El linaje humano

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¿Sabía usted que la especie Homo sapiens sapiens, a la que pertenecemos, coexistió durante muchos milenios con otra especie humana en las costas del Mediterráneo?

Nuestro hermano Neandertal

Esa otra especie, que pobló Europa antes que nosotros, fue el hombre de Neandertal. Por algún tiempo se creyó que eran antecesores de nosotros (así me lo enseñaron en la escuela secundaria en los años cuarenta). Sin embargo, hoy está demostrado que no fue así. La forma de los cráneos, las medidas de los huesos de las extremidades y el fechado de los hallazgos fósiles indican que los europeos no evolucionaron a partir de los neandertales sino de la población que los remplazó, el llamado hombre de Cromañón, ya Homo sapiens sapiens en todas sus características. Existen recientes análisis de ADN obtenido del primer fósil neandertal que parecen confirmar de manera concluyente esta tesis. Un grupo de investigadores dirigido por el profesor de zoología de la Universidad de Munich Svante Paabo afirma haber extraído y clonado ese ADN que, comparado con el nuestro, resultó ser marcadamente diferente y no corresponder en absoluto al de una especie que hubiere precedido al Homo sapiens. Estos datos también parecen indicar que la línea de separación entre los dos linajes se sitúa alrededor de 600 000 años atrás. (PAABO 97)

El hombre de Neandertal –llamado así porque sus primeros cráneos fueron encontrados en el Valle de Neander, Alemania– ocupó partes de Europa y Cercano Oriente desde unos 200 000 años atrás hasta 30 000 años antes del presente. Habría sido el descendiente directo de una variante de Homo erectus llamada comúnmente Homo heidelbergensis que comenzó a existir al norte del Sahara hace alrededor de 400 000 años. Por ese tiempo vino una ruptura evolutiva causada por la creciente barrera geográfica que representaba el desierto. La población al norte del Sahara evolucionó para llegar a ser Homo neanderthalensis, mientras que la del sur llegó a convertirse en Homo sapiens y posteriormente en el hombre moderno (Homo sapiens sapiens). (BEAUMONT 78)

Neandertal habitó desde Gales hasta Gibraltar y desde cerca de Moscú hasta Uzbekistan. Además, fósiles encontrados en Kebara, Qafzeh y Skhul demuestran que Homo neanderthalensis coexistió con Homo sapiens sapiens en Cercano Oriente por largo tiempo, hace entre 90 mil y 40 mil años. Esta evidencia es devastadora para la teoría en boga hasta hace poco tiempo que consideraba a los neandertales como antecesores nuestros(1).

Intentemos una semblanza de estos "hermanos" nuestros, comparándolos con nosotros. Tenían un cerebro de tamaño superior al del hombre moderno, para cuerpos más pequeños, de donde concluimos que su capacidad intelectual fuera igual, si no superior, a la nuestra. De cuerpo sólido, con huesos gruesos, estaban completamente adaptados al frío, a diferencia de nosotros, recientes emigrantes del África; sin embargo, en los parajes helados de la edad del hielo europea, terminaríamos suplantándolos.

No hay ninguna evidencia fósil de que fueran menos inteligentes que nosotros. Eso sí, eran mucho menos sociables y conversadores. Sus familias nucleares serían muy unidas, pero sus "redes de apoyo" más allá de la familia serían más bien débiles. Tenían mucho menos movilidad dentro del ambiente; rasgo que a la postre les resultaría fatal, pues su vida sedentaria y aislada les negaría los anticuerpos para resistir las enfermedades que contraerían al entrar en contacto con nosotros. Por lo demás, cromañones y neandertales tendrían muchos rasgos en común: cerebros grandes, postura erecta, infancia larga, hábito de comer carne, posesión del fuego, capacidad para construir herramientas y para hablar(2), culto a los muertos, y hasta sensibilidad artística.

