Nombre épico castizo que no podés pronunciar,
veinte mil millas de avión ya a tu haber
como "viajera frecuente"
recuerdos de varios países y continentes,
aun no cumplidos tus tres años.
Lenguaje a flor de labio -acento italiano ahora-
energía comparable con tu alegría permanente
(¿permanente? bueno, casi).
¿Te acordás de ese perro que nos ladró
detrás de una puerta?
Te fuiste corriendo
como alma que lleva el diablo,
pero muerta de risa
burlándote de tu propio miedo.
Después nos hicimos visita
en el salón, cada uno en una silla,
con el muñeco que te regaló la tía Agnese
arrellanado por sí solo en la poltrona,
y comentamos ahí nuestra aventura.
Tu imaginación y mi paciencia
convirtieron en caballos los almohadones rojos:
caballos galopantes, nadadores y voladores,
caballos sin cabeza ni patas y con dos colas
pero ¡qué diantre! caballos de todos modos
capaces de correr y saltar, sostener y botar,
relinchar y patear, y entretenernos a los dos
hasta que caímos en un profundo sueño,
el día que tus papás se fueron de compras.
Newark, DE, agosto 1989
Copyright © 2003 Claudio Gutiérrez