En un pequeño país consagrado a la educación, Costa Rica, comienza a hacerse
realidad un sueño informático que muchos países desarrollados no
han podido materializar.
Comienza como una promesa de campaña electoral: "informática para
todos como sustento del desarrollo en el siglo XXI", que muchos
aplauden, otros tantos critican, y algunos –los menos– creen. El
propósito de llevar la informática a las aulas de la escuela primaria, en un afán de familiarizar al mayor número de niños con esta
disciplina, necesitará del apoyo entusiasta de muchas personas e
instituciones para llegar a fructificar.
Rasgo particular de este proyecto es su carácter democratizante,
acorde con la tradición republicana de Costa Rica y el interés por
elevar el nivel educativo de toda la población. En concordancia con
esta tradición, se decide la ubicación de los laboratorios de modo
que comience por dar acceso a la tecnología informática a los escolares de zonas rurales alejadas y, también, a los de barrios urbanos marginales.
A diferencia de las experiencias realizadas hasta entonces en Estados Unidos y Europa, donde la enseñanza informática se introduce
en la educación secundaria –con énfasis en alfabetización computacional y aplicaciones laborales– en nuestro país el programa se
dirige a los más pequeños, desde nivel preescolar, y enfatiza el
desarrollo de procesos cognitivos en un ambiente computacional que
estimula la interacción horizontal con la computadora: el niño no
se limita a responder a las instrucciones que recibe de ella sino
que inventa programas que la computadora se ve obligada a obedecer.
Un paso precursor había sido la donación, hecha en el año de 1985
por IBM de Costa Rica al Ministerio de Educación, de un equipo de
10 microcomputadoras, una impresora y dos unidades de disco flexible, con el cual se había instalado, mediante un convenio con la
Escuela Bachiller Osejo de la ciudad de San José, el primer Centro
de Computación del sistema de educación pública. En este proyecto
piloto, las instalaciones informáticas, –que ocuparon la mitad del
espacio físico del edificio– fueron compartidas por los niños de
la Escuela de Osejo con los provenientes de otras escuelas, y también utilizadas por los del programa "aula diferenciada" (niños con
retardo mental leve u otras discapacidades). La experiencia había
resultado un éxito.
Como muestra de buena voluntad hacia el recién instalado gobierno
de Óscar Arias, la República de China ofrece, a mediados de 1986,
una generosa donación de 100 microcomputadoras, suficientes para
acondicionar 10 centros de informática en otras tantas localidades
del país.
En este momento crucial se perfilan las políticas que fundamentan
el Programa de Informática Educativa. La creación, en 1987, de la
Fundación Omar Dengo determina su orientación: la introducción de
la informática en la educación costarricense obedece al deseo de
generar una transformación social. Esta debe conducir al país –a
partir de la escuela primaria y con participación de la comunidad– hacia niveles de eficiencia acordes con las cambiantes necesidades
de la sociedad computarizada del futuro. La Fundación establece
desde el primer momento, un Centro de Docencia e Investigación en
Informática Educativa, tendiente a garantizar excelencia en la capacitación del personal del proyecto y apoyo a su ejercicio profesional.
Además de proporcionar la filosofía en que se sustenta el programa, la Fundación será propietaria de las microcomputadoras compradas, depositaria de los equipos donados, responsable de la capacitación de los instructores, encargada del seguimiento de las actividades y del mantenimiento de los equipos.
La creación de esta fundación obedece, también, al deseo de obviar
el peligro de que el programa adquiera tintes políticos: se encuentran entre sus miembros fundadores, intelectuales pertenecientes
a los dos partidos mayoritarios, con lo que se quiere asegurar el
bipartidismo del programa.
Desde el primer momento el Ministerio de Educación participa en el
desarrollo del proyecto. Proporciona las instalaciones donde opera
la Fundación Omar Dengo y su Centro de Docencia e Investigación.
Ofrece también como sede de los centros de informática educativa
la escuela del lugar donde se establecen y aporta el contenido económico necesario para pagar sus docentes y encargados de laboratorio.
