Praxeología: Un sistema literalista

Claudio Gutiérrez capítulo de EPISTEMOLOGÍA Y ECONOMÍA

traducción del inglés por Inés Gutiérrez Castro


El contenido esencial de este capítulo fue publicado separadamente en inglés en Theory and Decision bajo el título
"La extraordinaria pretensión de la praxeología".

Después de nuestra presentación de la interpretación paradigmática de la teoría debiera haber quedado claro en la mente del lector que un sistema científico no es simplemente un marco formal donde los modelos formales encuentran su lugar idóneo. Los supuestos básicos o fundamentales, indispensables para la existencia de un sistema teórico, son en sí mismos de carácter no formal. Las categorías residuales que los representan dentro del sistema formal son conceptos abiertos más que conceptos cerrados. La sombra del formalismo que adorna a los supuestos proviene solamente del hecho de que los supuestos rigen los modelos formales y deben figurar como datos opacos para el cierre lógico del sistema. Ningún lenguaje es enteramente literal puesto que interactúa con las verdades que trata de expresar. Ni siquiera la lógica o la matemática son completamente literales. Si sus axiomas son demasiado sofisticados, entonces nunca sabemos exactamente qué significan. "Si supiéramos, podríamos evitar la posibilidad de asegurar en un axioma lo que negamos en otro" –y no tenemos ninguna garantía de que esto sea posible– (POLANYI 64, p. 259). Ningún lenguaje es a prueba de agua, y toda línea de razonamiento debe provenir de raíces inarticuladas de conocimiento no formal, en último término informalizable. No tomar en cuenta esta verdad fundamental es precisamente el error recurrente del apriorismo y del positivismo. Nuestro lenguaje no es ni literal ni unidimensional, ni es capaz de un desarrollo formal completo y exhaustivo.

Podemos nombrar dos autores como buenos representantes de estas posiciones que combatimos: M. Friedman y L. Von Mises. El primero ve la teoría económica solamente como un sistema de archivos convencional con vistas a ordenar el material empírico (FRIEDMAN 53, p. 7). El segundo lo ve como un conocimiento a priori, una rama de la praxeología o teoría de la acción humana, que por casualidad es aplicable o atinente en relación con algunos casos que se dan en la realidad histórica. Dice:

Me parece que es posible discutir con cada uno de estos autores razonando desde su propio punto de vista. Es posible demostrar que sus posiciones son capaces de "estirarse" para cubrir mucho del campo conceptual de su oponente. Entonces, podríamos ser "más empíricos que Friedman" y mantener la posición de que dependemos tanto de la experiencia que nos quedaríamos sin lenguaje (sin un sistema de archivos) de no ser por la intervención creativa de la experiencia: en el análisis final solo la experiencia puede originar un lenguaje. También podríamos ser "más teóricos que Mises": podríamos afirmar que nuestra dependencia de la teoría es tal que seríamos incapaces hasta de identificar los hechos relevantes para la aplicación de la praxeología, de no ser porque la teoría misma (lenguaje) nos da esos hechos por adelantado. La comprobación de nuestra primera afirmación ya fue presentada en la discusión sobre Verstehen. La comprobación de la segunda podría necesitar de algunas palabras más.

