He reservado para este capítulo la discusión de una posición
en metodología económica relacionada con el interjuego entre
supuestos y modelos que considero especialmente importante. Es el punto
de vista enunciado por F. Machlup en su artículo sobre el problema
de la verificación en la economía. En ese artículo
el autor presenta una interpretación de lo que llama las pretensiones
apriorísticas y ultraempiristas que, pienso yo, vale la pena mencionar.
Según Machlup, lo que el apriorista (Mises, Robbins) trata de expresar,
a pesar de su terminología defectuosa o inexacta, es simplemente que los
supuestos fundamentales de una teoría no pueden estar sujetos a
una verificación separada o independiente. Pueden ser rechazados,
por supuesto, a la luz de evidencia comprobable que los refute, pero solamente
como un todo y junto con el sistema al que pertenecen y al que contribuyen
a definir, y presuntamente bajo la condición de que haya sistemas
alternativos disponibles. El ultraempirista, por su parte, simplemente dice que
todas las proposiciones económicas deben estar sujetas a verificación
independiente. En otras palabras, el ultraempirista, contrario al apriorista,
pide que todas las investigaciones se inicien a partir de hechos. A esta
exigencia responde el autor: ¿Cuáles hechos? ¿Cuál
es el criterio utilizado para seleccionar, de entre la innumerable cantidad
de hechos que componen nuestro ambiente, los hechos básicos escogidos?
Entonces procede, idóneamente, a comparar las ciencias económicas
con una máquina compuesta de varias partes. Algunas de ellas son
fijas –el cuerpo de la máquina, los supuestos– y otras son más
o menos móviles –los modelos, con diferentes grado de generalidad–
(MACHLUP 55).
El análisis de Machlup pareciera ser básicamente correcto.
Pienso, sin embargo, que puede ser completado con algunas reflexiones relativas
a epistemología general, cosa que trataré de hacer en el
presente capítulo. Comienzo recordando que según el autor
(y comparto su punto de vista) las dos pretensiones opuestas, a pesar de
ser ambas radicales en su enunciación, no están tan igualmente
alejadas de la verdad. Como enfatiza la respuesta aguda de Machlup –"¿cuáles
hechos?"–, el ultraempirismo es radical no solo en la forma sino
también en el contenido. No pienso que uno pueda desarrollar, a
partir de solo eso, sin correcciones fundamentales, el marco completo
de las ciencias económicas como normalmente las entendemos. Pareciera
imposible, incluso por definición de lo que entendemos por ultraempirismo,
hacerlo decir, tras una purga de vocabulario radical, que los términos
teóricos son después de todo esenciales en la iluminación
y guía de cualquier investigación. Por otro lado, no pareciera
ser una tarea tan formidable modificar la pretensión apriorista
para que diga: "Los supuestos fundamentales son inamovibles; otras proposiciones
menos fundamentales son, con cierto gradualismo, variablemente movibles".
A pesar de lo radical de la pretensión apriorista, ella se puede
parafrasear adecuadamente, como de hecho lo hace Machlup, para desarrollar
a partir suyo el sistema normal del pensamiento económico. Entonces,
haríamos bien en tomar la pretensión apriorista como básicamente
sana, aunque inadecuada en su enunciación, y trabajar sobre ella
para tratar de lograr la expansión o corrección que sean
necesarias.
Por mi parte creo que son dos las correcciones que merecen atención
especial. La primera es añadir una referencia explícita a
la disponibilidad de sistemas alternativos como condición para el
rechazo de un conjunto de supuestos fundamentales; la segunda es la aceptación
clara de una progresión, de un más o menos en el grado de
independencia de las proposiciones. Esta última pareciera ser una
conditio sine qua non para la plausibilidad de la concepción
metodológica que describimos: Debe haber un tipo limitante de casos
en los que las proposiciones fundamentales pueden ser falsificadas por
medio de prueba independiente de algunas de las proposiciones móviles.
