Me tocó estar muy cerca de él, como representante estudiantil en el Consejo Universitario, como oficial Mayor de la Rectoría, y como Secretario de la nueva Facultad de Ciencias y Letras, durante el período de su mayor creatividad como líder de la Reforma Universitaria, cuatrienio 53-56. Aprendí así a admirar la suavidad de su gestión en momentos decisivos para la historia de la institución, la efectividad de su persuasión, la fertilidad de su imaginación, todo lo cual confluyó para lograr una reforma profunda aceptada por unanimidad de la Asamblea Universitaria y realizada con pulcritud y gran impacto para la cultura del país. Ante Rodrigo Facio no sabía qué admirar más, si la profundidad de su inteligencia, la discreción de sus maneras, su humorismo constructivo, la habilidad de su mando de timonel. Su influencia en un período de formación fue para mí perdurable.
La mayor enseñanza que me dejó fue una máxima que repetía mucho y vi encarnarse repetidamente en sus actos de gobernante universitario; es un principio hondo y amplio que implica toda una filosofía política, la filosofía de la democracia. Decía: "Para la realización de nuestros proyectos, los medios que usemos son tan importantes como los fines que tratamos de lograr". Tal máxima se opone a la máxima de todos los totalitarismos: "Los fines justifican los medios". Para Rodrigo Facio los fines se buscaban por medio del diálogo, el razonamiento, la persuasión, el intercambio de seres pensantes y libres que tenían en común una misma responsabilidad.
Don Rodrigo, como siempre le llamé a pesar de sus instancias de que le quitara el "don" que decía le hacía sentirse más viejo, tuvo la virtud de percibir en las personas sus potencialidades a través de sus deficiencias. Decía a menudo: "Las virtudes de las personas son el revés de sus defectos". Si alguien le señalaba, por ejemplo, que un determinado colaborador era obstinado, replicaba que precisamente por eso era perseverante, y podría prestar muy buenos servicios a la Institución. Si alguien le reclamaba poner su confianza en alguien muy joven, replicaba que por eso mismo era muy dinámico.
Entre sus virtudes estuvo el saber rodearse de personas en las que veía promesa y de extraer de ellas todo lo que podían ofrecer de positivo al bien común. También tuvo defectos (que eran el reverso de sus virtudes). Su habilidad política rayaba a veces en manipulación; y tanto como supo percibir potencialidades en seres menos grandes que él, tuvo dificultad para apreciar la grandeza de sus iguales: Emma Gamboa, Gonzalo González, o José Joaquín Trejos.
Cuando murió prematuramente, lo lloré como a un padre.