El argumento del "estiramiento" de la praxeología está conectado con el problema de la compatibilidad entre la concepción a priori y la posibilidad de aplicación de un teorema praxeológico. Presento el dilema de que si un teorema es a priori en el sentido unidimensional en el que la praxeología pareciera estar propuesta, entonces la teoría como se representa en el teorema es inaplicable. Si no es a priori en ese sentido, la praxeología resulta vencida de antemano. La dificultad que observo aquí tiene que ver con la descripción de las condiciones (empíricas) que deben formar parte del teorema para que sea aplicable. Aún si el teorema es a priori, tiene que hacer mención de la situación de hecho dentro de la cual afirmamos que el teorema es válido. Pero esta mención tiene que ser hecha en un lenguaje y el lenguaje que debemos usar no debe ser un lenguaje puramente formal NOTA 1. Si lo fuera, las condiciones empíricas serían inexpresables en el lenguaje y el teorema, sin la mención de esas condiciones, sería inaplicable. De nuevo, un lenguaje empírico capaz de mencionar las condiciones de aplicación de un teorema tendría que haber sido aprendido mediante un intercambio profundo con la experiencia. Además, esa experiencia tendría que haber ocurrido precisamente en el área donde la praxeología afirma que tiene algo que decir. Por esto, llegamos a la conclusión de que la aplicación de un teorema praxeológico presupone el lenguaje económico (adquirido empíricamente) y, por implicación, el conocimiento económico (empírico). El origen y desarrollo histórico de la praxeología (o de la teoría de la utilidad marginal) le da mucha fuerza a la creencia de que éste es precisamente el caso. Ha aparecido al puro final de una evolución larga y compleja de conceptos y teorías, no al principio. Y habríamos esperado esto último si el sistema de praxeología fuera realmente una construcción teórica literal unidimensional. Podría respondérsenos que el orden histórico no necesariamente coincide con el orden lógico; esto es cierto, y no considero el argumento como principal o fundamental. Pero es difícil negar que le presta fuerza al razonamiento principal presentado antes, esto es, al dilema de inaplicabilidad de un teorema praxeológico puro.

En el resto de este capítulo presentaré un análisis concreto de una parte considerable de un sistema praxeológico (ROTHBARD 62). Trataré de apoyar mi caso sobre la invalidez de la creencia de que, desde un punto de vista lógico, el sistema sea literal, estrictamente lineal y a prueba de agua NOTA 2 .

Antes de adentrarme en ese análisis, me gustaría llamar la atención del lector acerca de un ataque muy interesante a la lógica contemporánea. Lo encontramos en la introducción al libro de Rothbard, junto a una defensa de la lógica verbal (menos formal) del pasado. Es interesante porque uno pensaría que la "deducción formal" de teoremas praxeológicos sería posible con la ayuda de una lógica menos rigurosa, haciendo uso nada más que de axiomas o premisas praxeológicas. A pesar de que la discusión que sigue se desarrollará "con las armas escogidas por el enemigo" y trataré de no usar ninguna fórmula esotérica de lógica matemática, pienso que es necesario no dejar pasar estos conceptos sin al menos una refutación superficial. Dice Rothbard:

Simplemente no es cierto que las proposiciones de la lógica tradicional son, todas ellas, significativas directa o semánticamente. ¿Qué pasa con "S-P"? Aún más, si lo que se considera es el aspecto lógico de una proposición, aun en la lógica tradicional, la proposición no se toma como significativa semánticamente sino más bien como una prueba de la validez general de alguna estructura formal. Es claro que cuando estudiamos la "lógica verbal" no estamos interesados en la mortalidad de Sócrates, aún cuando utilicemos con frecuencia la frase "Sócrates es mortal". Por el otro lado, las proposiciones "logísticas" son siempre significativas en el sentido de que requieren una cooperación total de las reglas no formales. Las reglas son explícitas más que implícitas, lo que pareciera ser una gran diferencia entre las dos lógicas, para ventaja clara de la lógica simbólica. Pero las proposiciones lógicas del nuevo estilo son también significativas en el sentido de la identificación profesional a la que nos referimos anteriormente. El lógico entrenado sabe lo que hace en cada momento, aunque la presentación erudita de la materia, por ejemplo en un libro de texto, requiera que se haga el que no lo sabe. También es inexacto que las ciencias físicas y las sociales deban diferir una de la otra en forma paralela, una como la deducción a partir de hipótesis no comprobadas todavía y la otra a partir de proposiciones evidentes. La demostración de esto podría, de alguna manera, seguir la misma línea que el argumento anterior. Más radicalmente, esa demostración esta relacionada con todo lo que se ha dicho en este estudio; muy especialmente con lo que estamos a punto de decir como crítica al sistema praxeológico.

Lo siguiente es nuestra selección de enunciados tomados del razonamiento de Rothbard: NOTA 3

En mi opinión, éste es el axioma básico o postulado praxeológico fundamental. Si nos preguntamos ahora cuál es su estatus lógico, podríamos tantear uno de estos: ya sea una definición nominal, o un recurso útil, o una definición real, o una verdad empírica, o una categoría (siempre que aceptemos que existe una diferencia entre "categoría" y "definición real"). Aquí no nos debiera preocupar ese estatus ya que (1") es el axioma del sistema y en este momento no discutimos el estatus del axioma sino solamente el carácter de la deducción. Sin embargo, es muy importante establecer en una forma precisa cuál es el contenido informativo del axioma, con el fin de asegurar si algún otro enunciado está, o no está, implícito en él.