El volumen de cerebro de Neandertal iba de 1200 a 1750 ml. Los modernos humanos mostramos un rango similar, aunque con menor tamaño promedio. El cerebro neandertal era asimétrico –ligeramente más grande a la derecha frontal y a la izquierda trasera– indicando que su poseedor era diestro –más hábil con la mano derecha–, al igual que Homo sapiens y Homo erectus. Era un cerebro chato en la cima y reducido en la frente, abultado en los lados y atrás. Algunos investigadores concluyen de estos datos que nuestro hermano tenía capacidad visual mayor (por su lóbulo occipital amplio) y menores dotes para el planeamiento (por su lóbulo frontal reducido) que nosotros. Según esto, habría sido mejor observador que estratega, más eficaz en reacciones inmediatas que en acciones de largo plazo. Los investigadores se inclinan a pensar que era un trabajador empeñoso pero con poca inclinación por la exploración y prácticamente ninguna afinidad por el comercio. Resulta revelador que nunca construyera embarcaciones. Neanderthalensis y Homo sapiens compartieron un mismo nivel de desarrollo tecnológico, siendo incluso posible que se dieran entre ellos transferencias culturales durante el período de coexistencia en el mismo territorio. (STRINGER 97) En cambio, tratándose de especies diferentes, no habrían podido tener intercambios genéticos (sus relaciones sexuales, si las hubiere habido, habrían resultado estériles).

Extinción y supervivencia humanas

No debe extrañarnos que especies humanas se extinguieran en proporción de por lo menos tres a una (tomando en cuenta al hombre de Java(3) y al hombre de Pekín), pues la extinción de especies es la regla, no la excepción, en el mundo biológico. Todo indica que esos hermanos nuestros no fueron aniquilados intencionalmente por nosotros. Más bien es probable que la misma naturaleza que los produjo se encargara de hundirlos más tarde, al fallar su genoma frente a los retos del medio ambiente(4). Lo cual contiene una lección profunda para nosotros: así como hemos emergido de la naturaleza, podemos disolvernos de nuevo en ella. Este hecho cruel pone de manifiesto que los seres vivos dependemos esencialmente de nuestro medio ambiente para la supervivencia. Un desbalance ecológico puede provocar nuestra propia extinción como especie. Siempre hemos sabido que somos, como individuos, mortales; es importante que hoy podamos aprender que somos también mortales como especie.

Las circunstancias del destino de los neandertales (y otras especies humanas extintas), pone en evidencia la ausencia de un gran designio, natural o sobrenatural, para la creación del ser humano; subraya más bien que nuestra aparición y supervivencia han sido solamente producto del azar. Fuimos más afortunados que nuestros hermanos neandertales; ellos no se transformaron en nosotros. Fueron solamente una de varias especies humanas paralelas. Y la realidad casual es que, aunque por muchos miles de años compartimos la Tierra con ellos, nosotros todavía existimos, y ellos se han extinguido. La evidencia genética que proveen las técnicas de análisis comparativo del ADN de poblaciones sugiere que también nosotros estuvimos cerca de extinguirnos hace alrededor de 100.000 años. Salimos ilesos de esa crisis, y fue tal vez su impacto lo que impulsó nuestro lanzamiento hacia la humanidad moderna y la descomunal aventura de poblar la Tierra de nuevo con seres racionales y parlantes que compensaron con creces la extinción de varias especies hermanas.

Nuestros precursores

Toda la vida sobre la Tierra surgió de una sola célula original. Sin embargo, la larga evolución de la vida ha creado un inmenso árbol genealógico que nos obliga a ubicar al Homo sapiens sapiens dentro de un gran sistema clasificatorio. Es un animal (reino) cordado (filum) vertebrado (subfilum) mamífero (clase) placentario (subclase) primate (orden); esto último significa que está dotado de extremidades de cinco dedos, clavículas y un solo par de glándulas mamarias, en el pecho; es también un antropoide (suborden) por cuanto sus ojos están al frente de la cabeza, tiene visión estereoscópica y un cerebro proporcionalmente grande; y un homínido (familia), por su característica posición erecta y bipedismo, así como por tener dedos pulgares oponibles que le dan la posibilidad de confeccionar herramientas. Dentro de la familia todavía nos identificamos con más propiedad por el género Homo y la especie sapiensque nos dotan de aún más características propias. La especie con todas sus características modernas se identifica como Homo sapiens sapiens, que corresponde al ser humano que conocemos directamente e incluye a todas las poblaciones dotadas de capacidad de palabra existentes hoy sobre el planeta.

