Tipos ideales
Claudio Gutiérrez book

traducción del inglés por Inés Gutiérrez Castro

La literatura de la metodología de la ciencia social es rica en discusiones sobre la naturaleza de lo que comúnmente llamamos tipos ideales. Al repasar parte de esta literatura no me involucraré con la idea central de esas discusiones, i.e., si los tipos ideales son "naturales" o "artificiales", si son "conceptos" o "teorías". Más bien me limitaré a un problema más específico, con la consideración de que los tipos ideales son tan artificiales y tan naturales como cualquier instrumento del pensamiento humano, tan "proposicionales" como podría ser cualquier concepto, y tan "conceptuales" como debiera ser cualquier teoría. El problema al que haré referencia es más bien al de las relaciones, y posible identidad u oposición, entre tipos ideales de dos clases diferentes, i.e., "modelos abstractos" por un lado, y "supuestos", "proposiciones fundamentales" o "postulados básicos" por el otro. Lo importante para mis objetivos de análisis actuales es otra vez la distinción crucial entre lo "cerrado" y lo "abierto", lo formal y lo no formal, en fin entre lo objetivo y lo subjetivo con posibilidad de distinguirse en esta materia. Hemos discutido esta distinción a lo largo de todo este estudio. Lo nuevo en este capítulo será la consideración de los dos aspectos dentro del "lado formal" de la teoría, antes que uno en el lado no formal y otro en el formal. La razón de esta "repercusión" de la polaridad formal-no formal dentro del lado formal se puede encontrar en la naturaleza de las "categorías residuales" o "nociones teóricas", como se demostró anteriormente. Para poder trabajar con la teoría es necesaria la clausura lógica, lo que implica que el todo del lado no formal sea representado por ciertas características dentro del lado formal –características que en la mayor parte de lo que sigue llamaremos supuestos–.

Milton Friedman enuncia el problema principal de la metodología económica, según su punto de vista, en los siguientes términos. La "teoría pura" es solamente un sistema de archivo analítico. La economía necesita ser algo más que teoría para ser tan predictiva como debiera. En consecuencia, tenemos los supuestos, que son recursos útiles, abstractos y por fuerza irrealistas. Al ser irrealistas, las hipótesis deben ser comprobadas por sus implicaciones, no por el realismo de sus supuestos. (FRIEDMAN 53, pp. 7-15) NOTA 1 Una hipótesis consiste de dos elementos: el "modelo abstracto" y algunas "reglas" que, además de definir las interpretaciones pertinentes que hacen válido al modelo, también determinan la correspondencia entre ciertos conceptos en el modelo y ciertas propiedades o relaciones empíricamente dadas.

Pongámosle mucha atención a esta última e importante afirmación. Ciertamente podemos correlacionar esta característica de las "reglas", el que sean en último tiempo dependientes del juicio profesional, con lo que se ha dicho sobre los poderes no formales del pensamiento, necesarios para la operación de los procesos formales. Podemos enriquecer aun más este concepto con nuestra noción de supuestos como categorías residuales que representan, por así decirlo, como marca formal, el riesgo y el compromiso heurístico inherentes a todas las aseveraciones de la teoría (POLANYI 64, pp. 308-16). Entendido esto, podemos preguntarnos qué hacer con la tesis de Friedman sobre los supuestos. ¿Debieran ser considerados irrealistas o más bien como "modelos abstractos"? Si identificamos el "supuesto" con el poder del pensamiento no formal, o tal vez con su representación por medio de una ficha formal, entonces lo más seguro es que los supuestos sean nuestro ancho camino a la realidad, y deban ser considerados realistas al menos en este sentido. Pero al ser heurístico el pensamiento no formal, con seguridad los supuestos son también irrealistas, en el sentido de que las anticipaciones heurísticas pueden eventualmente resultar incorrectas.

