El lugar: Capilla Sixtina de Princeton University.
La fecha: trece años antes del próximo milenio.
El tema: las redes eclesiales
que ya casi anudan todo el mundo.
Protagonistas: cardenales y obispos,
ochenta en total,
de treinta distintas ciudades y reinos.
El Papa David I, infantil y distraído,
exhibe su gordura en sillón escarlata.
Adusto y señorial, el Brazo Secular,
apoderado de la National Science Foundation,
observa todo lo que pasa,
ojos muy alertas con centelleo de dólares.
Alrededor de una mesa larga y oblonga
los obispos intercambian cifras de papel
y Babel de palabras
inteligibles solo por intervención
del milagroso protocolo X-25.
Cada obispo procede a describir su Misión
con ayuda de mapas
y explica cuántas indulgencias
trasiegan sin cesar por su diócesis
a velocidades de 9600 baudios.
Los cardenales aplauden y comentan.
El Cardenal Secretario, Lario Lamberino,
coordina la actividad con romana eficacia,
y se asegura de que los obispos
presenten sus ponencias
y estén alimentados y cómodos.
Todo sea por la total edificación
de la Red Académica Internacional,
Cuerpo Místico Ecuménico y Electrónico.