La IBM de Costa Rica, empresa beneficiada con la compra de los
equipos, proporciona apoyo técnico a través de su Centro de Investigación Educativa. En 1989, ofrece donación del equipo para 20
laboratorios, la donación más generosa proveniente del sector privado. Por mediación suya, se logra interesar a Seymour Papert y su
grupo de investigadores, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, para participar en el proyecto con su programa LOGO. La
participación del grupo de Papert consiste en el entrenamiento de
tutores seleccionados y en una asesoría permanente mediante visitas periódicas para seguimiento y evaluación del programa. Una
coincidencia afortunada –el hecho de que Marilyn Schaffer, miembro
del grupo de Papert, sea a la vez profesora de la Universidad de
Hartford, Connecticut– permite el establecimiento de un convenio
entre dicha universidad y la FOD mediante el cual se crea para Costa Rica una maestría en Informática Educativa, con especialización
en metodología y pedagogía. La carga académica se reparte: algunos
cursos se imparten en los Estados Unidos, otros en Costa Rica. La
Universidad de Hartford otorgará el grado. El plan garantiza una
capacitación de alto nivel para los tutores del programa.
En aquellos lugares en que las instalaciones escolares no ofrecen
las condiciones necesarias, la propia comunidad se encarga de facilitar este aporte. En otras, con el apoyo de las juntas de educación, patronatos escolares, maestros y padres de familia, se acondicionan las instalaciones necesarias para el buen funcionamiento del laboratorio: mobiliario, instalación eléctrica, aire acondicionado, rejas y otras medidas de seguridad.
La Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional colaboran
en forma estable con el aporte de profesores universitarios de
tiempo completo que trabajan en capacitación, seguimiento, investigación y desarrollo. El PNUD (Programa de Naciones Unidas para
el Desarrollo) colabora con la participación de dos asesores.
La base financiera de la Fundación la constituye una cuantiosa donación de la AID (Agencia Internacional para el Desarrollo) de los
Estados Unidos. La ayuda viene en tres lotes anuales, que consisten
en 60, 70 y 40 laboratorios, respectivamente, para los años 1988,
1989 y 1990, por una parte; por la otra, en sendos aportes para la
constitución de un fondo patrimonial, por aproximadamente $500.000,
$500.000 y $300.000, respectivamente. Los aportes para el año 1990
–que se espera incluyan además una suma para incremento de calidad– están pendientes, pero ya se ha anunciado que se realizarán en la
primera parte del año. Los aportes de los dos años anteriores contribuyeron al fondo de patrimonio y costearon los 130 laboratorios
actualmente instalados, con 20 microcomputadoras cada uno.
Gracias a un esquema de recompra de la deuda exterior de Costa
Rica, autorizado por el Banco Central para el proyecto de informática educativa, el patrimonio original de la Fundación –creado por
AID– ha podido multiplicarse por un factor de 3, y hoy monta alrededor de ¢290.000.000 (alrededor de $3.000.000).
Se reciben también donaciones de organismos internacionales y algunas, muy pocas hasta el momento, del sector privado nacional,
las cuales, de acuerdo con la ley, son deducibles del impuesto sobre la renta.
El proyecto de informática educativa constituye un ejemplo de los
frutos que pueden cosecharse cuando colaboran activamente instituciones tales como el gobierno, las universidades (nacionales y
extranjeras) y la industria. La participación del grupo del MIT
dirigido por Papert juega un papel fundamental en el desarrollo
del proyecto. Al adoptar la filosofía de la educación del lenguaje
LOGO, se incorpora el marco conceptual "construccionista" en que
éste se basa. Su principio fundamental es estimular al niño a que
experimente por sí solo y aprenda mientras juega. Se fomentan la
creatividad, el ingenio, la búsqueda, la exploración. El enfoque
es esencialmente no directivo.
Se hace énfasis, desde el primer momento, en la importancia de que
los educadores participantes se comprometan con las metas fijadas.
Estos educadores provienen de distintos niveles –son desde maestros
de enseñanza primaria hasta profesores de universidad– y suscriben
contratos de trabajo por tres años con el apoyo de las instituciones a que pertenecen.
