El Renacimiento europeo

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Las raíces de la modernidad

No es posible comprender los más importantes memes de la cultura contemporánea, en especial el método científico y la democracia liberal, sin tener algún conocimiento, aunque sea somero, de los extraordinarios acontecimientos ocurridos en Europa durante los siglos XIV a XVII, período normalmente conocido como Renacimiento. Tales acontecimientos equivalen a una etapa histórica con una intensidad cultural solo comparable a la edad de oro del clasicismo grecorromano. Después de esa edad de oro, la región mediterránea, ya bajo el Imperio de Roma, había continuado gozando de estabilidad cultural y considerable progreso en las ciencias, las artes y las técnicas; pero no fue entonces un período particularmente creativo, excepto en cuanto al derecho positivo, las prácticas del comercio, la tecnología militar y el urbanismo. Aunque ese período constituyó una gran civilización que identificamos como la madurez del clasicismo europeo, lamentablemente se habían perdido en ella dos grandes adquisiciones anteriores: la democracia de las ciudades-estado ateniense y romana y la libertad de pensamiento implícita en la religión pagana, abierta a todos los dioses y doctrinas, sin autoridades sacerdotales que impusieran límites rígidos a la creación intelectual. Esta pérdida es especialmente notable después de que el Emperador Constantino se convirtiera al cristianismo en el siglo IV de nuestra era.

Al morir Constantino, el Imperio se dividió en dos: Oriente y Occidente. Más tarde, debido a la presión de las tribus nómadas que invadieron desde las estepas de Oriente los campos de Europa, se derrumbó el Imperio Romano de Occidente, a mediados del siglo V. Se inauguró entonces un largo período de aislamiento tribal, economía agrícola y dominio feudal, combinados con la ascensión a un poder eminente de la Iglesia Católica sobre todos los órdenes de la cultura. Durante este gran paréntesis de regresión intelectual, económica y técnica, que duraría mil años, el desarrollo del pensamiento quedó condicionado a la censura eclesiástica, con consecuencias profundamente esterilizantes. Ésta es la situación a que puso fin el Renacimiento, el cual aparece como un período de desarrollo explosivo de las artes, las ciencias y la filosofía, donde podemos encontrar los fundamentos de la cultura y civilización modernas. Tan estupendo fenómeno vendría precedido por un lento y progresivo florecimiento de las ciudades y de la cultura urbana, producto de la gran expansión de la población durante los siglos XII y XIII, en plena Edad Media, donde se sitúan los orígenes del capitalismo moderno. Los comerciantes inventaron entonces técnicas comerciales y financieras, como la contabilidad y las letras de cambio, fundamentales para el desarrollo posterior de la economía europea. La creación del concepto de deuda pública, desconocido en la Antigüedad, permitió a las ciudades financiar su expansión territorial por medio de conquistas militares. La fluidez de la sociedad mercantil de estos años de transición contrastaba ya con la sociedad tradicional de la Europa medieval, siendo menos jerárquica y estando mucho más interesada en objetivos no religiosos.

Paradójicamente, fueron indirectamente los mismos prejuicios religiosos de la sociedad medieval los que acarrearon a la postre su propia destrucción. En efecto, los reyes de esa época, en un deseo de eclipsar a los señores feudales, sus vasallos, aprovecharon la predicación inflamatoria de monjes exaltados para llevar a sus cristianos súbditos a una serie de crueles guerras interculturales, las Cruzadas, cuyas consecuencias negativas para la paz del mundo sufrimos todavía hoy. Además de injustas, esas guerras eran caras y, bajo el liderato de sus respectivos reyes, los señores feudales debieron contraer toda clase de deudas con los mercaderes ricos que habitaban las ciudades. En la mayoría de los casos, no pudieron pagarse en moneda contante, dando lugar a privilegios compensatorios concedidos por los señores a las ciudades, los famosos "fueros", que vendrían a fomentar su mayor desarrollo.

