Hemos estudiado en
los capítulos anteriores las formas de inferencia, o sea, los pasos y procesos del razonamiento
válido. Lo hemos hecho en forma rigurosa, estableciendo reglas que nos permiten ciertas
transformaciones. Para completar el cuadro debemos ahora decir que en lógica, contrariamente a
lo que rige en el campo de los derechos individuales, lo que no está permitido está
prohibido. Solo podemos realizar aquellas transformaciones expresamente autorizadas por
las reglas, ninguna otra. Todo movimiento que contravenga las reglas, al igual que en cualquier
juego, como ajedrez, damas o fútbol, será una movida inválida; la llamaremos falacia
formal. Analizamos al principio de este texto las falacias informales, que dependen
totalmente de aspectos no estructurales del lenguaje. Ahora nos toca analizar este otro tipo de
falacia, que depende de la existencia de reglas, aunque obtiene también su poder persuasivo de
los aspectos no lógicos del lenguaje. El número de las falacias formales es indefinido, pues se
pueden quebrantar las reglas de muy distintas maneras. Vamos a indicar a continuación algunas
de las más frecuentes y peligrosas, para que los lectores aprendan a precaverse contra ellas.
97. Afirmación del antecedente
Una de las tácticas de inferencia estudiadas, la de separación, nos permite razonar a partir de una
proposición condicional y de otra proposición idéntica al antecedente del condicional para
obtener la afirmación por separado del consecuente. Así:
Si esta medicina es eficaz, me curo pronto Es así que esta medicina es
eficaz luego Me curo pronto
Este es un razonamiento perfectamente correcto, como lo hemos visto
anteriormente y lo podríamos comprobar de nuevo abriendo la conclusión, introduciendo la
segunda premisa y aplicando la regla de promoción sobre el consecuente. Pero existe un
"razonamiento" parecido a éste que no es válido y sin embargo nos sentimos inclinados a aceptar
como tal simplemente por su parecido superficial con el anterior:
Si esta medicina es eficaz, me curo pronto Me curo
pronto luego Es así que esta medicina es eficaz
La primera premisa es idéntica a la anterior y tenemos tanta razón para aceptarla
como antes; la segunda premisa resultó verdadera puesto que me curé. Pretenderíamos separar el
antecedente, pero no hay ninguna posibilidad de hacerlo de acuerdo con nuestras reglas. Si me he
curado, es perfectamente posible que haya sido por cualquier otra razón que no tenga nada que
ver en absoluto con que la medicina sea o no eficaz. Sin embargo, la fuerza psicológica del
parecido de esta falacia con el argumento válido anterior puede confundirnos y llevarnos a
afirmar el consecuente con una pretendida fuerza lógica.
98. Negación de lo no afirmado
Otra
forma de razonamiento válido es ésta:
O la sociedad o el delincuente son culpables Es así que no lo es la
sociedad luego El delincuente es culpable
Por táctica de separación podemos demostrar que es válida. Tendría aplicación si
nos constara que la sociedad está tan bien organizada que no fomenta o instiga al crimen en
ninguna forma. Pero muy frecuentemente tendemos a "razonar" en la siguiente forma:
O la sociedad o el delincuente son culpables Es así que el delincuente es
culpable luego La sociedad no es culpable
lo que es inválido, por las mismas consideraciones que hacen inválida la falacia
anterior.
99. Generalización ilegítima
La falacia
de generalización ilegítima se comete con harta frecuencia. Consiste en observar algunos pocos
casos en que dos atributos se dan juntos en los mismos individuos, y concluir de ahí que siempre
se dan juntos, en todos los individuos. Esta falacia la usan como argumento personas con
prejuicios raciales, políticos, o religiosos, como un intento, malogrado ante la mente analítica
pero exitoso ante la mente desprevenida, de dar fuerza lógica a su posición. Ejemplo:
Algunos birlandios (1) explotan a sus clientes luego Todos los
birlandios explotan a sus clientes
Todos los intentos que se hagan para probar esta conclusión a partir de esta premisa
están condenados al fracaso: puedo quitar el cuantificador universal de la conclusión y abrir la
premisa en un tablero doble, pero ello no producirá en el tablero fuerte. La estrategia de prueba indirecta tampoco resulta,
como el lector puede fácilmente comprobar por sí mismo.
