Teorías éticas

Claudio Gutiérrez y Marlene Castro

Objetivos:

Que el estudiante sea capaz de

  1. Articular las responsabilidades morales que implica el surgimiento de una realidad social nueva como la informática.

  2. Formular la teoría filosófica fundamental que respalda opiniones morales que lee o escucha.

  3. Realizar con provecho la lectura de artículos con contenido filosófico.

Introducción

Definiciones indispensables
Un material es filosófico
si se refiere a cuestiones muy importantes de la vida humana sobre las cuales no hay la posibilidad de decidir mediante experimentos o por la aplicación de una fórmula matemática; en cambio, para decidir estas cuestiones se usa solamente el razonamiento y la fuerza de la lógica.
Una teoría es ética si se refiere al juicio moral sobre las costumbres o los actos humanos, es decir, si nos da elementos de juicio para decidir si un acto o costumbre es digno de encomio y alabanza o por el contrario de censura y condenación.
Los juicios éticos son juicios de conciencia, que cada ser humano hace en "el fondo de su corazón". No debemos confundirlos con los juicios legales, en que un tribunal organizado por la sociedad decide un caso con base en las leyes aprobadas por una asamblea legislativa. La ley es pública y común, mientras que la ética es privada y personal.

El objetivo 1 es la culminación de todo el resto de nuestro curso, ya que es difícilmente separable del objetivo general que nos hemos propuesto. En cuanto a los objetivos 2 y 3, trataremos de lograrlos de manera simultánea: la forma cuidadosa en que realizaremos la lectura nos pondrá en condiciones de realizar otras lecturas filosóficas en el futuro con la aplicación de una técnica parecida.

Comentario de textos

Conviene pues mantener en mente durante el siguiente ejercicio que estamos al mismo tiempo tratando de conocer ciertas teorías filosóficas fundamentales y de desarrollar una técnica de lectura apropiada para material filosófico.

En este ejercicio de lectura debemos mantener presente un principio fundamental: leer es algo parecido a comer; es obtener en el mundo exterior un alimento que debemos asimilar. Eso quiere decir que cuando leemos debemos estar en la actitud más receptiva posible, y bajar nuestras defensas contra el material que recibimos. E1 material leído puede contener ideas con las que no estamos de acuerdo, o que se refieren a cosas respecto a las cuales no tenemos experiencia y que nos resultan ajenas.

Debemos tratar de enriquecernos intelectualmente con el mensaje que el autor trata de transmitirnos. Eso significa que debemos apreciar el mensaje hasta donde nos sea posible como el autor ha querido darlo. Dicho de otro modo, cuando leemos material intelectual debemos dejar que las ideas del autor penetren nuestra mente sin interferencia de parte de nuestras propias ideas. En una segunda etapa, nuestra mente podrá, y en realidad deberá, tratar de armonizar las ideas recibidas con las ideas que teníamos anteriormente, y decidir cuáles de las ideas recibidas serán en adelante parte de nuestras opiniones y cuáles no.

Pero es muy importante no adelantarse a realizar esa decisión antes de estar completamente seguros de que hemos entendido el mensaje del autor, de que comprendemos de manera cabal lo que el autor ha intentado decir. Por eso es que recomendamos que durante la lectura el estudiante ponga en suspenso sus propias opiniones sobre la materia de que se trate y procure concentrarse en la tarea de aclarar al máximo la posición del autor sobre cada asunto.

Lea ahora todo el trabajo, tratando de formar una impresión general de su contenido. En seguida, vuelva a leer su parte introductoria, con esta pregunta en mente: ¿Cuál es el mensaje de la autora? ¿Qué ideas fundamentales quiere transmitirme?

