La imaginación creadora y sus límites

Claudio Gutiérrez book

traducción del inglés por Inés Gutiérrez Castro

He reservado para este capítulo la discusión de una posición en metodología económica relacionada con el interjuego entre supuestos y modelos que considero especialmente importante. Es el punto de vista enunciado por F. Machlup en su artículo sobre el problema de la verificación en la economía. En ese artículo el autor presenta una interpretación de lo que llama las pretensiones apriorísticas y ultraempiristas que, pienso yo, vale la pena mencionar. Según Machlup, lo que el apriorista (Mises, Robbins) trata de expresar, a pesar de su terminología defectuosa o inexacta, es simplemente que los supuestos fundamentales de una teoría no pueden estar sujetos a una verificación separada o independiente. Pueden ser rechazados, por supuesto, a la luz de evidencia comprobable que los refute, pero solamente como un todo y junto con el sistema al que pertenecen y al que contribuyen a definir, y presuntamente bajo la condición de que haya sistemas alternativos disponibles. El ultraempirista, por su parte, simplemente dice que todas las proposiciones económicas deben estar sujetas a verificación independiente. En otras palabras, el ultraempirista, contrario al apriorista, pide que todas las investigaciones se inicien a partir de hechos. A esta exigencia responde el autor: ¿Cuáles hechos? ¿Cuál es el criterio utilizado para seleccionar, de entre la innumerable cantidad de hechos que componen nuestro ambiente, los hechos básicos escogidos? Entonces procede, idóneamente, a comparar las ciencias económicas con una máquina compuesta de varias partes. Algunas de ellas son fijas –el cuerpo de la máquina, los supuestos– y otras son más o menos móviles –los modelos, con diferentes grado de generalidad– (MACHLUP 55).

El análisis de Machlup pareciera ser básicamente correcto. Pienso, sin embargo, que puede ser completado con algunas reflexiones relativas a epistemología general, cosa que trataré de hacer en el presente capítulo. Comienzo recordando que según el autor (y comparto su punto de vista) las dos pretensiones opuestas, a pesar de ser ambas radicales en su enunciación, no están tan igualmente alejadas de la verdad. Como enfatiza la respuesta aguda de Machlup –"¿cuáles hechos?"–, el ultraempirismo es radical no solo en la forma sino también en el contenido. No pienso que uno pueda desarrollar, a partir de solo eso, sin correcciones fundamentales, el marco completo de las ciencias económicas como normalmente las entendemos. Pareciera imposible, incluso por definición de lo que entendemos por ultraempirismo, hacerlo decir, tras una purga de vocabulario radical, que los términos teóricos son después de todo esenciales en la iluminación y guía de cualquier investigación. Por otro lado, no pareciera ser una tarea tan formidable modificar la pretensión apriorista para que diga: "Los supuestos fundamentales son inamovibles; otras proposiciones menos fundamentales son, con cierto gradualismo, variablemente movibles". A pesar de lo radical de la pretensión apriorista, ella se puede parafrasear adecuadamente, como de hecho lo hace Machlup, para desarrollar a partir suyo el sistema normal del pensamiento económico. Entonces, haríamos bien en tomar la pretensión apriorista como básicamente sana, aunque inadecuada en su enunciación, y trabajar sobre ella para tratar de lograr la expansión o corrección que sean necesarias.

Por mi parte creo que son dos las correcciones que merecen atención especial. La primera es añadir una referencia explícita a la disponibilidad de sistemas alternativos como condición para el rechazo de un conjunto de supuestos fundamentales; la segunda es la aceptación clara de una progresión, de un más o menos en el grado de independencia de las proposiciones. Esta última pareciera ser una conditio sine qua non para la plausibilidad de la concepción metodológica que describimos: Debe haber un tipo limitante de casos en los que las proposiciones fundamentales pueden ser falsificadas por medio de prueba independiente de algunas de las proposiciones móviles. Este es, por supuesto, el grano de verdad que la pretensión apriorística rescata del barco hundido del empirismo. La primera contiene la base para una posible justificación de la autovalidación o necesidad lógica de algunos supuestos, que pareciera ser esencial para la plausibilidad del enfoque apriorístico mismo. En otras palabras, la posición de Machlup está sujeta al ataque desde dos diferentes flancos. Por un lado, un apriorista podría afirmar que no es cuestión de tener piezas de maquinaria que no se pueden remover, excepto con el sistema como un todo. El caso es más bien que no es posible remover cierto "equipo" intelectual porque es necesario, esto es, de alguna manera idéntico a la mente misma. Remover esos supuestos, si es que se les puede llamar así, sería como tirar al bebé junto con el agua sucia de la bañera. Por el otro lado, el empirista diría que no se puede salvar una hipótesis en particular a la que se opone evidencia contraria con el simple recurso de cambiar algunas piezas "menos removibles", para mantener incólumes tanto la hipótesis como los supuestos fundamentales. Como considero que ambas réplicas son básicamente correctas, intentaré corregir el enfoque de Machlup siguiendo estas dos líneas complementarias.

