La gran diáspora humana

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¿Sabía usted que el género humano comenzó en África y emigró desde ahí ya como Homo sapiens sapiens, para llegar a ocupar toda la Tierra a partir de hace unos noventa mil años?

 

La gran diáspora

Es bastante más probable que nuestros primeros progenitores hayan vivido en el continente africano que en ninguna otra parte.                                                                              Charles Darwin

Todos somos africanos debajo de la piel.                                Christopher Stringer

Todos los datos [de la investigación genética de poblaciones] parecen verificar tan exactamente el origen africano del hombre moderno que es difícil prestar gran atención a quienes continúan insistiendo desde hace veinte años en hipótesis alternativas.                                                               Luca Cavalli-Sforza

Hace 90 000 años una parte de África, tal vez la mayor parte, estaba poblada de humanos muy semejantes a nosotros, anatómicamente modernos. Ciertos métodos genéticos, fundados sobre las variaciones que se constatan hoy en las poblaciones humanas, han llevado a calcular que los efectivos de la población humana fueran entonces entre 10 000 y 100 000 individuos. (CAVALLI-SFORZA 95) Este número relativamente pequeño representa una especie apenas por encima del peligro de extinción. Por ese tiempo, una fracción de esa población comenzó desde África subsahárica una expedición que la llevaría con el tiempo a poblar todo el resto del mundo. Aparte de algunos hallazgos fragmentarios de fósiles, el apoyo para esta hipótesis viene fundamentalmente de investigaciones en biología molecular, pues es hoy posible determinar migraciones comparando el ADN de distintas poblaciones actuales. Entre más difiere el genoma entre dos poblaciones, más antiguo debe ser el punto de separación de sus respectivos linajes. La diferencia mínima en el genoma humano ha resultado darse entre las poblaciones americanas y asiáticas, lo que significa que fue esta la última separación en orden cronológico.

Este análisis ha llevado a varios autores, entre ellos Cavalli-Sforza (CAVALLI-SFORZA 95) y Horai (HORAI 95), a construir un modelo de la gran diáspora. Sale de África, atraviesa el Mar Rojo en su estrecho del extremo sur, y llega a asentarse primero en Australia, desde donde sigue después hacia Asia Oriental, para arribar finalmente a Europa y América. Es muy posible que Australia, continente que habría sido ocupado hace unos 65 000 años, haya sido alcanzado desde África navegando a lo largo de las costas del sur de Asia por Arabia, India, Birmania, e Indonesia. Este itinerario habría permitido en todo caso cambiar menos frecuentemente de clima y de alimentación (peces y moluscos), y presentado menos dificultades de desplazamiento que por la tierra firme. Sabemos poco sobre la llegada del hombre moderno al Asia Oriental, excepto que estaba en China hace 67 000 años. La entrada en Europa, probablemente por Asia Occidental, precedería un poco la desaparición del hombre de Neandertal y se situaría por ahí de hace 40 000 años. La entrada a América, sin duda por el Asia Noreste, siguiendo la vía de Alaska, es la más difícil de fechar. Habría ocurrido hace unos 25 000 años. (CAVALLI-SFORZA 95) La coincidencia de estas conclusiones con las que se obtienen de datos arqueológicos otorga confiabilidad a esta representación.

La Eva africana

La comparación de ADN de distintas poblaciones señala a una sola mujer africana como la madre común de todos los seres humanos vivientes hoy sobre el planeta. Se le designa jovialmente como la Eva Africana, lo que puede conducir a la equivocación de tomarla como la única hembra humana existente en algún momento sobre la Tierra. Por el contrario, esta Eva, contrariamente a la bíblica, debió tener muchos parientes (hermanos, primos, tíos) contemporáneos suyos, solo que de ellos no queda sobre la Tierra en la actualidad descendiente viviente alguno. Todas las ramas que arrancaron de esos parientes se habrían extinguido hace tiempo. El material genético que sirvió para localizar a esta señora en tiempo y espacio es el ADN mitocondrial(1), transmisible solo por vía materna. Siendo un solo progenitor, la madre, el que participa en la transmisión de las mitocondrias, las mezclas genéticas que asociamos con la reproducción sexual no intervienen en este caso. Ello simplifica enormemente el proceso de comparar el ADN de distintas poblaciones para construir un árbol genealógico. Un Adán Africano también ha sido localizado, con base en un material genético distinto, el del cromosoma Y que se transmite solo por el padre. A pesar de su localización por métodos distintos y como era de esperar, estos Adán y Eva resultan coincidir en el espacio y en el tiempo.