Este es, por supuesto, el grano de verdad que la pretensión apriorística
rescata del barco hundido del empirismo. La primera contiene la base para
una posible justificación de la autovalidación o necesidad
lógica de algunos supuestos, que pareciera ser esencial para la
plausibilidad del enfoque apriorístico mismo. En otras palabras,
la posición de Machlup está sujeta al ataque desde dos diferentes
flancos. Por un lado, un apriorista podría afirmar que no es cuestión
de tener piezas de maquinaria que no se pueden remover, excepto con el
sistema como un todo. El caso es más bien que no es posible remover
cierto "equipo" intelectual porque es necesario, esto es, de alguna
manera idéntico a la mente misma. Remover esos supuestos, si es
que se les puede llamar así, sería como tirar al bebé
junto con el agua sucia de la bañera. Por el otro lado, el empirista
diría que no se puede salvar una hipótesis en particular
a la que se opone evidencia contraria con el simple recurso de cambiar
algunas piezas "menos removibles", para mantener incólumes tanto
la hipótesis como los supuestos fundamentales. Como considero que
ambas réplicas son básicamente correctas, intentaré
corregir el enfoque de Machlup siguiendo estas dos líneas complementarias.
Una vez que hemos apoyado la pretensión apriorista, por más
modificada que resulte su versión, queda claro que tenemos que aceptar
una teoría de la verdad por coherencia interna antes que
una teoría por correspondencia con los hechos en la tradición
del empirismo. Ahora bien, este entendimiento de la verdad está
abierto a algunas objeciones contra las que, en contraste, la teoría
rival pareciera estar bien protegida. Particularmente, se ha afirmado que
la coherencia no debe tomarse como criterio de verdad, sino solamente como
criterio de estabilidad de la creencia, ya que la coherencia puede estabilizar
igualmente bien una creencia errónea como una verdadera
(POLANYI
64, p.284).
NOTA 1
Ante esto debo responder que si vamos a tomar en cuenta seriamente las
raíces no formales de todo conocimiento, tendremos que admitir que
la imaginación humana es limitada y agotable en su poder creador.
Tenemos que reconocer dos tipos de debilidades –que podrían probar
ser nuestra mayor fuerza frente a los precipicios del relativismo– en la
propia persona del científico. La primera es la limitación
implícita en el agotamiento cuantitativo de los paradigmas
(disponibles), por la que podríamos vernos forzados a contentarnos
con los supuestos disponibles-convertidos-en-necesarios. La segunda es
la limitación implícita en el agotamiento cualitativo
de un paradigma dado, cuya capacidad para defenderse frente a evidencias
adversas mediante maniobras teóricas puede de hecho llegar a agotarse.
Ahora, intentaré presentar una explicación más clara
y completa de estos dos conceptos. Lo importante que debemos notar
es que, si se demuestra la presencia de estas dos debilidades o limitaciones
de la mente humana, entonces lo que solo sería "criterio
de estabilidad de creencia" en la ausencia de esas debilidades, puede proponerse
efectivamente como "criterio de verdad" ante su presencia. Porque si el
rango de las creencias que se pueden tener racionalmente se contrae, una
creencia racional estabilizada no puede ser menos que aceptada como equivalente
a la verdad (humanamente accesible) en el asunto.
Frank H. Knight tiene una forma muy inusual, y brillante, de defender
el apriorismo de la economía. Insiste en el punto de
que todo conocimiento es empírico (en un sentido más bien
extenso de la palabra) puesto que todas las proposiciones, aún las
de lógica y matemática, son verificables "hasta el punto
en que su costo lo justifique, contando frijoles", y que la necesidad de
las proposiciones a priori no proviene de un poder intuitivo
en nosotros, sino más bien de una deficiencia de la mente,
i.e., la falta de una imaginación realmente creativa. ¡Ni
siquiera podemos pensar en un mundo alternativo donde tales y tales leyes
a priori no se aplicarían!
(KNIGHT 56, pp. 157-8) Entonces,
si fuera cierto que cualquier creencia es de alguna manera circular, y
que todas las creencias tienden a estabilizarse a sí mismas, nuestra
inherente falta de imaginación nos podrá salvar de tener
que apoyarnos completamente en un compromiso subjetivo puro. La coherencia
de una explicación puede ser tan amplia, de carácter tan
inmediato, o tan íntimamente satisfactoria para nuestro sentido
estético o pragmático, que la posibilidad de suministrar
un marco rival se agote para todos los efectos discernibles.
