Nuestro pariente pobre

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¿Sabía usted que el material genético del ser humano coincide en un 95% con el material genético del chimpancé?(1)

Lo más mío no es solo mío

¿Qué son los genes? Son las unidades del material genético las cuales son propias de cada especie y se transmiten de generación en generación. Además, constituyen el plano o programa de construcción que da origen al característico tipo de organismo. Por los mensajes que emiten constantemente, dirigidos a la maquinaria celular, determinan qué somos y cómo somos en cada instante de nuestra vida. Están alojados en el núcleo de cada una de las células bajo la forma de ácido dexoribonucleico (ADN). Usted está familiarizado con seguridad con esto, porque se usa para decidir juicios de paternidad, o como prueba para identificar al autor de un crimen. También fue el ADN lo que sirvió para clonar a la ovejita Dolly ...y hasta para resucitar dinosaurios (en la película Jurasic Park).

Pues así es: solo un porcentaje muy pequeño de nuestro material genético nos diferencia del chimpancé. Increíble, ¿verdad? Y sin embargo, eso es lo que han comprobado en los últimos años los investigadores trabajando con el mismo material que usan los jueces para obligar a un padre a reconocer a su hijo. Lo cual quiere decir que el chimpancé no es ni más ni menos que nuestro pariente, nuestro primo más cercano, dentro de la gran familia de las especies hoy vivientes.

Nuestra sorpresa ante esta repentina revelación puede reducirse un poco si tomamos en cuenta el hallazgo comentado en el ensayo precedente(a), a saber, que la corteza cerebral está formada por los mismos componentes en el hombre, el chimpancé y todos los demás mamíferos. De acuerdo con esto, lo que más puede contribuir a explicar diferencias genéticas no es una diferencia cualitativa directa, puesto que los dos tipos de cerebro están construidos con los mismos componentes. Lo que entonces debe ser aclarado es sobre todo que nuestra corteza cerebral sea considerablemente más grande que la del chimpancé. Esto no debiera ser tan difícil de explicar pues algún cambio en las circunstancias del desarrollo embrionario pudo contribuir a que el crecimiento del cerebro continuara o no más allá de cierto límite. Por lo demás, diferencias considerables en un producto terminado pueden no ser tan grandes si en lo que nos fijamos es solo en la cantidad de instrucciones (como el número de genes) necesarias para "encargarlas"(2). Podemos necesitar más "legos", pero básicamente de las mismas clases. Sería como preparar dos órdenes de compra, una de "legos" para un cerebro de chimp y otra de lo mismo para un cerebro humano. Podríamos usar incluso formularios iguales, hasta con el mismo número de letras, si la única diferencia estuviera en las cifras para expresar las cantidades en los correspondientes formularios. En la práctica como se puede imaginar la genérica molecular no es tan ridículamente simple, pero se aplica el mismo principio.

Herencia y desarrollo

Naturalmente, un pequeño porcentaje de genes diferentes tiene su importancia. Pero debemos tomar en cuenta que el organismo adulto es resultado de algo más que pura genética: además de génesis hay epigénesis (lo que va encima de la genética). Y no me refiero al aprendizaje, que nunca podría explicar por qué somos distintos de los chimpancés; basta para ello considerar los fracasos tenidos por diversos maestros-psicólogos que han querido enseñar lenguaje simbólico a estos simios. (GARDNER 89) Es que entre herencia y aprendizaje, hay un tercer término de gran trascendencia: las incidencias del desarrollo, las circunstancias con que tropieza el organismo emergente, y cada una de sus partes en relación con sus vecinas, comenzando en el mismo vientre materno. Es una cuestión tan importante que últimamente se ha creado toda una ciencia independiente para estudiarla, la topobiología.

La herencia es como el plano de un edificio; la educación o aprendizaje corresponde a su acondicionamiento final; pero entre estos dos estadios está el proceso mismo de construcción, con todas las incidencias que se van presentando en el camino. Esto es lo que llamamos desarrollo: multitud de decisiones de detalle que solo ocurren en el momento de construir, porque es muy difícil prever por adelantado todas las circunstancias posibles. Es lo que agrega el maestro de obras a la labor del ingeniero; el orden en que se colocan las piezas, por ejemplo, puede afectar el resultado final. Pero en el caso de un edificio las interacciones entre las piezas durante la construcción son relativamente pocas, dado que su número es relativamente reducido. En el caso del desarrollo biológico, en cambio, las interacciones que se producen por razón del crecimiento se cuentan por miles de millones, dado el inmenso número de los componentes básicos. Además, para decir verdad, un plano biológico no es completamente comparable a un plano de ingeniero: el plano biológico, el genoma, no dice donde va cada pieza. Eso lo pone el proceso de desarrollo. Es como si en vez de haber contratado a un ingeniero para nuestra construcción hubiéramos llamado directamente al maestro de obras y le hubiéramos impartido solo unas pocas instrucciones, dejando que las circunstancias de construcción se encargasen del resto. La casa en que vivo, por ejemplo, fue construida así.

Digamos por caso que una neurona de la corteza cerebral comienza a desarrollarse; pero ello sucede al mismo tiempo que todas las otras neuronas están haciendo lo mismo. Es como salir a pasear en un lugar donde hay mucha gente, por ejemplo a un centro comercial muy concurrido: nunca sabemos con quién nos vamos a encontrar. ¿Con cuáles neuronas se conectará cada una de mis neuronas en crecimiento? Eso no está escrito en los genes, simplemente ocurre. Cada neurona se conecta en promedio con diez mil otras. No puede hacerlo siguiendo un programa, que no existe puesto que no existen suficientes genes donde escribirlo. Simplemente sucede porque cada neurona crece en el mismo ámbito en que crecen las otras, con ramas en todas direcciones. No está programado el encuentro entre neuronas, pero las circunstancias lo hacen inevitable.

