Linda y David, segundas nupcias
él profesor y ella artista.
Del puente 3 décimos de milla
a la izquierda, calle privada.
Estaciono bajo un gran árbol
nadie a la vista
sólo tres casas
y multitud de carros.
"Upe" (en inglés)
al fin sale un señor soñoliento
"Este es el lugar, adelante".
Saco de la joroba mi vestido de baño
y el recuerdito de Costa Rica.
¿Quién será ese señor? ¿hermano de David?
"Llega un poco temprano pero bienvenido".
Me pongo mosca: "¿David y Linda?"
"Ah, ¡fiesta equivocada! ¿Ve aquella estancia?
Tuerza tres veces hacia la derecha".
"Discúlpeme y gracias;
que disfrute su fiesta". "Lo mismo".
Otra vez calle privada
y tres casas
y multitud de carros.
Linda a la vista.
Le cuento el chasco. Goza.
Me explica por qué tienen tres casas
(además de piscina y vestidor):
una es la cabaña de huéspedes;
la que está en la colina es el estudio
donde ella pinta
(lo visitaré después: estilo interesante,
colorido, bastante calidad).
Sale David a saludarme
calzones cortos y zapatos
camisa azul de cuadros y sin mangas
pelo blanco: Pinocho venerable.
Me explica todas las incidencias
de la compra de la estancia.
Dos acres. No sé cuanto
(pero más allá del salario de un profesor: ¿consultorías?).
La piscina está rodeada de artistas
y atestada de dinosaurios inflables y niños verdaderos.
Un abogado gordo, Bill,
quiere visitar Costa Rica
para conocer el "quitzil"
(me explica que es un pájaro y que lo vio en TV).
Otro invitado, que fuma puro (rara avis),
me dice que vendió el negocio
y no sabe que hará,
por el momento retirado (cuarenta años).
"¿Costa Rica? 20 grados sobre el ecuador.
¿Qué piensa de la política de la Administración Reagan
hacia Centro América?"
Me pregunta que donde aprendí inglés
y le cuento la historia,
y le digo que leo poesía de Frost
para mejorar mi dicción
y que uno no sabe bien una lengua
mientras no le permita enamorar a una mujer
(me parece que se escandalizó
no debo usar más esa imagen).
La hermana de Linda es casada con un fotógrafo
del National Geographic, y viaja todo el tiempo
tomando fotos de lugares exóticos.
Un dramaturgo presente
puso en escena estos días un "teatro recursivo"
en que no hay manera de saber
qué diablos está pasando
(me salí en el entreacto, así que mejor no le hablo).
Una profesora de arte
acaba de volver de Italia
está todavía encandilada por tanta belleza
(y yo por su bikini).
Nado un rato tratando de esquivar a niños,
dinosaurios y conversantes que se resfrían.
Es inútil, me rindo.
Me salgo, me visto y voy a comer
(ya han pasado tres horas, increíble,
por dicha bajó el sol).
Me siento en una "chaise longue"
a saborear un postre.
Una mujer –joven y agraciada–
se sienta a la par mía.
"Así que usted es el visitante misterioso"
"¿Cómo?" "Me contó mi padre,
vivimos en la estancia vecina".
"Ah; ¿cómo estuvo su fiesta?"
"Muy bien; leímos poemas para mi madre
que cumple años". "¿Son poetas?"
"No, solo nos queremos mucho". "¡Qué bien!"
Me hace contarle mi historia
y ella estuvo en Etiopía
y se interesa mucho por los países en desarrollo
y las relaciones internacionales.
Hablamos hasta que se hace tarde.
Al fin nos levantamos todos.
El amigo del puro se acerca para despedirse
y me dice con cara de malo:
"¡Suerte con la dicción!"
Es tiempo de volver a casa.
Copyright © 1988-2003 Claudio Gutiérrez