¿Sabía usted que la especie Homo sapiens sapiens, a la que
pertenecemos, coexistió durante muchos milenios con otra especie humana en las
costas del Mediterráneo?
Esa otra especie, que pobló Europa antes que
nosotros, fue el hombre de Neandertal. Por algún tiempo se creyó que eran
antecesores de nosotros (así me lo enseñaron en la escuela secundaria en los
años cuarenta). Sin embargo, hoy está demostrado que no fue así. La forma de
los cráneos, las medidas de los huesos de las extremidades y el fechado de los
hallazgos fósiles indican que los europeos no evolucionaron a partir de los
neandertales sino de la población que los remplazó, el llamado hombre de
Cromañón, ya Homo sapiens sapiens en todas sus características. Existen
recientes análisis de ADN obtenido del primer fósil neandertal que parecen
confirmar de manera concluyente esta tesis. Un grupo de investigadores dirigido
por el profesor de zoología de
El hombre de Neandertal –llamado así porque sus primeros cráneos fueron encontrados en el Valle de Neander, Alemania– ocupó partes de Europa y Cercano Oriente desde unos 200 000 años atrás hasta 30 000 años antes del presente. Habría sido el descendiente directo de una variante de Homo erectus llamada comúnmente Homo heidelbergensis que comenzó a existir al norte del Sahara hace alrededor de 400 000 años. Por ese tiempo vino una ruptura evolutiva causada por la creciente barrera geográfica que representaba el desierto. La población al norte del Sahara evolucionó para llegar a ser Homo neanderthalensis, mientras que la del sur llegó a convertirse en Homo sapiens y posteriormente en el hombre moderno (Homo sapiens sapiens). (BEAUMONT 78)
Neandertal habitó desde Gales hasta Gibraltar y
desde cerca de
Moscú hasta Uzbekistan. Además, fósiles
encontrados en Kebara, Qafzeh y Skhul demuestran que Homo neanderthalensis coexistió
con Homo sapiens sapiens en Cercano Oriente por largo tiempo, hace entre
90 mil y 40 mil años. Esta evidencia es devastadora para la teoría en boga hasta
hace poco tiempo que consideraba a los neandertales como antecesores nuestros(1).
Intentemos una semblanza de estos
"hermanos" nuestros, comparándolos con nosotros. Tenían un cerebro de
tamaño superior al del hombre moderno, para cuerpos más pequeños, de donde
concluimos que su capacidad intelectual fuera igual, si no superior, a la
nuestra. De cuerpo sólido, con huesos gruesos, estaban completamente adaptados
al frío, a diferencia de nosotros, recientes emigrantes del África; sin
embargo, en los parajes helados de la edad del hielo europea, terminaríamos
suplantándolos.
No hay ninguna evidencia fósil de que fueran menos inteligentes que nosotros.
Eso sí, eran mucho menos sociables y conversadores. Sus familias nucleares
serían muy unidas, pero sus "redes de apoyo" más allá de la familia
serían más bien débiles. Tenían mucho menos movilidad dentro del ambiente;
rasgo que a la postre les resultaría fatal, pues su vida sedentaria y aislada
les negaría los anticuerpos para resistir las enfermedades que contraerían al
entrar en contacto con nosotros. Por lo demás, cromañones y neandertales
tendrían muchos rasgos en común: cerebros grandes, postura erecta, infancia
larga, hábito de comer carne, posesión del fuego, capacidad para construir
herramientas y para hablar(2),
culto a los muertos, y hasta sensibilidad artística.
