Claudio Gutiérrez es el primer pensador en la historia de Costa Rica que ha hecho filosofía con la aplicación sistemática de técnicas de la lógica y el diálogo constante con la ciencia típicas de la corriente analítica. Es el pionero dentro de la primera generación nativa de filósofos con formación académica de nivel internacional que dejaron atrás los ensayos más bien literarios para pasar a la investigación con el rigor y la originalidad requeridos en escenarios internacionales más exigentes. Antes de él hubo sin duda en el país varios filósofos notables entre los que destacan Roberto Brenes Mesén (1874-1947) y Moisés Vincenzi (1895-1964), pero es él quien introduce una manera precisa y profesional de hacer filosofía muy diferente al misticismo esotérico, a la religión disfrazada con ropaje filosófico, al localismo reducido y a la reducción de la filosofía a su historia, enfoques que en distintos momentos o apoyados unos en otros habían prevalecido
antes.
En materias filosóficas que ya existían en el currículo universitario como lógica, epistemología y filosofía de la ciencia,
el cambio que les imprime, sobre todo a partir de su tesis doctoral, es fácil de documentar. Su obra
Elementos de Lógica, 1968,
es el primer escrito en el país que lleva el título correcto, pues lo que pasaba por tal anteriormente era una mezcla de psicología, gramática, metafísica y una versión simplificada de los silogismos categóricos de Aristóteles sin operadores modales ni justificación teórica de la distinción entre validez e invalidez. La originalidad, presente en todo cuanto ha escrito, aparece ya en esta obra en el tratamiento de propiedades enantiomórficas de algunas conectivas, tema que vuelve a aparecer en un contexto mucho más amplio en su denso artículo de 1977
"Ambigüedad y Comunicación", al que volveremos. En ámbitos nuevos como la computación e informática se encuentra entre los pioneros en la región. Su interés por este campo del conocimiento muestra una preferencia personal por la modernización de procesos y por las aplicaciones sociales de la ciencia que choca con la tendencia a anclarse en ideas y prácticas anteriores, obvia en otros de sus contemporáneos que siguieron insistiendo en la supremacía de la metafísica o en nuevas versiones de ideologías inmunes a la contrastación.
Así lo han visto otros investigadores de su pensamiento. En la presentación de la conferencia de Gutiérrez “La nueva filosofía de la mente” Carlos Molina [1993, 160] dice de él que quizá sea
la persona que más ha contribuido a introducir en nuestro medio ese modo distinto de filosofar desarrollado en los países de habla inglesa; (...) pese a haberse ocupado de temáticas al parecer muy formales y abstractas, sin embargo la preocupación social ha sido una constante de su pensamiento.
Y en palabras de Juan Diego López [2004, 34]:
Su espíritu sistemático, la profundidad de sus reflexiones y la variedad y riqueza de su producción intelectual constituyen un verdadero placer del espíritu y representan un reto profesional de una fuerza irresistible.
Incluso cuando no se hace explícita aparece la diferencia que significa su obra en el contexto nacional.
Aunque en su trabajo fundacional de 1975 Historia de las ideas en Costa Rica Constantino Láscaris lo coloca en la sección que titula “Filosofía General”, [Láscaris, 1975, 315] inmediatamente después de Vincenzi y Brenes Mesén, en el resumen de su pensamiento se ve que no encaja con las posiciones de los anteriores y que difiere mucho de los posteriores en la lista, con la excepción de Alexander Skutch, el ornitólogo de fama mundial radicado en Costa Rica cuyos ensayos sobre el origen de la ética combinan de modo semejante el conocimiento científico con la argumentación filosófica.
Visto desde fuera del país, el papel de iniciador desempeñado por Gutiérrez se destaca en la obra El análisis filosófico en América Latina [Gracia, Rabossi, Villanueva y Dascal, 1985,472-4]:
El centro de la actividad filosófica en América Central es, sin duda, Costa Rica (...) En los años cincuenta no hay evidencia que indique un mayor interés en el análisis filosófico. Pero en 1960 se publica en la Revista de Filosofía un artículo de Claudio Gutiérrez titulado “El consentimiento civil a la luz de la lógica moderna”, en el que el autor usa lógica simbólica para aclarar algunos problemas de la filosofía del derecho. Este es el primero de una serie de artículos de Gutiérrez que mantienen la presencia del análisis filosófico en Costa Rica.