No creo, sin embargo, que éste sea el significado que el autor desee transmitir. Creo más fácil encontrarle sentido a lo que dice tomando la interpretación alternativa. Los que deben ser irrealistas no son los supuestos sino más bien los modelos dependientes de los supuestos con los que el investigador trabaja. Estos modelos están a un nivel inferior, por decirlo así, con respecto a los supuestos, y éstos –los modelos– debiéramos considerarlos formales más que no formales o informalizables. Sin pretender darle demasiada trascendencia a esta definición, digamos que un proceso o elemento es formal si sus dimensiones semántica y pragmática, como un todo significativo, son separadas o puestas entre paréntesis, de modo que la única posibilidad restante sea la de operar de acuerdo a reglas sintácticas. En otras palabras, no debemos preocuparnos por qué objetos del mundo real representa el elemento formal o a qué propósitos sirve el proceso, sino tan solo por lo que el elemento o proceso pueda producir a partir de sí mismo con la sola aplicación de las reglas (no necesariamente formales) que lo gobiernan. Ahora bien, es posible ver que el hecho de que los modelos sean irrealistas –esto es, formales– resulta beneficioso para la investigación que el científico conduce, así como para la exactitud de sus resultados, pues de esta manera puede operar con más facilidad con ellos y por medio de ellos.

Surge otro interrogante con respecto a la correspondencia de la terminología de Friedman con la nuestra. Cuando él dice que la teoría pura es un sistema de archivos analíticos, ¿se refiere a nuestros "modelos abstractos"? ¿Podríamos decir que un modelo abstracto es parte de un sistema de archivos? Pienso que la respuesta es no. La mejor descripción de la forma en que opera un conjunto de modelos abstractos es, en mi opinión, la presentada por Koopmans. Para él, la teoría económica no es ni enteramente auto-evidente ni comprobada fácilmente por la experiencia. Es más bien "una secuencia de modelos conceptuales que busca expresar en forma simplificada diferentes aspectos de una realidad cada vez más complicada" (KOOPMANS 57, p. 142). La percepción de aspectos adicionales de la realidad precede a su reconocimiento en la formación de modelos. El rigor le sigue para consolidar los logros, "rigor" presumiblemente entendido como un cambio o refinamiento de los modelos (KOOPMANS 57, p. 143). Según esta descripción, entonces, los modelos no son por sí mismos nada empírico, asemejándose más bien a un mecanismo, un medio simbólico o un juego. Su pertinencia empírica sólo se puede explicar apelando al concepto de "armonía preestablecida" entre la naturaleza íntima de los modelos y la realidad externa, o por algún otro medio que clarifique el contenido filosófico de ese importante mito. El hecho es que los modelos abstractos o formales son tan cerrados como se pensaba que eran las mónadas. "No tienen ventanas" al mundo. Los usamos. Pero el uso que hacemos de ellos les es externo, hasta el punto de tener que cambiar el modelo por completo para poder alterar su significado empírico. No pueden ser "archivos" en absoluto.

En resumen: la "teoría pura" se puede identificar alternativamente tanto con los supuestos como con los modelos. Si con los primeros, debe ser realista en el sentido de anticipación heurística. Si con los segundos, debe ser no realista en el sentido de formal, como tal cerrado a la realidad pero continuamente revisado y corregido. El movimiento dialéctico de la creación de teoría rodea a los modelos, aunque ellos, en sí mismos, permanezcan inmutables. Con respecto a esto, deberíamos distinguir cuidadosamente la mente como agente intelectual, por decirlo de alguna manera, de los aspectos de la inteligencia que podemos considerar pasivos aunque sean igualmente necesarios. Para ponerlo en una forma epigramática, los modelos abstractos o formales no pueden evitar ser "estúpidos como una computadora". De hecho, en la medida en que hemos estado usando procesos formales para pensar, hemos estado creando "computadoras" desde siempre, tal vez con la noción equivocada de que esos procesos fueran inteligentes (¡cosa que creíamos por ser incapaces de concebirlos como diferentes de nosotros mismos!). Pero es precisamente aquí donde nos enfrentamos a la necesidad de distinguir entre el modelo que usamos y el supuesto con el que nos identificamos. Según lo que hemos visto, la eficiencia intelectual no puede más que beneficiarse de esta distinción. No veo cómo el uso profesionalmente racional de los aparatos formales pueda desembocar en resultados inconvenientes.

