El organismo humano contiene un formidable sistema de intercambio de señales cuyos actores son las aproximadamente sesenta mil millones de células que lo componen. En todo momento, cada una de las células cumple las funciones que le están asignadas manteniendo bajo cuidadosa observación lo que sucede en las células vecinas, comportamiento hecho posible por una comunicación casi ininterrumpida entre las células. Cada una de ellas recibe una multitud de señales emitidas por su entorno (las otras células, los tejidos y los órganos del cuerpo) que le permiten determinar su posición y su papel en el todo orgánico, asegurando entre otras cosas el mantenimiento armonioso del tamaño y la función de los tejidos. Básicamente, estas señales químicas se realizan por la emisión, migración y recepción de sustancias, especialmente proteínas pequeñas, que aprovechan la permeabilidad de las membranas celulares para entrar y salir de las células.