Luego mencionan la ponencia en el congreso extraordinario celebrado en Costa Rica en 1961 y añaden:
De ahí en adelante el efecto de Gutiérrez se deja sentir no solamente a través de publicaciones sino también en el currículo universitario. (...) Claudio Gutiérrez estudió en la Universidad de Chicago en 1965, donde recibió su doctorado. Después de volver a Costa Rica continuó publicando activamente. Entre sus trabajos se encuentran un texto de lógica, Elementos de Lógica (1968), su tesis doctoral Epistemology and Economics publicado en la Revista de Filosofía en 1969, y varios artículos sobre sistemas de deducción natural y paradigmas (por ejemplo en Crítica, 1968) y más tarde sobre cibernética. Su actividad filosófica decrece algo, sin embargo, cuando lo nombran Rector... En este periodo publica tres artículos, entre los que se encuentran “Knots and Blanks: The Pragmatic Foundation of Logical Principles” (Theory and Decision 6, 1975) y “Ambigüedad y Comunicación” (Revista Latinoamericana de Filosofía, III, 3, 1977).
La referencia al periodo de rectoría (1974-1980) como menos productiva intelectualmente es curiosa, porque precisamente
los tres artículos que mencionan de ese periodo (el que no citan se titula
“La contradicción: ¿vicio formal o cifra de contenido?”) contienen algunas de
las ideas más interesantes del autor. Tampoco haber sido Ministro de Educación en 2002 le impidió continuar con la
preparación de su obra de madurez titulada
Ensayos sobre un nuevo humanismo.
Justamente por esa sucesión de posiciones técnicas, administrativas y docentes cuesta pensar en la Universidad de Costa Rica en un periodo de varias décadas sin que venga a la mente el recuerdo de sus múltiples avatares: decano, vicerrector, rector; profesor, investigador, escritor. Cuando uno repara en la primera serie de puestos ocupados por él resulta natural recordar la imagen de los
nudos,
tan importante en su epistemología aunque pensada en otro contexto y no en el de la administración universitaria. Ocupar un puesto administrativo-docente en una universidad consiste en gran medida en desatar los incontables nudos creados por la incompetencia y la mediocridad enquistadas en el engranaje de instituciones, el exceso de normas creadas y constantemente reformadas por consejos universitarios que disponen de mucho tiempo y tienen poco trabajo, así como la entropía administrativa, tan real como la física.
Cuando uno piensa en el investigador, profesor y escritor otra imagen viene a la mente — igualmente importante en su epistemología — la del
vacío que hay que llenar al tratar de explicar la realidad y que se genera al llegar cada paradigma a su punto ciego, a los problemas para los que no se encuentra solución dentro de una manera particular de ver las cosas.
Tanto para desatar los nudos como para llenar los vacíos se requiere inteligencia e imaginación, flexibilidad y capacidad de ver conexiones donde nadie las había visto antes, pero también trabajo constante, disciplinado, perseverante y con frecuencia no reconocido por los demás. A los vacíos teóricos hay que añadir otros prácticos, propios del subdesarrollo e igualmente problemáticos: escasez de medios, estímulos y reconocimiento. Más recientemente hay que añadir el vacío conceptual de posiciones según las cuales la filosofía ha de desaparecer para ser sustituida por la crítica política, que con frecuencia se reduce a opinar sobre problemas económicos y sociales sin tomarse la molestia de estudiar economía ni sociología.
Nudos y vacíos, tema del artículo de 1975 con ese título, son conceptos que aparecen en una época muy original en la actividad intelectual de don Claudio y que tienen que ver con la idea del agotamiento de los paradigmas, es decir, de los marcos interpretativos dentro de los cuales se organizan los datos de la experiencia. Ambos son dependientes del contexto, del paradigma dentro del cual se presentan como perturbaciones y se resuelven de diferente manera: el nudo mediante el reemplazo por un término teórico que supera la contradicción formal, el vacío con la introducción de una categoría que resulta residual en ese paradigma pero que no lo es en otro.
