Podemos considerar a los genes como planos de construcción
o –si se prefiere– diminutos complicados algoritmos para producir los materiales de que están hechos los seres vivos. Esos planos se expresan(1) en la forma de cortos mensajes transcritos materialmente a ARN (el ARN mensajero), cuya función es transportar el plano o algoritmo a la "planta
industrial" que fabricará de conformidad con esas instrucciones
las respectivas proteínas (una por cada mensaje distinto). Estas "fábricas de proteína"
reciben el nombre de ribosomas(a) y están construidas ellas mismas con ladrillos de ARN y algunas
proteínas. El ribosoma se pega al mensaje y va avanzando a lo largo
suyo, interpretando cada codón como una instrucción
para "pescar", en el mar del citosol, alguna de las piezas de los veinte
distintos tipos que constituyen las proteínas y que se conocen con el nombre genérico de
aminoácidos.
La instrucción de acarrear hasta el ribosoma el respectivo aminoácido
es ejecutada por otra pequeña máquina hecha de ARN llamado ARN de transferencia. El
ribosoma va ensamblando los aminoácidos en el orden en que los presenta
el ARN mensajero y, conforme avanza a lo largo del mensaje, codón por codón(2), va produciéndose
la proteína. La señal de haber concluido el trabajo la da
el mensaje mismo, gracias al signo de puntuación
con que termina cada gen. Cuando la proteína está concluida,
se desprende del ribosoma y se dobla sobre sí misma para tomar
la compleja forma tridimensional que fundamenta su poder tanto cuando trabaja como herramienta o cuando actúa como simple ladrillo de construcción. Esta forma le es esencial,
pues todas sus acciones dependen de manera crucial de la posición
recíproca de partes en el espacio en relación con las otras sustancias con las que tiene que asociarse, transitoria o permanentemente.
Como lo describe de manera pintoresca Michel Morange, las formas que adquieren las proteínas, parecen obra de demonios microscópicos que sabemos no existen; "o más exactamente, esos demonios sí existen: llevan por nombre ... cinética y termodinámica químicas". (MORANGE 98)
De un modo general, podemos clasificar las acciones
de las proteínas en dos grandes funciones:
Dentro de la función enzimática destaca
por su importancia la colaboración que prestan algunas proteínas
a la expresión y replicación de los genes. Siendo ellas mismas expresión
de genes llamados
reguladores, se adosan a secuencias de ADN particulares
y ahí influyen en su transcripción.
En general, las enzimas, y por lo tanto las proteínas
en cuanto actúen como tales, pueden ser concebidas como las herramientas
de que se sirven los seres vivientes para realizar sus procesos.
No todas las proteínas son producidas por
un único gen: algunas requieren la participación de varios
genes. Tampoco todos los genes dan origen a proteínas: algunos se
transcriben en ARN que se pone directamente a trabajar en funciones especiales,
como ser parte de un ribosoma, servir de agente transferente de aminoácidos
durante la creación de una proteína, o alguna otra función
necesaria en el citosol. Y lo que es todavía más interesante,
no todas las reacciones son catalizadas por proteínas: algunas lo
son por ARN, lo que hace pensar que de la trinidad creadora ADN-ARN-proteínas la "segunda
persona" (el ARN) fue la única que existió en el comienzo.
La propiedad del ARN de actuar como catalizador de
reacciones lo hace candidato ideal para ser reconocido
como sustancia originadora de los procesos de replicación
que identificamos con la vida. Aunque su función
principal consiste hoy en servir de nexo entre el ADN y las proteínas, en el
lejano ayer habría sido el originador de ambas sustancias. Los investigadores
postulan que en el comienzo, hará unos cuatro mil millones de años,
muy poco después del nacimiento mismo del planeta, habría existido
un mundo de ARN(b), en el que los primeros seres
vivos habrían existido como
simples cadenas de ARN, y se habrían replicado sin necesidad de ADN o de proteínas,
por medio de reacciones químicas autocatalizadas.
Pero el ARN es una sustancia inestable que se descompone al cabo de unas
horas. Superando esa limitación, una cadena de ARN habría
inventado, por el método de ensayo y error característico
de la naturaleza, una versión de sí misma mucho más
fuerte, el ADN, como sistema de conservar el acervo hereditario de manera
estable y segura. Pronto después debió inventarse el ribosoma,
máquina hecha de ARN, que comenzaría a producir proteínas,
las cuales resultarían materiales extraordinariamente útiles
para construir estructuras coadyuvantes a la vida así como herramientas especializadas
para mejorar sus procesos. Al principio sus aplicaciones serían
muy simples, como dotar de un envase al ARN que contribuye a la reproducción
de ciertos virus, o acelerar una que otra reacción química.
Pero progresivamente las proteínas se integrarían en procesos
y estructuras cada vez más complicadas y útiles, convirtiéndose
en la carne, sangre y energía de todo fenotipo. El mundo de los
seres vivientes que conocemos hoy habríase inaugurado.
Debemos consignar aquí, para tener un cuadro
suficientemente completo de las funciones industriales del genoma, que no
todos los genes se encuentran en los cromosomas nucleares. Además
de en los cromosomas que alberga el núcleo de la célula, existe
ADN en cuerpos auxiliares, entre ellos los llamados mitocondrias(c), localizados en el citosol.