Ahora, surge la pregunta de si no estamos siendo demasiado exigentes en la precisión para el postulado básico. ¿No dijimos acaso que la ambigüedad es inerradicable de todo conocimiento basado en la realidad? Sí, pero Rothbard no ha dicho eso, puesto que el literalismo consiste en la negación de esa ambigüedad omnipresente. Si abogara por el reconocimiento de la ambigüedad desde el principio nos estaría concediendo todo el argumento. Otra cuestión importante es la siguiente: lo único que nos preocupa en este momento es la crítica a la cadena de razonamiento, no la proposición primitiva y su verdad o estatus lógico. ¿Tendremos que volver sobre el segundo problema una vez que hayamos terminado con el primero? La respuesta a esta pregunta es no. El estatus lógico del axioma primitivo será de mucho menos interés una vez que se haya probado que no se puede deducir a partir de él solo las demás proposiciones del sistema. El no reconocimiento de esto es todavía un ejemplo de la falacia literalista misma. Existen algunas otras maneras de justificar teoría que no tienen nada que ver con el presunto apriorismo de ciertos axiomas o enunciados, como esperamos que lo que va de este ensayo haya dejado ya claro.

Si nos concentramos ahora en el problema de establecer un sentido preciso para el axioma, encontraremos que es una tarea muy difícil. El problema se presenta nublado por la ambigüedad en la literatura praxeológica. Tomemos por ejemplo los esfuerzos de clarificación presentes en el trabajo de Israel M. Kirzner. Para él, la racionalidad praxeológica consiste en la "búsqueda congruente de nuestros propios propósitos". (KIRZNER 60, p. 32) El uso de la palabra "congruente" introduce una complicación de terminología, ya que no implica claramente sólo la congruencia lógica. Preferiríamos decir que es más bien la persistencia de un propósito como tal, como propósito, lo que se implica: la invariabilidad de los fines y la línea de acción respectiva durante un espacio definido de tiempo. Aún así, tenemos la declaración adicional de que "para el punto de vista praxeológico, la acción es racional por definición". (KIRZNER 60, p. 167) Según este punto de vista, aún "un hombre que se haya alejado de la búsqueda de sus propios y mejores intereses, al caer presa de una tentación fugaz, todavía actúa 'racionalmente' en el sentido praxeológico. Según el punto de vista praxeológico, el hombre simplemente ha sustituido sus propósitos previos por un nuevo conjunto de propósitos....". (KIRZNER 60, p. 168-9) Esto nos obliga a concluir que los juicios praxeológicos se consideran verdaderos solamente en relación con programas dados (fijos). Dependen completamente de una tendencia de los seres humanos que exige que ciertos programas se respeten. Se dice que "la selección de un fin nunca puede, como tal, ser juzgado según su racionalidad...." (KIRZNER 60, p. 169) No se puede evitar la implicación de que la praxeología como una deducción a priori debe ser más o menos equivalente a la instancia de que los fines permanezcan invariables: Consilia sunt servanda! Bajo esta luz, pienso que podríamos parafrasear (1") como sigue:

Ahora, si de acuerdo a todo lo que se ha dicho, vamos a desechar todo lo que no es información en el axioma; si, en otras palabras, vamos a desechar sus aspectos existenciales para concentrarnos solo en su contenido conceptual, entonces (1') se puede simplificar aún más para leerlo simplemente como una definición nominal:

Es allí donde debiéramos ser capaces de encontrar el contenido total del conocimiento praxeológico en una forma embrionaria; i.e., el conocimiento que se supone encontraremos más tarde en forma desarrollada en el resto del sistema. En consecuencia, (1) será nuestro punto de partida o enunciado primitivo para el juego de demostración crítica.

