¿Sabía usted
que nuestra corteza cerebral, esa suave materia rosada que recubre el cerebro y
con la cual pensamos, está construida exactamente con las mismas piezas con que
están hechas las cortezas cerebrales de todos los otros mamíferos?
La
corteza cerebral humana tiene un grueso promedio de unos tres milímetros, igual
para todos los mamíferos, y su extensión en el hombre, si pudiéramos
aplancharla, es apenas un poco más grande que un pañuelo de hombre. Está
dividida en dos partes, una en cada lado de la cabeza. Naturalmente, debe
arrugarse para caber dentro del cráneo, pero ello ofrece la ventaja de acercar
entre sí a neuronas de diferentes áreas.
Todo
ocurre como si el cerebro de un chimpancé, pero también el de una vaca, un
gato, un león, una ballena, o un ser humano hubieran sido construidos usando un
mismo catálogo de piezas. Increíble, ¿no es cierto? Y sin embargo, esa es la
conclusión a que han llegado en los últimos años los investigadores que
estudian el cerebro. Por ejemplo Jean-Pierre Changeux, del Instituto Pasteur,
escribe que "las redes de neuronas corticales parecen construidas no solo
a partir de un mismo catálogo de 'Meccano' sino también del mismo número de
ellas en cualquiera de las áreas de la corteza". (CHANGEUX 83)
Cuando decimos "mamíferos" pensamos
directamente en la vaca, tal vez porque tiene unas mamas tan grandes. Es un
animal inteligente, puede aprender a halar una cuerda para obtener su comida,
por ejemplo. Pero desde luego no es tan inteligente como nosotros. Su cerebro
es más pequeño, pero prácticamente todos sus componentes son iguales a los del
nuestro. Todos hemos comido alguna vez sesos, que no son ni más ni menos que
cerebro de vaca. No hay mayor diferencia cualitativa entre los componentes de
ese cerebro y los componentes del cerebro humano.
Vayamos ahora pieza por pieza. En primer lugar están las neuronas; son las células nerviosas, tan pequeñas que caben como 60 000 en un milímetro cúbico de corteza. Las hay de distintas clases, con nombres diversos que no hay necesidad de mencionar aquí. Pues bien, todas esas clases de neuronas que encontramos en nuestro cerebro las encontramos también en el cerebro de cualquier miembro de la clase zoológica de los mamíferos. Contrariamente a lo que esperaban los primeros citólogos (así llamamos a las personas que estudian las células), por ejemplo el famoso científico español Ramón y Cajal, hasta la fecha no se ha podido encontrar ningún tipo de neurona propio en exclusividad de la corteza humana.
Las
células nerviosas o neuronas tienen como función esencial la comunicación. Son
como los hilos de un teléfono, o mejor aun como las conexiones internas de una
computadora. Esa comunicación la realizan en parte con electricidad, a lo largo
de sus dos clases de terminaciones, las de entrada, llamadas dendritas,
y la de salida, llamada axón; y en parte por el envío de sustancias
químicas a través del espacio interneuronal que se llama sinapsis.
Los
impulsos eléctricos que circulan en nuestro sistema nervioso son de igual
naturaleza en todas las neuronas. Se producen de forma intermitente, a manera
de espasmos, cada vez que el grado de excitación de la neurona alcanza un
cierto nivel. La excitación de la neurona se produce por influencia de otras
neuronas cuyas terminaciones están suficientemente cercanas a los aparatos
receptores de la neurona en cuestión. Una vez que la neurona se dispara,
transmitiendo su estado de excitación hacia otras neuronas con las que está en
proximidad, entra inmediatamente en una especie de letargo, período llamado
latencia, durante el cual reconstituye sus capacidades eléctricas. Ese
descanso dura un período muy corto y enseguida la neurona está lista para
dispararse de nuevo. Más detalles sobre las neuronas pueden consultarse el apéndice respectivo(a).
Es
interesante subrayar que la función de las neuronas es básicamente la misma en
todas partes del cerebro, y en realidad en todo el sistema nervioso. Lo que
trasmite una neurona del nervio óptico, por ejemplo, no es nada distinto de lo
que transmite una neurona del nervio auditivo; en ambos casos transmite
simplemente su estado de excitación. Es como si cada neurona del organismo no
tuviera más que un mensaje que dar a sus colegas, a saber: ¡Caramba, qué
excitada estoy! Las diferencias cualitativas resultantes, lo que
sentimos como imagen visual o sonido, por ejemplo, son resultado de la
interacción de muchísimas neuronas en toda la inmensa configuración de la red
cerebral.
Esto puede parecer extraño porque lo que sentimos como resultado de uno u otro sentido, digamos la vista y el oído, nos parece muy diferente. Pero nada en la neurona difiere por estar situada en un circuito o en otro, toda la distinción de cualidad es creada en nuestra conciencia por la manera en que las neuronas están interconectadas, no por su naturaleza intrínseca. Dentro de cada uno de sus tipos (de los que hay muy pocos), son todas intercambiables entre sí. Esto es tan así que el mismo reputado neurólogo Changeux se atreve a afirmar lo siguiente: "Si fuera posible conectar el ojo sobre el extremo central del nervio auditivo, uno 'oiría'(1), es decir tendría una sensación de sonoridad, con el ojo. En otros términos, una vez franqueados los límites del organismo, la especificidad de la señal física queda codificada en la conectividad y su intensidad y evolución en el tiempo, por los impulsos...".