Así las cosas, el florecimiento del comercio llegó a necesitar crucialmente la intervención de agentes financieros que no existían bajo el sistema feudal, pues la Iglesia prohibía los pagos de interés. Mientras tanto los judíos, diseminados por la Europa cristiana, eran víctimas de grandes discriminaciones, las más importantes de las cuales fueron la prohibición de poseer o labrar la tierra y la de ser miembros de los gremios de artesanos. Acorralados así, fueron llenando para ganarse la vida el nicho financiero abierto por el desarrollo del comercio. Un subproducto lamentable del proceso fue que, cuando los reyes y grandes príncipes acumularon suficiente poder a costa de los señores, disminuidos por las deudas de las Cruzadas, recurrieron para no pagar las propias a expulsar a los judíos de sus respectivos dominios, con consecuencias nefastas para las poblaciones de las dos culturas.

Debemos advertir que, pese al aislamiento y la opresión religiosa medievales, los mil años que preceden al Renacimiento tienen importancia para la evolución de las ideas. Gracias a los "escritorios" de los monasterios medievales, algunos autores latinos, como Virgilio, Ovidio, Cicerón y Séneca, fueron preservados, aunque celosamente guardados en las bibliotecas monacales o catedralicias como curiosidades históricas, sustraídos a la lectura de profanos y con acceso férreamente supervisado por los jerarcas eclesiásticos. En los siglos XI y XII se dan desarrollos del derecho civil y canónico que contribuyen algunos elementos básicos para los sistemas políticos de siglos posteriores. Igualmente, se dan precedentes en las ciencias matemáticas y física para algunas de las grandes innovaciones de los tiempos modernos. También en ciencias médicas existen trabajos medievales importantes, e incluso escuelas de medicina notables, como las de Salerno en Italia y Montpellier en Francia. El pensamiento filosófico se mantiene activo, aunque subordinado a la autoridad eclesiástica. Además de la tradición principal del escolasticismo basada en las enseñanzas de Tomás de Aquino, el gran "cristianizador" de Aristóteles, florecen también otras escuelas entre las cuales la más interesante es el nominalismo de William de Occam. Sus ideas representan un anticipo de las corrientes empiristas que dominarán el pensamiento anglosajón a partir del XVIII(1).

Antes de terminar esta introducción queremos mencionar el notable papel cultural que jugó la España musulmana, entre los siglos VIII y XVI. Córdoba había sido una ciudad comercial importante desde la época de apogeo de fenicios y cartagineses. Floreció después como colonia romana a partir del siglo I A.C. y hasta el siglo V de nuestra era. Fue capturada por los visigodos en el siglo VI y por los moros en el año 711. A partir del 756 se convierte en capital del Reino Moro de España y por los próximos dos siglos y medio es uno de los más importantes centros comerciales e intelectuales del mundo. En 929 se transforma en Califato y como tal llega a alcanzar un nivel de prosperidad y actividad intelectual que rivaliza con Damasco y Bagdad. Comienza a decaer a principios del siglo XI, conforme se desintegra el poder musulmán en España, aunque continúa como centro literario y erudito de importancia. En el siglo XII, produce a los filósofos Averroes(2) y Maimónides(3), de gran influencia en la cultura europea. Con su captura en 1236 por Fernando III de Castilla, pasa a ser parte de este reino católico.

Todavía más interesante es el caso de Toledo. Ciudad de antiguo origen, cayó en poder del Imperio Romano en el año 193. Desde 534 hasta su captura por los árabes en 712 fue capital del reino visigodo español; después de la conquista árabe, se convierte en un importante centro multicultural, en el que conviven e interactúan moros, judíos y cristianos. Con su anexión a Castilla en 1085, la forma inteligente e incruenta con que Alfonso VI negocia su entrada en la ciudad permite que esa valiosa situación no solo se mantenga sino que se perfeccione, y Toledo se convierte, hasta muy entrado el Renacimiento, en un centro de traducciones crucial para la revolución cultural que se va produciendo en Europa.

