Darwin fundó una nueva rama de las ciencias de la vida: la biología
evolucionista. Varias de sus contribuciones son especialmente importantes más
allá de esa disciplina:
·
La no
constancia de las especies, o sea el concepto moderno de evolución mismo.
·
La
noción de ramaje evolutivo, que implica el origen común de todos los seres
vivos del globo terráqueo.
·
La
superación de la idea de una gran marcha teleológica hacia cada vez más
perfección, el concepto de scala naturae de raíces aristotélicas,
también llamada "cadena de los seres".
·
La
insistencia en el gradualismo de la evolución, sin saltos mayores ni discontinuidades.
·
El
razonamiento de que el mecanismo de la evolución consiste en la selección
natural.
Todas estas ideas en su conjunto constituyen una revolución conceptual,
el advenimiento de un nuevo paradigma para las ciencias biológicas y una nueva
filosofía de la naturaleza. De todas estas ideas, la de evolución por selección
natural, descubrimiento concurrente de Darwin y Alfred Russel Wallace, reviste
por sí mismo singular importancia. Es una idea filosófica
que permaneció impensada por más de dos mil años de historia de la filosofía,
desde los griegos, pasando por grandes pensadores como Descartes, Hume y Kant.
Es una idea genial que reúne en sí al mismo tiempo una gran simplicidad y un
enorme poder explicativo.
La selección natural supone la existencia de una población diversificada,
contrariamente a la idea esencialista que supone que los miembros de una clase
son esencialmente idénticos. Debe ser considerada como un proceso de dos
etapas: producción de variación abundante seguida de eliminación de los
individuos que no cumplen con los constreñimientos del ambiente. De paso, esta
idea resuelve una controversia de dos mil años sobre la casualidad y la
necesidad. El cambio en
Antes de la publicación de On the Origin of the Species, (DARWIN 59) prácticamente todos los
científicos y filósofos eran cristianos. El mundo que habitaban había sido
creado por Dios, quien había instituido leyes sabias que aseguraban la
adaptación perfecta de los organismos unos a otros y a su ambiente. Darwin
desecha todos los fenómenos y causas sobrenaturales. La teoría de la evolución
por selección natural explica las adaptaciones y diversidad del mundo
únicamente de manera materialista. No necesita más un Dios como creador o
diseñador del universo, aunque cada quien sea libre de seguir creyendo en ello.
El proclamado "maravilloso diseño" de la naturaleza puede explicarse
por la selección natural, incluso las no tan maravillosas enfermedades,
causadas en su mayoría por organismos microscópicos evolucionados en
competencia con nosotros.
Desde el tiempo de los pitagóricos y de Platón, el concepto general de la
diversidad del mundo enfatizaba su invariancia y estabilidad. Los miembros de
cada clase se consideraban idénticos, de naturaleza fija y claramente separada
de los miembros de las otras esencias (el ejemplo preferido era el triángulo,
que no puede parecerse a un cuadrado, esencia distinta). Las variaciones se
consideraban no esenciales sino accidentales. El pensamiento esencialista no
puede lidiar con variaciones, como lo hace evidente el concepto desorientador y
equívoco de "razas humanas". Para un esencialista, los caucásicos,
africanos, asiáticos o inuits son tipos conspicuamente diferentes de los otros
grupos étnicos humanos. Este modo de pensar lleva naturalmente al racismo.
Darwin rechaza totalmente el modo de pensar esencialista y en su lugar inaugura
el modo de pensamiento poblacional. Todos los grupos de organismos vivientes,
incluidos los humanos, son poblaciones que consisten de individuos
diferenciados entre sí de manera única. No hay dos seres humanos iguales. Las
poblaciones no varían por sus esencias sino en virtud de diferencias
estadísticas. Al rechazar la constancia de las poblaciones Darwin introduce la
historia en el pensamiento científico.