La Universidad de Costa Rica, como toda universidad digna de ese nombre, cabalga sobre una paradoja en sus relaciones con la sociedad. Por una parte, está inmersa en ella, la apoya y de ella se nutre; pero por la otra, se le contrapone: para contemplarla, analizarla, y contribuir a transformarla.
En cuanto inmersa en la sociedad, la Universidad realiza una actividad conservadora: tiene en sus predios durante un largo plazo de sus vidas a cientos de costarricenses jóvenes, transmitiéndoles valores y conocimientos legados por anteriores generaciones; además, produce los cuadros dirigentes y técnicos que necesita la sociedad para su normal funcionamiento.
En cuanto se contrapone a la sociedad, la Universidad realiza una actividad revolucionaria: analiza críticamente los problemas del país y ofrece soluciones alternativas para los mismos, de carácter objetivo y científico. No podemos analizar sin conocer de manera directa la realidad y no podemos ofrecer soluciones sin de alguna manera someterlas a la prueba de la práctica. De ahí que la docencia y la investigación deban ir entrañablemente unidas a la acción social.
Hemos dado en hablar últimamente de una "trinidad universitaria": es la que liga en una sola Universidad tres funciones distintas: la docencia, la investigación y la acción social. Todas son transformadoras: la docencia, del individuo; la investigación, de la ciencia; la acción social, de la sociedad: Y cada una está ligada a las otras con relaciones muy específicas. Acción Social, en concreto, se liga con Investigación, porque debemos probar en la práctica y divulgar en la comunidad los descubrimientos científicos; y con Docencia, porque para analizar críticamente la realidad, como debernos hacerlo en los cursos, los estudiantes y los profesores debemos estar envueltos activamente en ella.