C. Hempel nos proporciona un análisis diferente de los tipos ideales. Para él existen dos clases de tipos ideales: los intuitivos y los teóricos. El primero es solamente [sic] una categoría heurística; el segundo se puede tomar como formal, más o menos en nuestro sentido del término. Es importante destacar que para este autor los tipos ideales intuitivos se definen negativamente, esto es, diciendo lo que no son: términos teóricos. Así pues, forman una "categoría residual" aproximadamente en el mismo sentido de Parsons. En lo que respecta a los tipos ideales teóricos, se caracterizan por dos requisitos relacionados entre sí:

  1. Son postulados deducidos a partir de principios más amplios, y
  2. El área de su aplicación está claramente especificada por criterios lógicamente independientes. (HEMPEL 63, pp. 222-28)

Aparentemente los tipos intuitivos de Hempel sí corresponden a nuestros "supuestos", a pesar de la diferencia en la apreciación de su importancia metodológica. En conexión a esto surge un problema desde nuestro punto de vista. ¿En qué sentido podemos mantener, a la luz del análisis de Hempel, la dependencia de los modelos abstractos (los tipos teóricos de Hempel) de los supuestos (los tipos intuitivos de Hempel)? ¿No son los requisitos (1) y (2) una reafirmación del principio de control empírico vía la directa verificación de las proposiciones? Siendo así, ¿me opongo a este principio al insistir en la prioridad de los supuestos (tipos intuitivos)? Hay mucho que decir sobre el tema. Por el momento, dejemos claro que no me opongo al principio empírico mismo, solamente a la creencia de que el problema de verificación se pueda separar claramente del problema de la ideación teórica. Uno verifica hipótesis que tienen una gran posibilidad de ser ciertas; entonces, el problema de la verificación empírica no es estrictamente distinto al problema de la formación de teoría en general (POLANYI 64, p. 30). Verificamos una hipótesis si pensamos que es congruente con una teoría más vasta con la que, por buenas razones, estamos comprometidos, mientras dejamos de lado para investigación posterior cualquiera evidencia adversa que pudiera aparecer (KUHN 62, pp. 52-65).