A principios del año 1988, 12 educadores costarricenses escogidos
se trasladan al MIT durante dos semanas. Reciben capacitación intensiva en LOGO y en la filosofía de la educación que lo sustenta,
de parte del equipo de Papert, que les dedica toda su atención y
los orienta hacia el aprendizaje como aventura compartida por maestros y alumnos. Después de esta experiencia, este grupo se transforma en el grupo de tutores-coordinadores dedicados a adiestrar
a los futuros docentes encargados de los laboratorios. También serán los responsables de dar seguimiento al programa. Segundos en
la jerarquía serán los tutores nacionales que cumplen funciones de
enlace. Los tutores regionales, establecidos para las regiones,
mantendrán contacto frecuente con las escuelas integradas al programa.
En los nuevos grupos de capacitación se establece –detalle de gran
importancia– el requisito de incluir al director o directora y a
dos maestros de cada escuela participante en el programa, con el
propósito de garantizar desde el principio un apoyo entusiasta de
la administración. Los cursos tienen una duración de 3 semanas a
tiempo completo, y a los participantes se les descarga de otras
obligaciones durante ese período, dentro de su contrato normal de
trabajo. Los maestros participantes se convertirán en coordinadores
y adiestradores de otros maestros de la escuela. El director o directora estará en capacidad de comentar y explicar los alcances del
programa a los padres de familia y a otras personas interesadas de
la comunidad.
Las primeras experiencias dan lugar a comentarios de los tutores
coordinadores sobre algunos obstáculos encontrados. En primer lugar está la resistencia de algunos maestros a perder su autoridad
en la clase: el maestro, acostumbrado a dirigir, ha gozado hasta
ahora de gran poder y no se resigna fácilmente a perderlo. Es difícil aceptar un tipo de enseñanza compartida como el que supone
el lenguaje LOGO, en que el maestro es solamente guía y debe estimular a los alumnos a serlo también. Otra dificultad observada
se refiere a la seducción que la computadora ejerce sobre algunos
niños, que no desean separarse de ella para volver a clase: ¡esto
tampoco agrada a los maestros!
Nos encontramos en un aula de clase, rodeados por 19 microcomputadoras a colores PS 25 8086, 1 impresora y una microcomputadora
PS 50, "servidora" con disco duro de 20 mb. Las computadoras trabajan individualmente o en red local Novell. En el disco duro se
almacenan asuntos administrativos, información referente a los
usuarios, sus cuentas individuales, y todo el software que se requiere. Los niños utilizan un disco flexible para respaldo de su
trabajo con la computadora, y como ampliación de la capacidad limitada de almacenamiento que les ofrece el disco duro. Todos sus
archivos se reproducen en él, mientras que en el disco duro se
guarda una copia de los más recientes.
Los niños asisten al laboratorio de informática dos horas lectivas
de 40 minutos cada una, por semana. Además del tutor encargado del
laboratorio, está siempre presente la maestra de grado, quien propone algunos posibles tópicos relacionados con el programa que desarrolla en la clase regular, dentro de las asignaturas de ciencias, matemáticas y español; el tiempo para el laboratorio forma
parte de esas asignaturas en el currículum. Sin embargo, la selección es optativa: el niño tiene libertad de trabajar en el proyecto
que le plazca. La presencia de la maestra de grado en el laboratorio es intencional e importante; obedece a dos propósitos principales: 1) para los niños, procurar un nexo entre el trabajo informático y el quehacer escolar ordinario; 2 ) para la maestra, ofrecerle
la oportunidad de conocer mejor a sus alumnos, observándolos en
ejercicio de su creatividad. Un beneficio marginal es familiarizar
a un adulto influyente con las técnicas y objetos informáticos.
Cada microcomputadora es compartida por dos niños, con el doble
fin de optimizar el uso de los recursos y de acostumbrar a los
educandos a trabajar en colaboración. Según el modelo construccionista, los niños "construyen" objetos o esquemas, al participar,
en interacción con la microcomputadora, en la formulación y elaboración de su proyecto. Aunque el maestro haya definido las pautas
generales, cada proyecto es original: responde a los conocimientos
e intereses de los niños, los cuales tienen en todo momento el control y la responsabilidad del mismo.
Una consecuencia importante provocada por la necesidad de aprovechar al máximo el tiempo con la microcomputadora es el trabajo
previo que los niños desarrollan. Investigan, planifican, formulan
esbozos de su proyecto, y llegan al laboratorio con hojas llenas
de apuntes. Otra, seguida de cerca por el maestro, es la dinámica
de integración de la pareja, que a menudo produce excelentes resultados de combinación de facultades complementarias. Otra más, es
la auto-evaluación que ocurre de manera inevitable: los coautores,
enfrentados a su obra, constatan si responde al propósito inicial,
si requiere agregados o modificaciones –el producto por sí mismo
genera autodisciplina–.