La manera de operar de estos métodos es muy interesante. Como se conoce el número de mutaciones del ADN que diferencian los chimpancés de los humanos, y se sabe por observación independiente (de tipo paleontológico) que el tiempo transcurrido desde la separación de las dos especies ha sido de unos 5 000 000 años, se ha podido determinar el número de mutaciones sin cruce sexual acumuladas en los respectivos genomas durante ese lapso, conforme han ido divergiendo a lo largo de las generaciones. De ahí se ha deducido una regla para determinar con bastante aproximación la fecha en que vivió el más reciente antepasado común de dos individuos genéticamente distintos basada en el expediente de contar las diferencias que ocurren entre los genomas correspondientes.

Aplicando una variante de este método, Rebecca Cann y Mark Stoneking, del laboratorio de Allan Wilson en la Universidad de Berkeley, pudieron determinar que la mujer de la cual salieron todos los seres humanos actualmente vivientes (Eva africana o mitocondrial) debió existir hace unos 150 000 años. (CANN 87) Posteriormente, S. Horai y su equipo refinaron este resultado estudiando la secuencia genética completa de tres hombres distanciados genéticamente, un africano, un europeo y un japonés. (HORAI 95) El nuevo dato fue de 143 000 años, con un margen de error muy reducido. Esta fecha es desde luego anterior al momento de la separación entre africanos y no africanos, que se estima en noventa mil años atrás. Igualmente, es distinta de la fecha en que se supone comenzó a existir el Homo sapiens, que se sitúa alrededor de hace 200 000 años. La diferencia de esta última fecha con la de la existencia de la Eva Mitocondrial se debe al hecho de que la primera mujer de la especie, la Eva sapiens por así llamarla, debió producir diversos linajes que no tienen ya representantes hoy en día. Para expresarlo gráficamente, la pirámide cuya cúspide sería Eva sapiens debe ser más amplia que la pirámide de la Eva mitocondrial, puesto que la base de la segunda está incluida en la base de la primera, a causa de la extinción de muchas ramas descendientes de la Eva original(2).

La consanguinidad de todos los seres humanos contemporáneos

Antropológicamente hablando, la única raza es la raza humana.

Christopher Stringer y Robin McKie

Las diferencias entre las llamadas razas, que impresionaron tanto a nuestros antecesores y que impresionan todavía hoy a muchas personas de bajo nivel educativo, son básicamente rasgos superficiales relativos al color de la piel, de los ojos y de los cabellos, a la forma del cuerpo y del rostro y a otros detalles que permiten a un observador aventurar un diagnóstico de origen mediante un simple vistazo. Salvo en el caso de mestizajes, es bastante fácil de reconocer a un europeo, un africano o un oriental. Estos caracteres, muy homogéneos en ciertos continentes, han servido incluso para difundir la impresión de que, en teoría por lo menos, existen razas "puras" y que las diferencias entre esas "razas puras" serían importantes. Tales diferencias son, al menos en parte, de origen genético. El color de la piel y las dimensiones del cuerpo son las menos hereditarias, porque a ellas contribuyen la exposición al sol y la alimentación, aunque tienen también algún componente hereditario. Estas características nos influencian porque son incontestables ya que podemos verlas con nuestros propios ojos. ¿A qué se deben ellas? Hoy lo sabemos con gran exactitud científica: a las diferencias climáticas que los seres humanos fueron encontrando desde el momento en que se dispersaron sobre la superficie de la Tierra al partir de África, su región de origen. Mientras el control tecnológico del clima fue modesto, básicamente reducido a la construcción de casas muy simples o a la producción de vestidos de pieles de animales, la adaptación biológica por selección natural a las condiciones climáticas fue evidentemente inevitable.

