Repasemos brevemente lo que hemos logrado hasta ahora en este estudio.
Comenzamos afirmando en la introducción nuestra aceptación
de un concepto de ciencia que la hace esencialmente dependiente de las
pasiones y valores intelectuales a los que están comprometidos los
científicos. También señalamos la verdad importante
de que es imposible distinguir entre la teoría pura y el acontecimiento
empírico o histórico. Siempre existe una interacción
entre estos dos polos del conocimiento. Hicimos énfasis, además,
en el hecho de que el valor se encuentra siempre en interrelación,
formando sistemas, en que siempre existe algún sistema de valor,
y en que los diferentes sistemas en que residen diferentes personas muy
probablemente están en conflicto entre sí. El resultado final
de este reconocimiento del conflicto no fue, sin embargo, argumento en
pro del relativismo, sino más bien de la tolerancia y esperanza,
esperanza de que puntos de vista contrarios puedan eventualmente reconciliarse
por medio del respeto mutuo y de una discusión intelectual heurísticamente
creativa. Esta apertura también significa, dada la necesaria
concomitancia entre conocimiento y hábito, la disposición
de trabajar con, y aun la de ser trabajado intelectualmente por
nuestros semejantes, lo que podría implicar procesos dolorosos de
afiliación y hasta de lucha. Pero todo esto se conduce bajo un firmamento
de creencias y lealtad a valores válidos –aunque sujetos a revisión–
y compartidos, al menos hasta cierto punto. El cosmos social objetivo es
el único campo posible para la validez de la observación
sensorial y del razonamiento científico mismos.
Continuamos con el examen de la pretensión de que existe una
distinción esencial entre sentido común y ciencia,
y que es en esta distinción donde se podría encontrar la
base para la diferencia entre las ciencias naturales y las ciencias sociales.
Pudimos observar que algunos escritores consideran las ciencias sociales
en forma despectiva, como conocimiento sólo de sentido común,
mientras que otros consideran más una ventaja que un defecto el
ser heredero directo del conocimiento precientífico. A partir de
esa investigación concluimos que la distinción importante
no es aquella entre sentido común y conocimiento científico,
sino más bien entre conocimiento formal y conocimiento no
formal, entre el formalismo y la base informalizable necesaria para
la intencionalidad de todo el conjunto. Llegamos a la conclusión
de que es imposible fundar de manera objetiva la objetividad, o apoyar
formalmente el formalismo, puesto que semejantes pretensiones solamente
nos llevarían a una regresión infinita. La única certeza
que podemos esperar para nuestra necesidad de seguridad epistemológica
última es la confianza en la responsabilidad del científico
que trata de cumplir con estándares con pretensión de universalidad,
definidos por él mismo para su propia actuación
(POLANYI
64, p. 214). Esa responsabilidad, aunada a un desarrollo y uso eficientes
de los aparatos formales, es lo que nos sentimos inclinados a calificar
como el sentido profesional de los practicantes de la ciencia.
En este contexto, desarrollamos lo que se podría considerar una
de las ideas centrales de este ensayo, la distinción entre dos tipos
de teleología o subjetividad: teleología de la explicación
y teleología en la materia de estudio.
NOTA
1 En conexión con esta distinción, construimos lo que
denominamos la tentación del científico social, i.e.,
identificar entre sí dos niveles de análisis que deben
permanecer separados conceptualmente. La reflexibilidad implícita
en el hecho de que su materia de estudio es tan subjetiva como el científico
social mismo, ha llevado al metodólogo a creer que debe haber una
lógica científica especial disponible para el científico
social, diferente de la que es patrimonio común de los practicantes
de la ciencia en general. Pero haría bien en resistir esta tentación, pues lo
conduciría indefectiblemente hacia la confusión intelectual.
Es suficiente para todos los propósitos científicos el tratar
la subjetividad en la materia de estudio como terminología teórica,
como se hace con lo "inobservable" en todos los dominios de la ciencia.
