Un futuro posible en automatización de oficina

Claudio Gutiérrez

Publicado originalmente en Gutiérrez y Castro (compiladores), Informática y Sociedad (EDUCA, 1987 y UNED, 1992).

AISA (Archivo Inteligente de Seguimiento Administrativo) es un proyecto de largo alcance apoyado por la Universidad de Costa Rica y la Universidad de Delaware durante los últimos diez años. Se fundamenta en tres principios filosóficos:

  1. Sociedad hombre/máquina.
  2. Red de apoyo recíproco.
  3. Individuos computacionales.

Examinaremos primero la sociedad hombre/máquina-por supuesto, usamos el término «hombre» en sentido genérico, que cubre los dos sexos. ¿Cuál es el sentido de la automatización en la oficina? No es ciertamente sustituir al hombre, sino amplificar sus capacidades. En términos de selección natural, podemos decir que la punta de lanza de la evolución no está hoy en el hombre desprovisto de instrumentos, ni tampoco en la herramienta sola. Es obvio que el hombre solo, sin ayuda de la máquina, no puede sobrevivir en un mundo cada vez más complejo. Por otra parte, un proyecto que intentara sustituir al administrador por la máquina sola, incluso si fuera prácticamente realizable, sería económicamente inviable, demasiado dispendioso. Lo que tiene futuro es el binomio hombre/máquina, con ventaja evolutiva sobre cualquiera de los otros dos entes por sí solos.

¿En qué consiste la red de apoyo recíproco? Está formada por muchos binomios hombre/máquina (llamémoslos «estaciones de trabajo») que colaboran entre sí. El nodo de la red, en vez de ser un hombre, es un par hombre/máquina. Esta nueva entidad se considera como una unidad, como el individuo titular del puesto de trabajo; no el hombre solo, no la máquina sola, sino la combinación sinergética de los dos. ¿De qué manera? Una posibilidad sería que la máquina resolviera algunas cosas y el hombre resolviera otras, pero no es esta posibilidad la que nos interesa. Nos interesa que la unidad sea un par solidario, uno de cuyos elementos es un hombre y el otro es una máquina. Ni el hombre solo ni la máquina más especializada por sí misma pueden lograr lo que sí logra la acción conjunta del par. ¿Por qué tiene ventaja evolutiva esta unión sinergética? Porque ambos entes tienen virtudes y defectos complementarios. La máquina aporta velocidad; fidelidad de la memoria y objetividad o ausencia de distorsión emocional; el aporte del hombre es su sentido común -capacidad múltiple de resolución de problemas, inespecificable o por lo menos inespecificada todavía- y su sentido de responsabilidad moral.

El individuo computacional viene a ser prerrequisito de los otros dos. Es un programa que tiene continuidad histórica, que funciona de manera continua (nunca se desconecta). Cuando no interactúa con su complemento humano, corre en lo que llamamos «modo de fondo», en contraposición con el modo de comando en el que la máquina interactúa con el hombre. El individuo computacional no adquiere por ello la condición de sujeto del imperativo categórico, sin embargo; sigue necesitando del hombre como sanción moral; pero sí es capaz de funciones cognoscitivas, como recordar, inferir o aprender.

Tal y como está proyectado, durante las horas de vigilia, el sistema está en modo de comando, en continua interacción con su socio humano; durante las horas de descanso de éste último, trata de consolidar sus experiencias y de integrar los conocimientos nuevos con sus creencias anteriores, que es lo que llamamos aprender.

¿Cuáles son las maneras de aprender? Aprendemos por recepción de ideas de parte de un maestro, por almacenamiento; aprendemos también por inducción, al extraer de muchos ejemplos semejantes, una generalización; y aprendemos por reacomodo de nuestros conocimientos previos, por insight. La primera manera de aprender está abierta al individuo computacional durante su interacción con el socio humano; la segunda y tercera, durante los momentos de quietud nocturna o de fin de semana.

El precursor del individuo computacional es el sistema operativo de las computadoras grandes, que funciona siempre atendiendo los requerimientos de múltiples usuarios. El individuo computacional consiste en llevar la idea del sistema operativo hasta sus últimas consecuencias, pero ahora con dedicación exclusiva a un solo usuario.

