EL DERECHO A EQUIVOCARSE

Claudio Gutiérrez


Intervención en la Asamblea Universitaria celebrada el día lunes veintiuno de noviembre de mil novecientos setenta y siete, en defensa del Movimiento Estudiantil

Acta de la sesión No. 3 de la Asamblea Colegiada Representativa, convocada por su Presidenta, Licda. María Eugenia Dengo, a solicitud de treinta y un miembros de la Asamblea, de conformidad con el artículo 18 del Estatuto Orgánico de la Universidad de Costa Rica.

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Artículo 2

Se inicia el análisis del punto No. 2 de la Convocatoria, que dice así:

Que la Asamblea conozca y resuelva lo que corresponde para que el movimiento estudiantil universitario se transforme en un movimiento serio y responsable y que acate en todos sus extremos las disposiciones estatutarias y reglamentarias, y un proyecto de ampliación y reforma del Estatuto Orgánico para incluir todo lo concerniente a los procesos electorales estudiantiles.

La señora Presidenta abre el debate general ... sobre este asunto.... Cede la palabra al señor Rector, Dr. Claudio Gutiérrez, para referirse en contra del asunto de la convocatoria.

El señor Rector expresa que por ser esta la primera vez que está frente a los compañeros asambleístas, después de los comicios del once de noviembre, debe comenzar por hacerles presente su profundo agradecimiento por la confianza depositada en él al reelegirlo como Rector de la Universidad de Costa Rica. El apoyo que le dan lo compromete aún más a consagrar sus mejores esfuerzos en el servicio de esta casa de estudios que todos aman y en pro de la educación y el desarrollo de este país. Cuenta con que por medio de la multitud de problemas, crisis y momentos difíciles, de que, sin duda, estará lleno el próximo período, podrá mirar hacia todos los compañeros en busca de orientación y de colaboración sólida para llevar adelante las metas que se han propuesto. Muy pronto se presenta la primera de esas crisis representada por esta convocatoria. Cree su deber como asambleísta y como responsable de la marcha cotidiana de la Institución, expresar su punto de vista sobre ella, lo que hará en este período de debate general.

Un grupo de profesores ha puesto en cuestión la tradicional independencia del movimiento estudiantil y sugerido la posibilidad de que las autoridades universitarias sustituyan a los estudiantes, en alguna medida, en la responsabilidad de elegir su gobierno propio y de seleccionar sus representantes ante los organismos universitarios. Está en descuerdo con esa iniciativa por su forma y por su fondo. Por su forma, porque no considera lo más adecuado que sean las autoridades o profesores universitarios quienes presenten a esta Asamblea los asuntos estudiantiles, siendo así que la Asamblea está integrada en un 20% por estudiantes. Por su fondo, porque cree que es una mala solución a los problemas que tenga el movimiento estudiantil el mediatizarlos por medio de un intervencionismo permanente o institucionalizado en los asuntos que le son propios.

El Estatuto Orgánico define a la Universidad como una institución autónoma y crítica frente al Estado y la sociedad. Tal definición es concordante con una larga y amplia tradición universitaria de todo el mundo y especialmente de América Latina. Difícilmente concibe que quieran defender externamente esa autonomía y esa criticidad si internamente le negaran a los estudiantes, corazón y razón de ser de la Universidad, el derecho de actuar con autonomía y críticamente. Por el contrario, es con base en esta vida interior democráticamente y libre que pueden actuar hacia afuera como conciencia crítica de la patria. El día que aquí mismo se oprimiera a los estudiantes y no los dejaran organizarse y expresarse como ellos quisieran, ese mismo día habrían abdicado el derecho de enjuiciar al Estado o a la sociedad por el irrespeto a los derechos humanos, a la libertad de pensamiento, o a la misma existencia autónoma de la Universidad. He ahí la primera razón para no estar de acuerdo con el intervencionismo sobre el movimiento estudiantil. Es una razón relacionada con la misión crítica de la Universidad ante la sociedad y con la defensa de la autonomía de la Institución.

Piensa en una segunda razón, relacionada también con la misión de la Universidad, esta vez en cuanto a su función docente. La Universidad debe formar para el país, los profesionales, hombres de letras, científicos e investigadores que necesita y debe formar estos recursos humanos de alto nivel con los mejores métodos de enseñanza y dentro de un ambiente lo más estimulante posible para su creatividad y productividad. Además debe formar también, en palabras iluminadoras de Rodrigo Facio, al hombre y al ciudadano, antes que al técnico o al profesional. Esta misión ha sido cumplida por la Universidad poniendo en juego muchos y diversos recursos y con una permanente actitud de revisión de métodos y principios de filosofía de la educación, por medio de reformas constantes a programas, planes de estudio y metodología, en busca siempre de más altos grados de efectividad y excelencia. Ha sido dominante en todos estos esfuerzos el énfasis en la participación, en provocar en el estudiante el deseo y el compromiso de ser él personalmente el sujeto de su proceso de educación y no el objeto pasivo de un profesor que impondría en él la ciencia o la cultura.