Una observación que ya ha sido suficientemente documentada es la
ayuda que la microcomputadora presta a los niños que presentan
cierto tipo de problemas de aprendizaje: en interacción con ella,
superan su torpeza y limitaciones motrices; otros encuentran una
perspectiva diferente que les permite poner de manifiesto potencialidades ignoradas.
Algunos laboratorios están dotados de un equipo de LOGO-LEGO, y es
la aspiración generalizar esa situación a todos ellos. Se piensa
producir parte de sus elementos en el laboratorio de mantenimiento
en vías de organización.
Aproximadamente dos veces al mes, durante medio día, se hace presente un tutor regional o coordinador nacional, con el objeto de
dar seguimiento al programa, brindar asesoramiento al encargado
del laboratorio y estimular a los niños.
En marzo de 1990, están en funcionamiento 130 laboratorios de informática educativa en 79 de los 81 cantones del país.
Las microcomputadoras tienen garantía de servicio de mantenimiento
por un año. A partir de entonces, y para evitar erogaciones exageradas por contratos de servicio, deberá adoptarse una política tendiente a resolver el problema por medios locales.
Se planea un esfuerzo mancomunado para la solución de este problema, que tome en cuenta tanto la importación de partes como la creación de un taller para su adaptación, montaje y –hasta donde resulte práctico– reparación. Se piensa además en disponer de unidades
móviles para servicio preventivo.
Simultáneamente se planea organizar, en cooperación con los colegios vocacionales, la capacitación de profesionales a nivel de
técnico medio, para dotar a la sección de mantenimiento de este
tipo de personal.
Otro tipo de apoyo necesario, que se está procurando en estos momentos, es la constitución de una red nacional de teleproceso. Con
base en 200 líneas puestas a la disposición por el ICE (Instituto
Costarricense de Electricidad) y 210 casilleros electrónicos dentro del sistema RACSAPACK de la Compañía Radiográfica, se intenta
comunicar todos los laboratorios con las oficinas centrales de la
Fundación y su Centro de Docencia e Investigación. Eventualmente,
tal red especializada será interconectada con la red académica nacional actualmente en formación, y –en la medida en que resulte
procedente– con la red académica internacional auspiciada por la
Fundación Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.
Escuelas de verano. Algunas escuelas de las que participan en el
programa, manifiestan su deseo de aprovechar el laboratorio de informática educativa durante los meses de vacaciones. Desde comienzos del año 1989, funcionan las escuelas de verano, atendidas por
los tutores regulares. Los cursos de verano pueden tener cuatro,
seis u ocho semanas de duración. Son cursos intensivos: los niños
asisten todos los días durante dos horas. Los cursos se dan durante
el mal llamado "verano" costarricense: los meses de enero y febrero, la estación seca y tiempo de vacaciones escolares.
Asisten niños de la propia institución y también de otras escuelas.
Los padres de familia interesados en que sus niños asistan a la escuela de verano, pagan una módica suma al patronato escolar. Sin
embargo, los que no pueden pagarla, pueden solicitar beca.
Programa de informática para las comunidades (PIPC). Con el propósito de utilizar de manera más eficiente la tecnología instalada
y al mismo tiempo lograr que la escuela se proyecte a la comunidad,
se inaugura en julio de 1989 una experiencia piloto en dos comunidades: San Rafael de Heredia y Ciudad Neily. Pueden participar todos los vecinos de una localidad, sean individuos o grupos organizados como la Cruz Roja, el Club de Leones, la Junta de Desarrollo,
el personal de la Agencia Bancaria o de la CCSS, etc. Entre los
fines del programa están tratar de reducir la brecha tecnológica
entre padres e hijos, ofrecer oportunidades a los adultos de zonas
rurales y marginales urbanas y, también, dar capacitación en servicio a empleados del sector público y de empresas privadas, en su
propia zona de residencia.
Se ofrecen distintos tipos de actividades:
Cursos para familiarizar al alumno con las microcomputadoras.