Una vez que hemos apoyado la pretensión apriorista, por más modificada que resulte su versión, queda claro que tenemos que aceptar una teoría de la verdad por coherencia interna antes que una teoría por correspondencia con los hechos en la tradición del empirismo. Ahora bien, este entendimiento de la verdad está abierto a algunas objeciones contra las que, en contraste, la teoría rival pareciera estar bien protegida. Particularmente, se ha afirmado que la coherencia no debe tomarse como criterio de verdad, sino solamente como criterio de estabilidad de la creencia, ya que la coherencia puede estabilizar igualmente bien una creencia errónea como una verdadera (POLANYI 64, p.284). NOTA 1 Ante esto debo responder que si vamos a tomar en cuenta seriamente las raíces no formales de todo conocimiento, tendremos que admitir que la imaginación humana es limitada y agotable en su poder creador. Tenemos que reconocer dos tipos de debilidades –que podrían probar ser nuestra mayor fuerza frente a los precipicios del relativismo– en la propia persona del científico. La primera es la limitación implícita en el agotamiento cuantitativo de los paradigmas (disponibles), por la que podríamos vernos forzados a contentarnos con los supuestos disponibles-convertidos-en-necesarios. La segunda es la limitación implícita en el agotamiento cualitativo de un paradigma dado, cuya capacidad para defenderse frente a evidencias adversas mediante maniobras teóricas puede de hecho llegar a agotarse. Ahora, intentaré presentar una explicación más clara y completa de estos dos conceptos. Lo importante que debemos notar es que, si se demuestra la presencia de estas dos debilidades o limitaciones de la mente humana, entonces lo que solo sería "criterio de estabilidad de creencia" en la ausencia de esas debilidades, puede proponerse efectivamente como "criterio de verdad" ante su presencia. Porque si el rango de las creencias que se pueden tener racionalmente se contrae, una creencia racional estabilizada no puede ser menos que aceptada como equivalente a la verdad (humanamente accesible) en el asunto.

Frank H. Knight tiene una forma muy inusual, y brillante, de defender el apriorismo de la economía. Insiste en el punto de que todo conocimiento es empírico (en un sentido más bien extenso de la palabra) puesto que todas las proposiciones, aún las de lógica y matemática, son verificables "hasta el punto en que su costo lo justifique, contando frijoles", y que la necesidad de las proposiciones a priori no proviene de un poder intuitivo en nosotros, sino más bien de una deficiencia de la mente, i.e., la falta de una imaginación realmente creativa. ¡Ni siquiera podemos pensar en un mundo alternativo donde tales y tales leyes a priori no se aplicarían! (KNIGHT 56, pp. 157-8) Entonces, si fuera cierto que cualquier creencia es de alguna manera circular, y que todas las creencias tienden a estabilizarse a sí mismas, nuestra inherente falta de imaginación nos podrá salvar de tener que apoyarnos completamente en un compromiso subjetivo puro. La coherencia de una explicación puede ser tan amplia, de carácter tan inmediato, o tan íntimamente satisfactoria para nuestro sentido estético o pragmático, que la posibilidad de suministrar un marco rival se agote para todos los efectos discernibles.