Como vemos, nuestra especie se inserta en el orden de los primates. La aparición evolutiva de los primates se explicaría por la depredación visual. Los mecanismos de la evolución habrían ofrecido un nicho a los mamíferos insectívoros que se adaptaran mejor a la depredación en los árboles, con base en una visión estereoscópica y capacidades de prensión. Esto representa una revolución en la historia de los mamíferos, pues el alimento pasa a ser adquirido por medio de caza fundada en la vista en vez del olfato, y gracias a una gran movilidad por la capacidad de saltar de rama en rama(5). El gran tamaño del cerebro de Homo sapiens (en promedio, 1400 cc) es aproximadamente el doble respecto al del Homo habilis, una de las primeras especies del género Homo. Este gran aumento de tamaño se dio en solo dos millones de años. Está asociado con un proceso llamado neotenia, que es la retención de características inmaduras más allá del nacimiento: el niño nace prematuramente y su cerebro permanece en esa condición por mucho tiempo, hasta más allá del momento de la madurez sexual. Los chimpancés nacen con 65% de su capacidad cerebral adulta; el australopiteco, el homínido predecesor de Homo que usaba ya herramientas hace 3 millones de años, nacía con un 50%; los seres humanos modernos recién nacidos, tienen solo un 25%, lo que resulta en un largo período de imposibilidad de valerse por sí mismos. Las muchas conexiones neurológicas de un cerebro en rápido crecimiento deben organizarse durante un prolongado período de dependencia y de estimulación por los adultos; si esta estimulación falta durante los primeros años de la vida, el cerebro humano moderno permanece incompleto. El gran tamaño, complejidad y maduración lenta de su cerebro, con conexiones neuronales que se agregan hasta por lo menos los doce años de edad, significan una maravillosa oportunidad para la socialización del ser humano dentro de una cultura cada vez más rica producto de una evolución independiente de la biológica.

Nuestros antepasados directos

El género Australopithecus

Se ha determinado, por comparación del ADN de los grandes monos africanos con el humano, que los respectivos linajes se separaron relativamente en un tiempo reciente: hace solo unos cinco millones de años. Las huellas fósiles de nuestro linaje separado comienzan con el género Australopithecus. Se han encontrado fósiles de este género en el este y sur de África, fechados en más de cuatro millones de años. Parece haberse extinguido hace alrededor de un millón y medio de años. Era un bípedo eficiente, indisputablemente homínido. Sus detalles anatómicos, incluido el tamaño del cerebro, eran suficientemente variados como para agruparlos en por lo menos cinco especies diferentes: Australopithecus anamensis, afarensis, africanus, robustus, y boisei. El volumen del cerebro de afarensis oscilaba entre 350 cc y 500 cc.

El género Homo

El primer ancestro nuestro digno del nombre genérico de Homo evolucionó de alguna de esas especies, probablemente la afarensis o la africanus, alrededor de hace dos millones trescientos mil años. Construía ya instrumentos simples de piedra y era ya totalmente bípedo. Tenía un cerebro más grande que el de sus predecesores inmediatos y que los grandes monos de hoy, entre 600 cc y 750 cc, pero bastante más pequeño que el nuestro, de 1200 cc a 1600 cc. Algunos de esos restos, encontrados en Tanzania y Kenia en África Oriental, se han puesto en la categoría de Homo habilis. Variaciones de éstps, pertenecientes probablemente a nuestros antepasados directos, se categorizan como Homo rudolfensis por haberse encontrado cerca del lago Turkana, antiguamente llamado Rudolf. Todos ellos constituyen los primeros fósiles claramente humanos. A diferencia de sus antepasados Australopithecus, que eran herbívoros, estos Homo comían ya carne, lo que contribuía la energía necesaria para el mantenimiento de cerebros más grandes.