Cursos de aplicaciones, con el objeto de familiarizar a los
ciudadanos con las herramientas de software convencional
(paquetes de bases de datos, hoja electrónica, graficación,
estadística, etc.).
Fomento del desarrollo de paquetes computarizados sobre distintos tópicos, tales como agrícolas, de vivienda, culturales, recreativos, etc..
Asesoría para las comunidades sobre adquisición de hardware
y software. Organizar al grupo de interesados.
Presentar solicitud a la dirección del programa.
Programar la actividad fuera de horas lectivas.
Conseguir un instructor calificado.
Aportar los materiales: papel, cinta impresora, discos
flexibles, etc.
Presentar las licencias de uso de los programas que se vayan
a usar.
Aceptar las reglas del programa sobre uso del equipo.
Cubrir los costos operativos y de mantenimiento.
El cuadro siguiente expresa, en términos cuantitativos, lo que se
ha logrado hasta ahora en el programa de informática educativa.
Aunque los alumnos no reciben calificaciones por su trabajo con las
microcomputadoras, se establecen nexos, mediante proyectos específicos, con las asignaturas principales del currículum oficial, español, matemáticas y ciencias, por medio de los cuales la actividad
informática puede influir en el crédito escolar. Se espera que a
fines de 1990 un 42% de los alumnos que asisten a la escuela primaria –desde pre-escolares hasta el sexto grado inclusive– se beneficie del programa.
El año lectivo de 1990 marca el inicio de una nueva etapa: la instalación de los primeros laboratorios de informática en colegios
secundarios públicos. El Liceo Regional de Flores y el Liceo de Moravia han sido escogidos como sede de estos proyectos piloto, que
serán evaluados por la Comisión de Secundaria, antes de comprometerse en la dotación de los equipos. También ahora se ha tomado la
decisión de llevar primero los beneficios de la tecnología a colegios rurales y de barrios marginales.
El proyecto contempla la creación de 300 laboratorios para colegio
secundario. Se tiene la intención de usar en este nivel metodologías y contenidos muy variados, con lenguajes múltiples y técnicas
avanzadas, como lenguajes de cuarta generación para manejo de bases
de datos y conchas para sistemas expertos. El contenido definitivo
de los programas no se ha decidido todavía. Sin embargo, los estudiantes de los grupos experimentales han ya comenzado a usar un paquete de hipertexto, una aplicación de mucha trascendencia cultural.
Se pretende encontrar una solución que continúe la experiencia de
la escuela primaria, amplíe la gama de opciones informáticas y
contemple –además de las áreas académica y técnico-vocacional– la
vinculación con el mundo del trabajo.
En coordinación con este proyecto, se discute actualmente con la
UNED (Universidad Estatal a Distancia) la creación de un programa
de preparación de profesores de segunda enseñanza en informática,
que serian los encargados de respaldar la informática educativa en
este nivel de educación.
Los autores expresan su agradecimiento a la Licda. Clotilde Fonseca, Directora Ejecutiva del Programa de Informática Educativa, y
al Dr. Adrián Araya, Director del Programa de Informática para las
Comunidades, así como a muchos otros funcionarios y maestros vinculados a
la Fundación Omar Dengo por la abundante y valiosa información que
nos suministraron para la preparación de este informe.
Primeros pasos
Apoyo logístico y académico
Finanzas
Metodología
Un laboratorio típico
Mantenimiento
Red nacional
Actividades especiales
Para tener acceso al equipo se deben llenar algunos requisitos:
Alcances del programa de informática educativa
1988
1989
1990 - tentativos Coordinadores adiestrados en MIT
12
9
9 Tutores nacionales
6
16 Tutores regionales
13
13 Tutores de apoyo específico
4
4 Encargados de laboratorio adiestrados
200
300
420 Directores de escuela adiestrados
57
130
170 Laboratorios instalados
57
130
170 Microcomputadoras instaladas
1.200
2.600
3.400 Niños atendidos en tiempo lectivo
62.000
112.000
152.000 Maestros vinculados al programa
3.900
4.900 Atención a escuelas privadas:
niños
80
73
no estimado
maestros
40
53
no estimado Escuelas de verano:
37
49
niños atendidos
4.255
4.850
niños becados
868
975 Laboratorios instalados en colegios
1
3 PIPC:
asistentes
2.218
cursos
129
Reconocimientos
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