A mi juicio, Knight se refiere en el argumento anterior al agotamiento cuantitativo o escasez de paradigmas que, como se ha mostrado, apunta al extremo racional del conocimiento, la circularidad o autovalidación de toda teoría. Corresponde, haciendo uso de una frase de T. Parsons, al "precipitado válido" de idealismo en la construcción de lo que hemos dado en llamar "realismo trascendental". Esta escasez o agotamiento se encuentra en el extremo teórico del problema del conocimiento, porque consiste en el hecho de que nuestra imaginación es demasiado débil para conjurar del puro aire suficientes paradigmas de donde escoger en todas las circunstancias. Su resultado es la necesidad de aceptar el único que fuéremos capaces de producir bajo determinadas condiciones. La configuración paradigmática necesaria no tiene que ser una configuración única omnímoda. Como mostramos anteriormente, lo más probable es que sea más bien un conjunto de dos marcos complementarios, donde cada uno tenga un agotamiento propio y donde ambos sean incapaces de dar por sí solos una versión completa de la realidad total. Aún así, este agotamiento "interno" no se debe confundir con el agotamiento "externo", al cual nos referimos aquí. El primero es el agotamiento del paradigma en su labor de dar una explicación congruente del fenómeno de la realidad, mientras que el segundo es el agotamiento de los paradigmas alternativos numéricamente disponibles. NOTA 2

Quine sostiene que "nuestros enunciados sobre la realidad externa se enfrentan al tribunal de la experiencia sensible, no individualmente sino como un cuerpo corporativo" (QUINE 60,p. xii).
Esto significa que toda experiencia es sistemática, en el sentido de que la refutación por evidencia adversa de elementos particulares de un sistema de creencias puede ser absorbida por el paradigma mediante el cambio de sí mismo en alguna parte dentro del sistema. De esta manera, el sistema es capaz de seguir manteniendo el elemento o hipótesis "refutado". Ahora bien, aceptando como lo hago la teoría de la verdad por coherencia implícita en esta concepción, me encuentro incapaz de aceptar la tesis extremista de que cualquier hipótesis se pueda salvar de ser refutada, siempre que hagamos suficientes cambios drásticos en alguna otra parte del cuerpo teórico. Más bien pienso que la verdad del asunto es que existe, paralelo al agotamiento cuantitativo de los paradigmas, su agotamiento cualitativo. Éste es un límite o punto de agotamiento alcanzado por el paradigma cuando se encuentra incapaz de salvar una hipótesis en particular de la falsificación empírica. Podemos decir que el paradigma alcanza ese punto siempre que el resto del sistema pierde su fluidez y se convierte en prácticamente inamovible, para los propósitos de salvar una hipótesis en particular. El cambio que se debe hacer para poder mantener la congruencia es entonces determinado cualitativa y no solo cuantitativamente. El cambio se debe hacer aquí, no allá o en aquel otro lugar. NOTA 3 De forma alternativa, podemos decir que la existencia de este punto de agotamiento cualitativo significa que ciertas interpretaciones de bajo nivel de las apariencias no pueden desecharse en ninguna de las diferentes versiones del paradigma o de las diferentes articulaciones de la teoría, y tienden, por decirlo de alguna manera, a separarse del paradigma (el concepto de verificación independiente de Machlup). Estas hipótesis o interpretaciones de las apariencias de bajo nivel, y su conducta rebelde, son las que suministran la base práctica y teórica para la existencia del punto de vista empírico en nuestro entendimiento de la realidad. El requisito de este agotamiento positivo del paradigma, complementario a su agotamiento racional, es –para citar de nuevo a Parsons– el "precipitado válido" del empirismo extremista en la estructuración de nuestra posición epistemológica. El hecho de que cualquier paradigma debe estar sujeto a este punto de agotamiento empírico se puede interpretar también como una especie de debilidad o limitación fundamental en nuestra imaginación creativa. Esa limitación es la imposibilidad en la que nos encontramos de rechazar los datos normales de nuestra experiencia sensorial y el resultado de las operaciones lógicas básicas de inferencia. NOTA 4

Copyright © 1967-1998 Claudio Gutiérrez

NOTA 1 Polanyi describe de este modo la armadura de la creencia en defensa de su propia estabilidad:

  • Circularidad, el hecho de que cualesquiera objeciones pueden enfrentarse de una en una, haciendo uso del resto del sistema para destruirlas;
  • epiciclalidad, la reserva de explicaciones subsidiarias, siendo la más útil de todas el etiquetar cualquier evidencia adversa como "anomalía"; y
  • nucleación suprimida, para negar las bases, aún el vocabulario, de cualquier paradigma competidor.
    La intención del último punto es diferente a la de los dos primeros: mientras que la circularidad y la epiciclalidad "protegen un sistema de creencias existente frente a las dudas que brotan de cualquier pieza de evidencia adversa, la nucleación suprimida previene la germinación de conceptos alternativos con base en tales evidencias" (pp. 288-91).