La capacidad de aprender está sometida a la capacidad de representar. Podremos darle a la máquina la capacidad de aprender, en la medida en que podamos darle la capacidad de representar. Es representable aquello para lo cual se pueden elaborar símbolos eficientes. Si algo es representable, podemos dárselo a conocer a una computadora. Esta afirmación nos remite a una polémica de gran actualidad.

H. Dreyfus en su libro Lo que las computadoras no pueden hacer, encarna a los que afirman que «hay conocimientos irrepresentables»; para él es insuficiente tener toda la documentación o codificación sobre un asunto, porque en el fondo, las habilidades intelectuales humanas son irrepresentables. M. Polanyi en su libro El conocimiento personal, comenta que hay conocimientos que se trasmiten de manera inarticulada, como por ejemplo, la capacidad de hacer investigación.

Por otro lado están los que consideran que todo conocimiento es representable, aunque su representación sea a veces muy difícil. Como ejemplos de esta posición encontramos los creadores de "sistemas expertos". Hasta hace algún tiempo, la experticia había sido considerada como algo inespecificable. E. Feigenbaum asume la tarea de llevar a cabo un proyecto heurístico que viene a refutar las afirmaciones anteriores. Producir un programa de diagnóstico médico, supone varios meses de interacción continua entre el experto en computación o "ingeniero del conocimiento" y el experto en la disciplina específica, el médico especialista en este caso. El producto sin embargo, un "sistema experto", constituye un éxito sin precedentes, que ha sido emulado a partir de entonces, en distintos campos de experticia. Nada nos impide, pues, suponer que también es posible articular, representar, y poner en la memoria de un individuo computacional, los conocimientos que normalmente asociamos con la capacidad administrativa.

La importancia que tiene AISA es que ofrece un modelo posible de la automatización integral de la oficina del año 2000 0 2010: cuando una organización quiere nombrar a alguien para desempeñar un puesto, contrata a un binomio hombre/máquina y lo pone en un escritorio desnudo, donde no hay papeles, ni lápices, ni gavetas, ni sellos, ni archivos físicos de ninguna clase. Todo lo que se requiere para el trabajo está asimilado al programa. La integración de todos los escritorios o estaciones de trabajo constituye una red, que representa a la organización misma. El empleado (binomio hombre/máquina) trabaja constantemente, no interrumpe su función nunca, en una u otra capacidad (modo de comando o modo de fondo).

La red AISA es más que una simple red de correo, pues define el marco informático que sustenta la solidaridad entre todas las estaciones de trabajo de una organización frente a las responsabilidades comunes, como explicaremos más abajo.

Es importante subrayar que AISA es un programa computacional de carácter no numérico. Explota las capacidades de procesamiento de información no numérica que tiene la computadora. En particular, las capacidades de contabilidad no numérica. Tratemos de aclarar este concepto. Un lenguaje como COBOL explota la computadora como contabilista numérica, AISA la explota como contabilista simbólica: existe en la administración un «debe» y un «haber» que no se expresa cuantitativamente sino cualitativamente. Alguien me debe una carta, alguien adquirió un compromiso conmigo, o por el contrario yo debo realizar una tarea que me comprometí a realizar en apoyo de un colega. Todas estas relaciones aparecerán como entradas en sendas listas de «deudores» y de «acreedores». Además, están las relaciones lógicas entre las tareas y las subtareas que las representan, y las relaciones entre cada tarea y la carta que la originó o la carta a que dio origen (si el lector tiene dificultad de seguir este razonamiento, ello confirma que para llevar la cuenta de estas relaciones la computadora resulta mejor que el ser humano).

Históricamente la computadora aparece como procesadora de información numérica, pero sus potencialidades intrínsecas abarcan el procesamiento de cualquier tipo de información, numérica o no. La automatización de oficina necesita muchísimo la contabilidad cualitativa para dar seguimiento al movimiento físico de los asuntos de una estación de trabajo a otra, o a su transformación lógica dentro de una misma estación.

La red de apoyo recíproco puede ser considerada desde el punto de vista lógico como una red de un variado conjunto de relaciones entre escritorios, tareas y cartas, que es mantenida en buen orden de funcionamiento gracias a las capacidades contabilísticas no numéricas de AISA. Desde el punto de vista moral, puede ser considerada como la representación electrónica de las obligaciones y expectativas recíprocas que existen entre los miembros de una sociedad de trabajadores.