Si ha hecho la lectura con la actitud correcta, habrá podido extraer de ella, entre otras, algunas de las siguientes ideas importantes:

Hay una manera ingenua de discutir problemas morales, como si el aborto, la pena de muerte o la discriminación racial son aceptables o no, en la cual nos dejamos llevar por reacciones emocionales de aprobación o rechazo. Hay también una manera racional de enfrentar estos problemas. La manera racional de hacerlo es mediante la aplicación de principios morales generales. Existen teorías éticas que proporcionan esos principios a quienes desean enfocar los problemas morales con un método racional; tales teorías ofrecen a los que discuten estos problemas un vocabulario común en el cual formular sus argumentos y, además, un marco de referencia para decidir sobre la moralidad o inmoralidad de conductas o costumbres específicas.

Otra importante contribución de esta sección es la distinción entre dos conceptos aplicables a estas discusiones: declaraciones normativas y declaraciones descriptivas. Las declaraciones descriptivas son oraciones que se refieren a hechos del mundo y pueden ser confirmadas o rechazadas por observación de la realidad correspondiente. Ejemplos de estas declaraciones son los hallazgos de los psicólogos sobre cómo hacen los niños para adquirir sus ideas morales, o los hallazgos de los antropólogos sobre qué reglas de moralidad aplican los miembros de alguna tribu o cultura determinada. Por su parte, las declaraciones normativas son oraciones que formulamos cuando, comprometidos con una posición ética determinada, afirmamos que una conducta o costumbre es moralmente aceptable o condenable; por ejemplo si decimos que la mujer tiene derecho a terminar un embarazo no deseado, que la discriminación racial es inmoral, o que la pena de muerte es inaceptable para la conciencia civilizada. Por supuesto, también serían declaraciones normativas las afirmaciones contrarias: que el aborto es un crimen porque destruye una vida humana, que existen razas superiores a otras, o que la pena capital es un medio perfectamente legítimo de autodefensa de la sociedad contra sus enemigos internos.

Aunque la autora no lo menciona, es importante tener en cuenta que muchas veces las declaraciones normativas se visten con el ropaje de las declaraciones descriptivas, como en el caso del ejemplo usado antes: "existen razas superiores". Esta afirmación parece ser descriptiva, parece describir cómo es el mundo, y uno podría pensar que es una declaración cuya verdad podría confirmarse o refutarse examinando los hechos del caso. Sin embargo, un momento de pensamiento nos lleva a la conclusión de que "existen razas superiores" es una forma disfrazada de decir "la discriminación racial es moralmente justificable": implica un compromiso moral (deplorable a juicio de los autores) y no una proposición que pueda basarse en la observación de los hechos.

Relea ahora la sección sobre el relativismo. Trate de determinar cuáles son las ideas principales expresadas ahí. Tome un lápiz y un papel y apunte esas ideas antes de seguir leyendo.

Ahora continúe la lectura y vea si su análisis del texto coincide con el que hacemos nosotros a continuación. Usted puede llegar al convencimiento de que esta es una práctica que le conviene aplicar en el futuro a toda lectura de contenido filosófico o especialmente densa en ideas: a saber, tratar de resumir por escrito las ideas leídas para asimilarlas mejor.

La autora del trabajo nos presenta al relativismo ético como una teoría que contiene una parte afirmativa y otra negativa. La parte negativa es que no hay normas universales. "Universales" aplicado a las normas quiere decir que tales normas deben aplicarse en todas las ocasiones y en todos los pueblos o sociedades. La parte positiva es que la gente está sujeta a las reglas morales de su cultura o sociedad. Los relativistas éticos presentan muchos hechos en apoyo de su teoría, como, por ejemplo que algunas sociedades aprueban el infanticidio y otras no, o que en los Estados Unidos durante muchos años se aprobó la existencia de la esclavitud. Además, es claro que el niño en su desarrollo adquiere las ideas morales de su familia.

La autora acepta de la tesis relativista el que existe y siempre ha existido diversidad en las opiniones morales, así como que el ambiente influye en las ideas morales que uno adquiere. No obstante, afirma que la diversidad de prácticas morales es más aparente que real y que, en todo caso, el hecho de que la gente se comporte de acuerdo con las normas de su sociedad no significa que deba hacerlo (para esta última afirmación téngase en cuenta lo dicho en la sección anterior sobre la diferencia entre declaraciones descriptivas y declaraciones normativas).