La fórmula “soltar los nudos y llenar los vacíos”, que encontramos en varios lugares de su producción escrita, describe así una necesidad tanto teórica como práctica; aunque la manera de hacerlo difiere según el contexto hay continuidad entre los diversos ámbitos de la teoría y las variadas experiencias de la práctica. En
“Reflexiones sobre el relativismo” (1987),
incluido en el volumen
Informática y sociedad (UNED, 1992),
los dos preceptos metodológicos son también imperativos racionales. Así tenemos la conexión con la ética y la política,
explorada luego en
“Virtualidad y política”,
artículo incluido en el volumen
Virtualidad
y Derecho (San José: Comisión Nacional para el Mejoramiento de la Administración de la Justicia, 1998).La ética, necesaria para la experimentación que se requiere para el avance del conocimiento, es igualmente necesaria como garantía para que no se impida el funcionamiento de la libertad. Como depuración lógica de los automatismos morales, no se puede basar en un único principio absoluto. Ética y tecnología se relacionan en proporción inversa: los medios para evitar la ética están cada vez más disponibles gracias al progreso de la técnica. Por ejemplo, si vemos el delito como un engendro de la escasez, entonces el mejoramiento de la producción y distribución de bienes y servicios tiene implicaciones éticas, aunque no en el sentido superficial que suele darse a la expresión.
La política es una categoría residual, es decir, lo que queda cuando se sustrae de una situación todo lo que sabemos con certeza. Es así sinónimo de ignorancia, pero es un ámbito cada vez más reducido porque los criterios técnicos sustituyen cada vez más a los políticos. Este artículo termina con una crítica a la democracia representativa en favor de la democracia directa, donde los individuos toman las decisiones sin necesidad de mediación.
Quizá la experiencia universitaria esté detrás de estas consideraciones: en vez de órganos colegiados permanentes bien pagados que deliberan sin parar aunque no haya de qué deliberar, sería mucho mejor la participación directa de todos los miembros de la comunidad en la toma de decisiones, procedimiento que la tecnología ha hecho más fácil.
Debemos distinguir varias épocas en la producción intelectual del autor analizado, pero antes de entrar en la diferenciación de etapas dentro de su obra y para comprenderlas mejor es necesario recordar que como testigo privilegiado de los hechos y agente de cambio Claudio Gutiérrez ha estado presente en varios de los procesos sociales más importantes por los que ha atravesado Costa Rica en la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI. Su vida aparece entrelazada con proyectos y procesos que culminaron con cambios permanentes en la vida nacional y que se reflejan en sus notas autobiográficas: la expansión de la frontera agrícola – parte de su experiencia infantil en la finca paterna en Matina–; la Reforma Universitaria acordada en 1955 y que se inicia dos años después con la creación de Estudios Generales en 1957, la introducción de la enseñanza de la filosofía en secundaria a partir de 1960 y de la lógica simbólica en carreras universitarias, el inicio de la regionalización de los estudios superiores en 1968, la implementación de los acuerdos del III Congreso Universitario de 1972 con la consiguiente reestructuración de la Universidad, la difusión de la pedagogía de la liberación de Paulo Freire, la aplicación de la computación e informática a procesos administrativos y docentes , la investigación en ciencias cognoscitivas, la lucha por poner orden en el Ministerio de Educación en 2002 y, más recientemente, la reformulación del humanismo a partir de bases científicas.