El desarrollo o epigénesis es así independiente y posterior a la herencia. Pero en cambio puede ser anterior o simultáneo e interdependiente con el aprendizaje. El aprendizaje humano más importante ocurre mientras el cerebro se está aún construyendo, ya que el desarrollo de la corteza se prolonga por toda la niñez y hasta bastante entrada la adolescencia.

Esta explicación vierte también luz sobre esta otra gran pregunta de carácter más general: ¿cómo es posible que un organismo se construya una y otra vez, en innumerable cantidad de ejemplares, a partir de un escaso número de instrucciones genéticas? La respuesta está dada por la forma en que el organismo se va formando, en condiciones concretas de espacio y de tiempo, durante el curso del desarrollo embrionario, pero también más allá del nacimiento.

En el caso particular del cerebro humano, su desarrollo se prolonga por mucho tiempo más allá del nacimiento. Su peso aumenta según un factor de cinco hasta la edad adulta. La gran mayoría de sus conexiones se forman después de que el niño ha visto la luz. Y esa proliferación de conexiones posnatal permite una "contaminación" progresiva del tejido cerebral por el ambiente físico y social del niño.

La ventaja de ser prematuro

El antepasado común a nosotros y al chimpancé vivió hace solo cinco millones de años, un tiempo corto en la escala de la evolución. Curiosamente, el mayor desarrollo de nuestro cerebro frente a nuestros antepasados no humanos, ocurre gracias a un retroceso en la evolución que nos hace nacer prematuros, con los huesos del cráneo aún suaves y todavía no clausurados. Los antropólogos están de acuerdo en que esa inmadurez está ligada a la decisión(3) de nuestros antepasados de descender de los árboles y preferir andar sobre sus pies a otras formas de locomoción. La posición erecta tiene, en efecto, efectos contraproducentes en relación con el parto: produce un estrechamiento de la abertura pélvica, que hace imposible un nacimiento "de tiempo", con los huesos del cráneo ya cerrados y duros. Solo es posible un nacimiento inmaduro, en que la cabeza pueda ceder durante su paso por el estrecho canal.

Otra curiosidad de nuestra diferencia con el chimp es que su cerebro está perfectamente adecuado para las funciones de su especie; sus neuronas están todas comprometidas con las funciones esenciales de la sensibilidad y el movimiento. Lo mismo habrá pasado con nuestro antepasado común. Las tres cuartas partes que nos ganamos de materia gris están, desde ese punto de vista, de sobra. Lo cual no quiere decir, como personas mal informadas suelen alegar, que haya partes de nuestro cerebro ociosas o sin colonizar. Lo que sí quiere decir es que nuestra especie puede dedicar la mayor parte de su corteza para funciones de carácter simbólico que el cerebro del mono no cubre, como lenguaje, análisis de lo que percibimos, y elaboración cuidadosa de planes de acción. Esa materia gris extra nos da además base para desarrollar el sentido moral propio de nuestra especie (como también para inventar la pólvora y explotar bombas atómicas sobre nuestros semejantes). Lo que me recuerda un lindo poema de la poeta polaca Wislawa Szymborska, premio Nobel de literatura de 1996, dedicado al mono:

Sin embargo, aunque los monos no tengan pólvora, la tasa de "homicidios" entre ellos, según los antropólogos, es por lo menos igual a la de la ciudad de Los Ángeles, California.

Notas

Nota 1: La coincidencia del ADN humano con el del chimpancé se ha determinado, más recientemente, ser de todo un 98,7%, que si contamos exclusivamente los genes (excluyendo la parte de ADN no codificante) se eleva todavía a un altísimo 99,2%. Sin embargo, ello no quiere decir que el número de genes coincidentes entre las dos especies sea de ese porcentaje ya que un gen puede diferir de otro hasta por una sola de sus bases. (PINKER 00) En todo caso, resulta difícil explicar las grandes diferencias cognoscitivas entre las dos especies solo por diferencias de un número limitado de genes (ver nota 2 del ensayo anterior). Nota de julio 2002.

Nota 2: De hecho, según nuevo descubrimiento(b), lo que parece haber sucedido es que fue eliminada una instrucción, a saber la que determinaba la producción de una proteína que daba gran fuerza a los músculos mandibulares en los precursores de nuestra especie. Esos músculos son todavía así de fuertes en el gorila, por lo que requieren una cresta ósea para amarrarse encima de la cabeza. Este anclaje muscular, si bien garantizaba mejores mandíbulas, constituía un obstáculo insalvable para un crecimiento mayor del cerebro. Suprimido el obstáculo, el cerebro pudo continuar creciendo más allá de sus límites anteriores. Nota de 2004

Nota 3: Por supuesto, no se trata de una decisión propiamente dicha sino de un efecto del algoritmo de evolución por selección natural(c).


Referencias

Nota a: Rompecabezas cortical en este bloque.

Nota b: El desbordamiento del cerebro humano, nota 1, en bloque b de la cuarta colección.

Nota c: La selección natural en Trinidad contemporánea del bloque a de esta colección.

Copyright © 1999 Claudio Gutiérrez