archivos" en absoluto.
En resumen: la "teoría pura" se puede identificar alternativamente
tanto con los supuestos como con los modelos. Si con los primeros,
debe ser realista en el sentido de anticipación heurística.
Si con los segundos, debe ser no realista en el sentido de formal,
como tal cerrado a la realidad pero continuamente revisado y corregido.
El movimiento dialéctico de la creación de teoría rodea
a los modelos, aunque ellos, en sí mismos, permanezcan inmutables.
Con respecto a esto, deberíamos distinguir cuidadosamente la mente
como agente intelectual, por decirlo de alguna manera, de los aspectos
de la inteligencia que podemos considerar pasivos aunque sean igualmente necesarios. Para
ponerlo en una forma epigramática, los modelos abstractos o formales no
pueden evitar ser "estúpidos como una computadora". De hecho,
en la medida en que hemos estado usando procesos formales para pensar, hemos
estado creando "computadoras" desde siempre, tal vez con la noción
equivocada de que esos procesos fueran inteligentes (¡cosa que creíamos por
ser incapaces de concebirlos como diferentes de nosotros mismos!).
Pero es precisamente aquí donde nos enfrentamos a la necesidad de
distinguir entre el modelo que usamos y el supuesto con el que nos identificamos.
Según lo que hemos visto, la eficiencia intelectual no puede más
que beneficiarse de esta distinción. No veo cómo el uso profesionalmente
racional de los aparatos formales pueda desembocar en
resultados inconvenientes.
C. Hempel nos proporciona un análisis diferente de los tipos
ideales. Para él existen dos clases de tipos ideales:
los intuitivos y los teóricos. El primero es solamente [sic]
una categoría heurística; el segundo se puede tomar como
formal, más o menos en nuestro sentido del término.
Es importante destacar que para este autor los tipos ideales intuitivos se definen
negativamente, esto es, diciendo lo que no son: términos teóricos. Así pues, forman una
"categoría
residual" aproximadamente en el mismo sentido de Parsons. En lo
que respecta a los tipos ideales teóricos, se caracterizan por dos
requisitos relacionados entre sí:
Aparentemente los tipos intuitivos de Hempel sí corresponden a nuestros
"supuestos", a pesar de la diferencia en la apreciación de su importancia
metodológica. En conexión a esto surge un problema
desde nuestro punto de vista. ¿En qué sentido podemos
mantener, a la luz del análisis de Hempel, la dependencia de los
modelos abstractos (los tipos teóricos de Hempel) de los supuestos
(los tipos intuitivos de Hempel)? ¿No son los requisitos (1)
y (2) una reafirmación del principio de control empírico
vía la directa verificación de las proposiciones? Siendo
así, ¿me opongo a este principio al insistir en la prioridad
de los supuestos (tipos intuitivos)? Hay
mucho
que decir sobre el tema. Por el momento, dejemos claro que no me opongo al principio
empírico mismo, solamente a la creencia
de que el problema de verificación se pueda separar claramente del
problema de la ideación teórica. Uno verifica hipótesis
que tienen una gran posibilidad de ser ciertas; entonces, el problema de
la verificación empírica no es estrictamente distinto al
problema de la formación de teoría en general
(POLANYI
64, p. 30). Verificamos una hipótesis si pensamos que
es congruente con una teoría más vasta con la que, por buenas
razones, estamos comprometidos, mientras dejamos de lado para investigación
posterior cualquiera evidencia adversa que pudiera aparecer
(KUHN
62, pp. 52-65).
Aparte de esta implicación de verificación separada, (1)
pareciera decir solamente que el modelo abstracto debe ser visto como sistemáticamente
contextual, es decir, que todo modelo es afirmado conjuntamente con algunos
otros modelos. Pero si dejamos aparte el sistematismo paradigmático,
rechazado por Hempel, esto no es importante. La simplificación
lógica siempre puede servir para aislar un modelo particular de
su contexto, o sea, de "P y Q" siempre podemos extraer "P" solo.
El requisito (2) pareciera ser más interesante, al abrir la discusión
de un asunto que podríamos llamar
"gradualismo metodológico". Si "criterios lógicamente independientes"
no significa lo mismo que el "contexto sistemático" del requisito (1),
entonces lo único que puede significar es la necesidad de bases
no formales para el formalismo.