Reservamos la proposición (2) para un análisis posterior. La proposición (3) no pareciera ser una definición nominal que simplemente equilibre "actor" con "individuo". Más bien pareciera querer negar que haya actores colectivos. Es una definición real más que nominal. Sostengo que (1) no implica esto, a menos que hagamos retroactivamente que (1) sí lo implique. Puedo concebir que (1) admita colectivos "que se mueven conscientemente hacia una meta". Si prefiero no concebirlo así, entonces lo que hago es una decisión dialéctica, al hacerle un agregado o una corrección al cuadro original o interpretación primitiva del contenido de (1). No obstante, el agregado no sería arbitrario. Estaría basado en el conocimiento tácito que tengo sobre cómo la gente actúa, en una elicitación de lo que hemos llegado a considerar como el uso normal de las palabras "acción humana". Así las cosas, uno comienza a preguntarse si la interpretación original existe como un axioma separado; o si más bien la proposición "total, clara y necesariamente presente en toda mente humana" (MISES 62) no es sino el todo del lenguaje ordinario continuamente reinterpretado por el uso mismo que hacemos de él. Más fácil aún sería aceptar, al menos en obsequio del argumento, que existe alguna interpretación original, no rica, de (1), y que a medida que aprendemos más acerca de la acción humana, la enriquecemos gradualmente con nuevo contenido. Démosle ahora un nombre a esta operación de alterar la interpretación de un enunciado primitivo dada con el fin de transmitir más información. Llamémosla "redefinición dialéctica", o tal vez mejor "retrodefinición". Tendremos ocasión de usar repetidas veces este neologismo en el curso de nuestro análisis.

Pienso que este es otro ejemplo claro de retrodefinición. Puedo concebir (1) como un enunciado que permita que se utilicen "ideas mágicas" en nuestra persecución de los fines. ¿Por qué no? Pero tácitamente sabemos, independientemente de (1), que la magia simplemente no funciona, a pesar de que "nosotros" en este contexto no debiera identificar a la raza humana en pleno. Por lo tanto, preferimos tomar las "ideas tecnológicas" como implícitas dentro de "comportamiento con un propósito".

Como sucedió con la (3), aquí debemos escoger entre interpretar el enunciado en una forma nominal o en una forma real. La diferencia en este caso estriba en que no podríamos decir que (5) es una auténtica definición real, por el simple hecho de que nunca será un enunciado verdadero. De hecho, estoy consciente de que a veces actúo no para alterar el futuro sino simplemente para disfrutar del presente, i.e., de la acción misma, como en el juego, o en la contemplación artística o religiosa. Sostener lo contrario equivaldría a decir que uno nunca hace nada excepto para el futuro. El resultado, intragable, sería que, prácticamente hablando, no tengo presente del todo. Pero esto es claramente una tontería. A menudo disfruto de la acción de no-estar-preocupado. Esto es lo que comúnmente llamamos "relajación". Puesto que la interpretación real es falsa, deberemos tomar la defensa de su alternativa: la definición es nominal. Hablando más apropiadamente, al ser ésta una inferencia lógica de (1), es una retrodefinición (nominal). Pero he definido "retrodefinición" como un recurso que tiende a hacer que la definición original transmita más información; y es ciertamente el caso en esta ocasión que la definición nominal tiende más bien a transmitir menos información; de aquí que me sienta inclinado a proponer el engorroso calificativo de "retrodefinición inversa". Su función es la de "salvar" la definición original o algunas de sus consecuencias deseadas del asalto de la experiencia adversa. Es claro que la intención de (5) es el postulado de Homo aeconomicus. Su forma retrodefinicional hace que el postulado revista la apariencia de una inferencia deductiva a partir del "axioma básico". NOTA 4

