Introducción

a la antología de Informática y Sociedad, primera edición – 1987

Claudio Gutiérrez y Marlene Castro

Las tres dimensiones de una revolución

Este libro está dedicado a explorar las relaciones entre informática y sociedad. Intentaremos en primer lugar definir ambos términos. Por informática entendemos elaboración y transmisión de información. De hecho, podemos considerar que cubre todos los fenómenos relacionados con el advenimiento y generalización de los computadores. ¿Y cómo entenderemos el término sociedad? Nos ocuparemos de la sociedad humana vista desde varios aspectos.

Uno de los aspectos sociales más conspicuos, que nos interesa destacar, es la parte valorativa de la sociedad; lo que la sociedad valora como sus ideales o lo que la sociedad considera como comportamiento obligatorio de sus miembros. En realidad no hay una sociedad en la que no podamos distinguir una serie de normas que regulan el comportamiento de sus miembros. Es esencial para toda sociedad el que haya ciertos patrones de comportamiento que se consideran aceptables y otros que se consideran inaceptables; es lo que podríamos llamar el aspecto normativo de la vida social. En este libro nos preguntaremos por las normas que deben inventarse o adaptarse para lidiar con situaciones inéditas creadas por la generalización del uso de computadores.

Considérese el caso de la responsabilidad que cabe por el funcionamiento defectuoso de un programa de computación. Uno de los elementos que permiten a una sociedad funcionar bien, es que las personas respondan por los daños que pueden ocasionar a otros, aunque no se -haya tenido la intención de dañar -con mayor razón si ésa ha sido la intención-, pero basta con la negligencia para incurrir en responsabilidad. Todo esto está, o debiera estar, regido por normas, algunas legales, y otras éticas. ¿Cuál es o debe ser la situación en relación con los programas de computación? ¿Quién debe responder si un programa defectuoso causa un daño? ¿El programador? ¿Quien encargó el programa? ¿El que lo vendió?

Hay normas legales y normas éticas. No es necesario que coincidan. Hay normas legales que no son reconocidas éticamente; por ejemplo, en regímenes dictatoriales que atentan contra los derechos humanos, hay normas legales contrarias a la ética. Y también hay normas éticas todavía no reconocidas por la ley; por ejemplo, en Costa Rica hay poca o ninguna legislación sobre protección de la confidencialidad; a pesar de ello, si por descuido de un usuario de computadora se puede penetrar en sus archivos electrónicos y revisarlos, se debería hacer con muy mala conciencia, porque está invadiendo su intimidad, aunque no haya ninguna ley que lo prohíba y no se pueda ser multado por ello. Finalmente, hay otras normas que son sancionadas tanto por la ética como por la ley; por ejemplo, reparar el daño causado a otra persona, aunque sea por negligencia. En este libro se plantean problemas de los dos tipos, legales y simplemente éticos, y se trata de dar elementos para un enfoque adecuado de ambos.

Otros aspectos de la vida social que nos interesan no tienen ese carácter normativo. Por ejemplo, es muy importante saber de qué forma la informática o la introducción de las computadoras va a afectar la manera de ganarse la vida de los miembros de la sociedad. ¿Van las computadoras a dejar sin trabajo a mucha gente? Aquí tenemos un aspecto de la introducción de las computadoras que no es normativo sino material. ¿Es bueno o malo, conviene o no que una mujer trabaje en casa, rodeada de sus niños? La pregunta no tiene que ver con principios legales ni éticos, pero sí con eficiencia material. ¿Hasta qué punto este tipo de trabajo afecta las relaciones de la familia? ¿Vamos a crear problemas o a solucionar problemas? La revolución de las computadoras, ¿va a hacer que los países menos desarrollados se acerquen a los más desarrollados o va a suceder lo contrario? ¿La brecha entre países desarrollados y subdesarrollados va a aumentar o a disminuir? Todos estos son aspectos de tipo material y no formal.

