La mayor parte de las polimerasas de ADN incorporan de manera incorrecta alrededor de un nucleótido por cada diez mil, errores que son normalmente corregidos por un mecanismo de relectura y reparación. En ello interviene otra enzima, la exonucleasa, capaz de extirpar un nucleótido erróneo inmediatamente después de ser sintetizado, hidrolizando sus enlaces. Lo identifica por la imposibilidad de aparearse correctamente con su modelo y lo extirpa mientras avanza sobre la cinta de ADN en sentido contrario al de la polimerasa, como si obedeciera al comando de retroceso de un procesador de palabras. Eliminado el error, la polimerasa podrá intentar de nuevo sintetizar el nucleótido y este podrá eventualmente aparearse en forma correcta.
Otros errores que hubieren escapado al mecanismo de relectura y corrección pueden ponerse de manifiesto por anomalías de estructura en la doble hélice, resultado de defectuoso apareamiento entre la nueva cinta de ADN y su original. Entra entonces en juego una segunda maquinaria de reparación, que elimina de la cinta recién sintetizada las bases no apareadas y procede a remplazarlas por bases correctas. Los errores residuales, cuya frecuencia es de solamente uno por cada mil millones de nucleótidos creados, darán origen en el peor de los casos a diversas patologías hereditarias y en el mejor a caracteres favorables inéditos. Estos últimos contribuirán a la evolución de la especie y a la eventual creación de especies nuevas.
Copyright © 2002 Claudio Gutiérrez