En varios de estos proyectos la repercusión internacional de la obra de Gutiérrez es fácil de ver: sus trabajos en inteligencia artificial encontraron una base de proyección fuera del país desde la Universidad de Delaware, donde fue profesor [visitante] primero entre 1981 y 1983, luego [titular] entre 1984 y 1995 y donde dirigió el departamento de Computación y Ciencias de la Información en 1987 y 1988. Este eco internacional también es de esperar con su obra reciente titulada
Ensayos sobre un nuevo humanismo, cuyo carácter de síntesis fundamentada en la ciencia actual le abre las puertas a la discusión sin límites de fronteras. Con razón dice Molina [1993,160]:
Claudio Gutiérrez es, posiblemente, el filósofo costarricense que más ha trascendido nuestras fronteras y que mayor reconocimiento ha tenido en el extranjero. Asimismo, ha de ser considerado una de las principales figuras latinoamericanas en el campo de la investigación en Inteligencia Artificial.
Para ubicar este quehacer intelectual tan amplio y sostenido, así como para distinguir luego sus etapas es útil referirse a los movimientos intelectuales que han configurado la discusión nacional en la segunda mitad del siglo pasado y principios del presente. Pasada la Segunda Guerra y la Guerra Civil de 1948, el país entró en una efervescencia intelectual a mediados de la década de los cincuenta en la que se ubica también el inicio de la producción intelectual de Gutiérrez (su primera conferencia pública fue en 1954). El acuerdo tomado por la Asamblea de la Universidad de Costa Rica el 30 de abril de 1955 de llevar a cabo una profunda reforma que implicaba la creación de una facultad central de ciencias y letras y del Departamento de Estudios Generales, puede servirnos para satisfacer el deseo de poner fechas fijas a procesos fluidos. Una frase en el discurso de don Claudio como Rector con motivo de la celebración en 1980 de los 40 años de fundación de la Universidad es relevante en este contexto: “Como sucede en todo proceso histórico, cada etapa lleva en sí el germen que engendra la etapa que habrá de sucederla” [1980, 23]
Vale la pena correr el riesgo de alargar esta historia buscando conexiones anteriores, pues la cresta de los años cincuenta fue precedida por una caída o interrupción de un comienzo brillante en la trayectoria de Costa Rica como nación. Para encontrar una época de cambio semejante a la de los cincuenta en el siglo XX habría que retroceder a la década de los ochenta del siglo XIX, a los años en que Bernardo Soto era presidente, con la Ley General de Educación, la contratación de científicos europeos para dar clases en los recién creados Liceo de Costa Rica y Colegio de Señoritas y hacerse cargo de agencias gubernamentales dedicadas a la meteorología, sismología y otras ciencias. Esta época brillante produjo una primera generación de científicos costarricenses entre los cuales destacan Fidel Tristán, Anastasio Alfaro y, sobre todo, Clodomiro Picado. También aparecen los primeros filósofos nativos, sobre todo Roberto Brenes Mesén y Moisés Vincenzi. Pero entre mediados de los cuarenta, cuando la situación política del país se vuelve inestable, y la mitad de la década siguiente en un periodo de aproximadamente diez años, se nota un agotamiento prematuro del primer impulso hacia una producción nacional en ciencia y tecnología con la consiguiente reflexión filosófica.
El impulso perdido se retoma en 1955 con la aprobación de la reforma universitaria, que se lleva a cabo en 1956 y 1957.
Es la época de la llegada de otra oleada de profesores extranjeros. En 1957 se funda la
Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica
y en 1958 la Asociación Costarricense de Filosofía. Revistas y asociaciones se han fundado en otros muchos países del mundo, pero en pocos han sobrevivido por tantos años. Cincuenta años después de fundadas, la Revista y la Asociación siguen llenas de vida. En esta época Costa Rica ha tenido una amplia producción filosófica y una intensa actividad en este campo. Resulta lógico suponer, además, que tal actividad tiene alguna relación con el desarrollo histórico de la nación.
En un largo artículo publicado en La Nación el 4 de marzo de 2007, p.38A, don Claudio cuenta en detalle su participación en este proceso como miembro del triunvirato nombrado para ejecutar el acuerdo de 1955 cuyos otros dos miembros fueron Enrique Macaya y José Joaquín Trejos.