Un aspecto muy importante en toda programación de inteligencia artificial es la cuestión de la representación de los hechos y reglas en el dominio de que se trata. En nuestro caso, debimos preguntarnos al comienzo del proyecto en qué forma representaríamos los hechos y normas de la administración. Después de concienzuda consideración, llegamos a la conclusión de que la unidad conceptual fundamental de la administración es el plan. Consecuentemente, el sistema AISA se organiza sobre la base de dos axiomas, los axiomas de la administración:

  1. Todo en administración es algún plan.
  2. Todo plan, excepto el más elevado (el propósito de la institución), es subsumible en otro más alto.

  3. Todo plan, excepto los ínfimos, es desglosable en otros planes.

De acuerdo al primer axioma, cualquier acto administrativo es reducible a un plan: las propuestas son planes en preparación, los informes son planes parcialmente ejemplificados, un informe final es un plan en que todas las variables pasan a tener valores, las quejas son historias tristes sobre planes. De acuerdo al segundo, un plan se puede representar como un grafo, aunque normalmente lo será como un árbol pues cada grupo de subtareas tendrá solamente una tarea madre.

Los planes se convierten en documentos para los efectos de transitar de un escritorio a otro. Los documentos son planes durmientes que se envían a otro escritorio y al llegar despiertan y se convierten en planes activos, o sea tareas a realizar. Tales tareas pueden ejecutarse directamente, o descomponerse en conjuntos de subtareas, o enviarse a otro escritorio en encomienda.

Cada estación de trabajo contiene ítemes muy variados en tres distintas colas circulares: la cola LEO, la cola TRAMITO, y la cola ESCRIBO. La cola LEO contiene las cartas recibidas de otra estación, presumiblemente cartas que piden ayuda, es decir, que hacen una encomienda. Al decir COMPROMETO sobre uno de estos documentos, que son planes durmientes, la estación adquiere una responsabilidad: una tarea aparece en su cola TRAMITO al mismo tiempo que la carta respectiva desaparece de la cola LEO (queda en archivo, sin embargo, para referencia futura). El sistema anota en la lista de ACREEDORES la responsabilidad que la estación ha asumido al aceptar la encomienda.

La cola TRAMITO crece por la aceptación de nuevas tareas. También lo hace por descomposición de tareas en subtareas, cuando el usuario de la estación, o tal vez AISA misma, ejerce sobre las tareas sus capacidades para resolver problemas. Las tareas en la cola TRAMITO pueden declararse CUMPLIDAs, si son realizadas, o INOPERANTEs, si se decide que son irrealizables. Pueden también recibir el sello ESPECIFICO, que las transforma en un conjunto de subtareas, o recibir el sello ENCOMIENDO, que las transforma en un borrador de carta que pide ayuda a otra estación.

El sello ENCOMIENDO es una manera de transformar una tarea, que es un plan activo, en un documento, un plan durmiente. El plan es al mismo tiempo pasado de la cola TRAMITO a la cola ESCRIBO, donde reposan los borradores de cartas por enviarse desde la estación. Al decir ENVÍO sobre ese borrador; el documento, un plan durmiente, se traslada de estación. Al mismo tiempo AISA anotará en la lista de DEUDORES que otra estación debe una respuesta en relación con un problema específico que queda pendiente de solución.

La red de apoyo recíproco implica que si una estación de trabajo no puede resolver una tarea (presumiblemente una subtarea producto de la descomposición de una asignación más difícil) la encomienda a otra estación. Según esto, cada estación es un experto débil, que domina un pequeño número de modos de resolver problemas, pero tiene la capacidad de distinguir, por lo menos aproximadamente, qué otra estación puede resolver los problemas que ella misma no puede. La institución como un todo es el experto fuerte, pero sus acciones resultan de muchas interacciones de los expertos débiles. La unión hace la fuerza.

La cola TRAMITO es el lugar donde ocurre la deliberación del usuario sobre los problemas pendientes de solución. Allí debe aplicar, en colaboración con la computadora, las estrategias clásicas para la solución de problemas. Ellas son dos: jerárquica y oportunista.