    NOTA 2 La descripción de Polanyi sobre la crítica del objetivismo desde el punto de vista positivo y desde el punto de vista heurístico, nos proporciona una ilustración de explicaciones paradigmáticas complementarias : "En lugar de elucubrar indefinidamente alrededor de un problema siempre abierto dentro de la regresión de una crítica objetivista de las pretensiones objetivistas, nuestras reflexiones ahora nos llevan de un estado original de esperanza intelectual a una sucesión de posiciones igualmente esperanzadoras...." (p. 324). La crítica regresiva nos puede llevar sin duda a algo equivalente al "estado esperanzador" de una posición heurística progresiva, pero solo indirectamente, por decirlo así, al mostrarnos el hecho de su propio agotamiento. En cambio, el método heurístico es incapaz de formular un "estado raso" de intuición puramente empírica, aunque de algún modo apunte hacia una relación indirecta o externa con esa base de realidad. Podríamos decir que los enfoques alternativos son ambos tan importantes como necesarios, especialmente porque contrarrestan los posibles excesos de cada uno; peligro de inflación verbal o especulación indefendible, por un lado; peligro de depresión intelectual, anulación de momentum heurístico, por el otro. Y aún cuando, como diría el político económico, la inflación sea quizá preferible a la depresión, uno debe tratar de evitar ambos extremos. Podríamos añadir que los dos puntos de agotamiento en los paradigmas científicos también se pueden ver como paradigmas complementarios entre sí, esta vez en el reino de la metodología: los paradigmas racionalista y empirista. Este par de paradigmas tienen, por supuesto, su propio punto de agotamiento "externo", por lo que la postulación de este par debe considerarse como una proposición básica necesaria.

    NOTA 3 Un argumento muy convincente que confirma la existencia de este punto de agotamiento fue el tema central de una conferencia dictada por A. Grünbaum en la Universidad de Chicago en el otoño de 1965, bajo el título "El Legado de Pierre Duhem". Consideremos como el contenido de la tesis D que por cada caso de evidencia adversa contra una hipótesis H existe siempre una versión modificada del contexto teórico de H que "salva" a H. Tal tesis debe considerarse irracional. Cada caso requiere demostración separada de la disponibilidad de "versiones modificadas". Aún más, se pueden producir ejemplos contradictorios, que el conferenciante esbozó, en los que el contexto de H es verdadero más allá de cualquier duda razonable, al menos con un grado no menor de certeza que aquél requerido por un Duhemiano para aceptar la falsificación del sistema como un todo. Los ejemplos contradictorios aludidos en la conferencia podían cotizar como buenas ilustraciones de la pérdida de fluidez del paradigma que define el punto de agotamiento positivo o empírico.

    NOTA 4 Es importante hacer notar que la lógica general de primer orden, en particular si uno no incluye las relaciones, es claramente identificable como una interpretación de bajo nivel de la realidad, capaz de ser separada de un paradigma lógico más amplio. Esto, creo yo, explica la ilusión sostenida por los primeros lógicos positivistas acerca de la lógica fuera la estructura misma de la realidad, destrozada por el destino fatal del resto de la lógica ante intentos repetidos de definirla en términos completamente objetivos. Un destino similar pareciera estar reservado a las desestimaciones sobresimplificadas de problemas en los fundamentos de las matemáticas, como el principio de Knight de "contar frijoles"; ¿qué se debe hacer con aquellas partes de la lógica y de la matemática que han demostrado carecer de un procedimiento decisorio o ser necesariamente incongruentes o incompletas? Creo que la única salida de este apuro es interpretar la lógica y la matemática en forma paradigmática, equiparando sus teorías con todas las demás teorías, solo justificables heurísticamente. Sobre la justificación heurística de las matemáticas, véase POLANYI 64, pp. 124-131.