Tal adaptación resultó necesaria desde el comienzo de su diáspora, puesto que hubo que someterse a condiciones ecológicas y climáticas muy diferentes del continente de origen, con la excepción de su paso o asentamiento en otras regiones tropicales. Unas dos o tres decenas de miles de años habrían bastado, en aquellas condiciones de escasa protección tecnológica, para desarrollar tipos genéticos apropiados a los imperativos del nuevo ambiente. El color oscuro de la piel protege a los que viven cerca del ecuador de las inflamaciones cutáneas y del cáncer de la piel producidos por los rayos ultravioletas de la radiación solar. La alimentación a base casi exclusiva de granos no permitiría a los europeos evitar el raquitismo, debido a la falta de vitamina D en esos granos. Pero con piel blanca es posible formarla a partir de precursores contenidos en los cereales, puesto que una piel pobre en pigmentos melánicos permite a los rayos ultravioletas penetrar debajo y transformar estos precursores en la requerida sustancia.

La forma y dimensión del cuerpo se adaptan tanto a la temperatura como a la humedad. En la selva tropical caliente y húmeda es necesario tener una talla pequeña porque la superficie aumenta proporcionalmente al volumen y es en la superficie donde se produce la evaporación del sudor que permite refrescar el cuerpo. El hecho de tener una talla pequeña permite producir menos energía y menos calor en el interior del cuerpo durante desplazamientos (una adaptación que observamos en el caso de los pigmeos de la selva tropical africana). Los cabellos crespos permiten al sudor permanecer más tiempo sobre la cabeza y prolongar el efecto de enfriamiento de la transpiración. El rostro y el cuerpo de los mongoles son en cambio diseñados para proteger del frío, que es muy vivo en la parte del Asia donde viven. El cuerpo y sobre todo la cabeza tienden lo más posible a la redondez y el volumen del cuerpo es mayor. Todo esto disminuye la superficie relativa con respecto al volumen y reduce la pérdida de calor hacia el exterior. La nariz es pequeña, lo que disminuye los riesgos de congelación, y sus canales son estrechos para permitir al aire llegar a los pulmones más lentamente, dándole tiempo para calentarse. Los ojos son protegidos del frío por párpados en forma de bolas de grasa que proporcionan un aislamiento excelente; dejar solo una abertura muy fina permite protegerse contra los vientos excesivamente fríos del invierno siberiano. (CAVALLI-SFORZA 95)

Nótese que estos caracteres de la adaptación climática son ante todo características de la superficie del cuerpo. Esta es la interfaz entre el interior y el exterior. Siendo la superficie del cuerpo por definición visible, somos fácilmente influenciados por estas características exteriores y derivamos de ellas falsas conclusiones: las razas son puras, y las diferencias entre ellas representan otras diferencias de mayor fuste, como que los hombres de cierto color son menos inteligentes, o perezosos, o no tienen alma, o no tienen sentimientos como nosotros, o son malvados por naturaleza.. Tales errores han llevado y llevan todavía hoy a aberraciones políticas como la esclavitud, la discriminación, o persecuciones, guerras de exterminio y genocidios, solo comparables con las abominaciones cometidas por motivos religiosos. Contrariamente a las enseñanzas de filósofos como Gobineau, que afirmaba que los europeos, sobre todo los de Europa central, eran la raza más pura genéticamente y la mejor dotada psicológicamente y en todos los otros aspectos, y que las mezclas debilitaban la raza, los europeos constituyen sin lugar a duda una mezcla genética. Cavalli-Sforza conjetura que el genoma europeo corresponde a dos terceras partes de genes chinos, o de otra población del extremo oriente, y a un tercio de genes africanos. Los datos señalan que esta mezcla se produjo hace unos treinta mil años. (CAVALLI-SFORZA 95)

