Dicen que esa montaña
donde paseantes se acuestan
bajo grata sombra de árboles
tiene alma de oro macizo.
Pero no te apresurés, minero:
no todos los tesoros de la tierra
deben ser desenterrados.
Dejá que el arroyo claro
arranque escama y escama,
y se las done al orero
con el agua cristalina
kilómetros adelante:
no todos los tesoros
deben ser explotados
por tu violencia.
Dicen que esa muchacha rubia,
cuello tierno, cara en capullo,
esconde en su cuerpo esbelto
jugos de miel
y esponjitas de pimienta.
Pero no te apresurés, flirtero:
no todos los tesoros
deben ser explotados
por tu terneza.
Dejá que mano inexperta
y amor nuevo
forjen con golpe templado
el porvenir garzo de la especie:
¡que no te toca a vos explotar
todos los tesoros de la tierra!