En seguida la autora acusa a los relativistas de contradecirse a sí mismos, pues aparentemente la parte positiva de su tesis contradice a la parte negativa de la misma tesis, pues "la gente está sujeta a las reglas morales de su sociedad" pareciera sustentarse como una norma universal y no relativa.

La autora termina reconociendo algo bueno en la actitud relativista –su encomio de la tolerancia con respecto a distintas costumbres y opiniones– pero en general la desautoriza como una teoría ética ingenua. No la considera como teoría ética seria. Con esa posición no concordamos, por razones que quedan claras en nuestra contribución a la Antología (como parte de la introducción, en la edición de EDUCA; como artículo final. en la de UNED) bajo el nombre de "Reflexiones sobre el relativismo".

Relea ahora la sección de Johnson titulada "Consecuencialismo y deontologismo". E1 titulo de esta sección enuncia los nombres de las dos teorías éticas más conocidas. Brevemente, la primera teoría dice que debemos decidir si una acción es buena con base en las consecuencias que tenga; por su parte, la segunda teoría juzga a la acción como buena o mala por atributos propios de ella, independientemente de sus consecuencias (la palabra "deontologismo" viene de una raíz griega que significa "obligación"). Comenzaremos por comentar el consecuencialismo, reservando la explicación del deontologismo para después.

Pueden darse varios tipos de teorías consecuencialistas. Por ejemplo, el egoísmo juzga las acciones como buenas o malas según las consecuencias que la acción tiene para mí. Más aceptable es el utilitarismo, la doctrina moral que dice que las acciones deben juzgarse buenas o malas por las consecuencias que tengan para el mayor número de personas. Los utilitaristas creen que las acciones deben ser juzgadas por la utilidad que tienen para la obtención de la felicidad, el bien supremo que todos buscamos de manera natural, pero esa felicidad no es la del yo individual sino la del mayor número de personas.

Los utilitaristas se dividen en dos grupos: los utilitaristas de la regla y los utilitaristas del acto. Los primeros consideran muy inconveniente que la gente tenga que calcular en cada caso las consecuencias de la acción que desea analizar; en cambio, la sociedad ya ha realizado ese trabajo por nosotros y puede decirnos cuáles acciones tienen buenas consecuencias y cuáles las tienen malas. Ese conocimiento social está compilado en las reglas morales como por ejemplo "no mentir", "no robar", etcétera, que deben por lo tanto considerarse obligatorias. Los segundos, en cambio, consideran que esas reglas no ofrecen nada más que una orientación; "no mentir" o "no robar" deben entenderse como reglas con excepciones: se puede mentir para salvar la vida de un perseguido político 0 robar para la salvar la propia vida o la de los hijos si nos estamos muriendo de hambre. Dicho de otra manera, la regla debe entenderse como norma general, sin perjuicio de que en casos especiales nos demos el trabajo de computar cuidadosamente las consecuencias de la acción y decidamos con base en ese cálculo si la acción es buena o mala.

El cuadro siguiente lo ayudará a percibir mejor las relaciones entre los conceptos explicados:

El principal defecto del utilitarismo consiste en que permite el sacrificio de unos pocos en beneficio de la mayoría de la sociedad. Esto sucede por cuanto el criterio para decidir sobre la bondad o maldad de una acción es la cantidad de felicidad que produce para el mayor número, sin importar cuál suerte resulte para alguna minoría. Así pues, la teoría justifica la explotación de las minorías por parte de las mayorías, lo que resulta repugnante para la conciencia de la mayor parte de la humanidad contemporánea. E1 deontologismo, como veremos en seguida, no presenta ese problema.