Llamamos estrategia jerárquica al intento de resolver un problema sustituyéndolo por un conjunto de otros problemas, presumiblemente más fáciles de solucionar. La jerarquía se origina porque, a su vez, cada uno de los subproblemas es susceptible de ser también descompuesto en otro conjunto de subproblemas, y así indefinidamente, hasta llegar a problemas que tienen solución directa o que se pueden encomendar a otra estación.

Llamamos estrategia oportunista al intento de resolver problemas mediante el expediente de parear problemas de signo contrario que se resuelven unos a otros. Por ejemplo, una línea de presupuesto tiene sobrante, que debe ser gastado antes del final del año fiscal, so riesgo de perderlo; otra línea tiene faltante que debe ser compensado: los dos problemas se anulan el uno al otro.

Es posible afirmar que el grado de poder de una estación de trabajo depende en gran medida de la cantidad de problemas que están allí en cada momento, pues entre más problemas haya, mayor será la probabilidad de encontrar interacciones útiles entre ellos que contribuyan a su solución. La misma estrategia jerárquica colabora en multiplicar el número de los problemas, por descomposición.

Para poder explotar las estrategias complementarias jerárquica y oportunista AISA necesita representar los planes de dos maneras diferentes, y así lo hace. Las tareas en la cola TRAMITO están presentes como un conjunto aleatorio manipulable de todas las maneras posibles: el usuario puede agrupar las tareas como le plazca, y puede recorrer la cola en las dos direcciones y mediante muchos y eficientes comandos (puede avanzar dando saltos, o ir directamente a una tarea, que se identifica por nombre o por contenido, etc.). Todo tiende a facilitar la exploración de las tareas y sus interacciones posibles. Esta es la representación que favorece la estrategia oportunista.

Además, existen muchos otros comandos que permiten movilizarse de una tarea a otra jerárquicamente: de madre a hijas o viceversa; que permiten ver el grafo o árbol que define el plan jerarquizado, o inspeccionar algunas partes de ese grafo, con distintos niveles de detalle. O el usuario puede preguntar POR QUE y COMO ante una tarea, y recibe como respuesta la razón para ejecutar una tarea (su tarea madre) o la forma de ejecutarla (sus tareas hijas). Las dos formas de representación existen simultáneamente, y el usuario puede pasar a su antojo e instantáneamente de una a la otra.

Uno de los aspectos en que la ayuda que la computadora presta a su contraparte humana, como contabilista no numérica, se hace más evidente es en la descomposición de tareas, o sea, en el esfuerzo de solucionar problemas jerárquicamente. El sistema permite cuatro clases de especificación de una tarea en subtareas:

  1. Como un conjunto de PARTES.

  2. Como un conjunto de MANERAS

  3. Como un conjunto de FASES.

  4. Como un conjunto de PRIORIDADES.

Las PARTES son subtareas que deben realizarse todas, en cualquier orden, para poder tener la tarea madre como realizada. Basta que una de las subtareas sea inoperante para que la tarea madre deba declararse inoperante.

Las MANERAS son subtareas que ofrecen alternativas para la realización de la tarea madre. Basta cumplir una para poder declarar cumplida a la madre, y se necesita fallar en todas para tener, que declarar inoperante a la madre.

Las FASES son iguales que las PARTES excepto por que deben ejecutarse en un cierto orden. Las PRIORIDADES son como las MANERAS, pero también deben ejecutarse en un cierto orden: cualquier de ellas soluciona el problema, pero no se intenta la segunda a menos que fracase la primera, etc.

Cuando un plan está muy desarrollado, ha sido desglosado en muchos niveles, y con muchos tipos de jerarquización (partes, maneras, etc.) es obvio que para el intelecto humano no ayudado por computadora es muy difícil seguir la pista de todas las conexiones. Si además algunas de las subtareas pasan de un escritorio a otro por ENCOMIENDO, la tarea de seguimiento es todavía más difícil. De ahí la importancia de tener disponibles las capacidades de AISA como contabilista simbólico.

AISA toma a su cargo señalar todas las implicaciones de la declaración de CUMPLIDA o INOPERANTE que se aplique a una tarea, en relación con las tareas que se encuentran más arriba en la jerarquía. También toma a su cargo identificar la tarea pendiente que se debe tener por cumplida o inoperante cuando llega una carta informando del éxito o fracaso de una gestión. Esto último merece un comentario adicional.