La siguiente especie humana la constituye el Homo ergaster, homínido de cerebro grande y dientes pequeños que emergió en África hace por lo menos 1,7 millones de años, posiblemente por transformación del Homo rudolfensis. Su bóveda craneana es bastante más voluminosa que la de sus predecesores. Es probablemente el primero en comenzar a explorar y ocupar el resto del mundo y en domesticar el fuego. Presumiblemente, tendría ya un dominio de la palabra bastante desarrollado. Se extendió por Europa, China e Indonesia, hace unos 1,5 millones de años (primera diáspora humana), y allí evolucionó hacia los llamados hombres de Neandertal, Pekín y Java, respectivamente. En África misma permaneció también, y ahí sus restos fósiles se identifican como Homo erectus, ergaster-erectus o ergaster tardío, que se transformaría con el tiempo en nuestra especie Homo sapiens. Así pues, podemos considerar que en una época relativamente cercana existieron simultáneamente en el mundo cuatro distintas especies humanas, de todas las cuales sólo sobreviviría como hombre moderno una variación de la especie africana. (BARRETTE 99)

Con el Homo sapiens se llega a la formación de un cráneo y un cerebro de volúmenes idénticos a los del hombre actual. Al principio, su apariencia exterior sería todavía un poco simiesca; solamente a partir de hace unos cien mil años aparecerían cráneos que podríamos confundir con los nuestros. Fósiles de este hombre anatómicamente moderno, bautizado Homo sapiens sapiens, han sido descubiertos en África del Sur y en África Oriental, donde la geología volcánica ha permitido los descubrimientos más importantes en paleoantropología. Se supone que el tránsito evolutivo de ergaster-erectus a sus especies descendientes Homo neanderthalensis y Homo sapiens se habría completado hace aproximadamente 200 000 años, mientras que el tránsito de Homo sapiens al sapiens sapiens se consumaría inmediatamente antes de la gran diáspora de hace unos 100 000 años, segunda emigración masiva humana desde África que, esta vez, conquistaría todo el planeta. Para entonces todo indica que las especies asiáticas descendientes de ergaster (el hombre de Java y el hombre de Pekin) estarían ya completamente extinguidas en el Asia, por causas que desconocemos.

Aunque la apariencia física del hombre no cambia mucho hasta nuestros días, su rápido avance cultural resulta impresionante, desde su explosión hace unos 17 000 años cuando decoraron magníficamente las cavernas del suroeste de Europa. Un poco más tarde, hace unos 10 000 años, domesticó plantas y animales, lo que significó una revolución(a) cuya importancia puede difícilmente exagerarse. Con ello comienza la primera explosión demográfica humana: los cazadores-recolectores se reproducían muy lentamente, mientras que con la agricultura, incluso primitiva, la población empezó a poder doblarse en cada generación. No habría otro incremento comparable en el ritmo de reproducción hasta el advenimiento de la Revolución Industrial ocurrida en Europa a partir del siglo XVIII.

Notas

 

Nota 1: Esta coexistencia está ya concluyentemente demostrada. Los fósiles anatómicamente modernos encontrados en la cueva de Qafzeh preceden a muchos del Homo neanderthalensis, con una antigüedad de por lo menos 90 000 años, mientras que los restos de la misma especie en la vecina caverna Kebara no tienen más que 60 000 años.

