A1 comenzar el siglo XXI nos preguntamos: ¿cómo llegará a ser la educación costarricense de aquí a cien años? No creo en milagros: no cosecharemos nada que no hayamos plantado. Tampoco creo en soluciones aisladas a un problema particular: lo que suceda a la educación no es separable lo que llegue a suceder a la sociedad como un todo, en particular a sus libertades y a su desarrollo económico.
¿De donde partimos? Nuestra sociedad es hoy una sociedad en transición. Además, es una sociedad desorientada, que no sabe hacia dónde quiere dirigirse. Una parte de la sociedad está aferrada al pasado, a viejos prejuicios religiosos y políticos, a privilegios de grupo o de clase, o al statu quo que no se quiere abandonar por miedo al cambio. Otra parte es más abierta y trabaja con iniciativa y diligencia hacia nuevos horizontes, comprendidos o apenas vislumbrados. ¿Qué resultará de este enfrentamiento? ¿Alguna de las dos tendencias se impondrá a la otra, o, muy a la tica, las dos se difuminarán recíprocamente para resultar en un caldo de agua tibia; o lo que es peor, las dos tendencias se aniquilarán una a la otra en interminable impasse que degradará progresivamente todas las instituciones y la calidad de vida de la nación? Todas las alternativas son posibles; y solo el tiempo nos dirá en qué dirección terminará caminando finalmente Costa Rica.
Pero además, Costa Rica no puede evolucionar sin tomar en cuenta las tendencias mundiales, sin ser afectada por los grandes cambios en la sociedad planetaria: sociales, económicos, políticos y científicos. El más evidente es el cambio tecnológico, que nos llega rápidamente de todas partes. Citemos la televisión, la Internet, el uso de computadoras, los avances de la medicina. Pero hay que contar también con las migraciones, la influencia del turismo, el deterioro o el mejoramiento del medio ambiente universal, la influencia de guerras o movimientos de integración en nuestro vecindario más o menos próximo. Por otro lado, la metodología educativa no es algo estancado: ha cambiado radicalmente desde los albores de la Revolución Industrial y sigue cambiando. Unida a la innovación tecnológica, nos pone hoy frente a frente con un dilema que no tendrá menos que resolverse en las próximas décadas: el dilema de una educación personalizada y libre en la era de la World-Wide Web, frente a la educación masificada, centralizada y reglamentada que heredamos de nuestros antepasados preinformáticos.
¿Cómo es actualmente nuestra educación? En su conjunto, ha venido recibiendo incrementos muy considerables de insumos desde comienzos de la década de los setenta sin que este mayor gasto público y privado se haya reflejado en cambios significativos en los niveles de preparación de nuestra población. Nuestro pueblo está básicamente alfabetizado, a pesar de bolsones crecientes de analfabetismo, pero carece de una adecuada formación secundaria, tanto cualitativa como cuantitativamente. La mitad (fundamentalmente rural) de la población no alcanza ese nivel y si lo hace, con raras excepciones (colegios científicos, unos cuantos colegios privados o semiprivados), es con pésima calidad. En relación con la cultura informática y el bilingüismo estamos muy atrasados, a pesar de avances significativos recientes. La gran masa de profesores, en todas las disciplinas, tiene niveles insuficientes de preparación y está fuertemente sindicalizado, con cultura laboral basada en aumentos de sueldos asegurados sin relación efectiva con la evaluación de su rendimiento. En fin, una educación mediocre heredada del pasado.
¿Qué pasará en los próximos años? Es probable que la relativa apertura comercial en curso permita un crecimiento económico, con tasas bajas pero positivas. Esto permitirá la creciente independencia económica de la población que resultará en un auge de la tendencia actual de los padres de familia que progresan socialmente a enviar sus hijos a escuelas privadas. La generalización de la informática en escuelas y colegios, junto con una posible liberalización relativa de las comunicaciones, el asegurado avance tecnológico mundial y el consiguiente abaratamiento de los equipos de formación personalizada, darán por resultado que un segmento grande de la población, cercano al 20% dentro de 20 años, dependa ya más de la educación informal, adquirida en el hogar, que de la escolarización formal pública o privada. Me inclino a pensar que ese proceso tendrá un incremento acelerado, hasta el punto de que a mediados del próximo siglo los niños y adolescentes costarricenses obtendrán ya el grueso de su preparación de los medios de comunicación colectiva y la Internet (o lo que de la integración recíproca y rápida evolución de estos medios haya para entonces resultado) y no por ningún tipo de educación institucional. Para entonces, lo que quede de educación formal será educación a distancia o tipo "campamento", donde los jóvenes sean reunidos para giras de conocimiento in situ de la naturaleza o de diferentes culturas (nacionales o extranjeras), así como tipo giras de profundización monográfica de famíliarización con el funcionamiento de diversas de problemas, empresas o instituciones nacionales.
Para dentro de cincuenta años los libros que hoy conocemos serán ya objetos de museo, habiendo quedado sustituidos mucho antes por una enciclopedia virtual universal al alcance de todas las manos a través de un aparato manual comparable al walkman o al teléfono celular actual. Un punto culminante en esta evolución será cruzado cuando la virtualización de la educación habrá erosionado más allá de toda recuperación posible el poder de los sindicatos de educadores. De ese punto en adelante, que calculo se alcanzará por ahí del año 2030, la reforma educativa procederá a pasos agigantados hacia su total desescolarización, personalización y virtualización. Para entonces el Estado habrá ya comenzado a sustituir el sistema de inversión directa en educación por un sistema de vouchers o bonos que los padres de familia podrán canalizar de muchas maneras para suministrar educación personalizada a sus hijos de origen y calidad mundial, transmitida y recibida por aparatos de comunicación interactiva; o de naturaleza local, como campamentos o giras, en que el maestro habrá sido ya sustituido completamente por el experto, guía o baqueano.
Lo que uno puede adelantar sobre más tarde en el tiempo, evidentemente, se va haciendo cada vez más borroso (¿quién habría podido imaginar la Internet a fines del siglo pasado?). Es de suponer que para entonces la existencia de robots inteligentes (no simplemente industriales de repetición de movimientos, sino dotados de conocimiento y capacidad adaptativa general) esté generalizada. En cada familia costarricense existirá por lo menos uno de estos robots, dedicado como los antiguos tutores de las familias de los nobles, a la formación de los niños. O quizá la idea misma de robot individual habrá ya dejado de tener sentido y existirá en cambio una "robotidad" etérea que recubrirá la vida de los seres humanos para apoyarla en forma difusa en sus aspiraciones físicas y espirituales de modo no obstrusiva, a la manera de un dios omnisciente e invisible pero no recriminativo ni vengativo, que estimulará el despliegue y disfrute de nuestros descendientes de entonces. A un plazo tan largo ya en realidad no es posible predecir nada; debemos conformarnos simplemente con soñar.