Este documento, redactado por Thomas Jefferson y Benjamín
Franklin, proclama la independencia de las trece colonias británicas en
América. Relata sus quejas contra la corona británica y declara a las colonias
como Estados libres e independientes. Representa la culminación de un largo
proceso comenzado como protesta contra restricciones opresivas impuestas por
la madre patria y que llega a ser guerra revolucionaria para establecer una
nueva nación. La declaración es adoptada el 4 de julio de 1776 por un
"Congreso Continental" formado por los representantes de las trece colonias. A
continuación la traducimos completa, excepto por la lista de agravios cuya
omisión no perjudica los propósitos de esta obra.
Cuando en el curso de los acontecimientos humanos llega a ser
necesario para un pueblo disolver los lazos políticos que lo conectan con otro y
asumir entre los poderes de la Tierra la posición separada e igual a que las
leyes de la naturaleza y divinas le dan derecho, un respeto decente a las
opiniones de la humanidad requiere que declaren las causas que lo impelen a la
separación.
Mantenemos como evidente que todos los hombres son creados
iguales,
que han sido dotados por su Creador con ciertos derechos inalienables, entre
ellos los derechos a la vida, a la libertad y a la prosecución de la felicidad.
Para asegurar esos derechos es que se ha instituido el gobierno entre los
hombres, derivando sus poderes del consentimiento de los gobernados. Que cuando
una forma de gobierno deviene destructiva de estos fines, el pueblo está en su
derecho de alterarla o abolirla y de instituir un nuevo gobierno, fundándolo en
tales principios y organizando sus poderes en tal forma como le parezca probable
conduzcan a su seguridad y felicidad. La prudencia, desde luego, dicta que un
gobierno establecido desde antiguo no se cambie por causas de poca monta y
transitorias; de acuerdo con esto, todas las experiencias han mostrado que la
humanidad está más dispuesta a sufrir, cuando los males son soportables, que a
corregir por abolición formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga
cadena de abusos y usurpaciones, que persiguen invariablemente el mismo
objetivo, evidencian un designio de reducirla al despotismo, es su derecho y su
deber abolir ese gobierno y proveer nuevas defensas para su seguridad futura.
Tales han sido los pacientes sufrimientos de estas colonias y tal es ahora la
necesidad que las obliga a alterar sus antiguos sistemas de gobierno. La
historia del presente Rey de Gran Bretaña es una historia de repetidas ofensas y
usurpaciones, todas con el objetivo directo de establecer una tiranía absoluta
sobre estos Estados. Para probarlo, sometemos los hechos a un mundo imparcial.
[aquí una larga lista de agravios.]
En todas las etapas
de estas opresiones hemos elevado peticiones de corrección en los términos más
respetuosos, pero nuestras repetidas peticiones han sido solo contestadas por
repetidos agravios. Un príncipe con tal carácter está así marcado por todos los
actos que definen a un tirano y es inepto como rector de un pueblo libre.
Tampoco hemos dejado de guardar consideraciones a nuestros hermanos
británicos. Les hemos advertido de tiempo en tiempo sobre intentos de sus
legisladores de extender una jurisdicción injustificada sobre nosotros. Les
hemos recordado las circunstancias de nuestra emigración y nuestro
establecimiento en estos lares. Hemos apelado a su justicia y magnanimidad de
nacimiento y los hemos conjurado por los lazos de sangre a repudiar estas
usurpaciones que inevitablemente interrumpirían nuestras conexiones y
correspondencia. Han sido sordos a nuestras voces de justicia y consanguinidad.
Debemos pues aceptar la necesidad, que denuncia nuestra separación, y
considerarlos, como al resto de la humanidad, enemigos en la guerra y amigos en
la paz.
Por lo tanto, nosotros, representantes de los Estados Unidos de
América, reunidos en Congreso General, apelamos al Supremo Juez del mundo por la
rectitud de nuestras intenciones, en el nombre y por la autoridad del buen
pueblo de estas colonias, solemnemente proclamamos y declaramos que estas
colonias unidas son, y por derecho deben permanecer, Estados libres e
independientes, y quedan absueltas de toda obediencia a la Corona Británica; y
que toda conexión política entre ellas y el Estado de Gran Bretaña está y debe
permanecer totalmente disuelto. Y que, como Estados libres e independientes,
tienen pleno poder para hacer la guerra, acordar la paz, contraer alianzas,
establecer comercio, y ejecutar todos los otros actos y cosas a que los Estados
independientes tienen derecho. Y en apoyo de esta declaración, con una firme
confianza en la protección de la divina Providencia, mutuamente comprometemos
nuestras vidas, nuestras fortunas y nuestro sagrado honor.