Después de la larga digresión anterior pasemos pues a distinguir las etapas cronológicas en la vida intelectual de Gutiérrez. Constituyen cinco niveles de intereses, publicaciones y actividades, pero hay que advertir que las relaciones dentro del todo son más complejas que la distinción rígida de partes, lo que explica que las fechas de algunas publicaciones sean posteriores al periodo en que se fraguaron las ideas contenidas en ellas.
El periodo de su formación en filosofía y letras (1949-1950) se inicia con sus estudios en Madrid, donde asistió a clases con Ortega y Gasset y se sintió atraído por el historicismo de Dilthey y el existencialismo. Cuando Gutiérrez participa luego en la reforma universitaria de 1956-1957 las ideas de Ortega todavía tenían eco en la inspiración para la creación del programa de Estudios Generales, aunque la referencia más cercana sería ya la experiencia puesta en práctica en la Universidad de Chicago, que conoció personalmente más tarde en 1960.
La segunda etapa es la de sus estudios de historia y derecho en la Universidad de Costa Rica. Obtuvo su licenciatura en historia en 1953 con una tesis sobre la teoría del nexo real calificada summa cum laude, y en derecho en 1959. Aparte del artículo "Ensayo sobre generaciones costarricenses 1823-1953," aparecido en la Revista de la Universidad de Costa Rica en 1954, su principal interés en esta época es la lógica jurídica y varios artículos así lo reflejan, por ejemplo "El consentimiento civil a la luz de la lógica moderna”, publicado en la Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica No.7 1960. Otro artículo de lógica es “Sistemática de enunciados indiferentes”, en el volumen de ponencias del II Congreso Extraordinario Interamericano de Filosofía (Imprenta Nacional, 1961). En 1983, al escribir el Prefacio a Nueve ensayos epistemológicos, Gutiérrez señala que esta época que en su apreciación empieza con su graduación en Filosofía y Letras en 1953 estuvo dominada por preocupaciones teológicas y por el existencialismo. De esta época es su primera conferencia pública en 1954 sobre los tres estadios del conocimiento según Comte. Al escribir dicho Prefacio en 1983, Gutiérrez ve confirmada la teoría comtiana de los tres estadios de la evolución del pensamiento en su propia trayectoria filosófica, resumida en tres etapas: teológica (1953-1966), epistemológica (1966-1979) y científica (1979--).
Luego vienen los estudios en la Universidad de Chicago, entre 1965 y 1966, anticipados por la estadía
de un año en 1960. La libertad académica de esta universidad, heredada de la tradición de Humboldt, impresionó mucho e
influyó en la formación del joven estudiante. En su primera estadía en Chicago llevó cursos de lógica, y cuando regresó en
1965 sus estudios para el doctorado fueron en filosofía de la ciencia. Como ya vimos, su tesis doctoral se titula
Epistemology and Economics:
A Contribution to the Logical Analysis of Economic Theory, publicada en Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, no.25)
y según se nos dice en el Prefacio de
Nueve ensayos, de ella salen tres artículos:
“La abstracción y los límites de la imaginación
paradigmática” (Crítica,
Vol. II, No.5, May 1968), “The Extraordinary Claim of
Praxeology" (publicado en inglés,
Theory and Decision, Vol. 1, No.4, June 1971), y “Epistemología y Economía,” un resumen de su tesis, preparado
especialmente para ser incluido en los
Nueve ensayos.
De regreso en Costa Rica en 1967, su docencia y publicaciones en el campo de la lógica fueron las primeras en ajustarse a la condición internacional de la materia. Esta es también la época de la introducción de la lógica en la enseñanza de filosofía en secundaria, proyecto en el que se involucró por un tiempo. En el Prefacio de
Nueve ensayos, Gutiérrez justifica la publicación de ese volumen diciendo que recoge en él los temas de su pensamiento de madurez en epistemología, que surgen de esta etapa.
Entre 1969 y 1988 se ubica la época de interés teórico y práctico por la computación e informática, que se inicia con su participación en la automatización de procesos en el interior de la Universidad y se prolonga en investigaciones en inteligencia artificial y sistemas expertos. Las aplicaciones sociales de la nueva tecnología de la computación y la novedosa ciencia de la informática siguen presentes luego en el resto de la producción de Gutiérrez. En particular, el breve artículo ya mencionado arriba que lleva el título "Virtualidad y política", es tan sugestivo que debería ser lectura obligada para todos los aspirantes a cargos públicos.