Relacionado íntimamente con el tema de la teleología y
la subjetividad, se nos presenta el problema de la naturaleza y de los
usos de la abstracción. Traté de reaccionar,
en
el capítulo que trata sobre este tema, contra un concepto de
la abstracción apoyado sobre una interpretación unidimensional
de la realidad. En esa parte del estudio intenté demostrar que el
"realismo analítico" del abstraccionista da cuenta insuficientemente
de la multidimensionalidad del mundo real. Lo hice especialmente al poner
al descubierto un tono gödeliano subyacente en la epistemología
de Parsons, calificándolo como una visión básicamente
más correcta que la interpretación "conjuntiva" de la propuesta
metodológica de ese autor. El concepto de que todo pensamiento teórico
es totalizante y sistemático, y al mismo tiempo limitado en cierta
manera o no lo suficientemente completo como para rendir una explicación
total de la realidad, es el reencuentro en el reino metodológico
de la verdad fundamental de la interrelación universal del valor
y del carácter conflictivo de los encuentros entre diferentes sistemas
de valores. Una vez más, nos enfrentamos aquí con un ejemplo
de universalidad vs. exclusión. Pero ahora lo encontramos
en el corazón mismo de la realidad, o mejor dicho, en los mismos
medios que empleamos para construir nuestra interpretación de la
realidad. El conflicto no sólo está siempre presente; no
se puede erradicar en la mente individual, en sus mismas capacidades para
el entendimiento y la generalización sobre la realidad. La ambigüedad,
nos inclinamos a decir, es inevitablemente inherente a todo pensamiento
acerca de la realidad, y no podemos pretender disolver directamente esa
ambigüedad para ver a través de ella el "mundo real". Nuestro
camino a la verdad debe ser mucho más complicado que una simple
lectura de los datos de la experiencia sensorial o de algunas intuiciones
íntimas inescrutables. Propongo que el camino hacia la verdad se
relaciona con el hecho afortunado de que esa ambigüedad inerradicable
que tenemos que reconocer no es aleatoria sino sistemática. Nos
lleva a preocuparnos por un examen profundo de los puntos de vista comprensivos
o paradigmas que se enfrentan unos a otros. La adjudicación entre
ellos debe estar conectada con su coherencia o armonía, además
de con su capacidad abarcadora de los diversos elementos de la realidad.
Una circularidad de "largo alcance" va implícita, pero este tipo
de circularidad no es un defecto para el conocimiento resultante. No obstante,
una vez que los paradigmas hayan superado el importante criterio de congruencia,
seguirá siendo cierto que deben cumplir algunos criterios internos
para distinguir la circularidad "larga" o virtuosa de la "corta" o viciosa.
Seguimos con la discusión de la idea
de paradigma. Los paradigmas son posiciones alternativas, necesariamente
circulares y comprensivas de las apariencias empíricas, interpretaciones
rivales sobre la realidad, por decirlo de otra manera. Son eminentemente
subjetivas, en el sentido de que son defendidas o presentadas por personas
comprometidas con su verdad eventual. Pero son universales en su intención
en el sentido de que es a su verdad a la que están comprometidas
las personas que moran en ellas. La verdad y la falsedad de un paradigma
no se puede separar, en análisis final, de la creencia o no creencia
de las personas que discuten su contenido. Un criterio de estabilidad racional
de la creencia llega a ser también criterio de verdad, y este es
el de la congruencia fundamental. La propiedad de lograr una coherencia
o sentido últimos, sin embargo, no es ilimitada. Puede, de hecho,
agotarse. La propiedad de agotamiento o de quedarse sin recursos explicatorios de un paradigma, o de
un conjunto de paradigmas, se puede tomar como una propiedad psicológica
fundamental de la persona que se compromete con ellos.
En el extremo empírico, la capacidad de la persona para hacer
cambios en el paradigma, con el fin de salvarlo de la evidencia adversa,
puede agotarse. Entonces se debe desechar el paradigma como falso. A nivel
teórico, la habilidad de la persona para imaginar marcos de explicación
alternativos también se puede agotar, y el paradigma debe afirmarse
entonces como necesariamente verdadero. Pero estos dos puntos de agotamiento
son polos ideales, nunca alcanzables por completo, acercamientos complementarios
solo aproximables asintóticamente.
NOTA
2 Las instancias concretas del conocimiento ocurren dentro de estos
dos polos, en estado de flujo, por así decir, de la teoría
necesaria (ideal) al hecho empírico (ideal), como una gradación
indefinida de piezas de información que son tanto teóricas
como empíricas, de acuerdo al papel que jueguen en relación
con otras piezas de información. En general, podríamos
decir que una pieza de conocimiento es un modelo, una representación
suficientemente fiel de la realidad empírica, si trabajamos sobre
ella desde un nivel más alto de conocimiento. Por otro lado, una
pieza de información es un supuesto, una teoría o
configuración paradigmática, si debemos residir en ella para
trabajar desde ella en algo distinto. Dentro de una línea de conocimiento
suficientemente alejada tanto de los "supuestos necesarios" como de la
"evidencia abrumadora", existe mucho espacio para la organización
alternativa de modelos y supuestos. Muchos métodos podrían
parecer intelectualmente productivos, diversos enfoques igualmente racionales
y muchas hipótesis enfrentadas igualmente verdaderas, siempre y
cuando se respeten las correlaciones necesarias dentro del paradigma relativas
a su coherencia.
