Me honro hoy en presentar a ustedes y dar la bienvenida a esta Casa de Estudios a un intelectual y científico de renombre, el profesor Efraim Katzer, quien hasta su elección como Presidente del Estado de Israel fue jefe del Departamento de Biofísica del afamado Instituto Científico Weizmann, en Rejovot. Uno de los fundadores del instituto, ahí enseñó durante un cuarto de siglo, y realizó investigaciones importantes con las que contribuyó el conocimiento de la estructura y funcionamiento de las proteínas. Sus muchos otros méritos son conocidos por ustedes pues han sido ampliamente divulgados por la prensa.
Es admirable, y quizá desusado, que el presidente de un estado sea un científico; no, si ese estado es el Estado de Israel, pues sus presidentes, más que como políticos, son elegidos como creadores del espíritu, para simbolizar los fundamentos espirituales de esa nación. Y es que el Estado de Israel es un estado muy especial, en que lo espiritual, en su doble vertiente de lo racional y de lo místico, juega un papel de mucha importancia.
Toda la vida de Israel está impregnada de racionalidad. País nuevo de hombres viejos, los miembros de la sociedad se identifican con un mismo proyecto constructivo, elaborado previamente a la fundación del Estado. Más que un pueblo en desarrollo, es un pueblo en construcción. No sé si los judíos son un pueblo elegido por Dios; pero estoy convencido de que el Estado de Israel es un pueblo elegido... por sus propios ciudadanos. Necesitaban un territorio, lo escogieron y adquirieron. Necesitaban un clima, lo fabricaron mediante masiva siembra de árboles. Necesitaban una población, la trajeron de todos los rincones del mundo. Necesitaban una agricultura, la inventaron científicamente ya que no podían heredarla de antepasados a quienes se prohibió siempre el uso de la tierra. Necesitaban un idioma, lo eligieron –naturalmente, el lenguaje de la Biblia– y lo resucitaron, invirtiendo sorprendentemente la historia de la Torre de Babel. La racionalidad, como eficacia, como aprovechamiento máximo de todos los recursos a la disposición, está presente en toda la organización económica y social de Israel, desde el desecamiento de pantanos y la irrigación del desierto, hasta el papel de la ciencia en la agricultura y el desempeño de las mujeres y de los niños en actividades de la defensa. Por aplicación extrema de la racionalidad, Israel transforma lo imposible en posible inédito, y lo posible-inédito en real.
Pero también la vida de Israel está impregnada de misticismo. Además de ser un país en construcción, Israel ha sido hasta la fecha un país en peligro constante de destrucción. Eso matiza todas las actitudes vitales del israelita, le hace desear profundamente vivir, el tiempo que se viva, de modo que valga la pena. Le oí decir a un profesor universitario: "No podemos haber sufrido tanto para que Israel sea un reino levantino más". Ante la amenaza permanente de destrucción, Israel parece decirse a sí mismo: "Vivamos de tal manera que si mañana fuéramos barridos de la faz de la Tierra, el exterminio de Israel tuviera caracteres de injusticia cósmica".
La presencia de hombres como el profesor Katzir al frente de los destinos de Israel nos hace pensar que la humanidad no permitirá que tal destrucción se cumpla; además, nos permite predecir que el Estado israelita continuará construyéndose y seguirá contribuyendo de muchas maneras a la construcción del resto del mundo.