En concordia con los principios de la filosofía moderna de la educación, se ha pensado que la mejor manera de asegurar una educación auténtica y de calidad, es provocar que el estudiante tome en sus propias manos la tarea de edificar su destino. Han querido tratar a los estudiantes como personas y no como materia prima de una fábrica; han querido tratarlos como adultos y no como niños a quienes debieran llevar de la mano. El ambiente educativo es uno, no admite separación en compartimientos estancos; así, no pueden regirse por un principio filosófico dentro del aula a la hora de organizar el currículum o elegir la metodología, y regirse por otros distintos en el salón de sesiones. Si se confía en los estudiantes como arquitectos de su propio destino dentro del aula, también deberán confiar en ellos fuera del aula en su papel de representantes estudiantiles, de electores estudiantiles o de funcionarios del gobierno estudiantil. Mediatizarlos aquí, haría inevitable un cambio de actitud allá, porque el profesor y el estudiante son hombres, y el ser humano es indivisible en su actuar y en su pensar.

Además, la educación de los líderes del mañana es y debe ser para la libertad, y, en la libertad, no pueden aspirar a que los graduados de la Universidad de Costa Rica tengan una conducta autónoma en su vida profesional y cívica en el futuro, si durante sus años formativos, pero ya adultos, los someten a distintas clases de supervisión y regulación propias de infantes, en vez de dejarlos asumir en forma plena, la responsabilidad de su ciudadanía. Así como es imposible separar la actitud del aula y la actitud del salón de sesiones, es también imposible separar la ciudadanía universitaria y la ciudadanía nacional. Si no forman en el estudiante al ciudadano universitario pleno, capaz de bastarse a sí mismo en sus asuntos propios, no pueden esperar que vayan a formar al ciudadano pleno, capaz de desenvolverse con autonomía y libertad en la sociedad como un todo.

En educación, el peligro de que el estudiante se equivoque y aplique con incorrección las técnicas que se ponen a su disposición, no los disuade de dejarlo como sujeto de su propio proceso formativo. Es más, ensayo y error es la vía reconocida, para alcanzar la destreza y edificar la ciencia. No otra cosa vale en el terreno de la educación cívica, la posibilidad de cometer errores en el gobierno estudiantil o en la representación estudiantil es parte integrante y fundamental de su potencialidad formativa. Impedir cometer errores por intervencionismo paternalista es poner barreras al crecimiento y a la autoafirmación de las personas. El derecho a crecer incluye el derecho a equivocarse.

En tercer lugar, y por último, una reforma reglamentaria o medidas de control acordadas por autoridades universitarias no van a hacer desaparecer una tradición de muchos años y de muchas raigambre filosófica que hace autónomo al movimiento estudiantil No nos hagamos ilusiones, los estudiantes no son niños, y no van a entregar pasivamente a los profesores su independencia. El movimiento estudiantil libre no desaparecerá porque las autoridades funden un movimiento estudiantil controlado; no provocaremos la sumisión del movimiento estudiantil, provocaremos simplemente su alienación, es decir, su hacerse ajeno, distinto y opuesto a la autoridad universitaria. Provocaremos ni más ni menos que la desintegración de esta comunidad universitaria que se ha definido como universo de estudiantes y profesores.

Hasta ahora, la Universidad de Costa Rica, siempre llena de tensiones internas como es natural en todo organismo vivo, ha funcionado como una unidad, pues sus distintas partes han actuado como tales, como partes de un todo. Cualesquiera que hayan sido los errores del movimiento estudiantil, lo cierto es que ha representado un elemento creativo y colaborador en la historia y evolución de la Universidad de Costa Rica. Baste recordar tres grandes acontecimientos de esa historia y esa evolución en que el movimiento estudiantil tomó parte determinante: la Reforma Académica de 1957, el Tercer Congreso Universitario y la lucha por el presupuesto.

El intervencionismo de la autoridad universitaria provocaría la retirada al Monte Aventino de los estudiantes, que organizarían su gobierno, ya no en autonomía, sino en oposición a esa autoridad universitaria; el objetivo de la intervención, presumiblemente la paz universitaria, no se habría logrado, sino precisamente su contrario, el rompimiento de la paz de que mal que bien hemos disfrutado hasta ahora, aún en los peores momentos de las relaciones entre estudiantes y autoridades.

"Por favor, no convirtamos tensiones internas saludables, en contradicciones externas, destructivas. Espero de la experiencia y de la inteligencia de los miembros de esta Asamblea el tratamiento más amplio, ponderado y conciliatorio de este importante asunto. Por eso estoy tranquilo en cuanto al futuro de la Institución, estoy seguro que seguirá una línea de ininterrumpido progreso en la realización de los valores de libertad, sabiduría, justicia y excelencia con los que está comprometida."

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Agotado el periodo de discusión de la moción, la señora Presidenta, después de leerla de nuevo en su parte resolutiva, la somete a votación.

El resultado de la votación es el siguiente:

82 Votos a favor de la moción
119 Votos en contra
3 Abstenciones

En consecuencia se rechaza la moción....


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