Como habíamos adelantado, el deontologismo es la doctrina que afirma que el valor de una acción debe juzgarse por atributos propios de la acción misma, independientemente de las consecuencias que tenga. Típicamente, se trata de determinar si la acción es realizable por un sentido de deber o justicia que obligue directamente a nuestra conciencia. Un caso ejemplar es el ya citado de que es evidentemente injusto sacrificar a un grupo de la población, por más pequeño que sea, para lograr la felicidad de su mayor número.

Lo que está en juego aquí es el respeto a las personas: las personas nunca deben tratarse simplemente como medio para lograr otros fines, aunque sea la felicidad del mayor número. Las personas deben tratarse siempre como fines. E1 principio fundamental del deontologismo es: "nunca trates a otro ser humano meramente como medio sino siempre como fin en sí mismo".

E1 deontologismo insiste en la relación entre la moralidad y la racionalidad. Los seres humanos somos seres racionales y por lo tanto capaces de posición moral. Por eso mismo, porque somos seres racionales, nunca debemos ser tratados meramente como medios.

E1 deontologismo también tiene sus problemas. Por ejemplo, dentro de esta teoría parece imposible justificar el mentir para salvar la vida de alguien, pues estaríamos faltándole el respeto a una persona, aunque ésta fuera un verdugo de la policía secreta de Hitler. Es también difícil justificar la acción de matar, incluso en la defensa de la patria invadida por un tirano desalmado y capaz de oprimirla con toda clase de crímenes.

El relativismo reexaminado. Como hemos recomendado al estudiante, cuando se lee un libro debe tratarse de percibir, de la manera más objetiva posible, el mensaje que trata de darnos el autor; una de las cosas más necesarias para lograr ese propósito es tratar de que las propias ideas que uno tenga sobre la materia no interfieran con la lectura, distorsionando el mensaje. Siempre habrá tiempo para ejercer nuestro sentido crítico más tarde.

Antes estudiamos la visión que la profesora Johnson tiene del relativismo. Esa visión no coincide con la visión que estos autores tenemos. Sin embargo, ofrecimos un análisis del texto respectivo que estamos convencidos esa autora reconocería como una versión suficientemente adecuada de su pensamiento. Esperamos que esto sirva a nuestros lectores de inspiración para tratar de leer el material intelectual con que ahora se topan en ese mismo espíritu.

Nosotros creemos que la presentación que Johnson hace del relativismo no le hace justicia. Esa autora considera el relativismo como una teoría ética ingenua, y efectivamente lo es según ella lo describe. Sin embargo, muchas personas que se consideran relativistas se sentirían muy mal descritas por esa presentación, ya que existen maneras de ser relativista mucho más complejas e inteligentes. Nosotros creemos que la autora usa en este caso una técnica retórica muy conocida, que consiste en reformular una teoría que uno quiere refutar, en términos que la hacen fácilmente refutable (es más fácil pegarle a un hombre de trapo que a un hombre real). Lo que vamos a hacer para defender al relativismo no es combatir los argumentos que Johnson esgrime en su contra, que son válidos contra su "muñeco de trapo". Lo que queremos hacer, más bien, es describir el relativismo de una manera distinta de como ella lo describe. Vamos a conservar del análisis de Johnson la idea de que hay una parte negativa y una parte positiva en la posición relativista; pero el contenido de ambas partes será distinto en nuestra presentación.

Veamos primero la parte negativa de la tesis del relativismo. Según Johnson consiste en decir que no hay normas universales. Nosotros creemos que es mejor describir al relativismo como la posición ética que considera que no se necesita apelar a la existencia de normas de valor universal para justificar o condenar la conducta o las costumbres humanas. No tenemos que negar que esas normas existan; decimos simplemente que no se necesitan, y agregamos que es peligroso dar por sentado que existan. Nos vamos a explicar.

Los seres humanos no necesitamos tener normas universales para comenzar a criticar o a aprobar conductas o costumbres. En realidad nunca nos encontramos en una situación de no compromiso frente a valores morales: desde que cada uno de nosotros se acuerda, siempre estuvo comprometido con valores que regularon su conducta; el vacío moral no existe. En nuestra familia, en la escuela, en la comunidad, siempre navegamos en un "caldo moral" que es el que nutre el desarrollo de la personalidad. Somos seres comprometidos moralmente desde que comenzamos a ser seres humanos.