A mi juicio, Knight se refiere en el argumento anterior al agotamiento
cuantitativo o escasez de paradigmas que, como se ha mostrado, apunta al
extremo racional del conocimiento, la circularidad o autovalidación
de toda teoría. Corresponde, haciendo uso de una frase de T. Parsons,
al "precipitado válido" de idealismo en la construcción de
lo que hemos dado en llamar "realismo trascendental". Esta escasez o agotamiento
se encuentra en el extremo teórico del problema del conocimiento,
porque consiste en el hecho de que nuestra imaginación es demasiado
débil para conjurar del puro aire suficientes paradigmas de donde
escoger en todas las circunstancias. Su resultado es la necesidad de aceptar
el único que fuéremos capaces de producir bajo determinadas
condiciones. La configuración paradigmática necesaria no
tiene que ser una configuración única omnímoda.
Como
mostramos anteriormente, lo más probable es que sea más
bien un conjunto de dos marcos complementarios, donde cada uno tenga un
agotamiento propio y donde ambos sean incapaces de dar por sí solos
una versión completa de la realidad total. Aún así,
este agotamiento "interno" no se debe confundir con el agotamiento "externo",
al cual nos referimos aquí. El primero es el agotamiento del paradigma
en su labor de dar una explicación congruente del fenómeno
de la realidad, mientras que el segundo es el agotamiento de los paradigmas
alternativos numéricamente disponibles.
NOTA
2
Quine sostiene que "nuestros enunciados sobre la realidad externa se
enfrentan al tribunal de la experiencia sensible, no individualmente sino
como un cuerpo corporativo"
(QUINE
60,p. xii).
Esto significa que toda experiencia es sistemática, en el sentido
de que la refutación por evidencia adversa de elementos particulares
de un sistema de creencias puede ser absorbida por el paradigma mediante
el cambio de sí mismo en alguna parte dentro del sistema.
De esta manera, el sistema es capaz de seguir manteniendo el elemento o
hipótesis "refutado". Ahora bien, aceptando como lo hago la teoría
de la verdad por coherencia implícita en esta concepción,
me encuentro incapaz de aceptar la tesis extremista de que cualquier
hipótesis se pueda salvar de ser refutada, siempre que hagamos suficientes
cambios drásticos en alguna otra parte del cuerpo teórico.
Más bien pienso que la verdad del asunto es que existe, paralelo
al agotamiento cuantitativo de los paradigmas, su agotamiento cualitativo.
Éste es un límite o punto de agotamiento alcanzado por el paradigma
cuando se encuentra incapaz de salvar una hipótesis en particular
de la falsificación empírica. Podemos decir que el paradigma
alcanza ese punto siempre que el resto del sistema pierde su fluidez y
se convierte en prácticamente inamovible, para los propósitos
de salvar una hipótesis en particular. El cambio que se debe hacer
para poder mantener la congruencia es entonces determinado cualitativa
y no solo cuantitativamente. El cambio se debe hacer aquí,
no allá o en aquel otro lugar.
NOTA
3 De forma alternativa, podemos decir que la existencia de este punto
de agotamiento cualitativo significa que ciertas interpretaciones de bajo
nivel de las apariencias no pueden desecharse en ninguna de las
diferentes versiones del paradigma o de las diferentes articulaciones de
la teoría, y tienden, por decirlo de alguna manera, a separarse
del paradigma (el concepto de verificación independiente de Machlup).
Estas hipótesis o interpretaciones de las apariencias de bajo nivel,
y su conducta rebelde, son las que suministran la base práctica
y teórica para la existencia del punto de vista empírico
en nuestro entendimiento de la realidad. El requisito de este agotamiento
positivo del paradigma, complementario a su agotamiento racional,
es –para citar de nuevo a Parsons– el "precipitado válido" del empirismo
extremista en la estructuración de nuestra posición epistemológica.
El hecho de que cualquier paradigma debe estar sujeto a este punto de agotamiento
empírico se puede interpretar también como una especie de
debilidad o limitación fundamental en nuestra imaginación
creativa. Esa limitación es la imposibilidad en la que nos encontramos
de rechazar los datos normales de nuestra experiencia sensorial y el resultado
de las operaciones lógicas básicas de inferencia.