Curiosamente, lo mismo sucede en una computadora: las corrientes eléctricas que determinan una imagen en la pantalla, una impresión en papel o un sonido en un parlante, son exactamente de la misma naturaleza. Hasta tal punto es así, que –en teoría– si cambiamos el destino de un cable y en vez de dirigirse a una impresora lo conectamos con un altoparlante, lo que produciremos será un ruido y no unas letras sobre el papel. Pero por favor no trate de hacer usted este experimento en su computadora porque estoy seguro que su garantía no cubre los daños que pudieran resultar.
Agreguemos
finalmente, en relación con el tema de la conducción eléctrica nerviosa, que la
que opera en el cerebro humano es totalmente equivalente a la que anima los
cerebros del calamar o de la mosca drosófila: sus características particulares
no están restringidas a la clase de los mamíferos.
En cuanto a las sustancias químicas que llevan mensajes de una neurona a otra, los cuales se llaman neurotransmisores, son de muy diversas clases. Por ejemplo, algunas clases son excitativas y otras más bien inhibitorias, unas aumentan y otras disminuyen el estado de excitación de las neuronas con que entran en contacto. Pero tampoco ni una sola de esas clases de neurotransmisor es exclusivamente humana, ¡absolutamente ninguna! Igualmente, tampoco las estaciones emisoras o receptoras de esas sustancias, que existen en la superficie de las neuronas para posibilitar la comunicación, de las que hay de muy diversas clases, son exclusivas de nuestra especie, ¡ni una sola de sus clases! Otra vez en palabras de Changeux, "al nivel de los mecanismos elementales de la comunicación nerviosa, nada distingue al hombre de los animales: ningún neurotransmisor, ningún receptor o canal iónico(b) es exclusivo del hombre".
Entonces, ¿por qué somos tan diferentes de los otros
mamíferos en cuanto a capacidad intelectual? Está es la gran pregunta. Si no
hay diferencias de cualidad, parecería que la respuesta habría que buscarla en
diferencias de cantidad: la mayor superficie cortical en el cerebro del hombre
que implica un número tres o cuatro veces mayor de neuronas con respecto al del
chimpancé. No obstante, otros factores distintos de volumen cerebral deben
también contribuir a explicar nuestra más amplia y aguda inteligencia.
Mencionemos algunos de ellos:
1.
La gran velocidad (en
la escala de la evolución) con que el volumen del cerebro aumentó en nuestro
linaje, sin proporción con la variación en las dimensiones del cuerpo. Ello
habría tenido extraordinarias consecuencias que ha explorado Terrence W. Deacon
(DEACON 97) y resumimos en otra parte de esta obra(c).
2.
Parte importante del
desarrollo cerebral del organismo individual humano ocurre después del
nacimiento del bebé, exponiéndolo a estímulos sociales considerables por parte
de la familia extendida, especialmente en el orden de la comunicación afectiva
y el aprendizaje del lenguaje. (ALLMAN
00)
3.
El aspecto
cuantitativo a tomar en cuenta no es solamente el tamaño de la corteza (número
de neuronas) sino también a su conectividad (número de enlaces de neurona a
neurona). Ante este tipo de cantidad jerarquizada algunas personas prefieren
hablar más bien de propiedades emergentes. (BUNGE 60) No obstante, sigue siendo cierto que el número de
conexiones es una función
exponencial del número de elementos(d).
4.
Muchas de las
conexiones entre grupos de neuronas (áreas corticales) en nuestro cerebro son
reentrantes (de ida y vuelta), más que en el de otros primates. (CRICK 94) Aquí también existe la opción de calificar esta
circunstancia como cualitativa en vez de cuantitativa, a pesar de que los tipos
de elementos constructivos (legos) de los cerebros comparados sigan siendo los
mismos. (2)
Notas
Nota 1: La razón por la que el célebre neurólogo pone
entrecomillada la palabra "oiría" es que el objeto de la sensación
serían ondas luminosas, no sonido. Los circuitos nerviosos dentro del cerebro
son distintos para la vista y para el oído, por lo que la percepción creada por
este experimento imaginario no sería reconocible como lo que de hecho
percibimos normalmente por alguno de estos dos sentidos.
Nota 2: Debemos agregar a esta lista el importante descubrimiento,
posterior a la redacción del ensayo, de que la intensidad de la expresión
genética (cantidad de diferentes proteínas producidas por los mismos genes) es
muy distinta en diversos cerebros y definitivamente mayor en el cerebro humano.
Así lo ha reportado en la edición del 12 de abril de 2002 de la revista Science
un grupo de investigadores dirigido por Svante Pääbo, del Instituto Max Plank
de Antropología Evolutiva en Leipzig, Alemania. (PAABO 02) Aunque estos
autores no lo mencionan en su informe, el mecanismo que origina esta mayor
productividad proteica de los genes de las áreas cerebrales de Homo sapiens
está muy probablemente relacionado con la mayor capacidad de la célula humana
para hacer episajes
alternativos(b) en el momento
de crear los mensajes de ARN que sirven de fundamento a la creación de
proteínas. Nota de 2002.
Referencias
Nota a: La célula
nerviosa en Apéndices de la cuarta
colección.
Nota b: La célula nerviosa en Apéndices de la cuarta colección.
Nota c: El desbordamiento del cerebro
humano en Ideas, cuerpos y cerebros del
bloque b, cuarta colección.
Nota d: Un nuevo "conócete a ti mismo" en
El cerebro y la mente del bloque a,
cuarta colección.
Copyright © 1997 Claudio Gutiérrez