100. Ejemplificación ilegítima
No solo la cuantificación universal mal entendida puede llevarnos a falacias; también la
cuantificación existencial cuando se maneja sin cuidado. Así, la siguiente "forma de
razonamiento" suele aceptarse sin que tenga fundamento en las reglas:
Algunas organizaciones laicas son sociedades secretas Algunas comunidades
cristianas son organizaciones laicas luego Algunas comunidades cristianas son
sociedades secretas
Este esquema no es válido porque si bien es cierto que puedo abrir una de las
disyunciones, digamos la segunda premisa, la restricción de la regla de disyunción me impide
abrir la otra cuantificación mientras no haya cerrado la primera (2). La lógica tradicional decía en este caso que "de dos
premisas particulares no se sigue nada". La fuerza de esta falacia sería nula sin la colaboración
pasional de prejuicios y dogmatismos de diversa índole.
101. Ausencia de enlace
Otro caso de
falacia formal ocurre por la ausencia de enlace dentro de silogismos. Por ejemplo,
cuando ambas premisas son negativas:
Ningún amigo devuelve los libros Algunos vecinos no son
amigos luego Algunos vecinos devuelven los libros
Como se ve, el término común que debería servir de enlace entre las dos premisas
está negado en ambas, y no pueden actuar como "gemelas en el espejo" para aplicar la regla de
separación. La lógica tradicional decía aquí que "de dos premisas negativas no se sigue nada".
Muchos otros casos de la falacia de ausencia de enlace eran tratados por la lógica clásica bajo
diversos nombres y normas, pero para nosotros pueden todos considerarse como casos de esta
anomalía. He aquí dos ejemplos más:
Todo es Ningún es luego Ningún es
Todo es Todo es luego Todo es
102. Persuasión y falacias
Es interesante
preguntarse de dónde les viene a las falacias su fuerza persuasiva; es decir, cuál es la razón
psicológica que hace a muchas de las falacias expuestas parecer más "evidentemente válidas"
que el siguiente silogismo perfectamente correcto:
Ningún mortal es perfecto Algún ser perfecto es
hombre luego Algún hombre no es mortal
La razón parece ser diferente, según dos casos: las falacias de generalización o
existencial se explican fundamentalmente por las pasiones de los hombres, que buscan
condenatorias fáciles para sus enemigos o para las personas diferentes del grupo a que
pertenecen. Sin la concurrencia de esas pasiones, las falacias de este tipo serían incapaces de
conllevar ningún poder persuasivo. El otro caso lo ofrecen falacias como las de afirmación del
antecedente o negación de lo no afirmado, y también las falacias silogísticas de falta de enlace.
En este segundo caso existen en el "razonamiento" no uno, sino dos defectos de forma que alejan
el esquema de la estructura válida: no solo faltan los gemelos en el espejo que harían posible
aplicar táctica de separación; también hay disparidad entre uno de los elementos de la conclusión
y uno de los elementos de la premisa, pues son gemelos en el espejo y deberían ser fórmulas
idénticas. Un error disimula al otro, y el esquema parece válido.
Es por esta razón
que si tomamos el primer silogismo y le corregimos cualquiera de sus dos errores ya no nos
parece tan convincente como en caso de que los dos errores se den conjuntamente:
Ningún amigo devuelve los libros Algunos vecinos son
amigos luego Algunos vecinos devuelven los libros
Ningún amigo devuelve los
libros Algunos vecinos no son amigos luego Algunos vecinos no
devuelven los libros
Estas dos semifalacias (cada una tiene la mitad de los errores de la falacia original) ya
no engañan a nadie; con solo leerlas vemos que ahí no puede haber razonamiento, pues la
conclusión "va en otra dirección" que las premisas. Sin embargo, son "menos inválidas", si
podemos hablar así, que las anotadas antes. El lector puede hacer el mismo experimento con las
otras falacias y comprobar que el corregirlas parcialmente las hace menos y no más
convincentes.