Estos enunciados simplemente no se desprenden de (1); tampoco se desprenden de ninguna de las proposiciones (l)-(5). De pronto comenzamos a leer sobre varios fines (para un actor individual, según se pretende) cuando en (1) no se menciona ningún tipo de multiplicidad. Uno podría contestar, por supuesto, que ésta es una hipótesis auxiliar (y empírica). Pero esto no sería suficiente, porque (1) no habla sobre multiplicidad de fines y por lo tanto no es aplicable al ejemplo que ilustra la hipótesis. Tenemos que reinterpretar (¡otra vez!) el enunciado original, con el fin de que permita la multiplicidad (o simultaneidad) de fines. Pero esto tampoco servirá porque los fines pueden ser compatibles o incompatibles. Si son lo primero, constituyen un único fin (más grande), no muchos fines (la conjunción es una operación lógica muy simple). Si lo segundo, entonces no constituyen ningún fin (el actor no sabe lo que quiere). La reinterpretación de (1) en términos de fines compatibles es superflua; en términos de fines incompatibles, imposible. ¿Hay una salida? Sí la hay, pero implica un análisis completo de la noción crucial de "sustitución", por completo ausente en el axioma básico, lo que implicaría reinterpretarlo más allá de todo posible reconocimiento.

El análisis podría ir paralelo al análisis de (5). El postulado hecho aquí es el dogma de la aplicabilidad del análisis marginal al mundo real. Ésta es también una retrodefinición inversa, por lo tanto de tipo nominal. No queda claro, sin embargo, como en el caso de (5), que la interpretación real sea falsa. Lo que se afirma, más allá de un reenunciado del contenido esencial de (5), es que nunca habrá abundancia en el mundo. Se introduce la persistencia de la insatisfacción, un nuevo decidido agregado a la aseveración original de la persistencia del fin. Prima facie, ese agregado pareciera ser verdadero, aunque recientes desarrollos tecnológicos, médicos y sociales hacen menos improbable que un estado de no escasez práctica pueda ser alcanzado alguna vez por la sociedad humana. (AYRES 61, pp. 230 ss.) En consecuencia, la definición real no es claramente falsa, a pesar de que tampoco sea, según mi punto de vista, claramente verdadera. Entonces, debido a esta calificación, podemos decir que (8) se puede interpretar alternativamente también como una retrodefinición directa (que agrega contenido informativo al axioma original).

¿Significa esto que siempre debe haber solamente un fin? Pues en este contexto "poner en escala de preferencias" significa asignar un número ordinal a cada fin parcial, con el fin de hacer compatibles fines que de otra manera estarían en conflicto. Se debe construir una escala de preferencias y la escala misma debe ser, de ahora en adelante, la representante de los fines anteriormente conflictivos. Su voz será ahora el único fin. Podríamos decir que mientras construye la escala, el actor no "economiza" sino tal vez "filosofa", puesto que la selección de los fines no es de la incumbencia de la praxeología. Después de construir la escala, el actor tampoco economiza sino que "matematiza", puesto que las operaciones puramente tautológicas tampoco le incumben a la praxeología. Podemos llamar a esto el dilema de la jerarquización. Su solución implica, de nuevo, un análisis del concepto de sustitución y del rol específico de la subjetividad en la teoría económica. Pero aparte de eso, también es cierto que (9) no es una deducción de (1). La suposición de que la jerarquización debe preceder a la acción es un claro agregado a la interpretación (1) original. Podemos imaginar fácilmente una situación en la que la acción se realice con la inquisitiva intención de averiguar el peso relativo de nuestros deseos. "Los fines son más o menos definidos en el proceso de realización....". (KNIGHT 56, p. 172)

Este enunciado pareciera ser una generalización empírica sobre la evolución de la humanidad dentro de los campos éticos y tecnológicos. Bajo esas condiciones, no puede ser una consecuencia de (1). Sin embargo, aparece en una sección titulada "Primeras implicaciones del concepto (de acción)". Mi interés especial radica en sólo una parte de (10), a saber la parte antes de la primera elipsis, y es interesante porque pareciera estar en abierta contradicción con (1). Pero nadie quiere probar contradicciones tan claras como ésta. Por lo que tenemos que salvar la congruencia del sistema al entender (10) como una limitación de (1), i.e., queremos leer "(1) o (10)" más que "tanto (1) como (10)". Ahora, "(1) o (10)" no es una contradicción, pero desafortunadamente es una tautología. Dice que "los fines o bien persisten o bien cambian continuamente". ¿Podrá alguien salvar el poder informativo de una proposición semejante? Una manera de hacerlo sería interpretar la conexión entre los dos enunciados en sentido cuantitativo, esto es, su disyunción afirmaría un grado diferencial de frecuencia o probabilidad. Si (1) es el enunciado principal y (10) la limitación, el contenido del primero será una descripción de lo que ocurre más probable o comúnmente en el mundo real.