Entre los aspectos de tipo material hay un sinnúmero de temas: el de la riqueza es uno de ellos. ¿Cómo va a afectar la introducción de las computadoras el monto y la distribución de la riqueza, tanto dentro de un país como en la comunidad internacional? El tema de la riqueza está asociado al tema del desempleo. ¿Hacia dónde nos dirigimos, hacia una sociedad en que unos pocos tendrán grandes riquezas y las grandes masas morirán de hambre porque no tendrán ni siquiera trabajo, o con la introducción de las computadoras nos acercaremos a una sociedad en que todos los seres humanos tengan una vida no solo solvente sino también agradable y hasta desprovista de la carga del trabajo?

El tema del poder es otro de los aspectos de orden material que corresponde a la sociología política. ¿Dónde está el poder? ¿Quiénes lo ejercen? ¿Cómo lo ejercen? ¿Está concentrado o distribuido? ¿Cuánto poder tiene cada parte que lo sustenta? ¿Qué cambios habrá o podrá llegar a haber en la cantidad de poder que la gente tiene y la forma en que está distribuido? ¿Van las computadoras a concentrar el poder en menos y menos manos, o por el contrario van a producir una desconcentración del mismo, al descentralizar el acceso a la información?

Otro tema es el de la organización de la vida, de la forma de vida en la casa como en el lugar de trabajo, ya sea la fábrica, la oficina o la tierra. El impacto de las computadoras en agricultura es mucho más lejano; además, conforme más se desarrolla una sociedad, menos y menos porcentaje de la población se dedica a la agricultura. Lamentablemente, el tema del impacto de las computadoras en la relación del hombre con la tierra está muy poco explorado, y es mínimo lo que nosotros podemos contribuir a su esclarecimiento en esta obra.

Todavía hay un tercer aspecto de la sociedad que se relaciona de algún modo con la informática. A falta de un nombre mejor, lo llamaremos el aspecto reflexivo. La introducción de las computadoras puede hacer que haya cambios muy importantes en la forma en que la sociedad -sus miembros individualmente o de manera colectiva- se ve a sí misma. ¿La autoimagen del hombre ha cambiado, va a cambiar o está cambiando por la introducción de los computadores? El hombre hasta ahora ha sido sin discusión el único ser pensante sobre la tierra, pero de repente vienen ahora unas máquinas que en algún sentido piensan y que en algún sentido tienen la capacidad de tomar decisiones, decisiones a veces mejores que las que el hombre toma. ¿Cómo afecta esto el concepto que el hombre tiene de sí mismo?

Si en la Antigüedad, en tiempos de Platón y Aristóteles, se consideraba que la actividad más noble a que podía dedicarse el hombre era las matemáticas, ¿qué sucede cuando aparecen unas máquinas que resuelven polinomios mejor que los hombres? ¿Debemos considerarlos, á pesar de no ser de carne ni de sangre, seres filosóficos, seres sabios? ...porque para Platón, sabio era el que entendía las relaciones matemáticas. Si a eso agregamos que hace 30 años se viene desarrollando una disciplina nueva que se llama inteligencia artificial (IA), que trata de dotar a los computadores de la capacidad de razonar, no numéricamente sino de manera cualitativa, el problema se hace aun más serio. ¿Quiere decir que en unos cuantos decenios, la superficie de la tierra estará compartida por seres inteligentes, unos de los cuales habrán nacido de mujer y otros estarán hechos de silicio? Es una posibilidad. ¿Cómo afecta esta perspectiva la autoimagen del hombre?

La cuarta devaluación del ser humano

Se ha dicho que el hombre ha pasado en la historia por diversas devaluaciones. La primera gran devaluación sucede cuando a Copérnico se le ocurre decir que la tierra no es el centro del universo. Entonces el hombre no es tan importante, puesto que el lugar que habita no es el centro del universo. Un gran número de consecuencias resultan de este cambio en autoimagen, en religión, ciencia, arte y literatura: las llamamos Renacimiento.

La segunda devaluación ocurre en el siglo pasado, cuando Darwin enseña que la aparición del hombre no se debe a un acto de creación especial, sino ha sido producto de una evolución ciega regida por el principio de selección natural. También aquí se siguen muchas consecuencias en la filosofía y las relaciones sociales de la época.