Entre las correlaciones más importantes
están aquellas necesarias para el cierre lógico de un sistema
de hipótesis particular. Este requisito proviene del hecho de que
las consideraciones lógicas o formales siempre exigen un corte del
contexto no formal. Si el cuerpo vivo del conocimiento –o de la creencia–
se puede visualizar como un cuadro en tercera dimensión, la versión
formal de uno de sus segmentos se visualiza como un plano dentro de ese
espacio. La profundidad contextual se representa dentro del cuadro
lógico llano, como una especie de proyección, por medio de categorías
residuales, fichas formales de indispensables supuestos no formales.
Podemos hablar en esta conexión de formalización de contexto.
Con ello, la apertura empírica, necesaria para la interpretación
verdadera del sistema, y el cierre lógico, necesario para su operación
formal, quedan ambos concomitantemente asegurados.
Ahora, a la luz de esta metodología tan tolerante, podríamos
preguntarnos qué podría decirse en contra de la posición
de alguien, no claramente incongruente, siempre que no atente con los "supuestos
necesarios" o la "evidencia abrumadora", que en todo caso son muy difíciles
de caracterizar. A esto debo responder de dos maneras. La primera es touché!
En realidad es muy fácil para esta metodología el degenerar
en una especie "gelatina" epistemológica, dándole cabida
a cualquier cosa. De nuevo, debemos apoyarnos en el sentido de responsabilidad
del científico, en este caso el metodólogo o filósofo,
para evitar este precipicio. La segunda respuesta es la siguiente. Un punto
de vista teórico que disuelve un problema en lugar de resolverlo,
siempre y cuando el profesional lo considere un problema real, no es lo
suficientemente comprensivo, ni lo suficientemente explicativo, y por lo
tanto no debe pasar el examen de plenitud, aún bajo la metodología
más tolerante.
NOTA
3 Aún más, podríamos decir que esta epistemología
es la respuesta, y en mi opinión la única respuesta, a la
concepción literalista de la teoría económica, y por
ende a cualesquiera concepción literalista de la teoría científica
en general. Por "literalista" entiendo la propiedad de un sistema metodológico
que es de lo más conspicua en las explicaciones epistemológicas
apriorísticas, por ejemplo la praxeología de Von Mises, pero
que también resulta evidente en muchos otros metodólogos,
positivistas moderados, como Robbins, Hayek o Friedman. Me refiero a teorías
epistemológicas que conciben el lenguaje como algo dado e inerte,
incapaz de ser revisado o de cualquier movimiento dialéctico propio,
ya sea un sistema de archivos no afectado por el contenido del archivo
o bien un conocimiento-de-nuestra-propia-mente no enriquecido por la interacción
con la experiencia. Además, considero literalista el sistema de
pensamiento que concibe la realidad como esencialmente agotable en términos
de conocimiento humano, en un sentido unidimensional o extensional; i.e.,
un sistema que no concede ningún campo esencial al conflicto y la
ambigüedad en la interpretación de la realidad, y postula como
una posible concepción la adquisición (real o asintótica)
de un cuerpo de creencias totales simultáneamente congruente y completo.
Ya he demostrado que la metodología gradualista es un arma eficaz
en la crítica de estas posiciones. En el capítulo de
Verstehen
ataqué el literalismo en la metodología de las ciencias sociales
en general, y en el capítulo de
praxeología
combatí el literalismo en la metodología económica
en particular. Esas fueron críticas lógicas. De cierta forma,
fueron fáciles, una vez montado el enfoque gradualístico. Una presentación constructiva de explicaciones alternativas podría
resultar más difícil. Pero pienso que también es necesaria
y, por supuesto, posible. Sería la demostración de la factibilidad
real de diversos modelos de tipo más o menos general, más
o menos abstracto, donde la posición literalista mantendría
que solamente existe una sola representación válida de la
realidad económica. Debemos ahora dedicarnos a esta delicada tarea.
Implicará un esfuerzo de "formalización contextual" del tipo
descrito en el párrafo precedente.
NOTA 1
La
distinción existe desde hace mucho tiempo en la literatura. Lo nuevo
es el intento de disipar algunos errores metodológicos al hacer
un uso sistemático de ella.
NOTA 2
Observe
el contraste entre este propuesto "realismo trascendental" y el "realismo
analítico" de Parsons: para el segundo, el conocimiento es enfocado
asintóticamente; para el primero, lo que se enfoca asintóticamente
es el agotamiento del conocimiento. Ver
PARSONS
37, p. 18.
NOTA 3
Pareciera
ser necesaria aquí una aclaración: Existen diferentes maneras
de "disolver" un problema. Una de ellas positiva, i.e., la reforma lingüística
necesaria que simplifica un paradigma anteriormente muy complicado – la
revolución de Copérnico, por ejemplo –. La otra manera es
negativa, i.e., la reforma obscurantista que nos quita los medios lingüísticos
para formular una preocupación científica genuina, – por
ejemplo, la consideración objetivista del problema de los salarios,
donde la paga de un músico se considera como un "consumo transitivo"
y en consecuencia exento de la posibilidad de análisis de oferta y demanda.