Estas mitocondrias son pequeñísimos generadores que producen
la energía que necesita la célula para funcionar. Se considera que las mitocondrias se
derivan de una bacteria
muy antigua que infectó organismos unicelulares antecesores de los
animales, plantas y hongos. Estas bacterias invasoras traían consigo
mecanismos para producir energía por medio de la oxidación
de carbohidratos que deja residuos de dióxido de carbono y agua.
Algunas de las células invadidas fallaron en digerir a estos invasores,
venturosamente para ellas, que comenzaron a multiplicarse mejor que sus
congéneres menos afortunadas, y con ello multiplicaron también sus recién adquiridas centrales
de energía. Tenemos aquí un caso de "contrato feudal" a nivel
celular: la célula anfitriona ofrece protección a la invasora
(el citosol, protegido por una membrana) mientras que la huésped
trabaja para su "señor", al igual que los campesinos amparados por
un castillo medieval europeo. Tal "contrato" fue en parte responsable del
explosivo desarrollo evolutivo de esos tres
reinos(4). El ADN de las mitocondrias,
por existir fuera del núcleo, se transmite sexualmente en el anfitrión únicamente
por línea materna, por mediación del citosol del óvulo. Pero como unidades autónomas que fueran y que continúan siéndolo para
este efecto, cada una de las mitocondrias realiza también su propia reproducción independiente, replicándose periódicamente dentro de su ambiente protegido. Cuando su anfitrión a su vez se divide, al estrangularse la célula madre para formar dos células hijas, la respectiva población de mitocondrias se reparte equitativamente, quedando aporcionada en el citosol de las dos nuevas células del anfitrión.
Podemos resumir el aspecto "industrial" del genoma,
diciendo que sus tres personajes (ADN, ARN y proteínas) son todos
importantes y actúan en estrecha colaboración. El ADN produce
el ARN y éste construye las proteínas. Pero es importante
notar que esta obra no se limita, ni mucho menos, al momento de la generación
de cada nuevo ser. En cambio, estos procesos genéticos interactivos
duran en cada célula todo lo que dura su vida. En efecto, la transcripción
de los genes en ARN y por ende en proteínas (en otras palabras, su expresión) no ocurre
solamente en el momento de la aparición de un nuevo ser vivo. Debe ocurrir en todo momento en que la realización de un proceso requiera la participación de una nueva proteína, puesto que la única manera de crearla es mediante la expresión del respectivo gen.
Así, la expresión de los genes constituye un fenómeno permanente durante toda la vida de la célula.
Antes de abandonar el tema de los aspectos industriales del genoma quisiera contribuir a despejar una concepción errónea sobre las cosas biológicas. A algunas personas he oído decir que el hombre es más sabio que la naturaleza porque inventó la rueda y con ello, a la larga, dio origen a la Revolución Industrial. Aparte de que la industria misma fue ya inventada por la naturaleza, como acabamos de explicar, es claro que la rueda fue también inventada por ella, no una sino muchas veces. Uno de los ejemplos es el cromosoma circular de las bacterias; otros ejemplos están constituidos por los flagelos de ciertas bacterias que giran aceleradamente sobre su propio eje, produciendo un impulso semejante al de las hélices de los barcos o de los antiguos aviones. Pero el caso más espectacular –a mi juicio– de uso industrial de la rueda se da en relación con el fago lambda, un virus cuya replicación ocurre con la técnica del llamado círculo rodante. Aquí, el cromosoma circular que contiene el ADN del fago gira sobre sí mismo(d) a la manera de las antiguas rotativas de los periódicos dando origen a una línea de producción en masa de copias de sí mismo, probablemente mucho más eficiente que las de las mejores fábricas construidas por los hombres.
Notas
Nota
1: Tómese en cuenta que la transcripción de estos planos se ve afectada por señales químicas producidas por la misma célula u otras aledañas, las cuales determinan cuáles genes se expresan y cuáles no, dependiendo del lugar dentro del organismo en que la célula (y el órgano de que forma parte) esté instalado. Esta expresión diferenciada es propia fundamentalmente de los seres multicelulares, los cuales necesitan construir distintos órganos y funciones con base en los mismos planos: el genoma de la especie. Las señales intercelulares que determinan esta diferenciación son proteínas producidas como resultado de la transcripción de otros genes, sujetos igualmente a parecidas restricciones de diferenciación topológica, lo que crea en el organismo una complejidad programática inimaginable.
Nota
2: Se ha dicho que si en la década de los cincuenta, mientras los científicos proponían las más complicadas versiones imaginables del código genético –que todavía no se había descubierto– alguien hubiera enviado a la revista Nature un artículo en que se propusiera este mecanismo automático de lectura, semejante a muchas máquinas de industrias elementales, habría sido rechazado como indigno de la complejidad de la vida.
Nota
3:
Se dice de una sustancia, calificada de enzima, que cataliza una
reacción química si interviene en ella, haciéndola
posible o acelerándola. Al terminar la reacción la enzima
se recobra intacta, pues en el proceso se reconstituye y separa de
los otros elementos de la reacción con los cuales se integra solo
transitoriamente.
Nota
4:
Una situación parecida se presenta con los cloroplastos, organelas responsables
de la función de atrapar la energía solar por las plantas que da origen a la clorofila. También
estos cuerpecitos fueron originalmente bacterias independientes.