El volumen de cerebro de Neandertal iba de
No debe extrañarnos que especies humanas se extinguieran en proporción de por lo menos tres a una (tomando en cuenta al hombre de Java(3) y al hombre de Pekín), pues la extinción de especies es la regla, no la excepción, en el mundo biológico. Todo indica que esos hermanos nuestros no fueron aniquilados intencionalmente por nosotros. Más bien es probable que la misma naturaleza que los produjo se encargara de hundirlos más tarde, al fallar su genoma frente a los retos del medio ambiente(4). Lo cual contiene una lección profunda para nosotros: así como hemos emergido de la naturaleza, podemos disolvernos de nuevo en ella. Este hecho cruel pone de manifiesto que los seres vivos dependemos esencialmente de nuestro medio ambiente para la supervivencia. Un desbalance ecológico puede provocar nuestra propia extinción como especie. Siempre hemos sabido que somos, como individuos, mortales; es importante que hoy podamos aprender que somos también mortales como especie.
Las circunstancias del
destino de los neandertales (y otras especies humanas extintas), pone en
evidencia la ausencia de un gran designio, natural o sobrenatural, para la
creación del ser humano; subraya más bien que nuestra aparición y supervivencia
han sido solamente producto del azar. Fuimos más afortunados que nuestros
hermanos neandertales; ellos no se transformaron en nosotros. Fueron solamente
una de varias especies humanas paralelas. Y la realidad casual es que, aunque
por muchos miles de años compartimos
Toda la vida sobre
Como vemos, nuestra especie se inserta en el orden de los primates. La
aparición evolutiva de los primates se explicaría por la depredación visual.
Los mecanismos de la evolución habrían ofrecido un nicho a los mamíferos
insectívoros que se adaptaran mejor a la depredación en los árboles, con base
en una visión estereoscópica y capacidades de prensión. Esto representa una
revolución en la historia de los mamíferos, pues el alimento pasa a ser
adquirido por medio de caza fundada en la vista en vez del olfato, y gracias a
una gran movilidad por la capacidad de saltar de rama en rama(5). El gran tamaño del
cerebro de Homo sapiens (en promedio, 1400 cc) es aproximadamente el
doble respecto al del Homo habilis, una de las primeras especies del género Homo.
Este gran aumento de tamaño se dio en solo dos millones de años. Está asociado
con un proceso llamado neotenia, que es la retención de características
inmaduras más allá del nacimiento: el niño nace prematuramente y su cerebro
permanece en esa condición por mucho tiempo, hasta más allá del momento de la
madurez sexual.
Los chimpancés nacen con 65% de su capacidad cerebral
adulta; el australopiteco, el homínido predecesor de Homo que usaba ya
herramientas hace 3 millones de años, nacía con un 50%; los seres humanos
modernos recién nacidos, tienen solo un 25%, lo que resulta en un largo
período de imposibilidad de valerse por sí mismos. Las muchas conexiones
neurológicas de un cerebro en rápido crecimiento deben organizarse durante un
prolongado período de dependencia y de estimulación por los adultos; si esta
estimulación falta durante los primeros años de la vida, el cerebro humano
moderno permanece incompleto. El gran tamaño, complejidad y maduración lenta de
su cerebro, con conexiones neuronales que se agregan hasta por lo menos los
doce años de edad, significan una maravillosa oportunidad para la socialización
del ser humano dentro de una cultura cada vez más rica producto de una
evolución independiente de la biológica.
Se ha determinado, por comparación del ADN de los grandes monos africanos con el humano, que los respectivos linajes se separaron relativamente en un tiempo reciente: hace solo unos cinco millones de años. Las huellas fósiles de nuestro linaje separado comienzan con el género Australopithecus. Se han encontrado fósiles de este género en el este y sur de África, fechados en más de cuatro millones de años. Parece haberse extinguido hace alrededor de un millón y medio de años. Era un bípedo eficiente, indisputablemente homínido. Sus detalles anatómicos, incluido el tamaño del cerebro, eran suficientemente variados como para agruparlos en por lo menos cinco especies diferentes: Australopithecus anamensis, afarensis, africanus, robustus, y boisei. El volumen del cerebro de afarensis oscilaba entre 350 cc y 500 cc.