Aparte de esta implicación de verificación separada, (1) pareciera decir solamente que el modelo abstracto debe ser visto como sistemáticamente contextual, es decir, que todo modelo es afirmado conjuntamente con algunos otros modelos. Pero si dejamos aparte el sistematismo paradigmático, rechazado por Hempel, esto no es importante. La simplificación lógica siempre puede servir para aislar un modelo particular de su contexto, o sea, de "P y Q" siempre podemos extraer "P" solo. El requisito (2) pareciera ser más interesante, al abrir la discusión de un asunto que podríamos llamar "gradualismo metodológico". Si "criterios lógicamente independientes" no significa lo mismo que el "contexto sistemático" del requisito (1), entonces lo único que puede significar es la necesidad de bases no formales para el formalismo. Entonces, podríamos elegir decir que el paso de lo formal a lo no formal es gradual, por lo que se pueden tener modelos en función de supuestos con respecto a otros modelos, y supuestos en función de modelos con respecto a otros supuestos. En otras palabras, hay tipos que son "más supuestos que modelos" y tipos que son "más modelos que supuestos". La graduación entre formalismo y contexto no formal es continua, sin ninguna distinción cortante entre los dos aspectos a lo largo de toda la gama. Esto, desde luego, es diferente de lo afirmado por Hempel, i.e., una "hipótesis" por un lado y un "área de aplicación" de la hipótesis por el otro, una dicotomía muy clara. Que una visión tan simplificada del problema del conocimiento sea posible se debe, creo, al hecho de que en la práctica nos identificamos con el contexto del modelo con el cual operamos; nos identificamos con él por lo menos mientras se desarrolla la investigación. Por razones obvias, siempre tratamos de estar "lo más cerca posible" al modelo que manipulamos; sin embargo, a veces no podemos llegar "tan cerca" y tenemos que conformarnos con la intervención inevitable de algún contexto, por ejemplo, un aparato matemático de algún tipo. NOTA 2 No obstante, las más de las veces sí logramos llegar "tan cerca", pero solamente a través de un cambio enorme, a veces doloroso, de nosotros mismos: el acto de afiliación a usos particulares de la profesión. Sabemos que este cambio se puede hacer. Todos vivimos no formalmente una gran cantidad de asuntos abstrusos de nuestra profesión. NOTA 3 En todo caso, si nos identificamos con algún contexto es fácil que no percibamos la naturaleza variopinta del mismo, especialmente si estamos más interesados en las hipótesis individuales que en la unidad paradigmática de un conjunto de ellas. Si, por el contrario, estamos más interesados en esta unidad orgánica, entonces no podemos dejar de ver el hecho de que un simple detalle de información puede ser usado como presuposición metodológica de cualquier interrogante, así como puede convertirse en el objeto mismo de investigación directa (con la ayuda de algunas otras presuposiciones). Como analogía, veamos el caso simple de un martillo: se puede clavar un clavo con él, pero también, si está roto, se puede reparar con la ayuda de otras herramientas, tal vez otro martillo. NOTA 4

T. W. Hutchison (pp. 30-31) nos presenta otro punto de vista sobre lo mismo. Para él, los supuestos son meras definiciones, aunque en el modo material (CARNAP 35, p. 68). Además, son arbitrarios, al depender su selección más que nada de la disponibilidad de estadísticas. Esta manera de presentar el problema es desde luego ingenuamente positivista, al compartir mucho del dogma de que todos los términos deben definirse sobre la base experimental de los datos de los sentidos. Uno se pregunta cómo se puede mantener una posición tan extrema a pesar de la contradicción y el agotamiento de fuerza intelectual que ella implica. La respuesta podría recaer en la "arbitrariedad" de las definiciones postulada por este tipo de razonamiento; este concepto actúa como una puerta trasera a través de la cual todo lo que el enfoque positivista había expulsado vuelve de nuevo a casa. De hecho, esta arbitrariedad es equivalente a lo que hemos llamado el aspecto heurístico de la ideación de teorías. Elegir ésta y no aquélla definición es identificarse uno mismo con algún tipo de supuesto, por más que todavía ignoremos por completo sus implicaciones. Si éstas se explican y aparece una contradicción, entonces podremos desechar la "definición" con la esperanza de que aparezca algo mejor que tome su lugar.