103. Incongruencia de premisas
La
validez de un razonamiento no es suficiente para afirmar que la conclusión a que hemos llegado
es verdadera. Como explicamos en la introducción, una cosa es que el proceso por el que
pasamos de las premisas a la conclusión sea correcto y otra muy distinta que haya verdad en el
punto de llegada; para que esto sea así debe haber también verdad en el punto de partida. El
silogismo válido que consignamos en la sección anterior, por ejemplo, tiene conclusión falsa, a
pesar de ser perfectamente correcto. La razón de que esto sea así es que una de las premisas, la
segunda, es falsa.
Debemos pues tener buen cuidado de no aceptar o proponer premisas de
cuya verdad no estemos suficientemente seguros. Para resguardarnos, debemos hacer las
averiguaciones del caso en los archivos, en la biblioteca, en donde sea necesario, para comprobar
que los datos o información que nos sirven de base son verdaderos. Algunas veces, sin embargo,
no es preciso realizar ninguna averiguación: sabemos que la premisa es verdadera "por
definición", tal y como se explicó en el capítulo VI. Debemos ahora agregar que muchas veces
tampoco es necesario hacer investigación alguna para decidir que alguna premisa es falsa: se da
esto si las premisas son incongruentes entre sí, o sea, si una niega lo que la otra afirma.
Vimos en el capítulo XII que puede haber contradicción entre las premisas y una pretendida
conclusión (con lo que queda demostrada la proposición contradictoria de la conclusión mediante
reducción al absurdo). Agregamos ahora que la técnica de reducción es a veces aplicable a las
premisas mismas, sin necesidad de hacer intervenir la tesis que se quiere atacar. Si logramos
mostrar que nuestro oponente se contradice en las premisas mismas, habremos
alcanzado un triunfo dialéctico enorme; será como destruir sus armas sin que hayan tenido
oportunidad de usarse. Es pues muy conveniente hacer esa prueba, si es conducente. Pero además
es indispensable porque si le permitimos al contrincante seguir adelante con premisas
incongruentes le damos ocasión de probar cualquier cosa y de hacerlo
válidamente. Veamos un ejemplo para entender por qué:
O bien hay más justicia social o bien hay desarrollo a corto plazo, pero no las dos
cosas O bien hay más justicia social o bien hay desarrollo a largo plazo, pero no las dos
cosas O bien hay desarrollo a corto plazo o bien hay desarrollo a largo plazo, pero no las dos
cosas luego No hay desarrollo a corto plazo ni a largo plazo
La conclusión es obviamente falsa, suponiendo verdaderas las premisas, puesto que
es la imagen en el espejo de la primera parte de la tercera premisa; no obstante, puede probarse
válidamente a partir de las premisas. Veamos; comencemos por abrir la premisa sospechosa:
Introducimos algunas premisas apropiadamente
en cada uno de los dos espacios gemelos aplicamos dos veces separación
seguida
de conjunción.
Promovemos por compactación al patio principal
y quitamos el gancho de conjunción. Ahora podemos separar tanto
como con ayuda de
la premisa restante y conjuntarlas como la conclusión deseada.
Pero ahora que sabemos que las premisas pueden generar una contradicción, comencemos por
pedir una conclusión arbitraria y su gemela en el espejo, por ejemplo "todos debemos suicidarnos
inmediatamente", que representaremos por y :
Procedemos como en la demostración anterior, pero dentro del espacio secundario superior
hacemos como arriba.
Promovemos por compactación.
que nos permite finalmente promover la conclusión ridícula del suicidio universal.
Para defendernos de estos curiosos razonamientos válidos debemos atacar
las premisas directamente las cuales, ellas mismas, contienen una contradicción. Debemos
tomarlas, con independencia de toda conclusión y reducirlas al absurdo. Para ello haremos las
operaciones consiguientes, tratando de derivar, en el espacio principal, no una conclusión
específica sino una contradicción cualquiera:
Introducimos premisas
y aplicamos como antes separación y conjunción.
Promovemos y se genera la contradicción buscada.
Demostrada la incompatibilidad de las premisas, el
contrincante quedará desarmado y sobre él recaerá el mayor oprobio que puede temer un lógico:
haber hablado de manera incongruente.