La quinta etapa empieza en 1988, como una prolongación del interés por la computación e informática al dedicarse a las ciencias cognoscitivas después de una primera exposición al tema en un congreso celebrado en Edinburgo en 1980. Dentro de este periodo se encuentran sus investigaciones, docencia y experiencia administrativa en la Universidad de Delaware. Una primera síntesis del pensamiento de Gutiérrez en esta época es la obra
Epistemología e informática,
en dos volúmenes
(Antología y Guía de
estudio), publicada por la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia en 1993. En la preparación y publicación de esta obra convergen el Banco Interamericano de Desarrollo, la Fundación Omar Dengo y la Universidad Estatal a Distancia. Lo que Gutiérrez llama “ideas poderosas”, que aparecen en las páginas 46-48 de la guía de estudio de
Epistemología e informática,
resume sus convicciones: continuidad entre pensamiento y resto de la naturaleza, necesidad de revisar el sentido del término “mecánico” antes de aplicarlo a nuevas máquinas y cerebros, capacidad de las mentes para cambiarse a sí mismas, pluralidad de principios explicativos y complejidad creciente de los procesos mentales desde una base física.
La inspiración detrás del proyecto de las ciencias cognoscitivas se encuentra en una frase de Hobbes: “la mejor manera de comprender algo es tratar de construirlo.” En esta obra don Claudio expone sus ideas sobre los desarrollos recientes de la epistemología, el carácter científico (teórico y práctico) de la informática, la relación entre lógica y conocimiento, la comparación entre la informática y otras disciplinas y la relación entre mente, conciencia y artefactos.
Al final de esta quinta etapa encontramos una nueva síntesis científico-filosófica que sirve de fundamento para un novedoso humanismo en la voluminosa obra
Ensayos sobre un nuevo humanismo: genes y memes en la era planetaria
(EUNED 2006). En esta obra la noción central es la del algoritmo de prueba y error que opera tanto en la evolución orgánica que vemos en la naturaleza como en los procesos sociales. Ya en 1968, en sus primeros escritos de lógica, la noción de algoritmo era central aunque no explícita. Años después la idea se ha llenado de contenido para operar en diferentes contextos.
Hemos mencionado antes la conferencia de 1954 sobre los tres estadios del conocimiento según Comte. En ella Gutiérrez defendió lo contrario, a saber, que se empieza con un estadio objetivo, luego se pasa a un estudio crítico y se acaba en un estadio transcedente. En el Prefacio escrito en 1981 Gutiérrez cambia de opinión en relación con sus ideas de 1954 para afirmar que las etapas de su evolución intelectual más bien se ajustan a las de Comte, y no a las propias.