Como resultado de estos acontecimientos, Toledo se convierte, todavía en la Edad Media, en escenario de una interesantísima simbiosis de tres grandes culturas, musulmana, judía y cristiana, en notable contraste con la intolerancia reinante en el resto de Europa. Esto da lugar a un proceso inédito de transfusión intelectual entre tres mundos, siendo el islámico en ese momento el depositario más importante del legado filosófico y científico de la antigua Grecia. En tiempos del califato omeya de Damasco (661-750), cristianos sirios habían vertido al árabe los textos griegos de la filosofía aristotélica y neoplatónica, primer eslabón de una cadena de transmisión de conocimiento única en la historia. Al trasladarse la capital del Islam a Bagdad se intensifica este proceso. Las traducciones llegan pronto al Califato de Córdoba, extendiéndose enseguida a los reinos satélites, especialmente Toledo, enriquecidas con comentarios y desarrollos de filósofos musulmanes, en particular el persa Avicena(4) y Averroes. Sobre este fundamento va a actuar, desde mediados del siglo XII, la Escuela de Traductores de Toledo, que ofrece a los estudiosos de la época acceso a los fondos bibliográficos acumulados en la famosa catedral. Allí se traducen, entre otros textos claves, los Elementos de Euclides, la Física de Aristóteles y el gran compendio filosófico de Avicena, texto fundamental del aristotelismo medieval sin el que no se habría dado la evolución de la filosofía europea a partir del siglo XIII. La labor de estos traductores de Toledo resulta decisiva para restaurar la conexión entre el pensamiento antiguo y las culturas emergentes, rota por las turbulencias de los siglos V y VI de nuestra era. Constituye sin duda uno de los fenómenos culturales más fecundos de la historia de Europa.

La revolución renacentista

El Renacimiento comienza en el siglo XIV en Italia central y se expande por el resto de Europa durante los siglos XVI y XVII. Durante ese período de tres siglos se irá produciendo paulatinamente la destrucción del antiguo régimen económico-político y se pondrán las bases de las instituciones modernas, en particular la democracia y la ciencia como hoy las entendemos, libres de controles eclesiásticos y de soberanos "de derecho divino". Este proceso es ante todo un fenómeno urbano, producto de las ciudades, especialmente las del norte y centro de Italia. El estudio de la lengua y cultura griegas florece en Florencia, Ferrara y Milán durante los siglos XV y XVI, debido al hecho de que los eruditos bizantinos habían emigrado de Constantinopla, actual Estambul, a causa de la caída del Imperio Romano de Oriente en poder de los turcos. La riqueza de esas ciudades-estado será la que financie los extraordinarios logros culturales del Renacimiento. Los estudios humanísticos, de la mano con importantes aportes artísticos de la época, reciben apoyo financiero de parte de familias reinantes, como los Medici en Florencia, los Este en Ferrara, los Sforza en Milán, los Gonzaga en Mantua, los duques en Urbino y Venecia, y hasta los papas en Roma. En un ambiente de entusiasmo, efervescencia y permisividad, los artistas y literatos empiezan a pensar lo impensable y a ensayar lo vedado, y comienzan a florecer nuevas disciplinas intelectuales y a renovarse las viejas.

Uno de los más importantes rompimientos con la tradición intelectual ocurre en el campo de la historia. Por ejemplo, la Historia de Italia de Nicolás Machiavelli representa un punto de vista nuevo, completamente secular, sobre los tiempos pasados, así como una nueva actitud crítica con respecto a las fuentes, en claro contraste con el enfoque de "historia sagrada" imperante durante la Edad Media. Mientras que los eruditos medievales veían con desconfianza al mundo griego y romano, los renacentistas comienzan a venerarlos, y en cambio a condenar la Edad Media como bárbara e ignorante, convirtiendo la nueva época en un resurgimiento de la herencia clásica. Este punto de vista es general en los intelectuales de la nueva época que comienzan a denominarse a sí mismos "humanistas". Característica de estos intelectuales es dar enorme importancia al estudio de los autores clásicos, valorándolos por sí mismos y no como justificación de la civilización cristiana. El intenso interés por la Antigüedad pagana da lugar a una búsqueda febril y exitosa de antiguos manuscritos: los diálogos de Platón, las historias de Herodoto y Tucídides. Los trabajos de dramaturgos y poetas clásicos son redescubiertos y se publican críticamente.