El primer ancestro nuestro digno del nombre
genérico de Homo evolucionó de alguna de esas especies, probablemente la
afarensis o la africanus, alrededor de hace dos millones
trescientos mil años. Construía ya instrumentos simples de piedra y era ya
totalmente bípedo. Tenía un cerebro más grande que el de sus predecesores
inmediatos
y que los grandes monos de hoy, entre 600 cc y 750 cc, pero bastante
más pequeño que el nuestro, de
La siguiente especie humana la constituye el Homo ergaster, homínido de
cerebro grande y dientes pequeños que emergió en África hace
por
lo menos 1,7 millones de años, posiblemente por transformación del Homo
rudolfensis. Su bóveda craneana es bastante más voluminosa que la de sus
predecesores. Es probablemente el primero en comenzar a explorar y ocupar el
resto del mundo y en domesticar el fuego. Presumiblemente, tendría ya un
dominio de la palabra bastante desarrollado. Se extendió por Europa, China e
Indonesia, hace unos 1,5 millones de años (primera diáspora humana), y allí
evolucionó hacia los llamados hombres de Neandertal, Pekín y Java,
respectivamente. En África misma permaneció también, y ahí sus restos fósiles
se identifican como Homo erectus, ergaster-erectus o ergaster
tardío, que se transformaría con el tiempo en nuestra especie Homo sapiens.
Así pues, podemos considerar que en una época relativamente cercana existieron
simultáneamente en el mundo cuatro distintas especies humanas, de todas las
cuales sólo sobreviviría como hombre moderno una variación de la especie
africana. (BARRETTE 99)
Con el Homo sapiens se llega a la formación de un cráneo y un cerebro de volúmenes idénticos a los del hombre actual. Al principio, su apariencia exterior sería todavía un poco simiesca; solamente a partir de hace unos cien mil años aparecerían cráneos que podríamos confundir con los nuestros. Fósiles de este hombre anatómicamente moderno, bautizado Homo sapiens sapiens, han sido descubiertos en África del Sur y en África Oriental, donde la geología volcánica ha permitido los descubrimientos más importantes en paleoantropología. Se supone que el tránsito evolutivo de ergaster-erectus a sus especies descendientes Homo neanderthalensis y Homo sapiens se habría completado hace aproximadamente 200 000 años, mientras que el tránsito de Homo sapiens al sapiens sapiens se consumaría inmediatamente antes de la gran diáspora de hace unos 100 000 años, segunda emigración masiva humana desde África que, esta vez, conquistaría todo el planeta. Para entonces todo indica que las especies asiáticas descendientes de ergaster (el hombre de Java y el hombre de Pekin) estarían ya completamente extinguidas en el Asia, por causas que desconocemos.
Aunque la apariencia física
del hombre no cambia mucho hasta nuestros días, su rápido avance cultural
resulta impresionante, desde su explosión hace unos 17 000 años cuando
decoraron magníficamente las cavernas del suroeste de Europa. Un poco más
tarde, hace unos 10 000 años, domesticó plantas y animales, lo que significó una revolución(a) cuya importancia puede difícilmente exagerarse. Con
ello comienza la primera explosión demográfica humana: los
cazadores-recolectores se reproducían muy lentamente, mientras que con la
agricultura, incluso primitiva, la población empezó a poder doblarse en cada
generación. No habría otro incremento comparable en el ritmo de reproducción
hasta el advenimiento de
Notas
Nota 1: Esta
coexistencia está ya concluyentemente demostrada. Los fósiles anatómicamente
modernos encontrados en la cueva de Qafzeh preceden a muchos del Homo
neanderthalensis, con una antigüedad de por lo menos 90 000 años, mientras
que los restos de la misma especie en la vecina caverna Kebara no tienen más
que 60 000 años.