Pero esto, incidentalmente, sería irrefutable solo en el sentido restringido en el que decimos que todo enunciado de probabilidad es irrefutable, no en el sentido de la praxeología a priori. NOTA 5
Nuevamente existe una posible salida. La proposición que habíamos dejado reservada para una discusión posterior, la (2), dice que una posibilidad es excluida del total de posibilidades abiertas por la tautología "(1) o (10)": la posibilidad extrema absoluta de que todos los seres vivos cambiaran los fines a cada momento. Esta interpretación no es completamente impertinente. Algunas mentes podrían encontrar consuelo espiritual en el hecho de que haya alguna medida de permanencia, por pequeña que fuere, en los comportamientos humanos.

Estas son simples divisiones lógicas. La división lógica no implica la proposición original que utiliza el concepto no dividido. No puede ser, puesto que la proposición original no distingue entre las partes resultado de la división, a las que se refieren las proposiciones "derivadas". Todas las divisiones son nominales, y por lo tanto arbitrarias, o reales, y por ende dependientes de la experiencia. Si son reales y verdaderas, son generalizaciones empíricas. No son en absoluto deducciones a partir de axiomas puramente formales. Está en la naturaleza de la división lógica el tener al menos uno de estos dos propósitos: servir como catálogo (sistema de archivos) o servir como taxonomía (sistema de conceptos que reflejan de alguna manera las divisiones naturales del mundo). Es obvio que las divisiones (11) y (12) no pretenden ser un simple catálogo. Su intención debe ser la de una taxonomía, y eso es lo que son. Pero para hacer esta división taxonómica, debemos utilizar en su totalidad el conocimiento económico (empírico) que tengamos a mano. Todavía podríamos pretender que estas divisiones sean también "hipótesis auxiliares", con el fin de "aplicar" o hacer "pertinente" la teoría económica "pura". ¡Dejémoslo estar! Pero entonces se hace claro que el término "pertinente" se está usando en una forma inadecuada y que no existiría diferencia alguna entre el sentido de la palabra "pertinente" del praxeólogo y el sentido de mi palabra "verdad".

Es inherente a cualquiera división lógica el facilitar alguna discusión y obstaculizar otras. En este sentido podemos decir que algunas divisiones son verdaderas y otras son falsas. Algunas divisiones son "más verdaderas" que otras; no pueden ser totalmente arbitrarias. En el caso particular de las divisiones (13) y (14) podemos caer en problemas lingüísticos. Esta es otra razón poderosa en contra del enfoque praxeológico. Según la (13) no podemos hablar de capital antes de la humanización del hombre. Aún así, algunos economistas o filósofos pueden pensar que es provechoso hablar de ello. A Knight, por ejemplo, le gusta hablar así. Insiste en el hecho de que el capital es siempre producto de otro capital, y dice que hasta el hombre mismo es capital. (KNIGHT 51b) Otro impedimento ocurre, según la (14), con respecto al conocimiento, en muchos aspectos el capital más productivo y valioso de todos. Pero no podemos llamarlo capital, ni siquiera factor de producción, ni bien, ni medio, puesto que es ilimitado. Si no podemos tratar al conocimiento como un capital en el marco praxeológico, entonces hay algo malo en ese marco, o tal vez estemos descubriendo en relación a esto algunas limitaciones radicales en la naturaleza del pensamiento económico.

Copyright © 1967-1998 Claudio Gutiérrez

NOTA 1 En el sentido apriorístico de formal, es decir "deducido trascendentalmente".

NOTA 2 Elegí la presentación de Rothbard como bien pudiera haber elegido la de Mises (MISES 63).

NOTA 3 Los números de las propuestas son míos; he respetado el orden de su aparición en el original.

NOTA 4 ¿No es acaso la estrategia de todos los apriorismos desde Kant el ser realistas la mitad del tiempo y nominalistas la otra mitad, mientras pretenden no ser ninguna de las dos cosas?

NOTA 5 Este enfoque se estrellará inevitablemente con la repugnancia instintiva del praxeólogo por el método estadístico: "No existen leyes estadísticas....". (MISES 62, p. 56)