La influencia de los clásicos produce grandes cambios en la educación. El perfeccionamiento del cuerpo mediante el ejercicio físico, ideal olvidado durante la Edad Media, vuelve a ser preeminente. Aunque el estudio de la literatura, historia y filosofía moral antiguas degenera a veces en servil imitación de los autores paganos, contribuye sin embargo a producir seres humanos más libres y civilizados que lo que eran durante los tiempos medievales: gente con buen gusto y capacidad de juicio, ciudadanos en vez de monjes o curas.

En medicina y anatomía se progresa muchísimo, especialmente a partir de la primera traducción de muchas de las obras de Hipócrates y Galeno. Algunos de los mejores tratados griegos de matemáticas son también traducidos y se avanza más allá de los Antiguos en la solución de ecuaciones cúbicas y en astronomía. En este último campo son notables los trabajos de Nicolás Copérnico, Tycho Brahe y Johannes Kepler. La geografía se transforma con base en nuevos conocimientos experimentales y la influencia de la traducción de trabajos antiguos, en particular los de Ptolomeo y Strabo. Hacia fines del siglo XVI, Galileo(a) da un paso crucial al aplicar modelos matemáticos en el campo de la física, con resultados revolucionarios. Por este importante hecho es considerado por la mayor parte de los entendidos como el fundador de la ciencia moderna(5).

En el campo tecnológico, la invención de la imprenta en el siglo XV dispara una revolución en el terreno de la diseminación del conocimiento. Aumenta la producción de libros, con mucho menos de los errores producto de copias manuales en cadena bajo el antiguo sistema. Además, proporciona a los eruditos textos idénticos sobre los cuales trabajar, convirtiendo de un golpe el trabajo intelectual de quehacer solitario en trabajo colaborativo, con incalculables consecuencia para el desarrollo de la ciencia y la generalización de la educación. Por su parte, el uso de la pólvora transforma el arte de la guerra en los cien años que van desde la mitad del siglo XV hasta la mitad del siglo XVI. La artillería significa una fuerza devastadora que demuele, junto con las paredes de castillos y ciudades, los poderes locales de los señores feudales y de las ciudades medievales, en beneficio de los poderes emergentes, los grandes principados y los estados nacionales. Durante esos cien años se establecen los primeros ejércitos permanentes en Europa.

En el derecho, se tiende a sustituir los métodos de la dialéctica abstracta de los juristas medievales por una interpretación filológica e histórica de las fuentes del derecho romano. En política, aunque conservando el viejo principio medieval de que el fin del gobierno es la preservación de la libertad y la justicia en la sociedad, se comienza a evolucionar hacia la idea de que su tarea fundamental consiste en el mantenimiento de la seguridad y la paz. Machiavelli, por ejemplo, mantiene que la virtud (en el sentido de fuerza) del gobernante es la clave de la preservación de su propia posición y del bienestar de sus ciudadanos, idea básicamente concordante con la teoría política positivista actual. Las ciudades-estado italianas se transforman durante el Renacimiento de comunas a Estados territoriales, a causa de los enfrentamientos militares entre ellas. Al mismo tiempo, se van produciendo las unificaciones nacionales de España, Francia e Inglaterra.

Durante este período, el comportamiento de los clérigos, especialmente los de más alta posición en la jerarquía, se conforma al modelo de los príncipes seculares, de modo que las acciones de los papas, cardenales y obispos son apenas distinguibles de las de los grandes comerciantes o miembros de la nobleza. No obstante, el cristianismo sigue siendo parte esencial de la cultura. Muchos humanistas se ocupan de cuestiones teológicas y aplican los nuevos métodos filológicos e históricos en la hermenéutica de textos sagrados y escritos de los Padres de la Iglesia. Así, las obras del erudito y poeta italiano Petrarca o del humanista holandés Erasmo, tienen gran impacto en la evolución del pensamiento católico romano así como del de las diversas confesiones protestantes, ya para esas fechas aceptadas como religiones oficiales en vastos territorios de la Cristiandad.

