
Martin Luther King es conocido y alabado por su heroísmo, que le llevó a la muerte, y por su lucha implacable aunque no violenta contra la injusticia y el odio en las sociedades humanas. En cambio, es poco conocido como pensador, que también lo fue de gran calidad. Su enseñanza logró crear nuevos tipos de piedad y nuevos estilos de vida cristiana. Su herencia intelectual merece ser estudiada.
Para el teólogo King el dato fundamental de la vida religiosa es la fe, entendida como poder de reconciliación entre los hombres. La fe es compromiso irrevocable en la lucha contra el egoísmo en todas sus formas: racismo, segregación, explotación, guerra. La fe afirma la reconciliación allí donde el escepticismo niega su posibilidad. En la discusión intelectual la fe espera acuerdo; en la guerra, trabaja por la paz; en las relaciones entre las iglesias, aspira a la unión ecuménica; en la batalla económica, invoca el bien común. Conversamente, todo lo que labora por la unidad, el bien común, la paz, la reconciliación es para la fe manifestación del poder redentor de Dios en el mundo.
Su análisis del mal da mucha luz sobre problemas de nuestro tiempo. Básico en este análisis es el concepto de "conflicto ritual". Por tal se entiende el conflicto que, más que buscar ventajas, manifiesta la actitud de odio de las partes en pugna. El conflicto ritual se contrapone a la liturgia cristiana, que es "fraternidad ritual", manifestación de actitud de buena voluntad. Ahora bien: la fe no ve a los hombres o a los grupos humanos como malos en sí, sino como seres apresados en una estructura ideológica que hace el conflicto ritual inevitable. Para superar el mal no debemos atacar a los hombres, sino destruir la estructura que los hace actuar llevados por el odio.
Para vencer el mal debe haber asimetría entre la manifestación del mismo y nuestra oposición a él. De lo contrario no podremos superar el rito del conflicto. Debemos enfrentar la fuerza física con fuerza espiritual; no tratar de derrotar al enemigo, o de humillarlo, sino de ganar su amistad y comprensión. El hombre que responda al mal en forma asimétrica, devolviendo bien por mal, es precisamente el hombre que vive de la fe.
La no-violencia es para King la única manera práctica de vencer al mal porque está basada en una interpretación correcta de la realidad. La realidad es que el hombre recurre a la violencia porque está atrapado en una estructura de odio. Luchar contra el mal enfrentando violencia a violencia no soluciona nada, sino que perpetúa el problema al fortalecer esa estructura de odio.
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