Las cartas que se cruzan entre estaciones de trabajo pueden ser de varias clases. Aparte de los mensajes informales («Encontrémonos para almorzar») de los cuales AISA no toma nota, el sistema puede reconocer, por marcas automáticas invisibles para el usuario, tres tipos de cartas: encomiendas, cancelaciones, e informes. La encomienda es un pedido de ayuda, que origina, al ser aceptado, una inscripción en la lista de ACREEDORES y la creación de una tarea nueva en TRAMITO. La cancelación de encomienda debe deshacer lo actuado en relación a la carta de referencia. Finalmente, la aceptación de un informe, según sea positivo o negativo, origina acciones semejantes, sobre la tarea en cuestión, a las de los sellos CUMPLIDA e INOPERANTE.

Dentro del espíritu de la filosofía de colaboración mutua de hombre y computadora, todos los actos decisivos que AISA puede hacer, en la complicada maraña de cartas y tareas que el sistema maneja, son consultados con el usuario a quien se pide en cada caso su confirmación. Esto permite al usuario complementar, con su capacidad de sentido común y su responsabilidad ética, las habilidades de contabilidad e inferencia lógica de AISA.

Merece mención especial al explicar este proyecto, .el efecto educativo que su implantación en un ambiente real tendría para los usuarios del sistema. En efecto, la existencia del binomio hombre/máquina es una ocasión permanente para que el socio humano aprenda del socio computacional y viceversa. Tanto el uno como el otro podrán enriquecer su propio conocimiento y habilidad general por, el intercambio constante con su contraparte.

Relacionado con esta oportunidad educativa está el hecho de que la organización se garantiza la permanente existencia de un acervo de experiencia, acumulada por muchos años, en cada posición de trabajo. En efecto, el retiro de la parte humana y su sustitución en el puesto por otra persona no hará desaparecer el conocimiento adquirido por el programa a lo largo de muchísimas horas de intercambio con su socio humano y de muchísimas horas de «meditación» sobre los resultados de ese intercambio.

Durante el desarrollo de AISA, el autor ha debido tomar diversas decisiones éticas, puesto que AISA modela el mundo de la administración y tal mundo es un mundo social en el que las cuestiones éticas no tienen más remedio que presentarse. Las decisiones se tomaron en forma congruente con las premisas filosóficas del proyecto, tales y como quedaron expresadas al principio de este artículo.

En primer lugar está la cuestión de la intimidad del empleado dentro de la organización. Es factible computacionalmente que el jefe tenga acceso a los «secretos» de sus empleados, con tal de que reposen en su escritorio. No obstante, se considera esencial que el empleado no pueda ser responsabilizado por ninguna fase intermedia de la preparación de resultados, los cuales por supuesto tendrán que llegar a ser del conocimiento del jefe en la etapa final. Para entonces, el trabajo del empleado podrá ser juzgado de acuerdo a sus méritos. Así pues, la intimidad de los resultados intermedios se salvaguarda estrictamente.

Como un caso particular de respeto a la intimidad del trabajador de oficina, se garantiza total libertad para que el comisionado defina la tarea que asume en sus propios términos, con independencia de la formulación original del problema por parte del comendador. Una vez que la tarea esté realizada, el comisionado formulará el informe respectivo en términos que sean aceptables para el originador de la encomienda.

Otra cuestión se relaciona con el poder. Es computacionalmente posible diseñar un sistema de oficina de tal manera que queden establecidas limitaciones en el trabajo de los escritorios relacionadas con su posición relativa en la escala burocrática. Por ejemplo, las cartas del jefe pueden tener prioridad absoluta de contestación, de modo que el empleado no pueda hacer nada mientras no atienda la comisión de su jefe. Aquí, de nuevo, se considera que tal solución sería contraria a la filosofía de respeto entre los compañeros de trabajo que el sistema mantiene como fundamental. La organización tiene muchos medios de disciplinar a sus empleados, frente a los cuales AISA deberá mantenerse neutral.

En general, la posición tomada en todos los casos es democrática e igualitaria, basada en el respeto del usuario por el programa, del programa por el usuario, y de las distintas estaciones de trabajo entre sí.

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