Nota 2: Aunque
evidencia circunstancial sobre la estructura del tracto vocal de Neandertal
sugiere que sus habilidades lingüísticas podrían haber sido más limitadas que
las de Homo sapiens. (DEACON 97)
Curiosamente, esta circunstancia representa una regresión, pues incluso su
antecesor Homo ergaster-erectus parece haber tenido más capacidad para
el habla. La base del cráneo neandertal era más plana que la de erectus,
con lo que su laringe habría quedado más alta y permitido menos espacio de aire
sobre ella para una gama de sonidos más rica. (STRINGER 97) Hasta el momento no se ha
encontrado explicación satisfactoria para esta extraña involución.
Nota 3: Una variante primitiva y enana del hombre de Java acaba de ser
descubierta en Flores, pequeña isla de Indonesia, según lo ha reportado la
revista Nature en su edición de fines de octubre de 2004. Los restos
encontrados, un esqueleto casi completo de una mujer de unos 30 años y
fragmentos de otros siete individuos, con una antigüedad de 18 000 años,
muestran que tenían alrededor de un metro de altura (menor que la de los
pigmeos actuales de África) y un cerebro de solo un tercio del tamaño del
nuestro. Su diminutez indica que los seres humanos están sujetos a las mismas
presiones ecológicas que afectan a otros animales en regiones genéticamente
aisladas y con recursos limitados. Era sabido que Homo erectus había
vivido en la cercana isla de Java desde alrededor de 1 600 000 años atrás; es
verosímil que desde ahí haya emigrado a Flores hace unos 900 000 años, todavía
con muy poco desarrollo intelectual. En su nuevo limitado ambiente, en cada
generación habría ampliado algo su capacidad cerebral y simultáneamente
reducido su tamaño total, transformándose en una especie diferente, a la vez
primitiva y enana, que a partir de ahora se conocerá como Homo floresiensis. Al llegar Homo sapiens a la isla,
hace unos 11 000 años, no coexistiría con ella pues estaría extinguida desde
dos mil años atrás. Estos primos del hombre de Neandertal conocían ya el fuego,
fabricaban herramientas y, dado que cazaban en grupo elefantes (también
enanos), es presumible que hayan poseído lenguaje y una organización social
elemental. (BROWN 04) (MORWOOD 04) Nota de octubre 2004
Nota 4: Los neandertales vivían
desparramados en poblaciones pequeñas y estuvieron muy probablemente aislados
de otras poblaciones humanas por al menos unos cien mil años. Bajo estas
circunstancias, el genoma neandertal habría quedado amenazado de muerte desde
el momento mismo en que entraron en contacto con los cromañones, igual que ocurriría
mucho más tarde con los aborígenes americanos a la llegada de los españoles a
América. En ambos casos, no fue la superioridad mental o técnica del invasor,
sino la distinta historia demográfica de las dos poblaciones, el factor
determinante. Tanto los conquistadores españoles como los cromañones tenían una
historia de intensa relación con poblaciones diversas en el Mediterráneo, y por
lo tanto habían desarrollado inmunidad para muchas enfermedades que ellos
mismos portaban, contra las cuales sus contrapartes carecían de protección.
Nota 5: Es
interesante señalar que esta invención primate, que combina visión
estereoscópica con adaptación a vertiginosos cambios de imágenes en ambos
márgenes del campo visual durante los saltos de rama a rama, iba a resultar de
una inmensa conveniencia para Homo sapiens en las grandes autopistas
construidas en el siglo XX.
Reconocimiento de fotografías
Homo
neanderthalensis: David Brill, Israel Antiquities Authority;
Rodkefeller Museum. (BARRETTE 99)
Australopithecus
afarensis: Discover, The World of Science,
nov. 1993. (BARRETTE 99)
Homo
habilis: David Brill,
Homo
rudolfensis: National Museums of
Homo
ergaster: National Museums of
Homo floresiensis:
P. Brown. (BROWN 04)
Referencias
Nota a: Revolución agrícola en mi El libro, ¿especie en vías de extinción?
Copyright © 1999 Claudio Gutiérrez