Pero si vemos esta evolución en 2008 hay algunas observaciones que hacer. Una de ellas es que el interés de Gutiérrez por
la ciencia y la lógica ha estado presente desde el primer momento. Sus primeros estudios fueron en historia y derecho
donde – como dice Leibniz en su ensayo de 1685
“El arte del descubrimiento”, al hablar de la jurisprudencia – podemos encontrar ejemplos de demostraciones rigurosas. De
modo que derecho y ciencias tienen algo en común, la búsqueda del rigor en la argumentación. Dentro de la filosofía, su
interés y producción se han mantenido siempre centrados en la lógica, epistemología y filosofía de la ciencia. Su tesis
doctoral presupone un conocimiento detallado de la economía; igual ocurre en
Epistemología e informática en relación con la computación. Su más reciente síntesis,
Ensayos sobre un nuevo humanismo, delata un conocimiento de biología que pocos filósofos podrían jactarse de poseer. Esta continuidad en el interés por la ciencia y por lo que Willard van Orman Quine llamó “el común denominador de la ciencia”, la lógica, quizá explican la enigmática expresión de Constantino Láscaris en su obra ya citada
Historia de las ideas en Costa Rica, cuando al exponer el pensamiento de Gutiérrez dice
[Láscaris 1975,315]:
Discípulo de Gabriel Marcel, a la hora de definir la Filosofía sigue a Jaspers, y en temas sociales a Ortega y Gasset, pero todo ello desde la Lógica Simbólica. Es de los pocos logicistas matemáticos que no se quedan en formular estructuras lógicas, sino que pretende instrumentalizarlas en su filosofar. (énfasis añadido)
Láscaris vuelve a hablar de Gutiérrez en su obra de compendio “Las Ideas en Centroamérica de 1838 a 1970”, publicada después de su muerte en un número extraordinario de la
Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica (vol. 27, No.65,
Junio 1989). Aunque allí distingue dos periodos del autor estudiado (existencialismo cristiano y logicismo positivista), sin embargo al hablar de la primera etapa conserva la expresión “todo ello desde la Lógica Simbólica”. En 2008 Marcel y Ortega son solo recuerdos lejanos — y no solo en el pensamiento de quienes superaron su influencia — pero el enfoque lógico y el rigor de la ciencia se mantienen y alcanzan una nueva expresión en la obra de síntesis del 2006 sobre genes y memes en la era planetaria. Un anticipo del libro aparece en el artículo “Un humanismo para el siglo XXI” publicado en la revista Espiga (UNED, 2000). En él encontramos las características fundamentales de un algoritmo: neutralidad del material, comportamiento mecánico y garantía de éxito. Aunque hemos visto en nuestro tiempo un despliegue espectacular de los algoritmos, todavía nos pueden deparar sorpresas, sobre todo cuando el objeto de la ciencia es la sociedad.
En el intento de esclarecer la forma como operan las teorías científicas, los ensayos sobre la contradicción (1972) y la ambigüedad (1977) son particularmente interesantes. El primero se titula
“La contradicción: ¿vicio formal o cifra de contenido?,”
fue originalmente publicado en
Crítica (Mexico) en 1972 y aparece en la colección
Nueve Ensayos Epistemológicos.
En él se distinguen dos sentidos de la contradicción, el analítico y el sintético, y se intenta armonizar la necesidad de uno y otro de modo que la insistencia en la coherencia no impida la riqueza del pensamiento.
Las distinciones hechas en ese artículo se amplían en
“Ambigüedad y Comunicación” (1977);
a la idea de que la ambigüedad es inherente a la comunicación interesante se añade la de que ningún texto es inteligible sin su contexto. Las díadas entonces se suceden en forma lógica en el esfuerzo por clarificar el objeto del conocimiento:
| concreto | abstracto | |
| análisis | síntesis | |
| forma | contenido | |
| texto | contexto | |
| sintaxis | semántica | |
| cálculo | reflexion | |
| definición | redefinición |
Montes de Oca, marzo 2008
Arce Murillo, Laura - Hernández Salas, Hellen- Solís Herrera, Patricia (2005) Bibliografía Dr.Claudio Gutiérrez Carranza
(1930-) (Universidad de Costa Rica: documento para uso de la Sección de Referencia de la Biblioteca Carlos Monge
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Camacho, Luis (1988) “Historia de la lógica en Costa Rica” en Quipu, Revista Latinoamericana de Historia de las Ciencias y
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Documento final del Proyecto de Investigación 024-97-331, disponible en la sección de Proyectos de la Biblioteca Luis
Demetrio Tinoco de la Universidad de Costa Rica.
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Latina (México: Fondo de Cultura Económica).
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Morales, compilador Cinco maestros del siglo XX (Costa Rica: Universidad Nacional, Cuadernos Prometeo, #32),
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Molina, Carlos, editor (1993) La voluntad de pensar: la palabra de doce filósofos costarricenses (Heredia, Costa
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Universidad de Costa Rica (1981) Conmemoración del Cuadragésimo Aniversario 1940-1980 (Ciudad Universitaria Rodrigo
Facio).
*: Comisionado por la Editorial de la Universidad de Costa Rica para redactar la
introducción a estas Obras completas.