La palabra "apoptosis" significa en griego caída de las hojas, el fenómeno que ocurre cada año durante el otoño en las zonas templadas. El término denota la muerte programada genéticamente que afecta a una célula. El programa es eficaz en la realización de objetivos muy diferentes: el moldeo de una forma física definida, el ajuste de talla relativa entre diversos órganos, la eliminación de células con patrimonio genético mal duplicado o comportamiento aberrante, entre otros.
Los mecanismos de la apoptosis fueron inventados muy pronto en el curso de la historia de los seres vivos, no una sino muchas veces. En los organismos superiores, la apoptosis forma parte integrante del desarrollo embrionario y, en general, participa –en asociación con la división, diferenciación y migración celulares– en la edificación concreta del individuo de la especie (morfogénesis). Juega, por ejemplo, un rol esencial en los procesos metamórficos característicos de insectos y anfibios. En los vertebrados desempeña también un rol morfológico directo, siendo responsable por ejemplo de la separación de los dedos de los pies y de las manos en los primates, durante la etapa embrionaria. Su rol morfogénico más universal, sin embargo, consiste en la adaptación precisa del número de células de cada parte del cuerpo durante la construcción del organismo.
(RAFF 93)
En particular, numerosos eventos de apoptosis ocurren durante la formación del sistema nervioso. Les sobrevienen a las neuronas aisladas, disparada por la ausencia de señales de otras células semejantes que aseguren su supervivencia. Constituye una especie de "muerte por omisión" que garantiza el control preciso del número relativo de células de cada zona del sistema nervioso, eliminando las mal colocadas y favoreciendo las que, por haber anudado el máximo de contactos, están en mejor posición para cumplir sus funciones.
Finalmente, la muerte celular programada es utilizada por el organismo de manera sistemática para hacer desaparecer células cuyo patrimonio genético ha sido accidentalmente modificado. Especial mención merece las modificaciones que alteran el ciclo de división celular y que dan origen, en principio, a la producción del cáncer. En estos casos la apoptosis elimina a las células descarriadas, evitando su transformación –por multiplicación desenfrenada– en tumores malignos.
La apoptosis está, por supuesto, regulada por la expresión oportuna de apropiados genes.
La existencia en la célula de "genes de suicidio" no deja de sonar paradójica. Pero solamente lo es si uno la juzga en relación con la célula que realiza su propia destrucción. Por el contrario, para una colonia de bacterias o para el organismo multicelular, la existencia de un programa de muerte intrínseco es muy ventajosa, como lo es para un enjambre de abejas u hormigas o para una sociedad humana la existencia de comportamientos altruistas por parte de sus miembros. (MORANGE 98)