Irracionalidad del racismo

Es difícil encontrar razones, aparte de la impresión superficial y el deseo de dominio sobre otros pueblos, que hayan podido persuadir a algunos filósofos del siglo XIX de la importancia de mantener una raza "pura". Tales personas llegaron al convencimiento de que la supremacía de la raza blanca era debida a fuertes diferencias con las otras razas. Este error tan grave puede explicarse notando que en esa época se clasificaba a los humanos solamente por caracteres visibles, por lo que no resultaba inmediatamente absurdo pensar que existieran razas "puras". Hoy, en cambio, se conocen con gran detalle otros tipos de variaciones invisibles que permiten demostrar que la homogeneidad de razas no existe del todo. No se sabía tampoco entonces que para alcanzar una "pureza de raza", es decir la homogeneidad genética (que nunca puede ser completa en los animales superiores), se requeriría cruzar la población entre parientes muy cercanos, como hermanos y hermanas o padres e hijos, durante por lo menos veinte generaciones. Las consecuencias de tal cruce serían desastrosas sobre la fecundidad y la salud de los descendientes(3). Hoy sabemos que esa pretendida "pureza de la raza" es inexistente, imposible y, además, totalmente indeseable. (CAVALLI-SFORZA 95)

Los antropólogos del comienzo del siglo veinte se dieron rápidamente cuenta de que ni siquiera el estatus tecnológico de una sociedad podía usarse como predictor de la capacidad mental, complejidad de lenguaje o riqueza simbólica de un grupo humano. En general, el miembro promedio de cualquier sociedad posee aproximadamente la misma cantidad de información lingüística y cultural en su cabeza. Los niños venidos de sociedades que todavía utilizan tecnología de la edad de piedra pueden adaptarse a la sociedad industrial y absorber su tradición intelectual tan fácilmente como los nacidos en ella. Los pigmeos de la selva de África Central son en todos los detalles nuestros iguales fisiológicos e intelectuales. Incluso se ha descubierto que la adaptación pigmea está en general en un mejor equilibrio con el ecosistema y, en consecuencia, es más sostenible que la nuestra. Definitivamente la tecnología no es buen indicador de capacidad mental ni su ausencia indica carencia de potencial para producirla. (DEACON 97)

Notas

Nota 1: Las mitocondrias(a) son organelas que se encuentran en todas las células de los organismos superiores, a veces por decenas de miles. Se encargan de liberar la energía contenida en las moléculas orgánicas, mediante la utilización del oxígeno. En el momento de la fecundación, solo la madre los transmite, ya que habitan el citosol del óvulo. El citosol del espermatozoide no toma parte en la fecundación, pues queda en la cola que se desprende del núcleo entrado al óvulo con el material genético principal. Las mitocondrias del niño son pues de procedencia materna pura. Una transmisión de la única mitocondria presente en el espermatozoide es posible, aunque muy rara. Cada mitocondria maternal tiene varias copias de un solo cromosoma circular como el de las bacterias, lo cual no es de extrañar, puesto que estas las originaron al entrar en simbiosis con las células de los organismos superiores hace mil millones de años o más, como se explica en otra parte(b).

Nota 2: Recientemente, Ulf Gyllensten y sus colaboradores han realizado una investigación que confirma y refina estudios anteriores sobre la antepasada común de las poblaciones humanas actuales y sobre la fecha más probable de la gran diáspora. A diferencia de estudios anteriores, que trabajaron solamente con una porción del ADN mitocondrial (aproximadamente un 7% de la secuencia total), este grupo de investigadores secuenciaron el genoma mitocondrial completo y excluyeron de su análisis las partes de la secuencia que no mostraban una tasa de mutación constante. Encontraron así, con mayor apoyo estadístico, que la más reciente antepasada común para una muestra de 53 individuos debe haber vivido alrededor de hace unos 170 000 años. Asimismo, que la separación de los genomas de las poblaciones africanas y del resto del mundo debió haber ocurrido alrededor de hace 52 000, con lo que la fecha del comienzo de la gran diáspora se hace bastante más reciente que lo supuesto hasta ahora. (GYLLENSTEN 00) Nota de enero 2001

Nota 3: Los criadores de animales domésticos saben bien que elevar la pureza de una cepa por acoplamientos repetidos entre parientes próximos baja peligrosamente el nivel de resistencia a las enfermedades; conviene más bien hacer lo contrario, pues la hibridación de cualquier especie aumenta su resistencia.

Referencias


Nota a: Mitocondrias en Apéndices de la tercera colección.

Nota b: Centrales de energía celular en El genoma como industria en el bloque a de la tercera colección.

Copyright © 1999 Claudio Gutiérrez