DESCUBRIR LO OCULTO EN LO OBVIO

Claudio Gutiérrez


En la ocasión de la inauguración de un microscopio electrónico.

Nos reunimos hoy en académico regocijo para celebrar la inauguración de este Centro de Microscopía Electrónica, que cuenta con uno de los aparatos más extraordinarios creados por el hombre, no para matar, sino para investigar y para sanar. Es un espléndido instrumento que multiplica la eficiencia de los humanos sentidos más allá de todo lo que la humanidad anterior a Francis Bacon había creído posible. Y digo anterior a Bacon porque este profeta de la ciencia anunciaba ya en el siglo XVII que de la enmienda de la filosofía de su tiempo, es decir, de la fundación del método científico, podrían esperarse cosas entonces totalmente increíbles. Su razonamiento era muy sencillo: había percibido la dorada regla de que hay que estudiar en lo obvio y evidente los procesos que en otros contextos permanecen ocultos y misteriosos; descubierta la ley en el contexto simple, paso a paso podríamos desentrañar los enigmas de lo complicado. Nada más ilustrativo del cumplimiento de esta profecía que el advenimiento de este prodigioso instrumento que multiplica la capacidad resolutiva del ojo humano más de medio millón de veces.

Este aparato funciona básicamente como un microscopio de luz; se confirma así la regla mencionada de que los principios aprendidos en los contextos simples pueden extrapolarse a los contextos más complejos. Un rayo de electrones ilumina el espécimen que va a ser estudiado. Los electrones se trasmiten a través de una tajada sumamente delgada del espécimen y son puestos en foco por lentes magnéticos; lo que se forma es una imagen bidimensional, sea en una pantalla fluorescente o en una placa fotográfica. La confirmación en 1927 de la naturaleza ondulatoria del electrón fue lo que trazó el puente entre lo simple y lo complicado: los principios de magnificación de la luz, que es onda, resultaron también aplicables a los rayos de electrones, que son materia ... pero también onda. Queda ilustrada aquí la naturaleza de la ciencia: no producto sobrehumano de genios excepcionales, sino resultado de la colaboración de muchas inteligencias normales que supieron coordinar sus esfuerzos y avanzar paso a paso de lo simple a lo complejo.

El método de hacer posibles cosas increíbles, que preconizaba Bacon, no ha terminado; tal vez no terminará nunca, mientras el hombre esté sobre este planeta, con tal de que siga usando la investigación científica más para curar y construir que para destruir y matar.


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