Desde la profunda geometría
de las ramas del árbol
habló el Señor mi Dios
y me dijo:
"Yo soy el que soy y el que no soy".
El viento articuló sus palabras
y las hojas bamboleantes
las tuvieron apresadas
y en suspenso por un rato.
Recordé que en otras ocasiones
Dios me había hablado también
desde espacios vacíos
confinados por líneas precisas,
como aristas de cuerpos
u otros espacios finos.
El aire cargado de humedad
vomitaba aroma de zarza ardiendo.
"En este espejo has de verte",
continuó Dios
y el ardor de la atmósfera
transformó el árbol
en cristal reluciente
donde vi reflejada mi imagen.
Contemplé mi pasado en las raíces
pegadas a la tierra y subterráneas,
ensayo y error de incontables generaciones.
Percibí mi presente en la corteza
escudo cilíndrico contra tempestades,
Hacia arriba vi ternura sutil
efervescente de retoños y hojas
interminable explosión
de ramas incongruentes,
Desde los resquicios del árbol
me habló hoy tímidamente
–inmaterial e impalpable–
el Señor, mi Dios de esta parábola.