NOTA
4
NOTA 1
Polanyi
describe de este modo la armadura de la creencia en defensa de su propia
estabilidad:
La intención del último
punto es diferente a la de los dos primeros: mientras que la circularidad
y la epiciclalidad "protegen un sistema de creencias existente frente
a las dudas que brotan de cualquier pieza de evidencia adversa, la nucleación
suprimida previene la germinación de conceptos alternativos con
base en tales evidencias" (pp. 288-91).
NOTA 2
La
descripción de Polanyi sobre la crítica del objetivismo desde
el punto de vista positivo y desde el punto de vista heurístico,
nos proporciona una ilustración de explicaciones paradigmáticas
complementarias : "En lugar de elucubrar indefinidamente alrededor de un
problema siempre abierto dentro de la regresión de una crítica
objetivista de las pretensiones objetivistas, nuestras reflexiones ahora
nos llevan de un estado original de esperanza intelectual a una sucesión
de posiciones igualmente esperanzadoras...." (p. 324). La crítica
regresiva nos puede llevar sin duda a algo equivalente al "estado esperanzador"
de una posición heurística progresiva, pero solo indirectamente,
por decirlo así, al mostrarnos el hecho de su propio agotamiento.
En cambio, el método heurístico es incapaz de formular un
"estado raso" de intuición puramente empírica, aunque de
algún modo apunte hacia una relación indirecta o externa
con esa base de realidad. Podríamos decir que los enfoques alternativos
son ambos tan importantes como necesarios, especialmente porque contrarrestan
los posibles excesos de cada uno; peligro de inflación verbal o
especulación indefendible, por un lado; peligro de depresión
intelectual, anulación de momentum heurístico, por
el otro. Y aún cuando, como diría el político económico,
la inflación sea quizá preferible a la depresión,
uno debe tratar de evitar ambos extremos. Podríamos añadir
que los dos puntos de agotamiento en los paradigmas científicos
también se pueden ver como paradigmas complementarios entre sí,
esta vez en el reino de la metodología: los paradigmas racionalista
y empirista. Este par de paradigmas tienen, por supuesto, su propio punto
de agotamiento "externo", por lo que la postulación de este
par debe considerarse como una proposición básica necesaria.
NOTA 3
Un
argumento muy convincente que confirma la existencia de este punto de agotamiento
fue el tema central de una conferencia dictada por A. Grünbaum en la Universidad
de Chicago en el otoño de 1965, bajo el título "El Legado
de Pierre Duhem". Consideremos como el contenido de la tesis
D que por cada caso de evidencia adversa contra una hipótesis H
existe siempre una versión modificada del contexto teórico
de H que "salva" a H. Tal tesis debe considerarse irracional. Cada
caso requiere demostración separada de la disponibilidad de "versiones
modificadas". Aún más, se pueden producir ejemplos contradictorios,
que el conferenciante esbozó, en los que el contexto de H es verdadero
más allá de cualquier duda razonable, al menos con un grado
no menor de certeza que aquél requerido por un Duhemiano para aceptar
la falsificación del sistema como un todo. Los ejemplos contradictorios
aludidos en la conferencia podían cotizar como buenas ilustraciones
de la pérdida de fluidez del paradigma que define el punto de agotamiento
positivo o empírico.
NOTA 4
Es
importante hacer notar que la lógica general de primer orden, en
particular si uno no incluye las relaciones, es claramente identificable
como una interpretación de bajo nivel de la realidad, capaz de ser
separada de un paradigma lógico más amplio. Esto, creo yo,
explica la ilusión sostenida por los primeros lógicos positivistas
acerca de la lógica fuera la estructura misma de la realidad,
destrozada por el destino fatal del resto de la lógica ante intentos
repetidos de definirla en términos completamente objetivos. Un destino
similar pareciera estar reservado a las desestimaciones sobresimplificadas
de problemas en los fundamentos de las matemáticas, como el principio
de Knight de "contar frijoles"; ¿qué se debe hacer con aquellas
partes de la lógica y de la matemática que han demostrado
carecer de un procedimiento decisorio o ser necesariamente incongruentes
o incompletas? Creo que la única salida de este apuro es interpretar
la lógica y la matemática en forma paradigmática,
equiparando sus teorías con todas las demás teorías,
solo justificables heurísticamente. Sobre la justificación
heurística de las matemáticas, véase
POLANYI
64, pp. 124-131.