La tercera devaluación sucede como resultado de la obra combinada de Marx y Freud, los cuales explican respectivamente la obra intelectual social e individual de los hombres como resultado de fuerzas no racionales. Para comenzar con lo más reciente, el descubrimiento de Freud de que la mayor parte de las actividades de la mente son inconscientes, hace que el hombre pierda la posibilidad de ser definido como el ser racional por excelencia; más que seres racionales, somos seres racionalizantes; más que ejercer la razón, lo que hacemos es dejarnos llevar por nuestros impulsos –inconscientes las más de las veces–, y luego construir una justificación intelectual de lo actuado. Los ideales del individuo pasan a ser reinterpretados como "superego", es decir, una forma de dominio del padre sobre los hijos internalizada como transacción con los impulsos inconscientes de la libido.

El premio por esta devaluación lo comparte Freud con Marx, quien hace en el plano social lo que Freud hará después en el individual. A Marx le toca demostrar que gran parte de las cosas que una sociedad cree, en realidad no las cree por su mérito intelectual intrínseco, sino porque la clase dominante en esa sociedad se ve favorecida por esas creencias, que más que ideas son ideología. Esta incluye contenidos intelectuales tan elevados como el arte, la literatura, la música, la filosofía o la religión. Aquella parte de la cultura que considerábamos más excelsa, la obra del espíritu, resulta ahora una imposición de la clase dominante, instrumento de opresión. El análisis de Marx logra lo mismo en el plano social que el análisis de Freud en el plano individual.

Podemos estar de acuerdo o no con algunos aspectos del contenido de estas devaluaciones (probablemente ya no habrá disensión en cuanto al movimiento de la tierra alrededor del sol, y muy poca sobre la idea de la evolución). Pero cualquiera que sea la opinión de nuestros lectores sobre las enseñanzas de esos grandes revolucionadores de ideas, es evidente que para quien acepte sus doctrinas el concepto que tiene de sí mismo no podrá ser el mismo que antes de aceptarlas.

Ahora nos toca vivir la cuarta ¿y última? devaluación. La devaluación informática consiste en reconocer que en vez de ser animales racionales como creía Aristóteles –racionalizantes (Freud); ideologizantes (Marx)–, somos más bien máquinas afectivas. Las máquinas y los hombres tendrán en común la razón y lo que nos diferenciará de las máquinas será que además tenemos afectos, como antes decíamos tener en común con las animales los afectos y diferenciarnos de ellos por la razón. Pero es más discutible que el que tengamos afectos nos dé un privilegio tan grande sobre las máquinas como el que suponíamos nos daba la razón sobre los animales..., probablemente el mayor efecto de los afectos sea distorsionar nuestra conducta y conducirnos hacia acciones que nos perjudican.

En todo caso, lo que sí tendremos que aceptar, cualquiera que sea nuestra posición sobre cuestiones metafísicas, es que algo que llamamos inteligencia, que a través de los milenios ha parecido ser patrimonio exclusivo de los seres humanos, ahora ya no lo será tanto. No tenemos ya el monopolio de la inteligencia, a menos que redefinamos la inteligencia de manera bastante caprichosa: no debe incluir resolver ecuaciones matemáticas ni jugar ajedrez ni hacer diagnóstico médico, por ejemplo. La imagen de sí mismo que tiene el hombre, por lo tanto, quedará afectada por la revolución informática, tanto en el plano individual como en el social, a medida que se vaya aceptando e introduciendo en el folclor de cada sociedad.

En las lecturas que hemos recogido en este volumen, la mayor parte traducidas especialmente del inglés para este propósito, diversos autores de muy distintas especialidades tratan de echar luz en las múltiples cuestiones que el advenimiento de las computadoras plantea a la sociedad de fines del siglo XX. Esperamos con este esfuerzo contribuir a que los estudiosos de los países de habla hispana se mantengan al día en relación con acontecimientos cuya importancia para el futuro de los habitantes del Tercer Mundo, y en general de todo el globo terrestre, no puede pasarse por alto.

Copyright © 1990, 2005 Claudio Gutiérrez y Marlene Castro