Nota 2: Aunque evidencia circunstancial sobre la estructura del tracto vocal de Neandertal sugiere que sus habilidades lingüísticas podrían haber sido más limitadas que las de Homo sapiens. (DEACON 97) Curiosamente, esta circunstancia representa una regresión, pues incluso su antecesor Homo ergaster-erectus parece haber tenido más capacidad para el habla. La base del cráneo neandertal era más plana que la de erectus, con lo que su laringe habría quedado más alta y permitido menos espacio de aire sobre ella para una gama de sonidos más rica. (STRINGER 97) Hasta el momento no se ha encontrado explicación satisfactoria para esta extraña involución.

Nota 3: Una variante primitiva y enana del hombre de Java acaba de ser descubierta en Flores, pequeña isla de Indonesia, según lo ha reportado la revista Nature en su edición de fines de octubre de 2004. Los restos encontrados, un esqueleto casi completo de una mujer de unos 30 años y fragmentos de otros siete individuos, con una antigüedad de 18 000 años, muestran que tenían alrededor de un metro de altura (menor que la de los pigmeos actuales de África) y un cerebro de solo un tercio del tamaño del nuestro. Su diminutez indica que los seres humanos están sujetos a las mismas presiones ecológicas que afectan a otros animales en regiones genéticamente aisladas y con recursos limitados. Era sabido que Homo erectus había vivido en la cercana isla de Java desde alrededor de 1 600 000 años atrás; es verosímil que desde ahí haya emigrado a Flores hace unos 900 000 años, todavía con muy poco desarrollo intelectual. En su nuevo limitado ambiente, en cada generación habría ampliado algo su capacidad cerebral y simultáneamente reducido su tamaño total, transformándose en una especie diferente, a la vez primitiva y enana, que a partir de ahora se conocerá como Homo floresiensis. Al llegar Homo sapiens a la isla, hace unos 11 000 años, no coexistiría con ella pues estaría extinguida desde dos mil años atrás. Estos primos del hombre de Neandertal conocían ya el fuego, fabricaban herramientas y, dado que cazaban en grupo elefantes (también enanos), es presumible que hayan poseído lenguaje y una organización social elemental. (BROWN 04) (MORWOOD 04) Nota de octubre 2004

Nota 4: Los neandertales vivían desparramados en poblaciones pequeñas y estuvieron muy probablemente aislados de otras poblaciones humanas por al menos unos cien mil años. Bajo estas circunstancias, el genoma neandertal habría quedado amenazado de muerte desde el momento mismo en que entraron en contacto con los cromañones, igual que ocurriría mucho más tarde con los aborígenes americanos a la llegada de los españoles a América. En ambos casos, no fue la superioridad mental o técnica del invasor, sino la distinta historia demográfica de las dos poblaciones, el factor determinante. Tanto los conquistadores españoles como los cromañones tenían una historia de intensa relación con poblaciones diversas en el Mediterráneo, y por lo tanto habían desarrollado inmunidad para muchas enfermedades que ellos mismos portaban, contra las cuales sus contrapartes carecían de protección.

Nota 5: Es interesante señalar que esta invención primate, que combina visión estereoscópica con adaptación a vertiginosos cambios de imágenes en ambos márgenes del campo visual durante los saltos de rama a rama, iba a resultar de una inmensa conveniencia para Homo sapiens en las grandes autopistas construidas en el siglo XX.

Reconocimiento de fotografías


Homo neanderthalensis: David Brill, Israel Antiquities Authority; Rodkefeller Museum.
(BARRETTE 99)

Australopithecus afarensis: Discover, The World of Science, nov. 1993. (BARRETTE 99)

Homo habilis: David Brill, National Museums of Kenya. (BARRETTE 99)

Homo rudolfensis: National Museums of Kenya. (BARRETTE 99)

Homo ergaster: National Museums of Kenya. (BARRETTE 99)

Homo floresiensis: P. Brown. (BROWN 04)

Referencias


Nota a: Revolución agrícola en mi El libro, ¿especie en vías de extinción?

Copyright © 1999 Claudio Gutiérrez