Elhumanismo, movimiento que somete a prueba viejas creencias y período de fermento intelectual, prepara el terreno para el trabajo de los grandes pensadores y científicos de los siglos XVII y XVIII, como Descartes, Leibniz, Spinoza, Hobbes, Locke y Hume, quienes crearán los marcos de referencia intelectuales dentro de los cuales la historia del pensamiento occidental se seguirá desarrollando hasta ahora. El meollo de la actitud de estos pensadores y artistas consiste en que el ser humano está llamado a reinar sobre la naturaleza con base en el ejercicio de su razón y de sus sentidos, no debiendo aceptar sumisión a poderes terrenales o divinos que le limiten o impidan el uso de sus facultades. Deben ser por ello considerados como los efectivos precursores de las grandes revoluciones científicas, tecnológicas y políticas que se desarrollarán en todo el mundo a partir del siglo XVIII y crearán las modernas democracias, las grandes industrias y los sistemas de investigación y educación de la Edades Moderna y Contemporánea.

Notas

Nota 1: William de Occam, filósofo y teólogo inglés del siglo XIV, el mayor exponente de la escuela nominalista rival principal de la escuela tomista –favorecida por la Iglesia Católica–, recomendaba no multiplicar los entes más allá de lo indispensable (Entia non multiplicanda praeter necessitatem). A esta importante máxima, que hoy es parte central de la metodología científica, se le conoce comúnmente como principio de parsimonia o, más pintorescamente, navaja de Occam. Propone aceptar, en ausencia de mayor información, la más simple entre las varias hipótesis que expliquen los hechos igualmente bien.

Nota 2: Averroes, filósofo, jurista y médico islámico del siglo XII, nació en Córdoba, España. Sigue de cerca las enseñanzas del filósofo persa Avicena. Afirma la razón con precedencia a la "verdad revelada". De conformidad con Aristóteles, rechaza la idea de creación del mundo en el tiempo y considera a Dios como el "primer motor" de la naturaleza, fuerza autosuficiente que produce todos los movimientos naturales que transforman lo potencial en actual. Siguiendo a los neoplatónicos, considera al alma individual humana como emanación de un alma universal, de origen divino. Sus amplios comentarios sobre las obras de Aristóteles, los más rigurosos y menos contaminados de neoplatonismo de la Edad Media, se tradujeron al latín y al hebreo e influenciaron enormemente tanto la filosofía escolástica como la filosofía judía medievales.

Nota 3: Maimónides, filósofo y médico judío del siglo XII, nació en Córdoba, España. A partir de la captura de Córdoba en 1148 por parte de los almohades, que impusieron el Islam a cristianos y judíos por igual, su familia debió emigrar, asentándose finalmente en el Cairo. Su obra influyó notablemente en el judaísmo. Además de codificar los artículos de la fe ortodoxa judía, por lo cual se le ha considerado como un segundo Moisés, trató de armonizarla con la razón, representada por la filosofía de Aristóteles combinada con elementos de neoplatonismo. Produjo también trabajos de astronomía, lógica y matemáticas. Su obra influyó notablemente en los filósofos cristiano europeos, particularmente Tomás de Aquino.

Nota 4: Avicena, filósofo y médico iraní que vivió entre los años 980 y 1037, fue el creador de la primera síntesis de filosofía árabe, basándose en el aristotelismo neoplatónico. Es considerado por los musulmanes como uno de los más grandes filósofos del Islam. Su compendio del conocimiento médico y farmacéutico constituyó un libro de texto favorito durante la Edad Media en Europa y el Cercano Oriente. Su primera traducción al latín data del siglo XII. Su obra filosófica consiste en una colección de tratados sobre los libros de Aristóteles en la que combina las ideas de este filósofo con enseñanzas neoplatónicas. En contraste con la ortodoxia musulmana, niega la inmortalidad personal, el interés de Dios en los individuos humanos y la creación del mundo en el tiempo. Su influencia fue muy grande durante toda la Edad Media.

Nota 5: Galileo tiene además el mérito de haberse enfrentado, repetidamente y con riesgo de su vida, a la Iglesia Católica y los eruditos aristotélicos mediante una defensa de las enseñanzas de Copérnico que le valió largos años de vejaciones y constreñimientos impuestas por la Inquisición. Para darse idea de lo que entonces estaba en juego, el lector puede leer la breve selección de una pieza teatral de Brecht que hemos incorporado como uno de nuestros apéndices(b).

Referencias

Nota a: Galileo en Apéndices de esta colección.

Nota b: El día que se descreó el cielo en Apéndices de esta colección.

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