¡Qué bueno comenzar el día
con la fuerza reconstruída
de siete horas de sueño!
Músculos distendidos
neuronas sonrientes,
y vista reparada
por imágenes silenciosas
rodadas en el secreto estudio
donde fuí público y actor,
camarógrafo, atrevido director
y libretista incoherente.
El programa de inicialización
se ha apoderado de mí;
dominan de pronto mi cuerpo
las rutinas algorítmicas
de incorporarme y desnudar la piel,
admirar la luz de la mañana,
flexarme para aquí y para allá
y, sin pensarlo dos veces,
saludar al agua fría
con inevitable respingo
que me coloca de golpe
en lo que llamamos realidad.
Poco a poco se puebla mi cerebro
de incorpóreos compromisos,
y metas huidizas,
estructuras sociales intangibles
y masas de desconocidos
a quienes tengo que explicar
lánguidos conceptos de cosas que vendrán.
Con todos los hilos cogidos,
listo estoy para disparar
sobre arenas movedizas
millones de palabras que me devolverán
al firme terreno de los sueños,
cuando Quetzalcoatl
vuelva a morderse la cola.
Newark, Delaware, febrero 1989
Copyright © 2003 Claudio Gutiérrez