En relación con esta posición, pero mucho más tolerante e interesante, es la forma en la que Felix Kaufmann ataca el problema. La metodología se presenta como la teoría de las decisiones científicas, las cuales consisten en la aceptación o eliminación de proposiciones según reglas que enuncian las excepciones a la prohibición general de cambiar el cuerpo de una ciencia. Distingue entre "leyes empíricas" y "principios teóricos". Las primeras son falsables por un solo caso (sic); los segundos están sujetos al poder de reglas de mayor rango relacionadas con el marco teórico completo de las ciencias. (KAUFMANN 58, pp. 48 y 213-14) La principal objeción a este enfoque tiene que ver con la cortante dicotomía que acabamos de enunciar. ¿Por qué descartar la posibilidad de que una tesis que en determinado contexto es una "ley empírica" funcione en otro como "principio teórico"? Por otro lado, ¿cuáles son las bases para creer en el rechazo de las hipótesis a la luz de una simple instancia contradictoria? (KUHN 62, pp. 52-65) Por mi parte, intentaré enfocar el problema exactamente en la forma inversa. Postulo que no existe diferencia entre "leyes" y "principios", sino que tenemos un paradigma (homogéneo) susceptible de interpretación gradualista, como explicamos anteriormente. Podemos distinguir, en caso necesario, un aspecto o parte del paradigma que tiende a funcionar como ley empírica más que como principio teórico, aunque, según el contexto, sea generalmente capaz de desempeñar ambos roles. El problema de la falsación se puede entonces considerar como el problema del agotamiento empírico o vaciedad cualitativa del paradigma; tiene que ver con el requisito de que bajo ciertas circunstancias algunas hipótesis o el paradigma mismo se deben desechar. Por otro lado, el problema de la necesidad de ciertos supuestos NOTA 5 se debe ver como el tema complementario del agotamiento racional o vaciedad cuantitativa de los paradigmas; esto tiene que ver con el requisito de que bajo ciertas circunstancias un paradigma dado se debe considerar como necesario (ya que ningún otro podría estar disponible). Bajo esta luz, "supuesto" o "principio teórico" se entenderán como la afirmación general y sistemática del paradigma, inarticulado o no formal, que se basa en un compromiso intelectual. El "modelo abstracto" o "ley empírica" serán por su parte los elementos formales del paradigma, sus aspectos positivos, cerrados al mundo, pero dialécticamente revisables de acuerdo al movimiento del progreso científico. Debemos pasar a profundizar el estudio de estos temas.

Copyright © 1967-1998 Claudio Gutiérrez

NOTA 1 Se ha acusado a Friedman de conservadurismo, en el sentido de promover eximir a los supuestos del control empírico, ya que las implicaciones derivadas de los supuestos o las hipótesis definidas en economía son muy difíciles de probar (KOOPMANS 57, pp. 137-142). Considérese su enfoque de los problemas monetarios: la política monetaria provoca reacomodos de portafolios de inversiones tan complicados que no podemos seguir su lógica; sin embargo, sí es posible elicitar una relación directa entre cantidad de dinero y cambios en el ingreso. La renuncia de la teoría en favor de simples "leyes empíricas" es evidente. Y el resultado final de todo esto es la sugerencia de atenerse a la hipótesis más simple, esto es, la tradicional (y políticamente conservadora), no por que creamos que es verdadera sino tan solo por haber desesperado de encontrar la verdadera (JOHNSON 66, pp. 33-34).

NOTA 2 Como la función Psi de la mecánica cuántica (NAGEL 61, p. 308).

NOTA 3 En mi caso personal, me he encontrado "conversando" con símbolos de lógica, como si fueran mis amigos, o al menos como personajes favoritos de una obra de teatro.

NOTA 4 En conexión a esto, el concepto de "conciencia subsidiaria" de las herramientas pareciera ser atinente: ver POLANYI 64, pp. 58-59. La teoría económica de J.M. Keynes, presentada como ejemplo por L. R. Klein, nos proporciona un ejemplo interesante de pieza de información que sirve propósitos tanto de supuesto como de modelo: en la medida en que determina los instrumentos de análisis económico no se puede entender como la simple expresión de un caso empírico particular de teoría neoclásica; debe tomarse como un supuesto totalmente diferente.

NOTA 5 Podría parecer extraño hablar sobre "supuestos" cuando nos referimos a marcos teóricos que son necesarios; aún así me apego a ello porque estoy fundamentalmente interesado en los aspectos epistemológicos del problema del conocimiento más que en los aspectos metafísicos. Podría muy bien ser que estamos hechos para considerar algunas proposiciones como necesariamente verdaderas; para mis propósitos es suficiente pensar que el ser humano no puede concebir ningún otro supuesto.