La corteza cerebral está compuesta de neuronas, células especializadas en el procesamiento de información.
En cuanto células, llevan en sí el material genético del individuo y han sido derivadas
por multiplicación de la célula germinal originaria.
Como es natural, se parecen enormemente
a otras clases de células, en estructura general y en funcionamiento, incluso a la célula única
que constituye el organismo completo de una bacteria. Al igual que esta, tienen receptores
localizados en su superficie que absorben diversas sustancias. Como
ella, también integran distintas informaciones que reciben en su superficie; según lo que resulte
de ellas, retienen o disparan una acción, en forma semejante a como la bacteria determina su
desplazamiento hacia adelante en busca de
alimento o cambia de curso, según el caso. Sin embargo, y debido a la expresión diferenciada de genes propia del ser
multicelular, se distinguen considerablemente de otras células del cuerpo tanto en forma como
en funcionalidad. En particular, y en contraste con otras clases de células, terminado el desarrollo
del sistema nervioso casi todas las neuronas cesan de multiplicarse por el resto de la
vida del organismo, asegurando así la identidad y permanencia de la vida mental del individuo.
Las células nerviosas tienen una estructura característica, constituida por un soma o
cuerpo —donde reside su núcleo—, unas ramas finas y cortas llamadas dendritas (de
dendros "árbol" en griego) entre las cuales puede sobresalir una más larga y central llamada
dendrita apical; y finalmente un especie de cola en el otro extremo del soma, conocida como
axón o eje neuronal; puede ser muy larga, incluso de más de un metro, por ejemplo si va
desde la corteza cerebral hasta un dedo de un pie, vía la médula espinal.
Su diámetro en cambio es mínimo: sin contar la capa de mielina que generalmente lo
recubre y que aumenta la velocidad de la corriente, puede ser de un rango entre medio y un micrón.
El axón se ramifica en una serie de
terminales que forman conexiones químicas con las dendritas de otras neuronas, a través de una
grieta interneuronal conocida como sinapsis.
La apariencia de las neuronas es espinosa, y como tal la dibujó por primera vez el
eminente neurólogo español Santiago Ramón y Cajal, a fines del siglo XIX. Presentamos dos ejemplos de las
que son más comunes en la corteza.
La más corriente es la que se conoce como piramidal, con figura de pino y provista de una dendrita
apical que apunta hacia la superficie de la corteza. El otro tipo abundante
es la estrellada, con ramas dirigidas en todas
direcciones.
La neurona está dinámicamente polarizada: una onda –cuya naturaleza explicamos más abajo–
la recorre constantemente desde las finas puntas de sus dendritas hasta las terminaciones de las ramificaciones del axón. Tal onda le permite
comunicar rápidamente con otras neuronas o músculos a considerable distancia.
La célula nerviosa responde a estímulos producidos por neuronas contiguas de tres distintas maneras: se excita, se inhibe, o modula
su comportamiento en algún sentido. Si como resultado de esos estímulos la
neurona deviene suficientemente excitada, su respuesta será "dispararse",
enviando un pulso eléctrico de consideración a lo largo de su cable de salida, el axón. La señal se
propagará por este eje y sus ramas, posibilitando el contacto con muchas otras neuronas e
influyendo en su
comportamiento. Ésta es la
función esencial de la neurona: recibir señales de varias otras, sumarlas algebraicamente en el soma (de manera que excitaciones e inhibiciones se compensen entre sí) y enviar o no por medio del axón una
excitación o inhibición hacia
otras neuronas. Si la neurona no se dispara, mantiene de todas maneras a lo largo de su
eje una señal mínima —especie de ruido de fondo— de entre 1 y 5 Hertz (donde 1 Hertz significa
una frecuencia de un
ciclo por segundo). Esta mínima actividad la mantiene alerta, lista para pasar al
estado de transmisión cuando se ajusten estímulos suficientes para ello.
Al resultar excitada, su frecuencia de transmisión
sube hasta unos 500 Hertz(1).
Las neuronas envían señales únicamente de un tipo a lo largo de sus axones. Pueden resumirse
en el mensaje elemental: "¡Qué excitada que estoy!" Por el contrario, no se trasmite señal alguna que signifique
"¡Qué deprimida que estoy!"; su depresión se manifiesta solo como silencio. Un sistema de transmisión de
señales de tanta simplicidad y elegancia estaba ya presente en las aguamalas, los organismos más sencillos poseedores
de sistema nervioso. Su invención debió de haber contribuido mucho a la explosiva proliferación de la fauna ocurrida durante el período cámbrico, hace más de quinientos
millones de años.
Los pulsos que trasmite el axón difieren de la corriente eléctrica que
circula por un cable de metal, constituida por el desplazamiento de una nube de electrones a todo su largo. Los efectos
eléctricos neuronales dependen más bien de átomos eléctricamente cargados (iones) que migran
a través de proteínas-compuertas hacia adentro y hacia afuera de la membrana
de la célula. Tales migraciones originan alteraciones locales del potencial eléctrico (voltaje) a ambos lados de la membrana(2). Es este cambio de potencial, que se conoce como potencial de acción, lo que se propaga a lo largo del eje neuronal en la forma de una onda. La señal absorbe energía para realizarse, de modo que mantiene aproximadamente la misma intensidad a lo largo de su recorrido. Su velocidad típica, para un axón sin mielina, puede ser de un metro y
medio por segundo, aproximadamente la velocidad de una bicicleta.