Entonces, podríamos elegir decir que el paso de lo formal a lo no
formal es gradual, por lo que se pueden tener modelos en función
de supuestos con respecto a otros modelos, y supuestos en función
de modelos con respecto a otros supuestos. En otras palabras, hay
tipos que son "más supuestos que modelos" y tipos que son "más
modelos que supuestos". La graduación entre formalismo y contexto
no formal es continua, sin ninguna distinción cortante entre los
dos aspectos a lo largo de toda la gama. Esto, desde luego, es diferente
de lo afirmado por Hempel, i.e., una "hipótesis" por un lado y un
"área de aplicación" de la hipótesis por el otro,
una dicotomía muy clara. Que una visión tan simplificada
del problema del conocimiento sea posible se debe, creo, al hecho de
que en la práctica nos identificamos con el contexto del modelo
con el cual operamos; nos identificamos con él por lo menos mientras
se desarrolla la investigación. Por razones obvias, siempre
tratamos de estar "lo más cerca posible" al modelo que manipulamos;
sin embargo, a veces no podemos llegar "tan cerca" y tenemos que conformarnos
con la intervención inevitable de algún contexto, por ejemplo,
un aparato matemático de algún tipo.
NOTA
2 No obstante, las más de las veces sí logramos
llegar "tan cerca", pero solamente a través de un cambio enorme,
a veces doloroso, de nosotros mismos: el acto de afiliación a usos
particulares de la profesión. Sabemos que este cambio se puede
hacer. Todos vivimos no formalmente una gran cantidad de asuntos abstrusos
de nuestra profesión.
NOTA
3 En todo caso, si nos identificamos con algún contexto
es fácil que no percibamos la naturaleza variopinta del mismo,
especialmente si estamos más interesados en las hipótesis
individuales que en la unidad paradigmática de un conjunto
de ellas. Si, por el contrario, estamos más interesados en
esta unidad orgánica, entonces no podemos dejar de ver el hecho
de que un simple detalle de información puede ser usado como presuposición
metodológica de cualquier interrogante, así como puede convertirse
en el objeto mismo de investigación directa (con la ayuda de algunas
otras presuposiciones). Como analogía, veamos el caso simple de un
martillo: se puede clavar un clavo con él, pero también,
si está roto, se puede reparar con la ayuda de otras herramientas,
tal vez otro martillo.
NOTA
4
T. W. Hutchison (pp. 30-31) nos
presenta
otro punto de vista sobre lo mismo. Para él, los
supuestos son meras definiciones, aunque en el modo material
(CARNAP
35, p. 68). Además, son arbitrarios, al depender su selección
más que nada de la disponibilidad de estadísticas.
Esta manera de presentar el problema es desde luego ingenuamente positivista,
al compartir mucho del dogma de que todos los términos deben
definirse sobre la base experimental de los datos de los sentidos. Uno se pregunta cómo
se puede mantener una posición tan extrema a pesar de la contradicción
y el agotamiento de fuerza intelectual que ella implica.
La respuesta podría recaer en la "arbitrariedad" de las definiciones
postulada por este tipo de razonamiento; este concepto actúa como
una puerta trasera a través de la cual todo lo que el enfoque positivista
había expulsado vuelve de nuevo a casa. De hecho,
esta arbitrariedad es equivalente a lo que hemos llamado el aspecto heurístico
de la ideación de teorías. Elegir ésta y no aquélla
definición es identificarse uno mismo con algún tipo de supuesto,
por más que todavía ignoremos por completo sus implicaciones.
Si éstas se explican y aparece una contradicción, entonces
podremos desechar la "definición" con la esperanza de que
aparezca algo mejor que tome su lugar.
En relación con esta posición, pero mucho más tolerante
e interesante, es la forma en la que Felix Kaufmann ataca el problema.
La metodología se presenta como la teoría de las decisiones
científicas, las cuales consisten en la aceptación o eliminación de
proposiciones según reglas que enuncian las excepciones a la prohibición
general de cambiar el cuerpo de una ciencia. Distingue entre "leyes
empíricas" y "principios teóricos". Las primeras son
falsables por un solo caso (sic); los segundos están sujetos
al poder de reglas de mayor rango relacionadas con el marco teórico completo
de las ciencias.
