A continuación se presentan dos pares de imágenes, capaces de producir una impresión de profundidad, de proteínas interactuando con dobles hélices de ADN. Para lograr ver las imágenes en tercera dimensión, coloque la cabeza a unos 80 centímetros de distancia de la pantalla y mire a su centro como quien fija la mirada en el infinito (no hay que "hacer bizco", lo que produce una imagen tridimensional "vuelta al revés" que no corresponde a los objetos representados). En algún momento aparecerá una tercera imagen entre las dos originales. Concéntrese en esa imagen central, sin parar mientes en las otras. Trate entonces de resbalar la vista suavemente por la curvatura de una de las hélices, moviendo la cabeza ligeramente hacia adelante y hacia atrás como una bailarina balinesa, hasta que se produzca el fenómeno.
En el primer par, la doble hélice –a la izquierda– está coloreada en amarillo; la proteína que hace contacto con ella –a la derecha– tiene un monómero –arriba– coloreado de rojo y otro monómero –abajo– coloreado de azul. La proteína incluye átomos de zinc que parecen bolas usadas de tenis. En el segundo par, la proteína es más compleja y sus elementos tienen mayor profundidad, por lo que obtener la visión de profundidad puede costar un poquito más, pero se rinde a la paciencia:


Es importante notar que los puntos de interacción que se producen entre la proteína que se monta sobre el ADN para realizar su acción catalítica y la banda afectada de la doble hélice son nexos de hidrógeno, es decir, el mismo tipo de unión que el que une las dos bandas del ADN que, por cierto, en ninguna de las imágenes aquí ofrecidas están representados. Nótese también que la interacción ocurre solo con una de las bandas, en distintos puntos de su rotación: es la banda activa, a la cual la otra solo sirve de complemento. Finalmente, apréciese (con ayuda de la tercera dimensión) la diferencia de tamaño de los surcos alternos de la doble hélice, producidos por la forma en que las bases de cada par se acercan entre sí, en un pequeño ángulo. Algunos monómeros de la proteína (llamados también "dominios") entran en la doble hélice por el surco grande y otras por el pequeño, de conformidad con su tamaño. Este hecho geográfico de que la doble hélice tenga una hendidura mayor y una menor, cobra gran importancia en relación con la forma en que las proteínas se pegan al genoma en sitios particulares para realizar su trabajo regulador y enzimático. Nos subraya el carácter eminentemente material y mecánico de la vida.