Eventualmente la señal llega a una rama
terminal y ahí induce a unas vesículas, pequeños
paquetes de sustancias químicas –los llamados neurotransmisores–, a verter su contenido en la grieta sináptica que separa
las dos neuronas. Difundidos los neurotransmisores en el líquido que llena este minúsculo
foso, atracarán eventualmente del otro lado, donde serán recibidos por neuroreceptores adosados a la membrana de una dendrita o del soma de la neurona
postsináptica. La transmisión habrá pasado entonces de ser propagación ondulatoria a ser simple traslado mecánico de compuestos químicos en la rica sopa intercelular.
Consecuencia importante de que la transición sináptica sea química y no eléctrica
es que pequeñas moléculas de formas particulares pueden interferir con la transmisión, incluso si están presentes en la sopa en muy bajas
concentraciones. De ahí por ejemplo los efectos psicodélicos del LSD y los de otras drogas más benéficas que pueden
aliviar condiciones mentales como la depresión, causadas por deficiencias
de uno u otro neurotransmisor.
Los neuroreceptores son compuertas proteicas(3) situadas en alguna de las muchas pequeñas protuberancias de las finas terminaciones de las dendritas o de
la membrana del soma.
Una neurona pequeña puede tener alrededor de quinientas de estas compuertas, mientras que las grandes
neuronas piramidales de la neocortex(4), llegan a tener hasta veinte mil. Los neurotransmisores difundidos en la grieta sináptica interactúan químicamente con las compuertas proteicas de la neurona recipiente para producir su apertura, lo que influirá en la operación algebraica a cargo del
soma que decide si se desata o no un nuevo ciclo de transmisión eléctrica sobre el axón respectivo.
Las terminales de axón de una neurona particular son todas excitativas o todas inhibitorias,
nunca una mezcla de ambas.
Las sinapsis excitativas usan como principal neurotransmisor el glutamato,
precisamente uno de los veinte aminoácidos con que se construyen las proteínas.
Las
inhibitorias, por su parte, emplean una pequeña molécula llamada GABA.
Aproximadamente
una quinta parte de las neuronas de la neocortex
emiten este neurotransmisor,
lo que da idea de la importancia que tiene la función de inhibición en los procesos cerebrales.
En contraste con las más importantes neuronas excitativas (las piramidales, de largo
alcance) los axones de las células nerviosas inhibitorias son cortos, dando testimonio de que la función inhibitoria tiene
carácter preferentemente local. Por otro lado, aunque diferentes neuronas
producen respectivamente excitación o inhibición, todas las neuronas reciben ambas clases de
estímulos, subrayando la importancia de estar máximamente abiertas a influencias externas.
Interesantes características ambas. Pareciera que empiezan a perfilarse ante los investigadores los principios
fundamentales de lo que podría llegar a ser con el tiempo una lógica de la computación neuronal.
Aunque solo haya dos principales neurotransmisores en la neocortex —glutamato
(o un pariente suyo) para excitar y GABA para inhibir— las cosas no son tan
simples en el resto del cerebro. Los dos
neurotransmisores clásicos, especialmente rápidos, están dedicados al envío de la información "en tiempo real" necesaria para las operaciones de la sensibilidad y la motilidad.
Las neuronas del tallo cerebral que se proyectan a la corteza, en cambio, usan transmisores más lentos, como la serotonina, la
norepinefrina y la dopamina. Otras partes del cerebro usan la acetilcolina. Aproximadamente un
quinto de las células inhibitorias emiten moléculas orgánicas un poco más grandes, los péptidos,
además del favorito GABA. Todos estos transmisores se relacionan con
procesos de tipo muy general, como mantener la corteza despierta (la serotonina) o dormirla (la
acetilcolina), o contribuir a la memorización de largo plazo. (HOBSON 94)
Y no solo hay muchos neurotransmisores: también hay una multitud de tipos de compuerta. Si hubiéramos de calcular la reacción de una neurona al conjunto de sus señales
entrantes necesitaríamos conocer las propiedades y distribución de todos estos elementos, tarea de inmensas proporciones.
Nota 1
Nota 2
Nota 3: Existen tres clases principales de compuertas por los que desfilan los iones:
Nota 4: La neocortex o corteza reciente, comprende la mayor parte de la corteza cerebral. En contraposición a ella se da la corteza antigua, que básicamente tiene que ver solo con el sentido del olfato.
Nota 5:
La compuerta NMDA se abre raramente, incluso
en presencia del glutamato, si el potencial local de la membrana está cerca del valor de
reposo. Pero si el potencial se hace menos negativo debido a actividad de otras sinapsis
excitativas cercanas el glutamato procede a abrir la compuerta. Así, la migración de iones se controla
de manera combinada por la actividad presináptica (emisión de glutamato por el axón)
y la postsináptica (alteración del voltaje local de la
dendrita). Este tipo de colaboración entre varias neuronas es típica del funcionamiento general del cerebro.
Cuando la compuerta NMDA-glutamato se abre deja pasar no solo iones de sodio y potasio sino
también una apreciable cantidad de iones de calcio. Estos últimos parecen ser iniciadores
de complejas reacciones químicas resultantes en
una facilitación de las sinapsis que puede durar días, semanas, meses o hasta años, cimentando
la memoria de largo plazo. Una mayor comprensión de este proceso permitirá con
el tiempo explicar los procesos cognoscitivos más fundamentales como fenómenos puramente moleculares.
(CRICK 94)