(KAUFMANN 58,
pp. 48 y 213-14) La principal objeción a este enfoque tiene
que ver con la cortante dicotomía que acabamos de enunciar.
¿Por qué descartar la posibilidad de que una tesis que en determinado
contexto es una "ley empírica" funcione en otro como "principio
teórico"? Por otro lado, ¿cuáles son las bases
para creer en el rechazo de las hipótesis a la luz de una simple
instancia contradictoria?
(KUHN 62,
pp. 52-65) Por mi parte, intentaré enfocar el problema exactamente
en la forma inversa. Postulo que no existe diferencia entre
"leyes" y "principios", sino que tenemos un paradigma (homogéneo)
susceptible de interpretación gradualista, como explicamos
anteriormente. Podemos distinguir, en caso necesario, un aspecto
o parte del paradigma que tiende a funcionar como ley empírica más
que como principio teórico, aunque, según el contexto, sea
generalmente capaz de desempeñar ambos roles. El problema de la
falsación se puede entonces considerar como el problema
del agotamiento empírico o vaciedad cualitativa
del paradigma; tiene que ver con el requisito de que bajo ciertas circunstancias
algunas hipótesis o el paradigma mismo se deben desechar.
Por otro lado, el problema de la necesidad de ciertos supuestos
NOTA
5 se debe ver como el tema complementario del agotamiento
racional o vaciedad cuantitativa de los paradigmas; esto tiene
que ver con el requisito de que bajo ciertas circunstancias un paradigma
dado se debe considerar como necesario (ya que ningún otro podría
estar disponible). Bajo esta luz, "supuesto" o "principio teórico"
se entenderán como la afirmación general y sistemática
del paradigma, inarticulado o no formal, que se basa en un compromiso intelectual.
El "modelo abstracto" o "ley empírica" serán por su parte los elementos
formales del paradigma, sus aspectos positivos, cerrados al mundo, pero
dialécticamente revisables de acuerdo al movimiento del
progreso científico. Debemos pasar a profundizar el estudio
de estos temas.
NOTA 1
Se ha acusado a Friedman de conservadurismo, en el sentido de promover
eximir a los supuestos del control empírico, ya que las implicaciones
derivadas de los supuestos o las hipótesis definidas en economía
son muy difíciles de probar
(KOOPMANS
57, pp. 137-142). Considérese su enfoque de los problemas monetarios:
la política monetaria provoca reacomodos de portafolios de inversiones
tan complicados que no podemos seguir su lógica;
sin embargo, sí es posible elicitar una relación directa
entre cantidad de dinero y cambios en el ingreso. La renuncia
de la teoría en favor de simples "leyes empíricas" es
evidente. Y el resultado final de todo esto es la sugerencia de atenerse a
la hipótesis más simple, esto es, la tradicional (y políticamente
conservadora), no por que creamos que es verdadera sino tan solo por haber desesperado
de encontrar la verdadera
(JOHNSON
66, pp. 33-34).
NOTA 2
Como la función Psi de la mecánica cuántica
(NAGEL 61, p. 308).
NOTA 3
En mi caso personal, me he encontrado "conversando" con símbolos
de lógica, como si fueran mis amigos, o al menos como personajes
favoritos de una obra de teatro.
NOTA 4
En conexión a esto, el concepto de "conciencia subsidiaria" de las
herramientas pareciera ser atinente: ver
POLANYI
64, pp. 58-59. La teoría económica de J.M.
Keynes, presentada como ejemplo por
L.
R. Klein, nos proporciona un ejemplo interesante de pieza de información
que sirve propósitos tanto de supuesto como de modelo: en la medida en que
determina los instrumentos de análisis económico no se puede
entender como la simple expresión de un caso empírico particular
de teoría neoclásica; debe tomarse como
un supuesto totalmente diferente.
NOTA 5
Podría parecer extraño hablar sobre "supuestos" cuando nos referimos
a marcos teóricos que son necesarios; aún así
me apego a ello porque estoy fundamentalmente interesado en los aspectos
epistemológicos del problema del conocimiento más que en
los aspectos metafísicos. Podría muy bien ser que estamos
hechos para considerar algunas proposiciones como necesariamente verdaderas;
para mis propósitos es suficiente pensar que el ser humano no puede
concebir ningún otro supuesto.