Los absolutistas éticos (personas no relativistas) sienten que necesitan normas morales universales para lograr producir juicios éticos dignos de ese nombre. Pero esto es un error, ya que el ser humano produce juicios éticos con tanta facilidad como produce palabras –es parte de su condición humana–. Nunca nos encontramos en la situación de estar desprovistos de juicios morales, como tampoco nos encontramos nunca carentes de algún lenguaje para expresar esos juicios, y otros muchos, desde que surgimos a la condición de personas.

Decimos también que es peligroso dar por sentado que haya normas universales, porque eso crea una tentación muy grande de creer que nosotros las hemos descubierto; que esas normas universales son idénticas con nuestras propias normas, y que las personas que no están de acuerdo con nosotros son inmorales y deben ser castigadas por ello. La pretensión de que existen normas éticas universales –especialmente bajo ropajes religiosos o políticos– ha sido una de las fuentes más poderosas de intolerancia, fanatismo y otras actitudes destructivas de la paz y la convivencia entre los individuos y las sociedades desde el comienzo de la historia.

Baste lo anterior en relación con la parte negativa de la tesis relativista. En cuanto a la parte positiva, consideramos que un relativista inteligente no pretenderá prescribir la obligatoriedad de las costumbres de la sociedad de cada individuo. Más bien consideramos como su tesis positiva que las posiciones morales son susceptibles de crítica interna con las armas del razonamiento lógico.

Dicho de otro modo: el problema del desarrollo moral no es, como lo pretenderían los absolutistas, que los juicios morales lleguen a existir, sino el problema contrario de cómo librarnos de ellos, es decir, de cómo superar los prejuicios que hemos heredado de nuestra educación y del medio familiar y social en que nos hemos criado. Dicho de otro modo, el problema fundamental de la ética es el de la reforma de nuestras opiniones morales y no el de su creación.

Dichosamente es posible modificar nuestras convicciones morales. En realidad, toda persona que se educa va sometiendo a crítica sus principios morales y los hace evolucionar hacia una versión más madura, más inteligente y más tolerante, conforme se enriquece su experiencia y se toma el tiempo necesario para analizar las convicciones recibidas con las armas que le ofrece el razonamiento lógico.

No necesitamos apelar, en realidad no podemos apelar, a nada externo a nosotros –como normas universales– para realizar esa crítica. Esa crítica la tenemos que hacer desde dentro: examinamos nuestras convicciones y vemos si son suficientemente coherentes entre sí y con la totalidad de nuestra experiencia, y si son suficientemente ricas para dar cuenta de esa totalidad.

A1 llegar a este punto alguien podría argumentar que para sustentar la tesis relativista hemos apelado a un tipo de juicio universal, a saber, el juicio lógico. Aún si eso fuera así, siempre habríamos demostrado que no necesitamos normas morales universales, solamente necesitaríamos normas universales de tipo lógico. Pero en realidad no creemos que sea cierto que hayamos apelado a ningún tipo de norma universal. Nos remitimos simplemente a la experiencia de todos los días de cada uno en el sentido de que en la plenitud de nuestra conciencia no podemos evitar actuar de acuerdo con dos imperativos lógicos fundamentales, a saber: la urgencia de integridad y la urgencia de congruencia. La doble prueba que deben pasar nuestras convicciones ante el tribunal de la lógica y del sentido común es ver si son capaces de contestar todas las preguntas éticas que profundamente nos afectan y que preocupan a nuestra sociedad (prueba de integridad), y, por otra parte, si esas preguntas se contestan de una manera unívoca, con un sí o con un no, pero no con los dos al mismo tiempo y en el mismo sentido (prueba de congruencia). Esas pruebas se producen desde dentro de las posiciones que estemos analizando, sin tener que apelar a principios externos, como serían las famosas "normas universales".

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