Discurso pronunciado en la Asamblea
Universitaria celebrada el 22
de julio de 1967, como reacción al intento
de la Prensa y de organizaciones extremistas locales de impedir que se celebrara en la
Universidad de Costa Rica una
mesa redonda sobre marxismo en la cátedra del Dr. Constantino Láscaris Comneno.
Este incidente es considerado por muchos como un hito en la historia intelectual
de Costa Rica, que marcó el paso de la sociedad aldeana en que consistía hasta entonces a la
sociedad abierta
que hoy fundamentalmente es.
La Universidad, señores, debe velar por las juntas y las lecturas de los hijos de las buenas familias de Costa Rica. Después de todo son ellas las que la mantienen por el estricto pago de sus impuestos directos.
He aquí un concepto de Universidad: la Universidad guardería infantil pequeño burguesa. ¡Pero hay otro concepto, señores: la Universidad conciencia lúcida de la Patria!
Las dos concepciones son incompatibles. Tomar conciencia exige un intenso contacto con los problemas de la sociedad de nuestro tiempo. Ese contacto no debe ser limitado en ninguna forma. La lucidez exige sensibilidad clara, disponibilidad mental, estado de alerta del intelecto. Implica actitud de investigador, ir al encuentro de los problemas. Implica profundidad de análisis, integración de perspectivas, examen crítico de las implicaciones todas de las ideas.
La lucidez espanta, pero no debe ser temida. La
lucidez compromete, pero compromete con la
verdad. Y la verdad es la razón misma de ser de
la Universidad. Los riesgos del pensamiento, si
los hay, no pueden ser compensados con
cortapisas al pensamiento. ¡Deben ser
compensados con más pensamiento! Solo un
pensamiento
es peligroso: el que se queda a
medio camino en su recorrido. Si vemos todas
las consecuencias de una tesis, el resultado no
puede no ser saludable. Creer lo contrario
equivaldría a admitir que pueda ser saludable
no conocer la verdad, o que pueda ser malsano
conocerla.
La lucidez espanta porque puede ser perturbadora. El orden social está edificado en parte sobre la ignorancia, el temor y el prejuicio. En cuanto combate esas lacras, la Universidad puede ser llamada revolucionaria. Por algo las dictaduras la cierran. Por algo los déspotas la persiguen. Su verdad conmueve el orden establecido o impide la falsa tranquilidad de conciencia.
Decía Bacon que la ciencia es conocimiento que transforma al mundo. Esto es hoy todavía literalmente cierto. Y puede que ese mundo sea el mundo social. Quienes se escandalizan porque celebramos mesas redondas sobre teorías económicas y políticas no se inmutan de que enseñemos la teoría de la relatividad o expliquemos la mecánica cuántica. En estos campos la investigación no la consideran peligrosa, ¡solo en materia social! Mientras el orden social no se afecte, ni siquiera la bomba atómica resulta peligrosa. Hemos oído en estos días planteamientos filosóficos bien extravagantes. Como la política, según frase de Einstein, es más difícil que la física, debemos olvidarnos de la política y dedicarnos solamente a hacer física (el resultado, presuntamente, sería el imperio de la fuerza bruta). ¡No señores, no! Ese no puede ser el sentido de la frase de Einstein. Si la política es más difícil, dediquémosle redoblados esfuerzos. Consagremos nuestros mejores intelectos a la solución de sus problemas: ¡no menos pensamiento sino más pensamiento!
La carencia de un Departamento de Ciencias Políticas en la Universidad es un escándalo universitario. La carencia de un curso permanente sobre problemas contemporáneos en el primer años común es un escándalo universitario. La Universidad, es triste reconocerlo, no está cumpliendo plenamente su función de conciencia lúcida de la Patria.
Existen gravísimos problemas que deben ser abordados por los universitarios, ser analizados profundamente por ellos. El resultado de ese análisis debe ser proyectado en el ambiente por los líderes intelectuales del país. Esos líderes intelectuales, ¿será necesario repetirlo?, somos los universitarios. Está el problema de la miseria creciente del pueblo, en nuestra democracia modelo en la que el cinco por ciento de la población percibe el treinta y cinco por ciento del ingreso. Están los problemas conexos del subdesarrollo y la superpoblación. Está el problema de la supervivencia de la libertad en un ambiente social en el que proliferan actitudes y movimientos de corte netamente fascista. En el orden internacional, está el problema de la justicia de la guerra en una época armada para la destrucción indiscriminada o total. Está el problema de la violencia, de izquierdas y de derechas, que se extiendo como un fuego por el continente, desde las selvas de Bolivia hasta las calles de Newark. El oprobio de los regímenes racistas y coloniales del África ofrece otro excelente tema de meditación social. En verdad, quienes reducen todos los problemas del mundo a un planteamiento anticomunista pecan de simplismo obtuso o malintencionado. El comunismo no existe en el vacío: es parte integrante de las enfermedades sociales contemporáneas. Al ofrecer su lista no pretendo ser completo. Solo doy una muestra de problemas ignorados o insuficientemente estudiados por la Universidad.
Para terminar, recordemos un aspecto de la teoría platónica del poder. No participo de esa teoría, pero si a alguna comunidad ella es aplicable, lo será en primer lugar a la comunidad pensante que es, o debe ser, la Universidad. Dice Platón que el motivo por el cual los gobernantes aceptan gobernar es, el injusto por el deseo del premio; y el justo por el temor al castigo. Ese castigo es ser gobernado por el injusto. En ese sentido, señores, la Universidad está siendo castigada. Los grupos extremistas le faltan el respeto a la Universidad. Eso no debe extrañar a nadie. Lo alarmante es que el ambiente esté permitiendo esa falta de respeto y que los universitarios no salgamos en masa a defendernos. Si continuamos así, la cruzada anti pensamiento seguirá su curso y podrá acabar con las ideas en nuestro país. Es la misma estrategia aplicada en otras partes de nuestra América: de desprestigiar en forma sistemática a las instituciones serias para que el pueblo pierda la fe en ellas. Al final, no quedará más que una institución: el Ejército, y a falta de ejército, bandas armadas particulares. El complot obscurantista habrá cumplido su objetivo.
Señores: esto no debe ocurrir en Costa Rica. Los universitario debemos impedirlo.
Universidad debe defenderse, militando contra los enemigos del pensamiento. Solo así
puede seguir existiendo. Una ausencia de reacción significaría el comienzo de su
prostitución y su ruina.
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Claudio Gutiérrez